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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 136 - Número 08 -  Mayo 2015 (en Castellano)

 
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Sobre relaciones

Amor y Sabiduría

Parte III

 

RAPHAEL LANGERHORST

Es un joven teósofo, activo en la ST en Austria.

Es ingeniero en electrónica y TI, con talento musical.

 

 

La divinidad no es un ser, sino un poder; no es una entidad, sino una fuerza; no es un fenómeno fijo y completo, sino una corriente de vida rebosante; no está limitada a ningún área, por grande que sea, sino que es libre. Crece y se mueve eternamente, es la ola de vida  de la que nacen todos los mundos manifestados. Es omnipenetrante, eterna y está siempre presente. No tiene expresión permanente, ni modo continuo de existencia fenomenal. Las expresiones aparecen y desaparecen continuamente, cada reaparición distinguiéndose de la manifestación que la precedió.  La Divinidad no está encarnada por completo en una forma, ya sea planetaria, solar, universal o cósmica. Dios[i] pasa, pero nunca se detiene, la Divinidad existe, pero es inmensurable, intangible e invisible.

Geoffrey Hodson,

The Supreme Splendour, p. 1-2

 

En las Partes I y II hemos contrastado nuestra naturaleza divina inherente con la esclavitud de nuestros cuerpos, y hemos visto que esta esclavitud es la causa de conflicto dentro de nosotros y con los demás. Lo que queda por hacer es derramar más luz sobre la naturaleza de nuestra propia esclavitud y la transmutación requerida para volver a establecer nuestra libertad divina. Solamente entonces, conscientes de nuestra propia relación con lo divino, seremos capaces de relacionarnos con esa misma divinidad en otros.

 

Intelecto

Nuestro intelecto (capacidad mental, manas)  es en sí mismo neutral e inactivo. Pero debido a que  somos seres humanos, vivimos como una unidad integrada en nuestra personalidad, nuestro intelecto está naturalmente entretejido con principios adyacentes dentro de esta unidad. En el caso de nuestra personalidad, nuestro intelecto está entretejido con el astral, nuestras emociones y deseos personales. Nuestro principio astral enlaza nuestro intelecto para satisfacer nuestros deseos. Por esto, nuestra mente se inquieta, se esfuerza siempre por satisfacer nuestra insaciable codicia, por placer, poder, riqueza, excitación, y objetos de nuestras pasiones. Tal estado de esclavitud de nuestra mente es llamado Kama-Manas y es un resultado natural de la yoidad.

 

“Y nuevamente, está escrito que el Supremo es el eje sobre el cual gira el Universo. Así, tenemos la idea de una continua revolución de todas las cosas, una serie periódica, un Universo girando por el impulso divino, fundado en la naturaleza divina; y a esta rueda del Universo, están atadas las almas peregrinas, pero no por su propia naturaleza, que es libre, sino por medio de los vehículos[ii]  en los que entraron para adquirir experiencias. Al hablar de ligaduras debemos recordar que únicamente están ligados los vehículos. Por lo tanto, no está atado en nosotros el caminante, el peregrino. No es posible atar el Jivatma[iii] como no es posible atar la luz; pero la sombra[iv] que la luz proyecta sí está atada a la rueda de nacimientos y muertes.[v] Únicamente comprendiendo que solo la sombra está atada[vi], podremos sentir gradualmente nuestra propia libertad y reconocer que somos libres”.

Annie Besant

The Wisdom of the Upanishads, p.64 (99-100, edic. Argentina, 1974)

 

Kama-Manas

¿Por qué nuestro intelecto está limitado así? Porque aún no hemos adquirido el dominio en todos los niveles de la manifestación. Somos esclavos de nuestros cuerpos y vivimos en nuestro yo ilusorio, pensando que somos nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestros pensamientos, sometiéndonos a su tiranía. Sin embargo, como cuerpos en un mundo siempre cambiante, separados de todos los otros seres, el imperio de nuestros deseos carece de sabiduría, están basados en la ignorancia[vii] y en objetivos siempre cambiantes, lanzándonos a través de la vida como un bote en aguas tormentosas u hojas en el viento. No hay permanencia en nuestros deseos[viii], entonces ¿cómo puede haber siquiera un propósito real en ellos? Pero estamos demasiado ocupados satisfaciendo nuestros cambiantes deseos, para siquiera detenernos un momento y formular tales preguntas fundamentales. Así, nos mantenemos corriendo a través de este mundo, obviamente sin propósito, aunque con gran prisa, siempre con algo en nuestra mente[ix] que nosotros creemos digno de buscar.

