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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 136 - Número 07 -  Abril 2015 (en Castellano)

 
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Sobre relaciones

Asuntos prácticos

 

      Parte II

 

RAPHAEL LANGERHORST

Joven teósofo, activo en la ST en Austria.

Es ingeniero en electrónica y en tecnología de la información, con talentos musicales.

 

 

                                         

En la Parte l de estos artículos estuvimos considerando nuestra divinidad, encerrada en nuestros principios inferiores en los cuales estamos encarnados. Hemos visto cómo nuestra consciencia se vuelve esclava del cuerpo y de los sentidos y la necesidad de comprendernos como seres divinos para terminar con esta esclavitud.

 

Esto no se logra glorificando nuestra personalidad, compuesta de nuestros aspectos físico, astral y mental inferior, como a muchos les gustaría creer. Más bien necesitamos abandonar nuestra errónea identificación con estos principios inferiores, estableciéndonos de este modo naturalmente en nuestra divinidad 1, y relacionando nuestra personalidad, como una inmaculada vestidura privada de su yo ilusorio, con la esencia divina universal 2.

 

 

Dios o Animal

 

Ahora bien, como seres humanos podemos elegir y es una opción fundamental que tenemos que hacer: ¿queremos ser un dios o un animal?

 

No podemos escapar de esta nuestra única opción, al estar vivos necesariamente actuamos en este mundo. Nuestras acciones están dirigidas ya sea por nuestro yo esclavo, ilusorio y separado, en su inquieto, ansioso, pero básicamente vano intento de confianza en sí mismo o por la serena conciencia de la misma vida universal en toda la manifestación.

 

No hay nada irreal acerca de esto, es un hecho de cada día en el que somos capaces de ver si podemos mantener silencio por un momento y realmente observamos: ¿quiénes somos nosotros? ¡No lo sabemos! Sin embargo actuamos con tal determinación, pensando que necesitamos esto y aquello, desilusionados por lo que no podemos obtener e inquietos con el temor acerca de lo que pensamos que es nuestro, también en términos de relaciones como con todo lo demás.

 

 

El ser humano se manifiesta en todos los niveles, desde la pura divinidad universal hacia abajo a la más densa materia física y de vuelta a la consciencia espiritual. Es asunto nuestro cómo nuestros principios se relacionan con cada otro, si es que están relacionados. ¿Somos solamente un animal dotado de mente? ¿O somos conscientes de nuestra pura esencia interna?

 

Sexualidad, Esclavitud y Polaridades

 

Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis moderno, consideraba la energía sexual -que llamó ‘líbido’- como la causa raíz de todas nuestras ambiciones 3.

 

Siempre consideré este enfoque limitado y unilateral, pero hay algo en él. Puesto que los seres humanos somos una combinación de lo divino y lo terrenal, hay naturalmente dos fuerzas motrices diferentes en juego 4. De estas dos, la fuerza terrestre saliente puede, en un amplio sentido, ser considerada estrechamente relacionada con la energía sexual.

 

Aunque, ¿cuál es la cualidad fundamental sobre la que se basa esta energía? Al ser de carácter terrenal, se basa naturalmente en la materia y la separación como cualidad básica, debido a la objetividad de la materia 5.  Esto nos lleva a un interesante aspecto de la sexualidad: está basada en la separación, no hay unidad en ella. Así, la sexualidad por sí misma, es un medio de fortalecer la separación, nos arrastra más profundamente a la materialidad, debilitando con eso nuestra relación con lo divino y el sentido de unidad. Esta a su vez debilita nuestra propia voluntad (nuestra relación con Atma 6), aumentando por lo tanto nuestra esclavitud a nuestros principios inferiores terrenales y nos atrae además a la esclavitud y dependencia de la sexualidad. Todo esto forma un círculo vicioso que nos hace menos responsivos a nuestra naturaleza divina interna.

 

Lo mencionado precedentemente es importante de observar porque nuestra auto-consciencia es el resultado de nuestra divinidad inherente. Al debilitar nuestra relación con lo divino, nos guía a la inconsciencia. Entonces nuestra mente se vuelve más estrecha, nuestros conceptos egoístas y perdemos nuestra capacidad de amar verdaderamente, al ser la consciencia de la unidad de toda vida y como tal, una necesidad de sabiduría. Esta es probablemente la razón de por qué tanto I. K. Taimni en su excelente comentario sobre los Yoga Sutras, La ciencia de la Yoga 7, y HPB en su Ocultismo Práctico 8, afirman claramente que la sexualidad, como se conoce comúnmente 9, es un obstáculo para comprender nuestra divinidad.

