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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 136 - Número 06 -  Marzo 2015 (en Castellano)

 
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 Sobre relaciones

Descubriendo nuestra divinidad

 

Parte 1

 

RAPHAEL LANGERHORST

Joven teósofo, activo en la ST en Austria.

Es ingeniero en electrónica y en tecnología de la información, con talentos musicales.

 

 

Preludio

            El drama de la vida, en toda su diversidad, sigue un patrón universal. Inconscientes de nuestra divinidad inherente quedamos atrapados en la materia, nuestra existencia material,  y como resultado de esto perdemos de vista nuestra fuente y verdadera identidad. El resultado es invariablemente el conflicto con nuestros semejantes, inquietud acerca de nuestro propósito e ignorancia de nuestra propia naturaleza divina. Nos precipitamos de una cosa a otra, con fracasos y aciertos que son igualmente insignificantes. Cuando finalmente empezamos a comprender su naturaleza temporal, comenzamos a buscar lo eterno. Sin embargo, tenemos que luchar con nuestras ataduras, nuestros apegos y nuestra errada identificación hasta que finalmente aprendemos el discernimiento, estableciendo nuevamente nuestro ser en la Divinidad, al traer a casa los frutos de nuestra jornada.

 

El ideal

            Cuando niño, solía aceptar las cosas tal como venían. Incluso cuando muchas de éstas no me agradaban (como la escuela), nunca cuestioné la idoneidad efectiva de cualquier situación o circunstancia y siempre traté de ajustarme yo a las situaciones en vez de que ellas se ajustaran a mí. Siguiendo esta línea también tuve, por mucho tiempo, la firme convicción en la posibilidad de una relación ideal.

 

            Dado que la Teosofía estuvo omnipresente en casa de mis padres, especialmente con una biblioteca de varios cientos de libros teosóficos de los cuales hice pleno uso, tuve muy altas aspiraciones que también se proyectaron en mis ideas de las relaciones. Cuando mi hermana mayor contrajo matrimonio yo tenía cerca de siete años y me sentí como enamorado de una niña de similar edad. Por supuesto que estaba más o menos imitando el comportamiento de mi hermana mayor, sin ninguna idea sensual sobre el tema. Sin embargo esto continuó durante varios meses y a veces la visitaba en Augsburgo (Alemania) mientras ella a veces venía a Austria (no viajábamos solos por supuesto) Naturalmente con el tiempo nos perdimos de vista mutuamente.

 

            Pero incluso a esta temprana edad aún recuerdo claramente el amor que sentía por esta niña, simple amor devocional que nosotros los humanos sentimos en lo que llamamos nuestros momentos más elevados. Tal amor lo sentí varias veces durante los siguientes años por una u otra niña, pero al ver (con mi conocimiento teosófico) la impureza o falta de respuesta en ese nivel, nunca me comprometí con ninguna de ellas, con la esperanza de algún día encontrar un corazón puro. Y muy francamente, ¿no es esta una historia familiar?

 

Realidad

            Entonces establecí una relación que casi me mató. ¿Dónde surge la discrepancia entre el ideal y la realidad? Esto es lo que consideraremos en este artículo.

 

            La idea o concepto de las relaciones se ha vuelto tan común en nuestra cultura que lo damos por sentado sin cuestionar la racionalidad o consecuencias de este concepto. Solo cuestionamos nuestras relaciones, pero nunca el concepto que se tiene de ellas, mucho menos la necesidad de dicho concepto. A pesar de todo esto, el concepto que hemos construido en la actualidad es artificial e implica atadura en varios aspectos.

 

            Lo peor es que usualmente pasamos la vida descubriendo este simple hecho, hasta que finalmente podemos ser capaces de dejar ir los apegos a este concepto. Y sólo entonces comenzamos a comprometernos con la gente y a conocerla de verdad por primera vez, en lugar de nuestro propio concepto de las personas. Sin embargo, las relaciones en su forma práctica son una necesidad para asegurar la continuidad de la vida física de los seres humanos. Considerando una perspectiva Teosófica, nuestra idea de las relaciones puede llegar a ser muy diferente a lo que nos imponen desde el exterior, conduciendo finalmente al ideal de nuestra infancia, pero con entendimiento, claridad y serenidad.

 

La comprensión adecuada de todo esto puede ser especialmente beneficiosa para la gente joven, y aún más para los jóvenes Teósofos, al tratar de establecer nuestra vida en una forma u otra. Así es que veamos ahora las implicaciones de las relaciones.

