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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 136 - Número 04 -  Enero 2015 (en Castellano)

 
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La ciencia moderna y la evolución de la humanidad:

una visión teosófica

 

WIM LEYS

Presidente de la Rama de La Haya, Países Bajos y Vice-Presidente de la ST en los Países Bajos.

 

 

Foto: Platón y Aristóteles, detalles del fresco de Rafael en la “Escuela de Atenas”.

 

Durante la evolución de la humanidad existen tres etapas de consciencia: en primer lugar, los seres humanos viven en el paraíso, entre los dioses. Son inconcientemente omniscientes porque su mente todavía no está separada de la mente cósmica. Es como si estuvieran dormidos. En la segunda etapa el alma entra en los ciclos de necesidad, como lo llamamos en Teosofía, y la humanidad desciende al mundo material, desarrollando la auto-consciencia. En la tercera, en el futuro, cuando el alma haya completado su viaje, será omnisciente nuevamente, pero de modo consciente. Nuevamente estará entre los dioses en la primera etapa, pero ahora como un ayudante, totalmente despierto.

 

En la segunda etapa, en la que estamos ahora, nos encontramos solos, y tenemos que desarrollar nuestras mentes individuales y aprender a experimentar la realidad que está dividida en sujeto y objeto. Comienza ahora un largo camino a través de los opuestos, donde se desarrolla el pensamiento en dualidades. No es sólo el cuerpo el que cae en la materia, sino también la mente, o como H. P. Blavatsky lo expresa en La Doctrina Secreta, Vol. 1, “El Espíritu que cae en la materia”: “Los tres principios intermedios en la tierra y el hombre, se vuelven más materiales con cada Raza; el Alma se retrae para hacerle lugar al intelecto físico”.

 

En la cultura europea occidental, que es el 5º periodo en la Era pos-atlante, que comienza con el fruto del 4º periodo -la cultura griega antigua- podemos observar la historia siguiente:

 

Observando la vida espiritual y mental del hombre, primero encontramos la mitología. El origen del mundo se experimenta del modo siguiente: primero hubo Caos, que era espacio ilimitado, sin medida, comienzo o fin. De este vasto vacío se originó Gaia, la Tierra. Gaia creó el mar ilimitado y el cielo infinito, Pontos y Urano. Tuvieron hijos pero Urano sintió amenazado su dominio y mató a muchos de sus hijos. De los que quedaron sólo Kronos fue lo suficientemente fuerte como para vengar este acto cruel. Kronos mutiló a Urano y asumió el poder, pero a su vez fue derrocado por Zeus. Esto se puede interpretar del modo siguiente: la eternidad (Urano) fue seguida por el tiempo (Kronos/Saturno), y el tiempo fue seguido por el espacio (Zeus/Júpiter). Así lo vio el hombre que todavía está en contacto con los poderes creativos, ya que estaba próximo a entrar en la segunda etapa.

 

Luego la Filosofía emergió en la antigua Grecia. El hombre comienza a traer su propio pensamiento y se mueve de lo mitológico a lo lógico. Después de la cultura griega, la ciencia surgió como el resultado de la filosofía griega, que fue la propia contribución del hombre durante la segunda etapa, el trabajo del intelecto físico en el mundo físico, el descenso del hombre en el espacio y la materia. Cómo ocurrió esta transición, está bellamente descrita por el pintor renacentista Rafael en el fresco del Vaticano “La Escuela de Atenas”, donde se muestra en el centro a Platón y a Aristóteles en una pose típica de su enfoque filosófico. Platón señalando hacia arriba, a la eternidad, al mundo de las Ideas, la primera etapa de la que venimos, como para no olvidar nuestro origen en el otro mundo, y Aristóteles, considerado el padre de la ciencia, extiende su mano con la palma hacia abajo, como diciendo “ha llegado el momento para que la mente dirija su atención a este mundo, que existe en el espacio y la materia”, con su intelecto físico, como Blavasty lo señala en la afirmación citada anteriormente.

 

En el tiempo de los romanos, la filosofía se desarrolló junto con líneas platónicas, y esto continuó en la Europa occidental durante toda la Edad Media. En el mundo árabe, sin embargo, la filosofía de Aristóteles fue ávidamente absorbida. Y por el contacto con esta cultura árabe a fines de la Edad Media, la Europa occidental descubrió a Aristóteles, y aprendió sobre los descubrimientos científicos que se realizaban en esta parte del mundo. Esto hizo que la filosofía se liberara de la teología, de la que había sido su sirviente en los siglos anteriores. Pero aproximadamente cuatro siglos más tarde, Aristóteles sería rechazado, y se produjo la emancipación de la ciencia y la filosofía. Creo que todos conocen los nombres de Francis Bacon, Galileo, Descartes y Newton. La mente occidental descendió más profundamente en la materia y comenzó a usar la matemáticas como una herramienta en el desarrollo de la física.

