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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 136 - Número 08 -  Mayo 2015 (en Castellano)

 
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El viaje místico

 

Bhupendra R. Vora

Ex Secretario General de la Sociedad Teosófica en Africa Oriental y Occidental,

actualmente vive en Inglaterra.

 

Uno de los conceptos más sorprendentes e inspiradores que fue presentado por Madame H. P. Blavatsky en La Doctrina Secreta fue el viaje de la conciencia a través de varios reinos de vida para ganar la experiencia de la vida manifestada. En la Tercera Proposición Fundamental de La Doctrina Secreta, Madame Blavatsky  se refiere a este viaje de la conciencia a través del tiempo y del espacio en el período de un manvantara. Un manvantara es un inmenso período de tiempo durante el cual la conciencia se mueve a través de los tres reinos elementales, antes de hacer su entrada en el mineral, y posteriormente en orden consecutivo, los reinos vegetal, animal y humano. La proposición es la siguiente:

 

La identidad fundamental de todas las Almas con el Alma Una Universal, siendo esta última un aspecto de la Raíz Desconocida; y el peregrinaje obligatorio para todas las Almas, destellos suyos, a través del Ciclo de Encarnación (o “Necesidad”) de acuerdo con la ley cíclica y kármica, durante todo el período. En otras palabras, ningún Buddhi puramente espiritual (alma divina) puede tener una existencia (conciente) independiente antes  que la chispa que surge de la Esencia pura del  Principio Sexto Universal, o ALMA SUPREMA, haya a) pasado a través de todas las formas elementales del mundo fenomenal de ese manvantara, y b) adquirido la individualidad, primero por el impulso natural, y luego por esfuerzos auto-inducidos y auto-concebidos, ajustados por su Karma, ascendiendo así a través de todos los grados de inteligencia desde el Manas inferior al superior, desde el mineral y la planta, hasta el más sagrado Arcángel (Dhyāni-Buddha). La Doctrina fundamental de la Filosofía Esotérica no admite en el hombre ni privilegios, ni dones especiales, salvo aquellos ganados por su propio Ego, por esfuerzo y mérito personales a través de una larga serie de metempsicosis y reencarnaciones …

 

Aquí se define el Plan Divino para la Evolución de la conciencia o el proyecto bajo el cual el esquema del desenvolvimiento de la vida procede. Es una manifestación asombrosa de la “Vida Una Universal” en sus aspectos diferenciados, resultando en el proceso de la evolución. En la antigua literatura védica, lo Divino se dice haber declarado simbólicamente, “Yo soy Uno y elijo ser muchos” (ekoham bahudha vadanti). Por consiguiente detrás de este mundo de manifiesta pluralidad, sólo hay “La Realidad Una”. De ahí que el mundo manifestado ha sido definido como una ilusión o un mundo mayávico porque está en un constante estado de flujo y en la dimensión del “Tiempo y el Espacio”.

 

Las unidades individuales de conciencia están en un viaje místico para ganar experiencia en el mundo manifestado y descubrir lo que realmente son. Para comprender que ellas no son el cuerpo, la mente, el intelecto, instrumentos de actividad y experiencia en los planos inferiores, sino chispas de lo divino que usan las envolturas de conciencia apropiadas para esos planos. Uno de los aspectos más fascinantes de la Sabiduría Divina como se presenta en La Doctrina Secreta es respecto a los Ciclos del tiempo. Menciona los cuatro yuga-s: sat, treta, dwāpara y kali, que forman un mahayuga que cubre vastos períodos de tiempo. También se refiere alos ciclos de mayor tiempo de muchos mahayuga-s y los días y noches de Brahma durante los cuales los vastos planes de evolución de la conciencia se llevan a cabo y el mundo manifestado procede a la disolución o pralaya. En las Cartas de los Mahatmas, el Mahatma describe este proceso con las siguientes palabras:

 

Cuando el Espíritu del hombre alcanza la última cuenta de la cadena y pasa al Nirvana final, este último mundo también desaparece o pasa a la subjetividad. Así hay entre las galaxias estelares nacimientos y muertes de mundos, siempre siguiéndose el uno al otro en procesión ordenada de la Ley natural. Y, como ya se dijo, se enhebra la última cuenta en el cordón del “Mahayuga”. (Cartas de los Mahatmas – carta Nº 1, 23º Ed. Adyar)

 

La chispa o alma que emana de la “Fuente Una” viaja a través del “Tiempo y del Espacio” en el mundo manifestado; así adquiere la experiencia de la manifestación y por lo tanto crece en sabiduría. La doctrina se refiere a un vasto plan de evolución en el cual la conciencia se mueve a través de varios reinos de vida antes de alcanzar el reino humano por impulso natural. En la forma humana el esfuerzo auto-inducido impele el viaje evolutivo.