 

El puente

            El campo de la manifestación se expande entre dos principios aparentemente opuestos: espíritu y materia. La existencia humana abarca toda la gama entre estos dos extremos. Es decir, dentro de nosotros encontramos a ambos, la materia más densa, lo físico, así como el espíritu puro, nuestra fuente divina. Espíritu se usa normalmente como sinónimo de conciencia, aunque no es exactamente lo mismo. La diferencia principal es que el espíritu es mucho más capaz de expresar la conciencia, mientras que la materia tiende a cegar y aislar, dado que su principal aspecto es la inercia. Entonces, la conciencia (o mente), es verdaderamente otro aspecto, que de hecho misteriosamente une al espíritu con la materia.

 

            Durante nuestra encarnación, tendemos naturalmente a concentrar nuestra consciencia en el mundo que nos rodea. Sin embargo, la consecuencia resultante es que perdemos contacto con nuestra naturaleza espiritual interior al crecer desde la infancia a través de la niñez hacia la edad adulta. Dado que nuestro espíritu interior, divino y puro, es también la fuente de todas las aspiraciones más elevadas y de las buenas cualidades que somos capaces de expresar, a menudo perdemos estos ideales por nuestras luchas  en la vida, con nuestra consciencia revertida al exterior.

 

            El sendero hacia nuestra esencia espiritual conduce a lo interno, mientras que el sendero de la materia atrae nuestra consciencia hacia la objetividad externa. (1)

 

            Al perder contacto con nuestros aspectos superiores, nuestra naturaleza espiritual, también comenzamos a sentir una sensación de vacío e imperfección, carencias y defectos. Dado que lo divino es la base fundamental del ser, nuestra esencia, nunca seremos capaces de encontrar la realización o la confianza fuera de nosotros mismos. Todos estos intentos conducen necesariamente hacia el desengaño o hacia algo peor.

 

            Entonces nos damos cuenta de que no es fuera de nosotros mismos donde tenemos que encontrar nuestras necesidades internas, aún cuando subconscientemente lo creamos así, como una consecuencia de la falta de consciencia y sabiduría interna. Pero, si no hay otra cosa, la experiencia nos enseñará pacientemente esta importante lección, hasta que verdaderamente comencemos a buscar dentro de nosotros. Cuando esta búsqueda comienza, todavía podemos tener dificultades y nuestros sentidos reclamarán nuestra atención y nos unirán al mundo en el cual los sentidos funcionan, deseando agitación de un modo u otro, porque siempre estamos atraídos a aquello que no comprendemos verdaderamente.

 

            Seremos incapaces de revertir esta tendencia a menos que nos demos cuenta de nuestra confusión acerca de la identidad. No es el cuerpo físico temporal o nuestras emociones, o incluso nuestros pensamientos, lo que es nuestro verdadero ser. De hecho, todos ellos son externos a nuestra verdadera naturaleza interna. Cada uno de ellos reclamará uno tras otro el reinado exclusivo sobre nuestra vida y cada uno de ellos a su vez luchará hasta el último suspiro por esta soberanía, hasta que logremos retirar nuestra identificación equivocada de nuestros aspectos externos y los hagamos los sirvientes voluntarios que deben ser. Solo como tales, tranquilos y  privados del autoengaño, nuestros aspectos externos podrán reflejar nuestras cualidades divinas desde el interior.

 

            Cuando comencemos a retirar nuestra identificación y satisfacción de estos aspectos, ellos se convertirán en nuestros más furiosos enemigos, hasta que uno tras otro se rinda y se subordine a nuestra divinidad suprema, aquello que  realmente somos. Esta es la batalla que tenemos que librar como seres humanos, en nuestro paso del animalismo sensual a la serena y autosuficiente  Divinidad.

 

“Triple es la puerta del infierno, destructora del ser-lujuria (cuerpo), ira (emociones) y codicia (pensamientos): por lo tanto deja que el hombre renuncie a estas tres (causadas por la confusión del no ser con el ser)” (2)

.

Los medios

            Por lo tanto, ¿como lograr entender estas cosas? Hablando en términos generales, el primer paso, en lo que respecta a las relaciones, es cuestionar nuestros motivos, que suelen ser generalmente egoístas y comprender realmente la necesidad de soltar tendencias destructivas. Si se toma seriamente, esto implica dolor, al igual que una cirugía en nuestro cuerpo, que es así en todos los niveles. Aparte de esto, nuestra verdadera necesidad (no solo en términos de relaciones) es establecernos firmemente en nuestra divinidad para abandonar nuestra esclavitud de nuestros aspectos personales inferiores y sensaciones.

