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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 136 - Número 05 -  Febrero 2015 (en Castellano)

 
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La ciencia a la luz de la ética

 

ELS RIJNEKER

Secretaria General de la Sociedad Teosófica en Holanda.

Charla dada en el Congreso Europeo realizado en Paris el verano pasado.

 

 

 

Se han escrito muchos libros sobre ciencia, y otro tanto sobre espiritualidad. ¿Cuál es la conexión entre la ciencia y la espiritualidad?, ¿debería haber una conexión? ¿De dónde procede la inspiración de los descubrimientos científicos? Albert Einstein es un buen ejemplo de alguien que construyó un puente entre la ciencia y la espiritualidad. Se dice que La Doctrina Secreta de H. P. Blavatsky estaba siempre a su alcance, sobre su escritorio.

 

Existen unos pocos títulos de libros que se refieren al vínculo entre la ciencia y la espiritualidad: El universo en un solo átomo; La convergencia de la ciencia y la espiritualidad (su Santidad el Dalai Lama); La ciencia del Yoga (I. K. Taimni); Un destello de luz en la oscuridad de la noche, una guía al modo de vida del Bodhisattva (su Santidad el Dalai Lama); La ciencia y lo sagrado (R. Ravindra). 

 

Todos los teósofos conocen el Mantra Universal de Annie Besant que comienza: “Oh, Vida Oculta que vibras en cada átomo. Oh Luz Oculta que brillas en cada átomo, Oh Amor Oculto que todo lo abarcas en la Unidad…”

 

El lema que forma parte del emblema de la Sociedad Teosófica (ST) es Satyân Nâsti Paro Dharmah. En Holanda usamos las palabras en sánscrito porque tienen mucho más significado que simplemente “No hay religión más elevada que la verdad”. Con el énfasis en la Libertad de Pensamiento, los miembros de la ST son estudiantes de la vida, que buscan juntos la Verdad, que buscan el arte de vivir correctamente. Esta búsqueda tiene como objetivo descubrir lo desconocido por medio del estudio comparativo de la religión, la filosofía y la ciencia (el segundo Objetivo de la ST), e investigar las leyes inexplicadas de la Naturaleza y los poderes latentes en el ser humano (el tercer Objetivo).

 

Nosotros, los seres humanos, comenzamos a descubrir nuestro mundo desde que nacemos, principalmente para sobrevivir. Continuamos recibiendo experiencias y aprendiendo hasta el momento en que cerramos nuestros ojos, cuando llega la muerte física. Lo que asimilamos, comprendemos y recordamos depende totalmente de nuestras habilidades y de nuestro trasfondo educativo y cultural. Es decir, experimentamos el mundo por medio de nuestros sentidos, y luego agregamos nuestros pensamientos y emociones. Nuestras observaciones pueden difícilmente llamarse imparciales, reales y puras. En la investigación humana y científica existen muchos inconvenientes. Pueden ser necesarios el discernimiento, la ética, la integridad personal y la espiritualidad. La Escala de Oro de H. P. Blavatsky menciona claramente: “Una vida limpia, una mente abierta, un corazón puro, un intelecto despierto, una percepción espiritual sin velos.” Evidentemente, esto es un trabajo para toda la vida.

 

En un simposio realizado junto con otras varias organizaciones espirituales en Amsterdam, en marzo 2014, Marco Pasi, Profesor Asociado en Historia de la Filosofía Hermética y Corrientes Relacionadas, habló sobre El desafío del Alma Académica:

 

Uno de los problemas metodológicos, debatidos más a menudo en nuestro campo, se refiere a la posición de aquéllos que no desean adoptar una actitud “neutral” o “agnóstica” en el estudio del esoterismo, sino que dejan que su juicio se coloree por sus propias creencias religiosas o espirituales… (ver www.theosofie.nl, magazine, marzo 2014, p. 19).

