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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 136 - Número 07 -  Abril 2015 (en Castellano)

 
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La unidad en la diversidad

 

PAVEL MALAKHOV

Representante Presidencial de la ST en Rusia. Este artículo está basado en una charla dada en el

congreso teosófico de toda Rusia en Kemerovo, febrero 2014

 

Las personas son distintas y sin embargo todas sus diferencias se unifican en la idea de “un ser humano”. Los teósofos, que son gente normal y corriente, pertenecen a distintos sistemas de creencias, están divididos en distintos grupos, siguen a diferentes gurús, viven en países distintos, hablan lenguas distintas y sin embargo están unificados en su aspiración hacia la teosofía.

 

H. P. Blavatsky enfatizó esta característica del movimiento teosófico muchas veces. Por ejemplo, en la Clave de la Teosofía, leemos:

 

Mientras que por la naturaleza misma de su postura como teósofos, los miembros de la ST están de acuerdo sobre los principios de la Teosofía, porque si no, no pertenecerían a la Sociedad, sin que por esto se infiera que están de acuerdo en todos los demás temas. Como sociedad sólo pueden actuar juntos en temas que les son comunes a todos, es decir, en la Teosofía misma; como individuos, cada uno es perfectamente libre de seguir su línea particular de pensamiento político y de acción, mientras esto no entre en conflicto con los principios teosóficos ni dañe a la Sociedad Teosófica.[1]

 

Helena Petrovna Blavatsky también nos ha instado a superar todas las contradicciones de nuestras opiniones y a expandir nuestra manera de pensar, dejando que los demás expresen la verdad con sus propias palabras, símbolos e imágenes. Insistió en el hecho de que el mundo, a pesar de su gran diversidad, está basado en el descubrimiento del equilibrio o la armonía entre las contradicciones. Está impregnado de la idea de unidad, donde cada fenómeno tiene su propio lugar en todo el sistema.

 

Consideremos varias contradicciones para poder examinar en detalle la cuestión de la unidad y la diversidad. Lo haremos desde el punto de vista del teósofo que es capaz de ver muchos dilemas pero que desea sinceramente implementar su ideal en la vida.

 

 

Aspiración al ideal y tolerancia de las imperfecciones

La enseñanza teosófica es la enseñanza de una ética superior. La ética es tan elevada que resulta virtualmente inalcanzable para la mayoría de nosotros. Recordemos la descripción de los verdaderos teósofos, que  H.P. Blavatsky dio en respuesta a la pregunta de si los que se dedican al estudio esotérico de la teosofía pueden reconocerse como tales:

 

No necesariamente, hasta que ellos mismos hayan demostrado serlo. Han entrado en el grupo interno y se han comprometido a cumplir, de la forma más estricta posible, las normas del grupo oculto. Es una empresa difícil, porque la regla más importante de todas es la total renunciación a la propia personalidad, es decir, un miembro comprometido tiene que convertirse en un altruista total, no pensar nunca en sí mismo, y olvidar su propia vanidad y orgullo para pensar en el bien de sus semejantes, además de sus hermanos en el círculo esotérico. Tiene que vivir, si ha aprovechado bien las instrucciones esotéricas, una vida de abstinencia en todo, de auto renunciación y estricta moralidad, cumpliendo su deber con todos los hombres.[2]

 

Pero este duro requisito no debería oprimirnos. Al contrario, nos muestra el camino para perfeccionarnos, nos sirve de faro y de guía en nuestro viaje espiritual, y el hecho de no haber alcanzado todavía nuestro ideal nos debería dar la fuerza necesaria para practicar la tolerancia con los demás.

 

Si hemos imaginado un ideal que deseamos alcanzar, y si nos hemos dado cuenta del valor de la tolerancia, habremos empezado a caminar por un sendero de auto perfeccionamiento espiritual. Hay muchas maneras de recorrer este sendero y, de hecho, el número equivale al número de personas que lo huellan, porque la naturaleza no se repite. Igual que no hay dos granos de arena idénticos en las innumerables dunas del desierto, tampoco hay dos formas idénticas de evolución personal. Pero todas esas formas conducen a la fuente divina universal, donde cada entidad se origina antes de hacerse humana y adonde cada uno regresará, después de haber pasado la etapa de la evolución.

