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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 136 - Número 01 -  Octubre 2014 (en Castellano)

 
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Saludos de un aspirante

 

H. Sripriya

Antigua miembro de la Sociedad Teosófica, que reside en Adyar.

 

“Este lugar es un Ashrama, muy sagrado. No es un establecimiento comercial.…” Estas fueron las primeras palabras de introducción a Adyar y la Teosofía que recibí de la anterior Presidente, la extinta Sra. Radha Burnier. Yo era apenas una adolescente y aunque entendía lo que era un ashrama, esta experiencia fue diferente. Aquí ella transmitió un mensaje importante, todos nosotros en Adyar teníamos la responsabilidad de proteger este sagrado Ashram.

 

En mi juventud, fui miembro de la Rama Vasanta de Jóvenes y tuve muchas ocasiones de interactuar con ella. Durante esas primeras interacciones la consideraba como una directora de escuela, que era muy estricta y quien esperaba que sus pupilos se comportaran responsablemente. Sin embargo, siempre daba una ocasional palmadita en la espalda, que era muy bienvenida. Siempre trató de inculcar un sentido de orgullo en ser parte de Adyar debido a su rica herencia. A menudo remarcaba que nosotros como miembros de la Sociedad Teosófica teníamos el deber de proteger a Adyar y mantener la atmósfera intacta. Esperaba que nosotros cultiváramos un amor por el orden, cierto que a veces, como jóvenes, sentíamos que era un verdadero desafío. Cuando crecí, pude luego apreciar su sentido de orden. Cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa.

 

Ella viajó a muchos lugares alrededor del mundo en relación con su trabajo. ¡Es sorprendente que haya recorrido tantos lugares con tanto entusiasmo por casi tres décadas! Aquellos de nosotros que hemos pasado mucho tiempo en nuestros viajes laborales personales estaremos de acuerdo que puede ser muy cansador, a pesar de todas las comodidades que se nos brinden. Aquí estaba esta mensajera de la Teosofía que continuaría llevando a cabo esa maratón internacional, viajando a cada rincón del mundo donde la Teosofía podía estar potencialmente o ya estaba. Sus conferencias eran planeadas y realizadas con precisión mientras iba de un lado a otro en sus viajes.

 

Nosotros, en Adyar, siempre anhelábamos escuchar sus Charlas de la Terraza luego de regresar, que se llevaban a cabo en la terraza del Hall de la Sede Central, las dirigiría a los residentes del campus de la ST informalmente. Su narración era simple y directa, como si pintara un lienzo con palabras. Costa Rica, Chile, México, Uruguay, Finlandia, Holanda, todos surgían con vida ante nosotros, que vivíamos en la parte sur de Madras (actualmente Chennai).

 

Era una oradora por excelencia, y como escritora, un deleite. Había magia en sus palabras, ya que elegía cada una cuidadosamente. Al escuchar sus inspiradores discursos en las reuniones siempre sentí que podía tomar apuntes de sus charlas. La mayoría de las veces las charlas eran espontáneas y eran el resultado de su experiencia y reflexión. En la vida actual, que es tan acelerada, ella nunca parecía estar apurada. El manejo del tiempo era un arte que ella dominaba.

 

Mientras estaba en Adyar, hacía del caminar alrededor del campus un hábito. Esto sacaba a relucir un aspecto diferente de su personalidad. En el mundo actual hay mucho énfasis sobre la salud y la actividad deportiva. Bien pasados sus setenta, hubiera dejado a muchos jóvenes atónitos con sus niveles de aptitud física y mental. Caminaba no como la Presidente internacional de la ST, sino como una persona que amaba la Naturaleza, que amaba caminar, que amaba hacerlo en Adyar, y que amaba Adyar.

 

Su dedicación a la Teosofía es muy bien conocida. Le dio a los necesitados todo lo que pudo según su propia capacidad sin hacer alboroto. También jugó el rol de anfitriona de muchos disertantes invitados en las Convenciones internacionales y pudo entablar buenas relaciones con ellos. Muchos de ellos se hicieron admiradores de la ST a través suyo.

 

Se vestía sencillamente, con elegancia. Siempre decía lo que pensaba pero no guardaba resentimientos en su corazón. No se perturbaba por las críticas ni la conmovían las alabanzas. Con ella no había fingimientos.

 

Sobresalía entre la multitud. En las raras ocasiones en que daba un discurso en reuniones no teosóficas en India, evocaba reverencia y admiración. Su aspecto externo brillaba tanto como sus elocuentes y  sabias palabras. Así era su estatura.

 

Con más de ochenta y cinco años, había vivido muchas cosas. Al enfrentar particularidades de una salud deteriorada, emergió como un alma guerrera asumiendo sus problemas de salud impasiblemente. Su espíritu solidario fue capaz de llegar hasta los gatos y perros que buscaron refugio bajo sus brazos protectores. Quería que la selva salvaje de las tierras de la ST se mantuviera intacta. Para ella, coexistir con la Naturaleza sin perturbarla era de máxima importancia.

 

Era una yogui por derecho propio, practicaba yoga de auto-indagación a través del yoga abhyāsa,  práctica constante. Su vida fue austera. Nunca se quejó de lo que la vida le ofrecía. Vivía sola, sin miedo a nada. Un coraje así no viene, a menos que uno haya vivido una vida de sādhana.

 

Ella murió alrededor de las 9 p m el 31 de octubre. Cuando me enteré, pude llegar hasta su lado a las 9:30 p m. La Voz que habló tanto de La Voz del Silencio estaba silenciosa. La muerte al cuerpo físico había llegado, y ella partió. Pero su rostro brillaba en todo su esplendor y no tenía la palidez de la muerte.

 

Su vida entera estuvo consagrada a la Teosofía. Nosotros que creemos en la inmortalidad del espíritu podemos sentirnos contentos del hecho de que podemos aspirar a elevar nuestra conciencia para conectarnos con su presencia.◙

 

 

  

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