 

Por lo tanto, nunca vemos nuestro propio desasosiego, al estar demasiado involucrados en lo que llamamos nuestra vida. Pero ni siquiera es nuestra vida, sino la vida de nuestros cuerpos, a la que, al ignorar nuestra naturaleza real, hemos entregado todo el control, dejándonos atrás como temerosos testigos, aunque apegándonos a nuestra vida como si fuéramos a perderlo todo.

 

Sabemos que la naturaleza del Jivatma como un reflejo de Ishvara[x] es trina, Jnana es el aspecto de conocimiento; Ichchha es el aspecto del deseo y la voluntad; y Kriya el de actividad. Y es necesario reconocer que estos aspectos pertenecen a la luz y no podemos renunciar a ellos. Cuando se os incita a matar el deseo, no matáis Ichchha, que es parte de la naturaleza de Jivatma, y corresponde al aspecto Ananda[xi] del Saguna Brahman mismo. Cuando se os incita a desechar vanos pensamientos, no desecháis Jnana, que es el rey[xii] de los sentidos y que corresponde al aspecto Chit de Brahman. Cuando se os incita a destruir la actividad, no destruís el Kriya, que corresponde al aspecto Sat de Brahman. Lo que hacéis es disipar la sombra en el mundo inferior[xiii], a fin de que la luz del superior pueda brillar totalmente. Porque en la sombra yace la ilusión, en la sombra está la ignorancia[xiv] que entenebrece la verdadera naturaleza del Jivatma.

Annie Besant,

The Wisdom of the Upanishads, p.71 (p.108-109, edic. Argentina, 1974)

 

Transición

Hay dos procesos clave involucrados en librarnos de nuestra esclavitud de Kama-Manas, y ellos tienen que marchar un tanto a la par para una transición estable. El primero es separar nuestra mente (intelecto/manas) de nuestros deseos (kama), lo que puede efectuarse solamente a través del segundo proceso de armonizar nuestra mente con el principio superior adyacente – nuestra sabiduría divina inherente (Buddhi).

 

Esta transmutación libera nuestro intelecto de su orientación a lo inferior, y se abre hacia arriba para una inspiración superior, la que realmente es nuestra divinidad interna –La Voz del Silencio, como lo expone HPB, y Luz en el Sendero.

Esta  liberación es sinónimo de comprender nuestra identificación incorrecta con nuestros pensamientos y deseos, y los abandona. Esta liberación puede a su vez comprenderse solamente entendiendo claramente la naturaleza transitoria de todos estos fenómenos[xv], y finalmente emplear nuestra voluntad para mantener nuestra atención constante en esta reorientación.

 

Pero, generalmente, antes que verdaderamente podamos comprender y apreciar esta necesidad, requerimos experiencia (a menudo repetida), para finalmente imprimir el vínculo entre causa (esclavitud) y efecto (sufrimiento) en nuestra mente, a menos que podamos analizarlo. La falta de razonamiento y experiencia nos mantiene cautivos en este mundo de agitación y sufrimiento, bajo el dominio de Kama-Manas.