 

¿Qué es el sendero espiritual del auto desarrollo? ¿No es acaso el perfeccionamiento de nuestra naturaleza interna para poder percibir las ideas y vibraciones más elevadas? A causa de la evolución espiritual de la conciencia, el ser humano percibe leyes más sutiles de los niveles más elevados del Universo, tipos más sutiles de materia, ideas más abstractas, llegando finalmente al Plano del Elemento Uniforme y fundiendo la mente individual o Manas con la Mente Uniforme o Mahat.

 

Nuestra voluntad nos da la fuerza para mejorar y la tolerancia expande nuestra conciencia, primero admitiendo las opiniones de los demás, y después incluyendo esas opiniones en nuestro propio planteamiento. De hecho esta asimilación es posible solamente en el sendero hacia la Unidad Universal. Las disputas, peleas y rechazos nos desorientan y alargan nuestro viaje.

 

 

Libre albedrío versus autoridad

La opinión independiente es una consecuencia del libre albedrío. La necesidad de reconocer una autoridad le sigue a la comprensión del interminable viaje evolutivo y, como resultado, la existencia de personas más sabias y más capacitadas que empezaron su viaje mucho antes que nosotros.  

 

Al alcanzar algún conocimiento, podemos mostrar una actitud altanera y condescendiente hacia otra persona que, en nuestra opinión, no lo posee. Aceptamos la existencia de personas que nos superan en desarrollo evolutivo, adoptamos las leyes del karma y la transformación pero, a pesar de ello, el egoísmo a veces no nos permite considerar la posibilidad de que la persona que consideramos de un nivel inferior pueda realmente estar más avanzada espiritualmente. Esto puede ser porque la persona es más joven o no ha tenido la oportunidad de expresarse, o es modesta. Pero también puede muy bien ser demasiado difícil para nosotros admitir en otras personas cualidades que nosotros todavía no hemos adquirido.

 

Tal vez parezca que al reconocer la opinión de otra persona estamos dejando de lado o traicionando la nuestra. En ese caso, mostramos nuestra ignorancia, es decir, nuestro egocentrismo, que nos hace creer que somos más competentes que los demás. Este egoísmo actúa como un freno para nuestro desarrollo, lo bloquea e impide la expansión de nuestra conciencia.

 

Sin embargo, quien ha escogido el sendero espiritual debe poseer la habilidad de aprender cosas nuevas.

 

Muchas veces esperamos que nuestro gurú nos hable directamente y que nos confirme a cada momento su estatus, en caso contrario desafiaremos su conocimiento y experiencia espiritual. A menudo olvidamos que la guía directa es un entrenamiento de muy alto nivel para el estudiante que está libre de faltas. El proceso de adquirir conocimiento espiritual continúa cada día a medida que nos implicamos en todo tipo de situaciones, comunicándonos con personas distintas a nosotros. La posibilidad de adquirir conocimiento y de progresar en él se nos da a cada momento de nuestra vida. Cada persona que conocemos es una fuente valiosa de algo nuevo o desconocido. No sólo los individuos sino todos los acontecimientos, todos los fenómenos naturales pueden enseñarnos. Necesitamos aprender a reconocer y aceptar a estos maestros mundanos antes de estar preparados para encontrarnos con nuestro maestro o gurú espiritual. Para hacerlo hemos de desarrollar la paciencia, transformar ese rasgo en tolerancia, y después la tolerancia en compasión, y finalmente esto es un signo de la verdadera fraternidad.

 

Igualdad de una fraternidad y subordinación jerárquica.

Los que tienen una visión teosófica (independientemente de cómo se etiqueten) están invariablemente inspirados por la idea de una unidad global y una fraternidad de toda la humanidad.