Ser conscientes de estas implicaciones nos da una importante clave para  muchos de nuestros problemas sociales. Las personas que están satisfechas dentro de los límites de sus personalidades, sin aspiraciones superiores hacia su naturaleza divina, no ven ningún conflicto con la sexualidad, porque esta es, como Freud la identificó correctamente, la fuente fundamental de todas sus ambiciones. La lucha comienza solamente cuando no estamos contentos con nuestra separación de lo divino. Entonces, como mencioné anteriormente, tenemos que trabajar a partir de la esclavitud de lo terrenal, nuestra esclavitud de nuestros cuerpos físico, astral y mental, que intentarán mantenernos cautivos con su poder ilusorio: lujuria, ira y codicia.

 

A menudo nos comprometemos y consideramos la sexualidad como un medio para amar, confundiendo estos opuestos incluso como sinónimos o considerando la sexualidad como una forma de alcanzar nuestra divinidad. Todo esto muestra solamente nuestra limitada comprensión e inclusive cuán severa es nuestra esclavitud, de la que no podemos liberarnos. Pero no es fácil. Si negamos nuestra sexualidad mientras todavía somos esclavos de nuestros cuerpos, creamos además10 otro conflicto11. La forma apropiada de vencer esto es desarrollar discernimiento, paciencia, conocimiento y responsabilidad de sí mismo, y el amor, el remedio esencial.

 

 

Centro y Circunferencia

 

De una manera esencial, la manifestación es impulsada por dos fuerzas: centrífuga y centrípeta, que significan las fuerzas dirigidas hacia fuera (hacia la materia) y hacia dentro (hacia la divinidad pura). La libido de Freud es una expresión de esta fuerza dirigida hacia afuera, la que hemos hasta ahora llamado ‘terrestre’.

 

Esta fuerza centrífuga o libido en su forma terrestre en particular, es de gran importancia en las primeras etapas de nuestra evolución humana, para construir nuestra individualidad12. En ausencia de un conocimiento adecuado de lo divino, aun requerimos de esta energía inferior para impulsar nuestra ambición, de otro modo solo seríamos indolentes y perezosos 13. Esta ambición invariablemente conduce a la experiencia, que es el material del cual puede desarrollarse nuestro sentido de individualidad.

 

Pero toda experiencia que surge de la ambición conduce al sufrimiento, más temprano o más tarde, porque es la esclavitud y reclusión de nuestra divinidad. Cuando comenzamos a ver esta verdad fundamental, comenzamos a buscar nuestro verdadero hogar con optimismo. Entonces es de suma importancia escapar de esta esclavitud.

 

Es interesante notar que, especialmente en la cultura occidental, los medios de comunicación están usando esta tendencia a la esclavitud y cautiverio recurriendo a nuestra libido, cegando nuestro discernimiento y haciéndonos esclavos sociales, económicos y psicológicos. Sin embargo, la solución no está en pelear contra los medios de comunicación (o cualquier otro poder mundano, si vamos al caso), sino en alcanzar nuestra propia libertad. Sigmund Freud también escribe acerca de la sublimación de nuestra libido, lo cual es fundamental para nuestros valores sociales y culturales. Sin embargo, sin la unión con lo divino, esta sublimación solamente puede alcanzar como tal un nivel muy limitado, personal e incluso muy egoísta.

 

En el sendero de la relación con nuestra divinidad, no tenemos que luchar contra nuestra libido, un intento inútil, ya que es fundamental para nuestra capacidad de actuar14, sino para purificar nuestra personalidad, permitiendo que nuestros principios superiores se reflejen en los inferiores. Cuanto más se logre esta integración, más podemos armonizar nuestros principios inferiores y, lo más importante, hacer que estos principios se subordinen a nuestra naturaleza superior, lo que quita naturalmente la ilusoria y estrecha auto-identificación con nuestros cuerpos15 y establece nuestra consciencia de la vida en general16. Así, nuestra libido, como nuestra capacidad de actuar en este mundo, puede ser dirigida desde nuestra consciencia interna.