 

            No hay necesidad de entrar en detalles sobre ciertos pasos prácticos relacionados con esto, dado que cuando se toma la dirección con honestidad, encontramos lo que necesitamos (no necesariamente lo que pensamos que necesitamos).  (Ver referencias de Leadbeater, Van der Leeuw, y Taimni al final del artículo.)

 

            Sin embargo, cabe mencionar específicamente un aspecto clave. Esto es la pureza de mente y cuerpo, a partir de esto resultan restricciones secundarias como por ejemplo pureza de los alimentos (comida vegetariana o vegana) (3) y equilibrio, entre otros. Solo si estas restricciones se hacen con un corazón puro, altruismo, dedicación y paz mental, como la perfecta paz de un lago en calma, solo entonces nuestra luz divina es capaz de brillar y reflejarse en nuestra mente concreta, para traernos consciencia de la vida divina que nos rodea y sobre todo a nuestro interior.

 

            Cuanto más permanecemos en la oscuridad, menos capaces somos de expresar nuestras aspiraciones más elevadas.

 

El bien y el mal

            Observemos el peligro de la impureza y el egoísmo, sobre todo en lo que respecta a las relaciones. Esto también podrá arrojar algo de luz sobre los problemas y las luchas generalmente asociados con las relaciones.

 

            Evidentemente nuestro egoísmo, por lo general, no es obvio al menos para nosotros. Sin embargo, investiguemos un poco más profundamente.

 

            Dado que, como seres humanos, somos más que un cuerpo físico, interactuamos además con otras personas en niveles de energía, de emociones y mentalmente, e incluso en otros niveles. Sin embargo, esto tiene inmediatamente ciertas implicaciones. Por ejemplo, una persona muy posesiva consume a otras personas energéticamente y las oprime mentalmente, especialmente si la otra persona es muy dadivosa y abierta y es igualmente inconsciente de este lado oculto de las cosas. (4) A menudo pensamos, debido a nuestra ignorancia, que nuestras emociones, nivel de energía y pensamientos solo nos afectan a nosotros mismos, en algo así como una especie de imaginación privada, inexistente e inmaterial.

 

            Pero estas energías hacen de las suyas, sin considerar nuestra ignorancia. Correctamente entendido, esto nos da una gran responsabilidad, sobre todo en términos de cómo influenciamos a otras personas, incluso más a los que están cerca de nosotros. (5)

 

            Si además entendemos nuestra propia imperfección e impureza y mostramos la humildad adecuada, nos volvemos mucho más cuidadosos y mucho menos invasivos hacia otros seres humanos, así como menos manipuladores. Considerando esta perspectiva, debemos desarrollar algún compromiso hacia nosotros mismos en términos de pureza, que en última instancia puede ser encontrado dentro de nuestra naturaleza divina. Así que es aquí donde nuestro sendero nos conduce.  

                                          

            ¿Pero cómo volverse puro frente al dominio de nuestros sentidos y cuerpos? Una vez más, esta es una pregunta de nuestra identificación con estos ropajes externos, que nos ligan a objetos externos y nos mantienen cautivos en el mundo de los sentidos. Pero ¿como aprendemos a desapegarnos si no conocemos otro modo?  Especialmente aquí, la Teosofía sirve de mucho porque a través de ella podemos aprender sobre la constitución de nuestro propio ser, particularmente en nuestros aspectos superiores. También, podemos ser humildes, desarrollar humildad mientras aprendemos que la evolución del hombre es solo un paso intermedio en el gran esquema del cosmos. Esta humildad, junto con el conocimiento sobre nosotros mismos y la meditación regular, nos ayuda a dirigir nuestra consciencia hacia el interior, a nuestros aspectos superiores. Al dirigir así nuestra consciencia, permitimos que nuestra naturaleza superior influya en nuestra personalidad para reflejar cada vez más aspiraciones superiores, lo que nos permite a la vez dirigir gradualmente nuestra consciencia interna (6)

            Por esto somos también capaces de transformar nuestra ansiedad e inquietud en paz interior y ecuanimidad, que es un requisito para desarrollar pureza de corazón y acción, al reflejar nuestra naturaleza interna. Al estar de este modo nuestros pensamientos, emociones y acciones transformados y guiados desde el interior, sin dejar de lado nuestra responsabilidad (como con el espiritismo, la mediunidad, etc.), sino a partir de una verdadera auto-responsabilidad, comenzamos a ser capaces de estar realmente relacionados con otras personas, sin que la relación sea un mero juego sin control de nuestros sentidos y deseos.