 

La fraternidad es un concepto tridimensional. No apoya la superioridad de una persona respecto a otra en derechos ni en oportunidades, ni en ningún otro parámetro excepto en potencialidad. A pesar del hecho de que cada ser humano es único, la fraternidad une a todas las personas del mismo nivel de inteligencia (la relación o base horizontal) y a las personas de distintas capacidades intelectuales y  diferentes  ambientes (la relación vertical). Los que han logrado niveles más elevados en el proceso evolutivo ayudan a los hermanos y hermanas menos evolucionados a elevar su nivel de conciencia. Estos, a su vez, les dan a los primeros una oportunidad de reforzar sus capacidades intelectuales a través de la práctica de la compasión, la beneficencia y el sacrificio. Además de las bases horizontales y verticales de la fraternidad, podemos añadir la tercera dimensión, su profundidad. La profundidad indica la confianza en la relación, una relación de cualidad.

 

Vemos, pues, que los conceptos de la igualdad y de jerarquía encajan fácilmente en el concepto de fraternidad. En referencia a la subordinación jerárquica puede surgir la pregunta de si una persona u una organización determinada es el eslabón de una cadena jerárquica. Es una pregunta natural para el investigador, pero hay una pregunta más necesaria, más vital, que es la siguiente: “¿Puedo considerarme tal eslabón? ¿Soy digno?”

 

Para responder a esa pregunta hemos de reconocer que el eslabón de una cadena no es el final de ella. Un eslabón se encuentra en una posición intermedia entre otros eslabones de la cadena, con numerosos otros eslabones antes y después. Lo que se necesita en este punto es admitir que el elemento siguiente en una cadena jerárquica es superior y que define nuestro paso siguiente.

 

Muchas veces nos esforzamos por alcanzar el ideal más elevado, considerando que todo lo que esté por debajo no es digno de nuestra atención, pero nuestros pies humanos tienen que hollar el sendero humano. La gente de nuestro entorno pueden ayudarnos a dar estos pequeños pasos humanos uno tras otro. Antes de empezar a comunicarnos con nuestro maestro celestial, hemos de reconocer a los maestros terrenales en las personas de nuestro entorno. Ese reconocimiento puede convertirse en una demostración de fraternidad en nuestra vida diaria.

 

El teósofo independiente y la Sociedad Teosófica

La Sociedad Teosófica es un intento de llevar a cabo el ideal de la Fraternidad Universal en el mundo de las formas, restricciones, distintas divisiones y clasificaciones. Eso es lo que Helena Petrovna Blavatsky dice al respecto en La Clave de la Teosofía:

 

La Sociedad se puede considerar como la encarnación de la Teosofía solamente en sus motivos abstractos; nunca se puede atrever a considerarse su vehículo concreto mientras las imperfecciones y debilidades humanas estén todas representadas en su cuerpo… La Teosofía es la naturaleza divina, visible e invisible y su Sociedad la naturaleza humana intentando ascender a su origen divino… Fue fundada para ayudar a mostrar a los hombres que existe algo llamado Teosofía y para ayudarles a ascender hacia ella mediante el estudio y la asimilación de sus verdades eternas.  

 

… Es simplemente el almacén de todas las verdades expresadas por los grandes videntes, iniciados, y profetas de la era histórica e incluso prehistórica; al menos, todos los posibles. Por consiguiente, es simplemente el canal por el que una parte más o menos grande de la verdad, que se encuentra en todas las afirmaciones de los grandes maestros de la humanidad, se vierte en el mundo.[3] 

 

El impulso vital de cada estructura social se lo dan sus fundadores. La ST fue fundada por chelas de los Mahatmas bajo su protección, dándole un margen suficiente de seguridad y estabilidad siempre que los miembros siguieran las ideas que sus elevados inspiradores les dieron.

 

Para los que no deseen hacerse miembros por alguna razón podemos decir que ser miembro no es un fin en sí mismo, sino un intento práctico de hacer una contribución a la formación de la Fraternidad Universal. Algunos de los que no desean hacerse miembros de la ST piensan que pueden crear otra organización que no tenga los defectos que encuentran en la ST. Pero cualquier sociedad está formada por personas y las personas son imperfectas. Sería fantástico que esas personas pudieran ser un ejemplo de fraternidad con un largo y productivo trabajo de grupo. Pero el problema es que el motivo oculto de esa falta de disposición para hacerse miembro de cualquier sociedad es la falta de deseo de unirse a los demás. Es mucho más simple para una persona seguir sola, porque en colaboración con otros inevitablemente surgirán los conflictos. Para superarlos, hay que hacer mucho trabajo interno, que puede ser muy difícil y desagradable.