 

Daré aquí unas pocas palabras de advertencia. Mientras todavía seamos esclavos de Kama-Manas, estaremos muy bien afinados con la misma esclavitud que aflige a la masa de la humanidad. Así, solamente experimentamos nuestro propio sufrimiento de acuerdo a nuestra propia pequeña aflicción (sin tener ninguna otra cosa en mente, en todo caso, finalmente). Pero, cuando comenzamos a liberar nuestro intelecto y deja de ser el Jefe de la Empresa de nuestro Deseo Ilimitado (es decir, de ser el esclavo de nuestros deseos), escapamos de la sintonía del mundo de la esclavitud. Necesitamos escapar de la melodía de esta esclavitud y armonizar con nuestra naturaleza interna. Liberarse de la melodía requiere inicialmente un enorme poder de  voluntad y solamente puede hacerse por medio de una completa determinación energizada por un discernimiento correcto.[xvi] Sin embargo, fuera de la sincronización con este mundo que nos rodea (aparentemente), este mundo se convierte en un infierno para nuestra personalidad y se vuelve difícil sentirse cómodo, porque ya nada tiene un valor real para nuestro yo (al ver la naturaleza transitoria de todos nuestros antiguos valores), así como la disonancia entre nosotros y el atolladero (ahora obvio!) de las personas que tienden al egoísmo y a la personalidad.

 

Incluso lo que la gente nos hace por amor (ellos creen) a menudo es inútil o aun terrible para nosotros, comparable a un anfitrión de buen corazón pero tonto, que nos sirve la mejor carne aun cuando nosotros no comemos carne, o todavía más serio, nuestra esposa tradicionalista que nos ama hasta la muerte, posesiva y egoístamente.[xvii] Entonces comprendemos que el único infierno en existencia es un planeta sostenido por el hombre, como dice HPB en La Voz del Silencio[xviii] y La Doctrina Secreta[xix]. Dada esta advertencia, es importante acentuar que este infierno en el que vivimos incluso ahora, puede solamente ser infierno y lo es inevitablemente, para nuestros principios inferiores, es decir, nuestra personalidad. Así, una vez que emprendemos el sendero fuera de la esclavitud de Kama-Manas, estamos destinados a (1) retirarnos a un cómodo pero esclavizador Kama-Manas,  (2) volvernos locos, o (3) encontrar nuestro camino a Buddhi-Manas y establecer nuestra divina identidad, eliminando así nuestra auto identidad (egoísmo) desde nuestra personalidad, que es la única manera de resistir en nuestra personalidad la visión más amplia que alcancemos.

 

Relacionado con lo anterior, podemos leer lo siguiente en Luz en el Sendero, Parte II, Reglas 2 y 4, donde el guerrero se refiere al yo superior, la naturaleza interna divina en el ser humano, ésta debería ser una advertencia particular para no dejar que nuestro yo inferior nos ate al mundo de las sombras, y vayamos más allá:

 

Busca al guerrero y deja que pelee en ti….

 

Búscale antes de que en el fragor y fiebre de la batalla puedas dejar de percibirlo, pues él no te reconocerá a menos que tú le conozcas. Si tu grito llega a su oído atento, entonces luchará en ti y llenará el triste vacío del interior. Y si esto sucede, entonces podrás permanecer sereno e infatigable durante la batalla, manteniéndote apartado y dejándole pelear por ti. Entonces será imposible que des un solo golpe en falso.

 

Pero si no lo buscas, si pasas a su lado sin percibirle, entonces no hay salvaguardia para ti. Tu cerebro se turbará, tu corazón se tornará irresoluto, y en medio del polvo del campo de batalla tu vista y sentidos se obscurecerán y no distinguirás tus amigos de tus enemigos”.

 

Con esta advertencia ahora sabemos que el sufrimiento en nuestra personalidad no terminará para nosotros, ciertamente se multiplicará por medio de la masa de la humanidad que todavía está esclavizada a los deseos, porque nos daremos cuenta de este hecho. Pero, también nos daremos cuenta de lo divino en todos, y solamente esto, si podemos manejarlo, puede salvarnos de la locura y la esclavitud y al mismo tiempo hacernos conscientes colaboradores en la elevación de la humanidad hacia la divinidad. Sin embargo, tal sufrimiento voluntario limpiará aún más nuestra naturaleza, tanto como nuestra compasión sirve a la elevación de otros. También necesitamos tomar en cuenta nuestras ambiciones anteriores, las que ahora, con nuestra diferente perspectiva y valores se han tornado en esclavitud. El karma[xx] tiene que soportarse pacientemente cuando alcanzamos nuestra libertad final.[xxi]