 

Solamente entonces nuestros principios inferiores pueden ser realmente usados con un propósito determinado, a partir de la libertad y serenidad internas, sin dependencia ni esclavitud.

 

 

Fuerzas Fundamentales en la Naturaleza y la Humanidad

 

Resumamos lo que hemos aprendido recién acerca de la sexualidad y la libido, ya que este es un tema muy decisivo en nuestra vida, no solo considerando las relaciones.

 

En la manifestación podemos identificar dos de las tendencias o fuerzas más fundamentales: la fuerza centrífuga (hacia afuera, terrestre) y la fuerza centrípeta (hacia adentro, espiritual), estableciendo así la polaridad más esencial de las fuerzas en manifestación. La fuerza centrífuga es una necesidad de la vida para envolvernos en la materia, llevando así a la separación y al establecimiento de entidades aparentemente separadas. Así, en nosotros los seres humanos, esta fuerza se manifiesta como nuestra tendencia esencial para mantener nuestro sentido de yoidad, es decir, para separar nuestra identidad de las otras. La libido en su amplio sentido de ambición, es un aspecto de esta tendencia esencial y forma la base de nuestra capacidad para actuar y desempeñarnos en este mundo. La sexualidad es una de las expresiones más notables de esta libido, vemos así cómo la sexualidad se relaciona con el fortalecimiento de nuestra aparente separación y mantiene nuestra auto-identificación artificial con nuestros cuerpos como uno de los aspectos de la fuerza centrífuga.

 

Esta auto-identificación ilusoria requiere una constante afirmación y aprobación, simplemente porque no es nuestro yo real (lo que es real no depende de la aprobación externa). Entonces nuestras acciones están dirigidas a buscar nuestros yoes en el mundo de los sentidos, al cual nos apegamos y que necesita agitación para atraer nuestra consciencia a nuestros cuerpos. Por lo tanto, buscar es un intento en vano, ya que nuestros cuerpos son una manifestación momentánea. Por eso cada intento por encontrar nuestra propia esencia en estos cuerpos transitorios debe resultar en fracaso, el que se traduce en sufrimiento a causa de esta ilusoria auto-identificación y transitoria naturaleza de nuestros cuerpos inferiores, que están sujetos a un cambio permanente.

 

Al identificarnos con nuestros cuerpos nos subordinamos (nuestra consciencia) a ellos, resultando en esclavitud a estos principios inferiores, los que entonces dictan nuestros deseos, agreden a nuestra capacidad intelectual y manejan nuestras acciones (en este orden).

 

Entonces ¿qué hay acerca de la fuerza centrípeta, que es dirigida hacia adentro? Esta fuerza se vuelve cada vez más importante durante la evolución, cuando, después de la plena manifestación en la objetividad externa durante la involución, comenzamos a volver hacia adentro y buscar nuestro camino de regreso a nuestra fuente divina. Es esta fuerza que trae al hogar la experiencia de nuestra jornada y restablece nuestra relación con lo divino.

 

Pero no es una fuerza ciega impuesta externamente, como la fuerza centrífuga parece ser durante la involución. Más bien, la fuerza centrípeta es el resultado de nuestros propios esfuerzos y madurez, está directamente relacionada con nuestra capacidad de percepción interna de la Vida Una esencial, nuestro centro verdadero y real. Como tal, la fuerza centrípeta es la fuerza auto-consciente que dirige nuestra vida a través de nuestra propia libertad y autoconsciencia, en lugar de ser un esclavo de nuestros cuerpos. Nuestros intentos siempre inútiles en la auto-afirmación en nuestros principios inferiores llegarán a un fin por medio de esta consciencia interna, la inquietud es dejada de lado y la ansiedad desaparece cuando nuestros cuerpos17 se subordinan a nuestro Yo real.

 

Esta condición de auto-conciencia verdadera es la base fundamental para que se manifieste el amor como resultado de nuestra relación con lo divino, al reconocer conscientemente la misma esencia universal en todos los seres vivientes.

