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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 136 - Número 08 -  Mayo 2015 (en Castellano)

 
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Conciencia situacional y el concepto budista

de estar totalmente conscientes

- Mindfulness -

 

Dr. WILLIAM WILSON QUINN

Antiguo miembro de la ST en Norteamérica, Editor del Teósofo Americano y Editor Asociado de la Editorial Wheaton.

Tiene títulos académicos en Divinidad y Humanidades.

 

 

La clásica doctrina budista de los cuatro fundamentos o “bases” de la consciencia o atención total tiene su origen en el Satipatthâna Sutta, el décimo discurso en el Majjhima Nikaya. Un elemento clave de este y otros de los discursos de Buddha sobre consciencia total, es que la realidad es accesible sólo en el ahora, y que necesitamos enfocar nuestras mentes, nuestra total atención o concentración, en cada uno y todos los momentos que pasan en nuestras vidas de vigilia, a las que generalmente nos referimos como “ahora”. Si podemos lograr esto, necesariamente evitamos permanecer mentalmente en lo que comúnmente nos referimos como nuestro “pasado” (recuerdos) y nuestro “futuro” (imaginación), ninguno de cuyos contenidos es verdaderamente real dado que ninguno es ahora.

 

Los hechos que podemos recordar de nuestro pasado y las proyecciones sobre nuestras vidas en el futuro, son simplemente creaciones mentales de recuerdos y de la imaginación (en forma de sueños fantasiosos), ninguno de los cuales tiene una realidad sustantiva inherente. La sustancia de la realidad existe sólo en el “ahora” que es el punto que constantemente separa el pasado (irreal porque consiste solamente de recordar lo que anteriormente fue real como el ahora) del futuro (irreal porque consiste sólo en imaginar lo que todavía no es real). La total atención se refiere al ahora, a ser y permanecer, totalmente conscientes en el momento y del momento, de ser y vivir totalmente en el presente. “Ser aquí y ahora”, como lo expresó brevemente Baba Ram Dass.

 

La tradición afirma que Satipatthâna Sutta, que tuvo siglos de trasmisión oral, fue escrito originalmente en Pali aproximadamente en el primer siglo A. C. Después de más de dos siglos, en el año 2000 para ser exacto, en un medio no relacionado al desarrollo espiritual, Mica R. Endsley y Daniel J. Garland editaron y produjeron un libro titulado Análisis y Medición de la Consciencia Situacional. Este libro fundamental es una compilación de artículos de especialistas destacados en el tema, al final de varias décadas de estudio y desarrollo previo de un nuevo concepto llamado consciencia situacional. Basado en el contenido general o sintético de este libro y otros escritos similares, se puede hacer un argumento no razonable, por lo menos de algunos de los principios implicados, la antigua atención total budista y la moderna consciencia situacional (incluso con su génesis no espiritual) se pueden comparar de modo útil, y ver que tienen ciertas características en común.

 

Es mejor iniciar cualquier comparación comenzando con el más antiguo de estos dos conceptos, el de la atención total budista. Ocasionalmente es alarmante para los no budistas descubrir una serie de imágenes descriptivas sobre nuestro cuerpo físico que aparecen al comienzo del Satipatthâna Sutta, que son espantosas y repulsivas de por sí. El sutta exige que, al comienzo, el discípulo se concentre, entre otras cosas, en la imagen mental de su propio cuerpo post-mortem en descomposición en el cementerio, emitiendo fluidos malolientes con los restos del cuerpo pudriéndose en su fango, cubierto de gusanos que devoran los últimos restos de materia en descomposición, todavía adherida a los huesos. Estas imágenes repugnantes sirven para un propósito claro: intentan actuar como un frío impacto aleccionador en la cara, para satisfacción de quienes intentan seguir el desafiante y disciplinado sendero hacia el despertar, establecido por el Buddha. Estas imágenes intentan recordarle al discípulo que vean en cada momento y en todos ellos, en el ahora, lo que realmente está aquí, despojado de todo apego personal, apariencia sibarita y toda racionalización dubitativa, incluso cuando la verdadera imagen del momento presente y nuestro rol en él son dramáticamente perturbadores. Si por medio de esto, y técnicas relacionadas, el discípulo logra y permanece viendo claramente lo que es el ahora, ha logrado ampliamente la meta de la atención total. Y al hacerlo, es más fácil para el discípulo vivir en calma y de acuerdo con el ideal de lo que en Pali se denomina metta, o “generosidad amorosa”. Provisto de estos dos poderosos atributos, el discípulo difícilmente puede fallar significativamente en el sendero hacia una consciencia espiritual mayor, y tal vez, incluso a la iniciación.