 

Ahora, dejemos el Kama-Manas y continuemos con nuestro tema inmediato, sabiendo que la divinidad auto-consciente no es para el temeroso ni para una glorificación egoísta de nuestra personalidad, que preferentemente debería llegar a ser una herramienta inmaculada en nuestras manos divinas. Más aun, esta transición es una necesidad para que nuestras relaciones se vuelvan más significativas en un sentido más elevado. Cuando hablamos de terminar nuestro sufrimiento comprendiéndonos a nosotros mismos como divinos, significa que el sufrimiento no afecta nuestra propia naturaleza nunca más. Esto es porque hemos llegado a conocer nuestro yo, diferenciándolo de la personalidad, que  está sujeta al sufrimiento en este mundo siempre cambiante, y somos capaces de ver la armonía interna en el sufrimiento evidente, aun como un paso de la evolución humana hacia la divinidad.

 

Quien conoce al mismo tiempo lo Inmanifestado (la causa de la manifestación) y lo destructible o manifestado, cruza la muerte a través del conocimiento de lo destructible y alcanza la inmortalidad a través del conocimiento de la Causa Primera (Inmanifestado)”.

SwamiParamananda, Los Upanishads, p.34 (Isa-Upanishad, XIV).

 

Esta bella cita del Isa Upanishad alude a los dos procesos clave para la transición referida anteriormente. El primero, el conocimiento de lo destructible, nos permite liberar a Manas de Kama; y el segundo, el conocimiento de la Causa Primera, se refiere a la sabiduría divina (Buddhi), con la cual hemos de armonizar nuestra mente (manas), una iluminación muy real.

 

Por contraste y al hacer tangibles nuestras naturalezas divina[xxii] y personal, adquirimos el conocimiento de ambas, nuestra inmortalidad divina y nuestra personalidad siempre cambiante y transitoria. Si podemos combinar eso con nuestra experiencia y poner nuestra Razón a prueba, finalmente desarrollaremos el discernimiento y elaboraremos nuestro camino desde Kama-Manas a Buddhi-Manas.

 

Tal contraste también se nos impone a través de la experiencia de la vida diaria, y es esta, iluminada por nuestro discernimiento, que finalmente nos permite crecer y regir lo transitorio por medio de lo inmanente. Es en el contexto de las relaciones con nosotros mismos y otros donde encontramos el mayor contraste, y el contraste está acompañado del conflicto, y como resultado de nuestra investidura en nuestras identidades aparentemente separadas, la causa de las polaridades. Es realmente por la comprensión de lo transitorio para poder liberarnos[xxiii] y la fuente eterna a través de nuestros aspectos superiores que podemos encontrar nuestra propia divinidad inmanente.

 

Así también, en el hombre están ocultos todos los poderes. La evolución del Alma no es sino la búsqueda de ese lugar secreto, una gradual remoción de los velos que envuelven la vida divina. Aunque oculta, esa vida se extiende eternamente, surgiendo de la Chispa que es el Yo más profundo en el hombre y que pasa por todos sus vehículos.

 

El flujo es continuo, rítmico y armonioso en una joya y en una planta, en el animal y el pájaro, porque estos no tienen auto determinación. En el hombre aparece la auto determinación, y en su ceguera, altera el ritmo y la armonía de la vida de la cual él es tanto un participante como una expresión. Esa alteración puede ser grande o pequeña pero de acuerdo a la medida en que el hombre ejerce su voluntad contra la corriente de la vida, así es la medida de la disonancia resultante[xxiv]. Si se admite la existencia del mal, entonces este y solamente este, es su fuente. Mientras mayor sea el grado de auto-determinación, mayor será la interferencia con el flujo, y por lo tanto, mayor la desarmonía. Finalmente, el hombre aprende la verdadera razón de todo sufrimiento y de allí en adelante activa su voluntad y al comportarse así ya no impide el movimiento de la vida eterna, sino que proporciona nuevos canales para su flujo eterno.