 

Prana y los Chakras

 

Existe una nota muy interesante en Los Chakras de C.W.Leadbeater. Según esta nota, el prana entra en nuestro cuerpo a través de uno de los chakras como una energía uniforme. Allí se divide en siete cualidades diferentes que luego se distribuyen a todos los chakras; cada cualidad corresponde al chakra específico. Una de estas cualidades, la que CWL identifica como la parte rojo-anaranjada, generalmente se mueve hacia abajo al chakra en la base de la columna y a nuestros órganos generativos, siendo una de las funciones alimentar nuestra lujuria y sensualidad, entre otras cosas.

 

Obviamente, esto se relaciona con la esclavitud no controlada que la sexualidad nos impone y que ya se trató detalladamente. Aunque, al ejercitar nuestra voluntad tenazmente, por resistir conscientemente nuestra naturaleza inferior en este aspecto particular, es posible cambiar la dirección de este flujo de prana hacia nuestro cerebro. El efecto de hacerlo así es que esta cualidad del prana se refina y se transforma en cualidades superiores, en particular, aumentando nuestra capacidad intelectual y nuestra capacidad de amar sin egoísmo. Fortaleciendo así nuestra naturaleza espiritual, nos fortalecemos en nuestros aspectos superiores.

 

Después que se ha efectuado esta transmutación ya no estamos sujetos a una sensualidad descontrolada y nuestras cualidades superiores pueden reflejarse más fácilmente en nuestra personalidad purificada. La meditación para lograr la purificación, como la ya mencionada en Dioses en el Destierro 18 de J.J. Van Der Leeuw, puede ayudar enormemente en este proceso.

 

Una vez que se ha alcanzado la transmutación, nos volvemos conscientes de mucha más libertad y retrospectivamente podemos identificar y ver la verdadera esclavitud a que hemos estado sujetos. Específicamente, podemos también observar esta esclavitud en otros, que continúa siendo un buen recordatorio de la necesidad de liberarnos para poder vivir con correcta determinación y propósito.

 

Este, nuevamente, es solo un aspecto del problema general de la identificación errónea con nuestros cuerpos, que tenemos que desarrollar en general y a menudo en otros aspectos más sutiles, especialmente respecto a toda nuestra sensualidad, de la que la sexualidad es solo uno. Por ejemplo, este cambio fisiológico debe también estar acompañado por la purificación de nuestras emociones (cuerpo astral) y mente (cuerpo mental) para relacionarnos positivamente con nuestra divinidad, con las aspiraciones superiores, de lo contrario terminaremos en un conflicto interno 19

 

Así vemos que la transmutación se requiere realmente en todos los niveles y nunca puede desarrollarse solo por medio de la austeridad corporal, mientras nuestra imaginación mental, como esclava de nuestros deseos, está aun conduciéndonos a la insensatez.

 

Propósito Superior

 

Lo mencionado precedentemente conduce naturalmente al tema de un propósito superior en las relaciones. Al comprender que la sexualidad en sí misma (que irónicamente conduce hacia la separación) es por lo tanto una fuente de conflicto, podemos observar fácilmente que surge naturalmente la pregunta “¿cuál es el propósito de nuestras relaciones?” Esto es particularmente así en la cultura occidental que se ha extendido por todo el mundo ya. En esta cultura la sexualidad se ha elevado a la condición de una religión a la que rendir culto. Al vivir en esta cultura, nosotros no cuestionamos nuestra religión dogmática.

 

En algunas culturas, todavía no tocadas por este dogma moderno, las relaciones están mucho más orientadas hacia lo práctico y se las reconoce como el núcleo social que sostiene la vida humana. Aún cuando este aparente propósito ha llegado a ser desatendido en el mundo moderno a causa de nuestra esclavitud a la sensualidad, lo que significa que deseamos la sensualidad sin responsabilidad, ¿no es este un concepto extraño? Puede ser solamente el resultado de nuestra total ignorancia de quiénes somos, como lo ya indicado en la Parte l de este artículo. Dado este desarrollo cultural, nuestro sustrato teosófico y el aparentemente anticuado propósito práctico de las relaciones, una vez más: ¿cuál es el propósito que podemos encontrar ahora en las relaciones? Nuestra necesidad final es nuestra relación con lo divino.