 

El enfoque cuantitativo se volvió más importante que el aprecio por lo cualitativo, y la trinidad “número, medida, peso” se volvió el principio reinante, como un triángulo que señala hacia abajo, mientras que el triángulo cualitativo (o ético) de la tradición platónica “bondad, verdad y belleza”, que señala hacia arriba, dejó de formar parte de la física. La separación del sujeto y el objeto fue necesaria en la ciencia, no su unión, como lo requiere la vida espiritual.

 

En el siglo XVII la ciencia empírica dio grandes pasos hacia delante, se desarrolló el método científico con sus reglas de llegar a las leyes incuestionables del mundo físico, por medio de la experimentación y la verificación. La mente occidental estaba ahora firmemente anclada al mundo material por el dominio de la ciencia. La filosofía y la religión jugaban una parte secundaria. El peligro de este camino, era por supuesto, que en la percepción del hombre, la materia se volviera tan poderosa que el espíritu sería olvidado; en el curso del siglo XIX muchos pensaron que el espíritu era un mero producto de la materia y todavía hoy predomina esta extraña idea en muchos de los círculos con orientación científica. Como teósofos sabemos que fue precisamente para contrarrestar este peligro que en 1875 se estableció la Sociedad Teosófica.

 

En el siglo XX vimos lo que podría ser un punto de inflexión en la ciencia con el surgimiento de la teoría de la relatividad y la física quántica. Pero ¿puede esto significar que la ciencia está entrando en el reino espiritual? Por lo menos esto no muestra que la mente occidental está llamando en las puertas del cielo. La física todavía está limitada a los planos físico y mental, y no ha descubierto los planos etéreo y astral como tales, excepto para los biólogos como Rupert Sheldrake, que buscan las causas en la vida, no sólo en la materia. Respecto a la filosofía, la mente occidental está gradualmente acercándose al plano búdico.

 

Este “giro hacia arriba” ¿ha alcanzado un grado con el que podamos decir que definitivamente hemos entrado en el camino hacia la tercera etapa? Creo que no, y no quiero especular cuándo sucederá esto, aunque la teosofía sí provee cierta percepción al respecto.

 

Entonces, ¿contribuyó la ciencia en algo a la espiritualidad? No directamente, pero asumo que los que tienen una inclinación espiritual pueden aprender algo de los científicos. Porque entre los esoteristas vemos una tendencia a especular un tanto descuidadamente, para llegar a sólo esas conclusiones que confirman sus ya aceptadas opiniones, entonces sus filosofías satisfacen sus egos en vez de buscar la verdad incondicionalmente y sin egoísmo. El esoterismo podría beneficiar mucho prestándole atención al así llamado “método científico”, aunque moviéndose en una dirección opuesta. No apoyándose en percepciones de los sentidos, la experimentación y la mecanización, sino al ganar percepciones por la práctica de una observación minuciosa de nuestro propio razonamiento, y un pensamiento claro, lógico y verdadero, se podría beneficiar el esoterismo. Muchos caminos laterales inútiles se podrían evitar con paciencia, por la deducción e inducción, probando reiteradamente el resultado de su pensamiento, como lo exige el método científico.

 

Me gustaría concluir con una metáfora que encontramos en el cuento de niños Hansel y Gretel, una pequeña obra de arte esotérica, como muchos otros cuentos para niños:

 

Cuando Hansel y Gretel –la Mónada- tuvieron que irse de la casa de su padre, primero ellos pudieron encontrar su camino de regreso con la ayuda de las piedras blancas opacas (que significan las ideas puramente espirituales) que Hansel había puesto en su bolsillo antes de partir de la casa de su padre. Pero el segundo intento de hallar su camino de regreso con las migas de pan (que significan los pensamientos producidos por el hombre) no tuvo éxito. Entonces la Mónada (Atma-Buddhi) es decir Hansel-Gretel tuvieron que avanzar más profundamente en el bosque, donde llegaron a una cabaña. Allí encontraron piedras preciosas facetadas, algunas incluso traslúcidas, que le permitían a la luz atravesarlas. A diferencia de lo que ocurrió al comienzo del relato, cuando sólo las piedras formadas naturalmente (las ideas de la casa de su padre) podía llevarlos de regreso a casa, ahora sin embargo, en la segunda etapa, los niños tomaron y llevaron a casa estas gemas multifacéticas (pensamientos e ideas creadas a partir de sus muchas experiencias y sufrimientos durante el exilio). Éstas las trajeron como un regalo a casa de su padre, como filosofía y ciencia.

 

 

 

 

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