 

Entonces, y no hasta ese momento, todo dolor, pena, sufrimiento y enfermedad llegan a su fin, únicamente entonces es libre. Al ser libre, sirve a la vida en su totalidad, como en la ceguera de sus vidas anteriores buscó servirse a sí mismo. En ese cambio él ha encontrado la felicidad.

En su juventud, buscó los pies de Dios arriba en el Cielo, en su adultez descubre a Dios[xxv] dentro de sí mismo, esta liberado y se vuelve uno con la vida misma.

Geoffrey Hodson,

The Supreme Splendour, p.3-4

 

Buddhi-Manas

No existe dolor en lo siempre cambiante, si lo transitorio se conoce como transitorio.

 

No hay esclavitud impuesta por nuestra personalidad, si somos conscientes de nuestra divinidad.

 

No hay temor, si el amor se encuentra en sí mismo.

 

No hay conflicto en la unidad, al conocer nuestro propio yo en todos los demás.

 

Así como el modus operandi básico de Kama-Manas es a través de la separación y el egoísmo en lo transitorio, que conduce naturalmente al sufrimiento, así es el modus operandi de Buddhi-Manas, la conciencia de la misma esencia divina y pura, en toda la manifestación. Como tal, el amor se expresa a si mismo naturalmente, al ser verdaderamente consciente en todo. No hay esfuerzo artificial comprometido en la expresión del amor, dada la libertad de nuestra esclavitud en presencia de nuestra naturaleza divina, cuando el amor es básicamente la base sobre la que descansa toda la existencia. El amor, entonces, no es un sentimiento, nuestra verdadera naturaleza es el amor mismo.

 

Así mismo, Buddhi-Manas es comprensión y sabiduría, por la misma razón, es consciencia de la unidad en toda la aparente diversidad, es la única forma de apreciar realmente la verdadera naturaleza de todas las cosas, y de todos los que nos rodean. Puede estar oculto y deformado más allá del reconocimiento en los principios inferiores, mientras está completamente obsesionado por su propia posesividad. Pero, todo lo que vive, finalmente vive por el amor divino, y nosotros podemos reconocer este hecho una vez que lo encontramos en nuestra propia naturaleza, también en los demás, a pesar de estar oscurecido por sus principios inferiores y por lo tanto, estar obstaculizando el reflejo de la divinidad interna. Este reconocimiento nos permite relacionarnos con esa divinidad, aun cuando otros seres puede que no sean conscientes de su propia naturaleza superior. Pero si hay reconocimiento mutuo, ¡somos bienaventurados más allá de las palabras!

 

La manifestación trabaja a través de reflejos. Nuestros principios superiores, Atma-Buddhi[xxvi], emanan de nuestra esencia divina inmortal (Monada).  Manas se manifiesta cuando se combina[xxvii] con nuestra personalidad inferior (Mental-Astral-Física). Hay un manas superior que atrae a Buddhi como también un manas inferior (mental) que se inclina hacia Kama, el principio astral.

 

Así, nosotros, como seres humanos, tenemos un principio divino inmanente, nuestra Monada[xxviii], de la que emana Atma-Buddhi-Manas como nuestro yo superior viviente, y para nosotros, inmortal. De este yo superior emana nuestra personalidad (Mental-Astral-Física), una nueva para cada encarnación, aunque ligada a través de Karma[xxix]  a todas las personalidades anteriores.

 

Es importante observar que toda vida, básicamente, nace en el eje divino alrededor del cual gira el universo, por así decirlo. Y es por reflejos que nuestra consciencia se manifiesta en nuestros principios inferiores, primero el reflejo desde nuestra Monada en nuestro yo superior, y luego el reflejo desde nuestro yo superior a nuestra personalidad. Así, vemos que nosotros, atados a nuestra personalidad durante la vida, somos realmente sólo un reflejo de un reflejo de nuestra verdadera esencia divina[xxx] (la sombra de una sombra de nuestro Yo).