 

Ya que cada ser humano es inherentemente divino, todas nuestras relaciones son una oportunidad para encontrar esa misma divinidad reflejada en todo, incluyéndonos a nosotros y relacionarnos con esa esencia divina universal. Esto forma la base para una benéfica cooperación mutua a través de nuestras relaciones y la cooperación debería estar para un propósito superior, basada en el amor, como resultado de la conciencia interna de la misma esencia divina en todo.

 

Hijos Inmaculados

 

Los niños crecen imitando a sus padres. Finalmente es lo que los padres hacen, física, emocional y mentalmente, lo que se reflejará en sus hijos. Lo que los padres intentan decir a sus hijos, en este contexto, es lo menos importante y mínimamente seguido. Este es el porqué en nuestros tiempos y época modernos se ha vuelto tan extremadamente difícil educar a los hijos, simplemente porque lo que (sus padres) les dicen no está muy relacionado con el comportamiento real de sus padres. Es la conducta lo que adoptan los hijos y esto arroja mucha responsabilidad sobre los padres. Las dificultades con los hijos son el resultado natural de los conflictos que los padres tienen entre ellos. Por lo tanto, no es particularmente sorprendente que vivamos en un mundo de conflicto aparente constantemente.

¿Cómo se puede aplicar lo expresado precedentemente a una situación familiar?

Como mencioné en la Parte l de este artículo, mientras crecemos perdemos nuestra conexión inherente con lo divino y somos atraídos al mundo externo de los sentidos. Si esta situación se puede cambiar, de modo que los niños puedan crecer en un medio ambiente social donde el lazo con lo divino esté intacto o haya sido restablecido, pueden facultarlos, quienes son lo suficientemente maduros para hacerlo, para crecer en esa percepción de la unidad en la diversidad, del amor que surge del amor, de la sabiduría que surge de la serenidad, de la libertad que nace de la pura divinidad y naturalmente, llegar a ser lo que todos somos verdaderamente: dioses en forma humana.

 

Solamente los hijos que nacen en tal libertad y crecen hacia su propia divinidad podrán establecer una sociedad verdaderamente teosófica de fraternidad universal. Tomemos esta perspectiva seriamente, purificando nuestro yo en la medida de nuestras capacidades, permitiendo una generación aún más pura para establecer la libertad tanto interna como externa.

 

 

Notas Finales

 

1.     Nuestros principios superiores: Atma-Buddhi-Manas

2.     Lo divino es universalmente uno, del cual nuestros principios superiores son una expresión individualizada.

3.     http://de.wikipedia.org/wiki/Libido

4.     Involución (centrífuga, extrovertida, hacia la materia y la separación) y Evolución (centrípeta, dirigida hacia lo interno, hacia la inherente divinidad universal).

5.     La Objetividad material necesita separación

6.     Voluntad divina universal.

7.     I.K.Taimni, La Ciencia de la Yoga, Sutras ll.30 y ll.38

8.     H.P.Blavatsky, Ocultismo Práctico

9.     Nuestro concepto occidental de sexualidad como gratificación de nuestra lujuria y sensualidad.

10.   Al ser el conflicto inicial causado por nuestra esclavitud a la sexualidad que oculta nuestras aspiraciones superiores y sabiduría, nuestro yo superior.

11.   Entre mente y cuerpo

12.   Debido a la separación natural de esta fuerza.

13.   Siendo Tamas predominante en nuestra naturaleza en una etapa temprana de nuestra evolución.

14.   Una fuerte personalidad es la base sobre la cual construir nuestra divinidad auto-consciente, pero solamente como una vestidura inmaculada, nunca por la glorificación y adoración de nuestra personalidad como tal.

15.   Física, astral y mental, nuestra personalidad

16.   A través del reflejo de nuestro principio búddhico, en nuestra personalidad

17.   Físico, astral, mental, nuestra personalidad

18.   Ver específicamente el último capítulo para este tipo de meditación

19.   Van der Leeuw también escribe acerca de los efectos de nuestro poder imaginativo no controlado en Dioses en el Destierro.

 

Referencias

H.P.Blavatsky, Ocultismo Practico

C.W.Leadbeater, Los Chakras

J.J.Van der Leeuw, Dioses en el Destierro

I.K.Taimni, La Ciencia de la Yoga

 

 

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