 

Entre los oradores ingleses que no son budistas, y que ciertamente pueden ser seculares y sin religión en actitud, el término consciencia situacional se ha deslizado en su vocabulario desde 1960 para expresar, por lo menos en parte, el antiguo concepto de atención total. La definición breve del término -de Mica Endsley- basado en un perceptor activo, es “...la percepción de elementos en el medio, dentro de un volumen de tiempo y espacio, (y) la comprensión de su significado...”. Ahora bien, este volumen de tiempo y espacio es reducido a un simple punto cero o, en otras palabras, al ahora, por el practicante budista de meditación, reflejando así la definición de Endsley, en gran medida, el concepto de atención total que se expone en el Satipatthana Sutta.

 

Uno podría incluso dar un cuidadoso paso más en esta comparación, y observar que la “comprensión del significado” de los “elementos” que se perciben dentro del ahora suena sugestivamente cercana al objetivo de la meditación vipassana (es decir, la “percepción directa”), aunque uno debería tener cuidado de no asumir que esta correlación estaba afirmativamente prevista por la Dra. Endsley en su definición.

 

Profundizando nuestra comparación por medio de la reciprocidad, podría decirse, usando la terminología de Ananda Coomraswamy, que la consciencia situacional es la atención total del “Hombre Externo”. A menos que comprendamos totalmente estos términos de Coomaraswamy, o hasta que esto se logre, puede parecer extraño establecer correlaciones entre la atención total y la consciencia situacional, dada la procedencia de este último término moderno. El término moderno tuvo su génesis en la milicia de la década de 1950, específicamente con pilotos en combate, donde la cantidad de “elementos en el medio” eran múltiples y transcurrían en nano-segundos, y una consciencia total de todos ellos de  forma simultánea, a menudo, era cuestión de vida o muerte. La consciencia situacional, bajo tales condiciones, era la herramienta de supervivencia más básica. El piloto necesitaba estar conciente de igual modo y simultáneamente de la velocidad del aire, bandazo, cabeceo, altitud, velocidad del aire, nubes, espacio aéreo soberano, montañas y picos cercanos, aeronaves cercanas compañeras y enemigas, órdenes, combustible, luz solar, defensas antiaéreas, ad infinitum, y de todos estos elementos activamente cambiando mínima o radicalmente cada segundo, la mano del piloto estaba siempre controlando todo. La necesidad indispensable de consciencia situacional bajo estas condiciones era obvia y básica, y por lo tanto, los militares comenzaron a entrenar pilotos para que estuvieran conscientes de todas las situaciones, y para conocer y comprender este concepto y sus ramificaciones.

 

Pronto, el concepto de consciencia situacional se extendió del mundo de la milicia al civil, y en las décadas de 1970 y de 1980 había entrado al campo de las corporaciones y al ámbito comercial, con puestos para algunos de los empleados que tenían un algo grado de riesgo. Seminarios y talleres de entrenamiento sobre consciencia situacional comenzaron a aparecer con regularidad, y se realizaron congresos, y todavía se hacen, con presentación de artículos de investigación que a menudo se publican. Actualmente la bibliografía sobre consciencia situacional es inmensa. Básicamente, el concepto encontró su camino en la seguridad policial y luego en la personal, y ahora se puede encontrar asociada con numerosas profesiones y actividades, incluso al punto de ser usado en exceso, como ser conscientes situacionalmente de políticas locales y nacionales. Sin embargo, el resultado final de la evolución de este término en los últimos sesenta años aproximadamente, es que si uno cree que el estar conscientes de toda situación es importante, ya sea como herramienta de supervivencia, o como atributo espiritual, entonces para lograrlo (el Hombre Externo) necesita estar constante y completamente consciente de su entorno exterior.

 

Pero los individuos en el sendero espiritual, por lo menos, también necesitan estar conscientes de modo similar, de su entorno interior, por así decirlo. Por lo tanto, también se podría decir, usando nuevamente la terminología de Coomaraswamy, que la atención total que deriva del sutta es consciencia situacional del “Hombre Interior”. El sutta describe los cuatro elementos básicos de nuestro mundo interno típicamente resumido en la práctica de la meditación que se realiza estando sentados. En este mundo, el que medita, de modo similar al piloto, necesita estar total y simultáneamente consciente de su situación interna durante la meditación, debido al hecho de que por lo menos para el principiante, la velocidad en el cambio en sus emociones, mente y consciencia es, igual que una nave aérea, increíblemente rápida con variaciones a cada segundo.