 

¿Deberíamos condenar a los teósofos que no desean hacerse miembros? No. Realmente no.

 

¿Deberíamos forzar a alguien para hacerse miembro de nuestra Sociedad? Creo que no.

 

Quiero llamar la atención al hecho de que en nuestro camino hacia la Fraternidad Universal es necesario aprender cómo unirnos, a aceptarnos los unos a los otros, a perdonar y ayudar. Es necesario adquirir muchas características útiles y positivas que se desarrollan con la práctica. Los estudios teóricos de estas características no nos los van a introducir dentro de nosotros.

 

Es una buena práctica para todo teósofo (con o sin diploma) que encuentre intereses comunes con los demás y se una a ellos con ese fin. La Teosofía incluye un amplio campo de actividades, que cubre toda la vida. Puede ser parte de cualquier profesión, en cualquier momento, en cualquier nación, a cualquier edad. Puede servir como base de cualquier iniciativa.

 

Como miembros de la ST, acogemos a todo aquel que decide hacerse miembro. Pero para ser honesto, hemos de informar a los que deseen hacerlo de que los requisitos que se les pedirá serán los que nos pedimos a nosotros mismos: corresponder con los ideales teosóficos al máximo posible, ser activos, ser positivos y, por encima de todo, hacer todos los esfuerzos posibles por ser tolerantes con los defectos de los demás. Considerando todo esto, incluso la contribución más modesta es importante.

 

H.P. Blavatsky, fundadora de la Sociedad Teosófica, afirmaba:

 

…Como cada uno de ellos  –tanto los grandes como los pequeños-, ha hollado el camino real hacia el conocimiento, les escuchamos a todos, y consideramos a los pequeños y a los grandes como compañeros. Porque ningún buscador honesto vuelve con las manos vacías, e incluso quien ha disfrutado de la más mínima parte del favor popular puede dejar al menos su minúscula contribución en el altar único de la Verdad.[4]

 

Conclusión.

Se podría decir que la base del Universo está compuesta por fuerzas centrípetas y centrífugas. Estas fuerzas gobiernan la cohesión y la separación de los elementos. En las relaciones humanas, aparecen como simpatía o antipatía, cordialidad u hostilidad; como rechazo o tolerancia relativa al conocimiento. Nos inclinan a mantener nuestras opiniones mientras que al mismo tiempo buscamos personas compatibles con nosotros. El mundo es muy diverso debido a la interacción de estas dos fuerzas. Cada criatura en sí misma es única, pero se aplica la ley de la unidad universal, afirmando que aunque visiblemente diferentes,  esencialmente, somos uno.

 

Nuestra aspiración para estudiar la variedad es un reconocimiento del mundo material, el mundo de las apariencias, de la diferenciación: nuestra aspiración para estudiar la unidad es un reconocimiento del mundo espiritual, el mundo invisible, el mundo de las causas.

 

La teosofía en su visión integral incluye los dos planteamientos, pero hubo una razón por la que los fundadores de la ST, al dar al mundo el conocimiento más profundo sobre la humanidad y su lugar en el Universo, pusieran la Fraternidad Universal como el primer objetivo, insistiendo en la unificación. La situación global actual claramente requiere esta insistencia.

 

Hay mucha gente en este mundo y son relativamente pocos los que se llaman teósofos, pero incluso ese pequeño número es multicolor. No hace falta ser vidente para saber que la cantidad de colores aumentará en el futuro. Construyamos un arco iris con toda esta diversidad, conectando la singularidad personal de cada uno de nosotros. 

 

 

Referencias


 

[1] H. P. Blavatsky, La Clave de la Teosofía, sección XII

[2] HPB, La Clave de la Teosofía, sección II.

[3] HPB, La Clave de la Teosofía, Sección IV

[4] HPB, ¿Qué son los teósofos?

 

 

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