 

Como afirma la tercera proposición, es imposible para cualquier ser tener una existencia conciente separada hasta que vaya a través de su viaje obligatorio. En el Aitareya Upanishad se menciona el proceso de la creación de los mundos y de toda vida. Dice:

 

Om! En el principio sólo existía el Yo Absoluto. No había nada que siquiera parpadeara. Él pensó “Voy a crear los mundos”. Verso 1

 

En los siguientes versos de este Upanishad se hace referencia a la creación de los elementos y la manifestación de la vida. Palabras similares pueden encontrarse en el Primer Libro de Moisés en el Antiguo Testamento y en el Evangelio de San Juan en el Nuevo Testamento. El Uno se vuelve muchos y las unidades de conciencia comienzan su viaje evolutivo.

 

Este viaje las conduce a través de los reinos de la vida, comenzando por los niveles elementales del reino mineral y luego trasladándose al vegetal, al animal, y al reino humano por eones de tiempo. Estas unidades de conciencia gradualmente despiertan a las experiencias en los muchos reinos de vida a través de los cuales ellos pasan. El gran poeta y místico sufí, Jalaluddin Rumi, escribió sobre el misterio del viaje evolutivo del alma con las siguientes palabras:

 

Morí como mineral y me convertí en una planta;

Morí como planta y reaparecí en un animal;

Morí como animal y me volví un hombre;

¿Por qué motivo debería temer?

¿Dónde crecí a menos que muriera?

La próxima vez moriré como hombre,

Entonces así podrán crecer las alas del ángel.

 

Las enseñanzas teosóficas mencionan que lleva millones de años para la evolución de la conciencia en los reinos mineral, vegetal y animal antes de su final surgimiento en el reino humano. Y por lo tanto en el Viveka-Chudamani, Sankaracharya dice que obtener el nacimiento humano es muy difícil.

Con el objeto de ganar experiencia del mundo material, la conciencia (purusha) tiene que interactuar con la materia (prakrti). Se ha dicho simbólicamente que sin la Materia, el Espíritu está rengo y sin el Espíritu, la Materia es ciega. Por lo tanto a través de la interacción de ambos, este mundo manifestado viene a la existencia (Samsara).

 

Esto es involución o pravṛti Mārga del Espíritu (purusha) en la Materia (prakṛti).Luego de obtener las experiencias de los mundos manifestados la evolución o el regreso del espíritu a los reinos espirituales ha sido llamado el nivṛti mārga o la evolución del alma y su regreso a la fuente desde la cual surgió. Sin embargo, el ātma entonces tiene la experiencia de la vida manifestada en el mundo de nombres y formas, y una conciencia despierta de su verdadera naturaleza.

 

En su libro Un Estudio sobre la Conciencia, la Dra. Annie Besant elaboradamente explica el viaje de la conciencia a través de los muchos planos de la Naturaleza hasta que alcanza el plano físico. En el plano físico, luego de haber ganado la experiencia de los reinos mineral, vegetal y animal, hace su entrada en el reino humano. La facultad mental se desarrolla y la conciencia individualizada comienza a impelerse a sí misma a través del esfuerzo en su viaje de evolución. La Dra. Besant, al escribir sobre la entrada de la conciencia en el reino humano afirma:

 

Se había alcanzado la mitad de la tercera Raza Raíz; el aparato nervioso del hombre animal había sido construido hasta un punto en el cual necesitaba para un progreso mayor el flujo más directo de pensamiento de la Triada espiritual a la cual estaba unido; … era hora de formar las bases del cuerpo causal, la vasija en la cual la emanación de la vida habría de ser recibida; … La vida madre del Logos había construido para él los cuerpos en los cuales él ahora podía vivir como una entidad separada, y él iba a entrar en directa posesión de sus cuerpos y emprender su evolución humana.

 

El viaje en este punto indica un viaje de la conciencia asombrosamente intrincado por millones de años y un esfuerzo excesivamente meticuloso por parte de la Naturaleza para llevarlo finalmente al nacimiento en una forma humana.

 

El plan de la “Fuente Divina” de toda existencia para la evolución de la conciencia ha de ser resuelto en cada orden de la creación desde la forma más minúscula de la vida micro-orgánica a los sistemas de estrellas gigantes. Cuando la vida animal se individualiza para convertirse en la habitación de un hombre, un “Hijo de Dios” se ha puesto en marcha para realizar su verdadero Ser, una chispa de la Fuente Divina desde la cual él ha venido. Pero el viaje inevitablemente debe pasar a través de muchas encarnaciones y muchas experiencias.

