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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 136 - Número 01 -  Octubre 2014 (en Castellano)

 
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Enseñando el desinterés

 

Jason Shreeram

El Sr. Jason Shreeram es hijo del hermano menor de Radha Burnier, Vajra, y hermano mayor de Ananya Sri Ram Rajan.

 

En 1981, a la edad de 21 años, mi familia se había desintegrado tan rápida y profundamente, que no sabía qué hacer. Primero había fallecido mi madre y, ocho meses después, mi padre. Como el mayor de la familia, de repente me sentí que era el único responsable no sólo de mí mismo, sino también de mis dos hermanas menores, una de las cuales sufre de discapacidad y requiere permanente atención de enfermería. Dejé a mi hermana menor, Ananya,  en un profundo vacío, con tremendo dolor, enfado, y la incapacidad de ver alguna esperanza en la vida. Nos sentíamos perdidos, cada uno a su manera.

Pocos saben cuál fue la reacción de mi tía Radha a nivel personal ante todo este trastorno. Cuando a mi padre le diagnosticaron cáncer de garganta en 1981, ella se quedó con nosotros en Wheaton durante cuatro meses para cuidar de él y su salud. Como él estaba recibiendo tratamiento en “Olcott”, la sede central nacional de la Sociedad Teosófica de EE.UU., ella vivía en Olcott a pesar de su intensa actividad como Presidente internacional. Finalmente, ella lo llevó a Adyar para que pudiera ver a sus parientes y amigos por última vez y poder morir allí donde había nacido. Tras su fallecimiento, mi tía regresó a los EE.UU. en reiteradas ocasiones para asistirnos con la infinidad de problemas, tanto emocionales como financieros, que nosotros, los niños, debíamos enfrentar debido a la pérdida, la cual también era su pérdida. Sin embargo, nunca la oí pedir nada excepto que me ocupara de mí mismo y mi propia curación. Una vez que ella sintió que nuestras necesidades de alimento, albergue y necesidades básicas se hallaban cubiertas,  convenció a mi hermana menor para que se fuera a vivir con ella a la India. Considerando que mi tía tenía casi sesenta años de edad y nunca había tenido hijos, era riesgoso llevar a una niña estadounidense a Adyar. Sin embargo, nunca vaciló. Constantemente repetía que eso era lo correcto.

A medida que voy alcanzando la edad que mi tía tenía cuando me enseñó el significado del desinterés, espero poder emular su ejemplo, ya que, en realidad,  ella salvó nuestras vidas, sin vacilación, expectativas, o ego. Vivió la vida que enseñó, sin concesiones, sin considerar el impacto que esa carga extra traería a sus responsabilidades como Presidente internacional, y sin distancia entre Adyar y Wheaton. No había límites entre el desinterés que enseñaba y el ejemplo de vida que vivía. Que todos lleguemos a conocer a ese maestro en nuestras vidas.

  

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