 

Dependiendo de la traducción, el Satipatthâna Sutta identifica estos cuatro elementos, o “bases”, como ser consciente de, o estar atento a, o simplemente “contemplar” en cada momento del ahora (i) nuestro cuerpo, (ii) nuestros sentimientos (o emociones), (iii) nuestra mente, y (iv) los fenómenos u “objetos” de nuestra mente, incluyendo a la consciencia misma. Para esta exposición, el texto en el que nos basamos es la traducción fidedigna del Pali de Bhikkhu Bodhi (En palabras de Buddha, Wisdom Publications, 2005). El texto del sutta se refiere totalmente a un “monje” genérico a quien el Buddha le trasmite sus enseñanzas, pero esta era la forma de didáctica común que se usaba en esa época, que puede, sin ofender en modo alguno su significado, aplicarse a cualquier persona sin tener en cuenta el género o la religión, que es diligente en la práctica de la meditación. Una característica peculiar del texto original debería tenerse en cuenta: ésta es, repetidas referencias al objetivo del monje a contemplar al “cuerpo en el cuerpo”, “los sentimientos en los sentimientos”, la “mente en la mente”, etc. Estos términos se pueden explicar por medio de objetivos duales de (a) el monje o quien medita, aísla cada uno de estas bases y sus sub-categorías para contemplar a cada uno de forma separada, desconectado de los demás, y (b) el monje contempla cada uno de forma impersonal, en vez de personalmente, para enfatizar sus puntos en común como influyendo a todos los seres humanos.

 

Recordando momentáneamente la multiplicidad de elementos de los que el piloto en lucha debe estar consciente en una situación de combate, se puede tener una idea de todo lo que quien medita, debe estar consciente en su viaje interno, con sólo una breve mención del sutta. Incluso, aunque las consecuencia del fracaso en estas dos actividades no se pueden comparar, dado que quien medita puede volver a meditar otro día en el caso de una meditación improductiva, el número de elementos interiores de los que el meditador debe estar consciente es por lo menos igual, o mayor que el número de elementos exteriores de los que el piloto debe ser consciente, para no hablar de la variabilidad de estos elementos interiores y de la velocidad en la cual cambian.

 

El sutta, por ejemplo, analiza las cuatro bases o fundamentos en más sub-categorías de las que quien medita debe estar consciente en el curso de su meditación. El cuerpo tiene sub-categorías de respiración, postura, comportamiento, fisiología y descomposición. Los sentimientos abarcan toda la variedad de emociones diferentes experimentadas por los individuos, desde las agradables hasta las dolorosas y todas las que hay entre ambas. De modo similar, los procesos del pensamiento de la mente son igualmente abundantes, con condiciones de la mente que van de lo ilusorio, a lo tenso, a lo distraído, a lo exaltado, y finalmente a la liberación. Pero en el sutta la última de las cuatro bases, los objetos o “fenómenos” de la mente, contiene la más numerosa sub-categoría, e incluye lo que en la doctrina budista se llaman los cinco obstáculos, los cinco agregados, las bases de la realidad empírica, los siete factores de la iluminación, y las cuatro nobles verdades. Aunque no está dentro del ámbito de esta exposición referirnos al significado o propósito de todas estas características específicas o sub-categorías, es suficiente decir que cada uno y todos estos aspectos de las sub-categorías tienen cierto efecto en quien medita durante el proceso de la meditación, y por esto, en todo momento, especialmente los que aparecen dentro del espacio interior que comienza en quien medita, son como partículas de polvo en una tormenta de viento. Finalmente el objetivo de quien medita es calmar esta tormenta de viento y ser consciente de todas estas características interiores, simultáneamente, en el momento.

 

Este es un desafío fundamental del “Hombre Interior” de Coomaraswamy: el meditador debe tener una consciencia situacional completa del terreno no material dentro del interior de su ser. Más exactamente, debe estar atento, al tratar constantemente de alcanzar, o al haber alcanzado, la atención total. Mientras los parámetros de la conciencia situacional moderna son predominantemente materiales, los de la práctica antigua de atención total son predominantemente no materiales. De forma alternada, esto podría ser adecuadamente expresado como que los parámetros de la conciencia situacional moderna son físicos, mientras que los parámetros de la atención total budista son metafísicos.