 

Con el objeto de desenvolver la Divinidad latente, cada chispa o Mónada, luego de apropiarse de las muchas envolturas de conciencia para funcionar en los planos físicos, astral, y mental continua en el viaje evolutivo. Limitada por la rueda de nacimientos y muertes, y bajo los efectos de la Ley de Causa y Efecto, aprende sus lecciones en la Escuela de la Vida. En las primeras etapas de su experiencia humana como un ser primitivo o incivilizado, el esfuerzo es obtener todo para sí mismo. Con este egoísmo el “Yo” es fortalecido. Este se vuelve el factor motivante para el progreso del alma. Pero luego de muchas vidas como hombre incivilizado, la Naturaleza gentilmente lo empuja hacia el principio de “Nosotros”, no de “yo”, el concepto de compartir que debe aprender. El espíritu de compartir se vuelve su credo como un miembro de una comunidad.

 

Este espíritu está bien ilustrado en la historia de un antropólogo que fue a una villa en Sudáfrica y les propuso un juego a los niños de una tribu. Él colocó una canasta llena de frutas cerca de un árbol, los hizo que se pararan a unos cientos de metros y les anunció que el que llegara primero obtendría todas las frutas de la canasta. Cuando él dijo “listos, preparados, ya”, los niños de manera inesperada se tomaron las manos entre sí y corrieron juntos hacia el árbol, dividieron la fruta entre ellos y las comieron. Cuando el antropólogo les preguntó por qué hicieron eso, ellos contestaron: “Ubuntu”, que significa: “¿Cómo puede uno estar feliz cuando todos los demás están tristes?” Ubuntu en su lenguaje significa: “Yo soy porque nosotros somos.”

 

El espíritu de solidaridad y de compartir con los demás indica un definido progreso en el sendero de evolución. Como una progresión natural desde este estado, él entonces se eleva a un nivel de espiritualidad que lo inspira a compartir los dolores y miserias de los demás. Finalmente, en la vida espiritual la unidad de conciencia que es la mónada, alcanza ese nivel donde el hombre realiza todas las acciones en un espíritu altruista en el nombre de su Maestro y subsecuentemente con la afirmación “No Yo sino el Padre”.

 

Pero para alcanzar ese nivel debe resistir y superar las influencias del materialismo que constantemente se ciernen sobre él. En el diálogo entre el instructor y el discípulo en el Katha Upanishad, se dirige la atención a esas cosas que son placenteras (preyas) pero que lo conducen a la esclavitud y a esas cosas que son deseables (shreyas) para la evolución de la conciencia.

 

La involución del espíritu o conciencia en la materia está en su mayor grado de densidad en el actual estado de evolución. La literatura teosófica menciona que el punto de evolución de la “Cadena Terrestre” a la cual pertenecemos está actualmente levemente por encima del punto medio, que es el punto del estado más denso. Significa que la materia domina al espíritu en su influencia. La tremenda influencia del materialismo en la conciencia humana es una indicación de esta influencia. De ahí la lucha que los hombres enfrentan cuando aspiran hacia los aspectos más elevados de la vida, y son derribados por las consideraciones materialistas.

 

En su libro Dioses en el Destierro, J. J. Van der Leeuw escribe:

 

No existe un problema más grande, ni dificultad mayor en la vida humana que la conciencia de ser dos personas en una. De ahí que San Pablo se quejaba ante el conflicto de la ley de sus miembros en contra de las leyes del espíritu y exclamaba con angustia: Porqué no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.

 

Una declaración similar se le atribuye en la gran épica el Mahabharata al principal protagonista de los Pandavas honestos, el Principe Duryodhana. Se afirmó que había dicho que él conocía la Verdad pero no podía seguirla; conocía lo falso pero no podía renunciar a él. La mayoría de los seres humanos que aspiran a la vida espiritual más elevada, así también como aquellos que llevan una vida corriente buena, invariablemente se hallan a sí mismos sucumbiendo a los deseos del yo inferior. Esta lucha es inevitable ya que muchas vidas se han vivido en que las tendencias sensuales han tenido rienda suelta. Para poner a estos caballos de los sentidos bajo disciplina se requiere un fuerte poder de la voluntad.

 

Pero la realización llega después de mucho  experimentar que los placeres de los sentidos son efímeros y no proveen una satisfacción duradera y paz. Entonces allí aparece como un vacío en la vida de la persona y una necesidad de investigar la causa de la miseria y el sufrimiento en la vida. La búsqueda de la verdad comienza, como corresponde en la vida de cada ser humano en el curso de la evolución. La transformación resulta en un movimiento hacia un mayor idealismo y una vida compasiva con mayor consideración por los demás.

 

Muchas personas en el mundo tienen esta sensibilidad y compasión por el sufrimiento de los demás y hacen sus contribuciones en términos de servir al necesitado en una manera u otra. Existe una urgencia interna para hacer más por el mundo y vivir una vida más espiritual. En tales personas es posible atestiguar la búsqueda de una comprensión del propósito de la vida o el entusiasmo a llevar vidas más altruistas y devotas. Una (más y más refinada) vida continúa evolucionando, y el deseo de ser útil a los demás y de abstenerse de acciones que causan sufrimiento a los demás se establece más firmemente en la psiquis. Este es el sendero de la gran mayoría de aquellos de la raza humana que perseveran en llevar vidas éticas y decentes.