 

El enfoque científico, como yo lo comprendo: curiosidad y voluntad de investigar e indagar en general, comienza con observaciones del mundo externo. Luego se formulan hipótesis que se testean, muchas veces, bajo condiciones controladas (actualmente con instrumentos muy precisos). Como resultado, se lanza una nueva hipótesis, una nueva teoría, un nuevo descubrimiento. ¡Los científicos ahora son capaces de observar la parte más pequeña del mundo material! En este punto, sin embargo, surge la pregunta milagrosa: ¿cuál es la fuerza detrás del mundo material?, ¿qué es esta energía, qué es la “vida”? Para comprender esto, se necesitan niveles más “etéreos”, niveles de comprensión casi espiritual: ¿podemos ver más allá?, más allá del mundo material, ¿podemos realmente comprender, y ver las cosas como realmente son, podemos alcanzar la visión pura en alguna medida? El hombre puede ser inteligente y brillante intelectualmente, haber estudiado muchos libros, haber reproducido y extractado del cerebro una inmensa cantidad de fórmulas, hechos y números (esto se llama “la doctrina del ojo” o “de la cabeza”), pero ¿poseemos sabiduría interior?, ¿somos inteligentes (esta es “la doctrina del corazón”)?, ¿cuál es nuestro objetivo en la vida: estatus, orgullo, ganancia para pocos, o compartir con toda la humanidad? Existen incluso temas más difíciles, dado que tenemos una visión muy limitada: qué preservar y mantener, qué liberar, porque el cambio en el mundo físico es inevitable.

 

Una actitud correcta e íntegra, debería por necesidad, jugar un amplio rol en la investigación científica. Deberíamos preguntarnos: ¿es un descubrimiento útil y benéfico para todo el planeta, o sólo para una parte del mundo; sólo para la humanidad, o también para los reinos inferiores (animales y plantas)? ¿Es correcto apropiarnos de la vida de los animales? ¿Son las medicinas específicas realmente necesarias, o existen motivos de influencia, de poder y de ganancias comerciales? La anterior Presidente de la ST, Sra. Radha Burnier, dijo una vez al hablar de la enfermedad física: “¿Qué hay de malo en morir?” Esta es una afirmación desafiante.

 

El Dr. Klaus K. Klostermaier, Profesor Emérito de la Universidad de Manitoba, Winnipeg, Canadá, escribió en The Theosophist noviembre 2009:

 

Aldous Huxley, un gigante en el Reino de las Humanidades del siglo veinte, cuya Filosofía Perenne no sólo es una antología sin igual sobre las religiones del mundo, sino también un bosquejo para una religión universal… sugiere que Jñâna Vedanta (el conocimiento puro) es la clave para abrir la puerta hacia el significado de la existencia humana.

 

Toda la iniciativa científica, y con ella gran parte de nuestro esfuerzo educativo público, está principalmente dedicada a evitar las grandes preguntas humanas más que a abordarlas. La reducción de la racionalidad de la manipulación matemática de información, que encuentra su epítome en la computadora, no sólo restringe el ámbito de la ciencia y la hace ignorar preguntas significativas, sino que también convence a los científicos promedio y a las masas que creen en la ciencia, que las preguntas significativas, las preguntas relacionadas con el Yo “no son científicas”, y por lo tanto no son dignas de considerar. Indagar en tales preguntas, al parecer, “no reditúa”. La ciencia moderna deja de lado en principio preguntas que incluyen todo el rango de la ética, la estética y la espiritualidad.

 

¿Existe un Puente entre la Ciencia y Espiritualidad? Ciertamente sí lo hay. Debe haber uno, y siempre puede ser mejorado.

 

¿Cómo deberíamos actuar para mejorar esta conexión? Es un tema de la ética. Aquí el primer paso debe ser dado por cada hombre y mujer individualmente. Todos somos libres de tomar esta decisión por nosotros mismos, y debemos hollar nuestro propio Sendero para alcanzar el gran “conócete a ti mismo”, gnothi seauton (el texto inscripto en el Templo de Apolo en Delfis). Los movimientos espirituales y religiosos optan por este objetivo de discernir, comprender, purificar y actuar éticamente. Aunque en el mundo científico esto puede no ser práctica común, sería una idea apropiada considerar y debatir temas éticos más a menudo, admitiendo que ¡no se puede encontrar fácilmente una solución! Estudio, meditación y servicio son los tres pilares de la vida teosófica, conectada con el Arte de Vivir correctamente mencionado anteriormente. La situación ideal sería que los científicos combinaran su investigación con el razonamiento y la reflexión (un estudio meditativo), cuyo resultado podría llevar a un servicio incondicional por la humanidad.

 

 

Sólo cuando la ciencia moderna comience a relacionar sus descubrimientos con  la vida como un todo, con la miseria o felicidad de los seres vivos, verdaderamente se convertirá en una aliada. 

¿Es la ciencia nuestro mejor aliado? El Mundo a nuestro alrededor.

Radha Burnier

 

 

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