 

La clave única

            La divinidad es inmanente en toda la vida, sea buena o supuestamente mala, y es una e indivisible, la que se refleja en la diversidad a través de la manifestación. Es esta unidad interna de todo lo que es, la que produce la cualidad del amor en los seres humanos. Cuanto más capaces seamos de relacionarnos con esta unidad, la luz una en todo, más nos convertiremos en el amor mismo, en forma total y absolutamente natural.

 

          Es a partir de este, nuestro aspecto superior, que está dentro de nosotros y en todos por igual, que debemos dirigir y conducir nuestra vida y nuestras relaciones. Es la única forma de lograr la unidad real, aquella que anhelamos  y que no podemos encontrar en el mundo de la sensualidad, en nuestros aspectos externos. Es además la única forma de resolver los conflictos que surgen de identidades separadas y aisladas, que invariablemente conducen  al sufrimiento auto impuesto.

 

            Tenemos que trabajar pacientemente hacia este ideal supremo, no ciegamente, como solía ser en nuestra infancia, sino con consciencia, sabiduría, dedicación, amor altruista,  con el más alto nivel de afecto por nuestra divinidad, desprendiéndonos de los aspectos más bajos de la personalidad, dándonos cuenta de nuestro origen y del carácter secundario de nuestra personalidad inferior. Finalmente ser capaces de dejar ir nuestras fijaciones y desarrollar tolerancia, respeto mutuo por la divinidad en cada uno de nosotros y la capacidad para abordar con serenidad los asuntos prácticos de nuestra vida y las relaciones, porque podemos renunciar a las ataduras y trabajar pacientemente en nuestro Dharma (7)

 

            Perder de vista nuestro ideal supremo es morir al mismo tiempo. Así, mientras aún somos esclavos de nuestros cuerpos, tenemos que trabajar nuestro sendero a partir del lodo del egoísmo y la autocompasión, hacia la auto-responsabilidad, la pureza, el amor y la divinidad.

 

Notas Finales

1. I. K. Taimni, La Ciencia de la Yoga, Samadhi Pada, Sutra 29.

2. Annie Besant, Bhagavadgitâ, XVI, 21.

3. C. W. Leadbeater, Vegetarianismo y Ocultismo.

4. ———, El lado oculto de las cosas.

5. Annie Besant y C. W. Leadbeater, Formas de Pensamiento.

6. Una meditación hermosa y elevadora relacionada con el tema, la da. J. J.Van der Leeuw en su excelente libro, Dioses en el Destierro.

7. Deber Divino inherente.

 

Referencias y Lectura

(La lectura sugerida debería conducir a la auto-responsabilidad y al discernimiento. Esto forma la base para la sabiduría y la comprensión de  nuestra relación con nosotros mismos y otros.)

 

Annie Besant, Sabiduría Antigua

_____, Bhagavadgitâ

Annie Besant y C. W. Leadbeater, El Hombre, Visible e Invisible

_____, Formas de Pensamiento

H. P. Blavatsky, La Voz del Silencio

Mabel Collins, Luz en el Sendero

C. W. Leadbeater, Los Chakras

———, El lado oculto de las cosas

———, Los Maestros y el Sendero

———, Vegetarianismo and Ocultismo

I. K. Taimni, La Ciencia de la Yoga

J. J. van der Leeuw, El Fuego de la Creación

———, Dioses en el Destierro

 

 

            No soy este cuerpo que pertenece al mundo de las sombras;

no soy los deseos que lo afectan;

no soy los pensamientos que llenan mi mente;

no soy la mente misma.

SOY LA LLAMA DIVINA dentro de mi corazón,

eterna, inmortal, atemporal, sin principio, sin fin;

más radiante que el sol en Sus días más gloriosos;

más pura que la nieve, inmaculada, sin marcas de la mano de la materia,

más sutil que el éter es el Espíritu dentro de mi corazón.

YO SOY ESO, ESO SOY YO.

 

 

Invocación Védica para Meditación.

 

 

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