 

Para que este reflejo se exprese adecuadamente en lo inferior, estos principios inferiores necesitan ser puros, sin un yo ilusorio. Esto se aplica particularmente a la personalidad que tiende mucho a envolverse en una auto-glorificación separada e ilusoria, finalmente bloqueando así todos los reflejos superiores. De esto, la causa y el resultado son el egoísmo, conduciendo con toda seguridad al conflicto.

 

Además de la pureza, también es necesario establecer la orientación hacia lo superior, que es el propósito de la meditación adecuada. Solamente esta orientación, como poner un espejo en el lugar adecuado y limpiarlo del polvo, les permite a los principios superiores brillar sin opacarse, por así decirlo. Esto es entonces lo que hacemos con nuestra personalidad, y especialmente respecto a nuestro intelecto (manas), liberarla de kama a través de la purificación, uniendo así la separación con el manas superior y su tendencia hacia Buddhi[xxxi]. Esto finalmente establece el amor y sabiduría, la naturaleza de Buddhi, aun en nuestros principios inferiores, limpios y purificados así, como un reflejo inmaculado.

 

Aunque el Yo no pueda alcanzarse por el pensamiento de la sombra, puede alcanzarse por el pensamiento cuando la sombra se reconoce como sombra, y ‘cuando el Yo que tiene la naturaleza del conocimiento[xxxii]’brilla sin sombra que lo eclipse; por lo tanto, necesario es que el hombre desenvuelva la mente superior[xxxiii] aunque la inferior[xxxiv] sea su obstáculo y su enemigo. La mente superior, unida con Buddhi o Discernimiento, el aspecto de sabiduría del Yo, puede conocer el Yo”.

Annie Besant,

La Sabiduria de los Upanishads, p.77

 

 

(continuará)

 

 

Referencias

Annie Besant, La Sabiduria de los Upanishads.

H.P.Blavatsky, La Voz del Silencio.

--------La Doctrina Secreta

Mabel Collins, Luz en el Sendero

Geoffrey Hodson, El Supremo Esplendor


 

[i] Poder, vida, inteligencia y ley inmanentes y trascendentes, manifestándose dentro del Sistema Solar.

 

[ii] Cuerpos

 

[iii] Nuestra esencia divina inmortal, a menudo referida figurativamente como caminante o peregrino.

 

[iv] Cuerpos o vehículos – en este caso nuestra personalidad.

 

[v]  Samsara

 

[vi] A través de nuestra incorrecta identificación con nuestros cuerpos (sombras).

 

[vii]  Avidya

 

[viii] Esta es la verdadera causa del sufrimiento, mientras estemos limitados a través de Kama-Manas, a identificarnos con lo transitorio, deseos en este caso; porque si lo transitorio continúa y nuestra consciencia está completamente inmersa (identificada con) en cualquier cosa que sea, es como la muerte para nosotros, por ejemplo, nuestro cuerpo, los frutos de nuestros deseos. etc.

 

[ix] Obscureciendo así nuestra paz interna.

 

[x] En este caso, el Logos de nuestro Sistema Solar.

 

[xi] Felicidad.

 

[xii] Gobernante o rey. En este caso el manas impulsado por kama (Kama-Manas) que mantiene nuestros sentidos limitados al mundo objetivo externo. 

 

[xiii] En este caso la yoidad ilusoria de nuestros principios inferiores, que es nuestra incorrecta identificación con nuestros cuerpos, no con los cuerpos mismos. Reflejar nuestra divinidad (la luz del sol) en nuestros principios inferiores solamente es posible si nuestra propia vestidura de auto-identificación ilusoria (y así esclavitud) con ellos ha sido eliminada.

 

[xiv] Ignorancia de nuestra naturaleza divina.

 

[xv]   Porque lo que no comprendemos completamente se mantiene atrayéndonos o repeliéndonos, uniéndonos así a Kama-Manas para su expresión. Así somos llamados a comprender nuestra naturaleza inferior también, aunque esto no significa entregarse a su esclavitud intencionalmente.