 

De modo interesante, el puente entre la conciencia situacional de lo físico y la atención total de lo metafísico, es el cuerpo humano, la primera base de la atención total. El piloto de un jet y el meditador, necesitan estar conscientes del estado y operaciones del cuerpo. Mientra que el piloto puede estar más interesado con la fatiga, o los daños del cuerpo, o los efectos de las fuerzas gravitacionales al maniobrar, quien medita estará principalmente interesado con los temas del cuerpo, relacionados más estrechamente con la práctica de hatha yoga, y particularmente con la  respiración, porque ambos tienen fuertes vínculos con lo metafísico. Al respecto, la antigua ciencia hindú de prânâyâma comparte con el venerable texto budista Ânâpânasati Sutta (“La atención total de la respiración”) ciertas técnicas respiratorias que tienen efectos directos y significativos sobre nuestra consciencia. Por lo tanto el cuerpo humano puede considerarse legítimamente como un puente, o superposición, entre lo exterior o el mundo físico externo, donde por medio de nuestros sentidos uno debería ser consciente situacionalmente, y el interior o el mundo metafísico interno, donde por medio de nuestra mente superior uno debería ser totalmente consciente.

 

Al cruzar este puente del cuerpo humano, de la dimensión física a la metafísica, y al progresar más aún en los reinos del mundo interior por medio de la práctica de la meditación, el discípulo finalmente debe llegar a un acuerdo con su mente, cuyo entrenamiento y despertar son los objetivos esenciales de la meditación. Quienes primero lo intentan, a partir de un entorno teosófico, a veces están inicialmente confundidos sobre por qué las prácticas budistas parecen tan enfocadas en la mente, cuando hay otros aspectos más elevados del ser humano. Donde existe tal confusión, se debe a que este trasfondo del que proceden está repleto de enseñanzas de los cuerpos sutiles (“fundas” alternadas o “vehículos” o “sobres”), y los chakra-s correspondientes del ser humano que son más elevados, hablando jerárquicamente, que la mente humana, porque la mente es uno de estos cuerpos. Los escritos de HPB, por ejemplo, y muchos otros, adoptan la presentación clásica de la Vedanta, de kosa-s constituyentes, o los “cuerpos sutiles” y sus traducciones inglesas alternadas del sánscrito, de los que todos los seres humanos están compuestos.

 

Los dos primeros de estos kosas son los ânandamaya-kosa, que también puede denominarse el âtma, y el vijnânamayha-kosa, que también se puede llamar el buddhi. Debajo de éstos está la mente, o el manomaya-kosa, a menudo llamado el manas, que es donde el trabajo principal de la meditación realizada sentados tiene lugar, y el porqué el budismo da tanto énfasis a entrenar la mente. La simple razón de esto es que el âtma no está condicionado y ya está totalmente despierto y por lo tanto no está sujeto a entrenamiento o al despertar por parte del discípulo. Y mientras el buddhi puede estar condicionado, y al menos es muy superior a la mente en consciencia, tampoco está sujeto a entrenamiento por parte del discípulo, excepto en aumentar su fortaleza, por así decirlo, por adquirir una confianza cada vez mayor en su capacidad intuitiva (referida alternadamente como el proceso de “intelectualidad”). La meditación entonces, se vuelve la puerta para centrar nuestra consciencia en estos reinos elevados por entrenamiento constante de la mente y acceder a los estados jnana, o estados más elevados de la mente que son peldaños efectivamente meditativos explícitos en la doctrina budista.

 

La verdadera atención total, entonces, es una condición de la mente, serena, calma y entrenada de un diestro meditador. Sin este grado de atención total, la mente no es capaz de despertar a la realidad total, donde se ilumina por la luz de buddhi. Y la verdadera atención total sólo ocurre en el momento, en el ahora. Este principio es la base del Satipatthâna Sutta que, junto con el Theranamo y los Bhaddekaratta Sutta-s, constituyen la columna vertebral de la enseñanza budista sobre el vivir en este momento, en el ahora, como el único medio para experimentar la realidad. Por lo tanto, se podría decir que mientras que la conciencia situacional de cada momento dentro del reino físico, es un corolario exotérico hacia la atención total en el reino metafísico, debido a su destino final, la verdadera atención total es esotérica por naturaleza. Esta naturaleza incluyente, sin embargo, no nos excluye de estar totalmente atentos, y no sólo conscientes situacionalmente, al comprender meditativamente las tareas físicas, simples y comunes de la vida. Por lo tanto, esta naturaleza esotérica de la atención total es totalmente consistente con la philosophia perennis, o está totalmente incorporada a ella; la filosofía perenne, la doctrina teosófica, y más puntos a la verdad que, en una dimensión más elevada, el pasado y el futuro están en el presente. Pero en nuestro estado actual, el haber alcanzado la verdadera atención total en el ahora cinético es haber alcanzado la presencia de la belleza divina e, irónicamente, de la serenidad calma de un estado de ausencia de movimiento, en el que podemos escuchar la voz del silencio.

  

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