 

En el libro de la Dra. Besant En el Recinto Externo, ella describe el viaje evolutivo humano como el ascenso de una montaña con su sinuoso sendero lentamente llevando hacia arriba al peregrino hasta que se alcanza el Templo de la Sabiduría Divina en la cima. El sendero hacia arriba de la montaña, sin embargo, tiene sus atracciones que pueden distraer al peregrino. El viaje es a veces un paso hacia adelante y dos hacia atrás. Pero inevitablemente llega el momento en que el alma toma los pasos definitivos para apresurar su progreso.

 

Es emprendiendo la tarea de eliminar las imperfecciones del carácter y cultivar las virtudes. De acuerdo con su naturaleza, el desarrollo puede darse en el sendero de la devoción, conocimiento o acción. Puede  ser una combinación de todos ellos. La “Escala de Oro” que se recita en muchas Ramas de la ST es una lista de las cualidades que el aspirante necesita desenvolver para transitar el sendero del progreso espiritual. Este es el sendero que asciende por el camino serpenteante hasta la cima de la montaña.

 

Existe también el sendero de un esfuerzo más coordinado que conduce a la cima por un camino más directo. Este, no obstante, exige un esfuerzo mucho más intenso y serio que lleva a un progreso más rápido. Significa tomar la propia vida en nuestras manos y trabajar tenazmente sobre todas las imperfecciones, impurezas y debilidades del carácter. A los Pies del Maestro menciona las cuatro cualidades de discernimiento (viveka), desapego (vairāgya), buena conducta (shatsampatti) y amor (mumukshatva). Buena conducta incluye los seis pasos de purificación de control de la mente (śama), control de la acción (dama), aceptar a las personas como son (uparati), resistir todo dolor sin lamentarse (titiksha), constante dirección de la mente hacia el espíritu puro (samādhāna) y fe en las enseñanzas (śraddhā) y en el instructor (Guru). Estos escalones conducen al estado de unión con toda vida (mumukshatva).

 

La Voz del Silencio recomienda el desarrollo de las pāramitā-s:

 

Las cumbres Pāramitā están cruzadas por un sendero aún más empinado. Tienes que luchar disputando tu camino a través de siete portales, a través de siete fortalezas defendidas por crueles y astutos poderes, las pasiones encarnadas. (Verso 200)

 

Los siete portales o pāramitā-s son:

 

Dāna (caridad y amor inmortal),Śila (armonía en palabra y acto), kshānti (dulce paciencia que nada puede perturbar), vairāgya (indiferencia al placer y al dolor), virya(la energía intrépida que lucha en su camino a la Verdad eterna), dhyāna (contemplación incesante que conduce al reino de sat) y prajñā (la cual hace de un hombre un dios, un Bodhisattva).

 

Y, como los versos finales de La Voz del Silencio dicen: “Un Peregrino ha regresado ‘de la otra orilla’. Un nuevo Arhan ha nacido.” (Versos 314 y 315)

 

En el viaje evolutivo, la evolucionada chispa de divinidad, que es el ser humano, progresa a través de niveles de desenvolvimiento y sabiduría cada vez más elevados en su viaje hacia la Deidad. La conciencia no manifestada ha atravesado el largo y arduo camino ganando experiencias del mundo manifestado y emerge como una entidad evolucionada, un Hijo de Dios que desempeñará su parte en el vasto esquema de evolución que existe en el Universo.

 

Con esta entidad evolucionada sobreviene la realización de su propia divinidad. El Dios (Brahman), que él estuvo buscando afuera, está dentro de él y es la misma conciencia que está en todas las otras cosas en este mundo manifestado. La proclamación de la Fraternidad Universal es entonces una expresión de la Realidad, no sólo palabras. En las palabras de los Upanishads él es entonces capaz de proclamar ahambrahmāsi (Yo soy verdaderamente ese Brahman), no meramente como una declaración de fe sino como una realización.◙

 

Referencias

1.     La Doctrina Secreta, H. P. Blavatsky

2.     Las Cartas de los Maestros a A. P. Sinnett.

3.     Aitareya Upanishad

4.     Teosofía Explicada, en preguntas y respuestas. P. Pavri

5.     Viveka Chudamani, Adi Sankaracharya

6.     Un Estudio sobre la Conciencia, A. Besant

7.     Katha Upanishad

8.     Dioses en el Destierro, J. J. Van der Leeuw

9.     Mahabharata

10.   En el Recinto Externo, A. Besant

11.   A los Pies del Maestro, Alcyone

12.   La Voz del Silencio, H. P. Blavastky

 

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