 

[xvi] Técnicamente hablando, podemos comparar esto a un circuito de resonancia electrónico compuesto de un oscilador LC y nosotros mismos operando en la misma frecuencia. Este oscilador LC siempre nos impondrá esa misma frecuencia mientras estemos cerca de él. Solamente después de cambiar nuestra propia frecuencia tan lejos como para  salir del ancho de banda mutuo este oscilador LC (el egoísmo de la humanidad en general en este caso) ya no será de interés, excepto por ser una fuente de ruido y desequilibrio (difícilmente un lugar en que podamos disfrutar personalmente) – el infierno que podemos entonces observar fácilmente en todo lo que nos rodea – y no debemos sorprendernos si se vuelve en contra de nosotros personalmente mientras todavía estamos en su proximidad psicológica.

 

[xvii] En otras palabras, el mundo ya no tiene nada que ofrecernos que consideremos verdaderamente deseable – nuestros deseos personales ahora están básicamente limitados a las necesidades de conservación de la vida, como también a todo lo que se requiera para nuestros trabajo, idealmente.

 

[xviii] H. P. Blavatsky, La Voz del Silencio. Ella comenta sobre el uso de Myalba en el texto principal como sigue: “Myalba es nuestra tierra, propiamente llamada ‘Infierno’, y el mayor de todos los infiernos, por la escuela esotérica. La doctrina esotérica no conoce más infierno, o lugar de castigo, que una tierra o un planeta habitado por hombres. El Avitchi es un estado, y no una localidad.

 

[xix] H. P. Blavatsky, editada por Annie Besant, La Doctrina Secreta, Volumen 3, nota al pie de página 526, mientras habla acerca de las personas que son dedicados esclavos de Kama-Manas (es instructivo leer toda la sección). La nota al pie de página  realmente entregada por HPB lee como sigue: ‘La Tierra, o más bien la vida en la tierra, es el único avichi que existe para los hombres de nuestra humanidad en este globo. Avichi es un estado, no una localidad, una  contraparte del Devachan. Tal estado  sigue al Alma dondequiera que vaya, ya sea al Kama Loka, como a un espectro semi-consciente. O en un cuerpo humano, cuando vuelve a nacer para sufrir el avichi. Nuestra filosofía no reconoce otro Infierno”.

 

[xx] La Ley Universal de Causa y  Efecto.

 

[xxi] Nosotros encontramos abundante información de este estado de transición en Pláticas sobre el Sendero del Ocultismo, Vol. 3 – Un comentario sobre Luz en el Sendero  por Annie Besant y C. W. Leadbeater. Específicamente vemos comentarios en la regla 3 del capítulo 4 como el último comentario de CWL sobre la regla 20 del capítulo 10 (páginas 91 y 197 en la edición alemana Hirthammer). Es muy instructivo leer estos comentarios.

 

[xxii] Lo que es esencialmente intangible, lo que significa que hay una divinidad superior más allá de la divinidad, de este modo se progresa de un paso al otro, y leyes similares se aplican al paso siguiente en el nuevo contexto, en nuestra etapa humana es la lucha entre la destrucción egoísta y la divinidad inmortal.

 

[xxiii] Apartar nuestra mala identificación y esclavitud.

 

[xxiv] Lo que se traduce en sufrimiento.

 

[xxv] Ver nota al pie de la página 1 respecto a la interpretación de este término.

 

[xxvi] Observe que Atma es todavía universal y solamente se vuelve individual en combinación con Buddhi

 

[xxvii] En el proceso de individualización, entrando en la etapa humana de evolución

 

[xxviii] Este término fue específicamente introducido por Leibniz (1646-1716) en su interpretación moderna.

 

[xxix] Acumulado en nuestro manas superior, como parte de nuestro yo superior, también llamado el Ego en la literatura teosófica.

 

[xxx] Que es en sí un reflejo de Ishvara que a su vez es un reflejo, conduciendo finalmente al principio absoluto – tal sabiduría nos permite desarrollar un sentido de humildad y ver la total insuficiencia del orgullo humano (o de alguien).

 

[xxxi] Antahkarana.

 

[xxxii] Brhadaranyaka, IV,ii,6

 

[xxxiii] Buddhi-Manas

 

[xxxiv] Kama-Manas

 

 

 

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