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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 136 - Número 01 -  Octubre 2014 (en Castellano)

 
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Sra. Burnier: con sincero Respeto

 

RADHA GOPALAKRISHNAN

Antiguo miembro de la Sociedad Teosófica en Adyar

 

 

 

Cuando se me pidió escribir sobre mi relación con la señora Radha Burnier, dudé,  …ciertamente nuestro vínculo estaba lejos de lo habitual. Su conocimiento filosófico, su erudición, su amplitud de intereses, me tenían anonadada, y me tomó mucho tiempo antes de que pudiera sentirme a gusto en una conversación con ella. Fue mérito suyo que esto cambiara, hay muchos que no habrían tenido esas consideraciones.

Visité la Sociedad Teosófica durante varios años para sentarme cerca del santuario budista, durante los horarios permitidos para el público en general. Nunca vi las puertas abiertas, al subir las escaleras y mirar furtivamente a través de las aberturas enrejadas se podía vislumbrar la estatua de Buda y eso me bastaba. En 1987 nos mudamos a nuestro nuevo hogar en la Colonia Kalakshetra, cerca de Adyar, y tuve la oportunidad de visitarla más a menudo y decidir mi propio horario, hasta que un día uno de los vigilantes me detuvo y preguntó por mi permiso de entrada. Yo no sabía que era necesario un pase, pero él me dijo que tenía que solicitarlo en la oficina, por lo que al día siguiente volví a la ST y pensando que las oficinas estaban en el Salón principal de la Sede entré y llamé a una puerta abierta en la planta baja. Pude ver una señora sentada junto a un escritorio y ella me hizo señas desde el interior. Me presenté y le pregunté cómo podía solicitar el pase. La señora quería saber más acerca de mí y hablamos durante algún tiempo. Ella sentía curiosidad de cómo yo, una mujer inglesa, vestida con un sari, estaba en Besant Nagar, y preguntaba por la ST. Finalmente dijo: “¿Por qué no se hace miembro de la Sociedad también?”. Y me dio un formulario de solicitud, así como un poco de literatura sobre Teosofía. Cuando ya me iba,  dije: “Lo siento, por favor, ¿puedo saber su nombre?” Ella sonrió y dijo: "Radha Burnier, la Presidente”. Bueno, me hice miembro y ¡obtuve un pase de entrada también! Eso fue sólo el comienzo. Nos encontrábamos a veces en el sendero junto al río y ella siempre me detenía y me hacía preguntas acerca de mi vida. Un día, conoció a mi marido y él tuvo la misma experiencia, siempre amable, un delicado sentido del humor, y siempre alguna percepción de su sentir por los lugares en los cuales caminaba.

A veces la llamaba a su oficina sólo para preguntar acerca de su salud e intercambiar puntos de vista sobre eventos locales, tal vez no más de quince minutos, suficiente para beneficiarme de su conocimiento, ella nunca me hizo sentir que estaba entrometiéndome en su tiempo. Hace varios años, un mes antes de la Convención Anual, le pregunté si podía ser una voluntaria por esa semana, y su respuesta inmediata fue: "¿Por qué sólo para la Convención? Necesitamos gente en otras áreas también. Cogió el teléfono y llamó al Sr. Ramu en la Editorial, le dijo que estaba enviando una voluntaria que podría ayudar en la Oficina Editorial. Días después estaba ayudando con la corrección de pruebas; por casi tres años, dos o tres mañanas a la semana, esto es lo que yo hacía. No tengo ni idea si mis servicios fueron útiles, pero, sin duda, aprendí mucho de la lectura de los textos sagrados.

Un día caminando (o más bien cojeando) hacia el santuario budista, pasó el auto de la señora Burnier, ella levantó la mano en señal de saludo y le pidió a su chofer que se detuviera. Me preguntó por qué estaba cojeando tan gravemente y le dije que el cartílago en mi rodilla casi había desaparecido. Me recomendó un tratamiento en particular que resultó muy útil, varias veces me preguntó cómo me estaba yendo. El señor Seshadri había estado cuidando del Santuario budista durante muchos años hasta que la edad y la mala salud hicieron que fuera difícil para él seguir haciéndolo. Tuve el privilegio de ayudarlo en sus deberes y cuando él murió le escribí a la señora Burnier preguntándole si se me permitiría continuar con su trabajo, y ella gentilmente dio permiso, sólo por esto yo la recuerdo en mis oraciones diarias. He sido una budista practicante desde hace muchos años y ahora sigo la tradición Tibetana Mahayana. A veces se me olvida que el Santuario no es mi templo personal y yo no soy su pujari (sacerdote), pero creo que la señora Burnier me perdonará este orgullo desmedido, ¡tal vez incluso se ría y perdone mi arrogancia!

Fue muy triste ver su delicado estado de salud, pero a la vez inspirador al ver su valor en la realización de su trabajo por la Teosofía. La última vez que hablé con ella me dijo que estaba bien; me alejé rápidamente antes de que viera mis lágrimas, porque era evidente que no estaba bien. Recibimos la llamada de su muerte a las cinco y media de la mañana e inmediatamente fuimos a presentar nuestros respetos.

Me sentí feliz de verla en el Salón de la Sede Internacional y no en su casa; aquí es donde ella pertenecía. Su rostro era sereno y así es como la recordaremos. Usted comprenderá que nuestra "conexión" con la señora Burnier era muy diferente a la de la mayoría de los otros colaboradores de este Memorial. Mi marido y yo somos personas muy comunes que tuvimos la extraordinaria buenaventura de haber conocido a esta persona tan especial. Cómo o por qué sucedió, nunca lo sabremos, pero la providencia es una respuesta, y seguramente fuimos bendecidos.

 

El trabajo de un conferencista Teosófico, al parecer, tiene el encanto de viajar, de pararse sobre una plataforma para compartir algunos pensamientos con quienes buscan respuestas a los enigmas de la vida. Para Radhaji, no era más que un deber que sentía en su corazón.

                    Dolores Gago, Uruguay

 

 

  

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