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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 136 - Número 01 -  Octubre 2014 (en Castellano)

 
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Radhaji: de aquí para allá

 

S. Harihara Raghavan  

 

Se ha desempeñado como Gerente General de la ST, Adyar, durante muchos años

 

 

Intentar escribir algo acerca de una persona a quien algunos creen haber conocido durante las pasadas décadas, es la tarea más ardua de todas a causa de factores como percepción, tiempo, subjetividad y situación. La Sociedad Teosófica (ST) ha tenido siete Presidentes. Lo notable, que resalta como una característica única de todos ellos, era su total dedicación y compromiso hacia los ideales de la ST, Teosofía y servicio desinteresado, exactamente desde el Presidente fundador hasta la Sra. Radha Burnier.

 

La vida de la señora Bunier, desde el día que se unió a la ST hasta que pasó a los planos superiores el 31 de Octubre de 2013, señaló el florecimiento evolutivo del alma a través de diferentes facetas de la vida, cincelada, consolada, calmada y bendecida por las grandes fuerzas de la vida y avanzados instructores teosóficos, líderes y maestros de la sabiduría de quienes ella debe haber recibido guía y bendiciones en abundancia.

 

Entré en contacto por correspondencia con Radhaji en 1958, en calidad de Secretario de la Rama Anantha, Trivandrum, Kerala, y la conocí en 1963 cuando ella visitó la Rama en la celebración de su 80° aniversario. Ella era entonces la Secretaria General de la Sección India, y durante su visita recordó que su viaje anterior a Trivandrum, alrededor de dos décadas atrás, fue como miembro de la compañía Kalakshetra. Ella dijo: “La danza pura debería ser una expresión de la Teosofía”.

 

Ella estaba impresionada con el programa de la Rama Anantha, y expresó: “La libertad de las Ramas se debe ejercer dentro de la estructura del carácter y entramado de la Sociedad”. Mucho más adelante, en otra función de la Federación Teosófica de Kerala, ella señaló que el Presidente de la Federación tenía que conducir el curso de acción, la ST no era un club social, y no debería perder su identidad.

 

En marzo de 1993 ella me preguntó: “Su esposa Radha está trabajando aquí, ¿cuándo va a venir usted?” En ese tiempo mi esposa ayudaba a Radhaji en su oficina. Sin vacilar respondí: “Me jubilo el 31 de mayo de este año y estoy deseando incorporarme aquí el 1 de junio”. “¿Espera algo?” me preguntó rápidamente. También me recordó: “Nosotros, quienes ofrecemos un servicio deberíamos ofrecerlo sinceramente, y todo servicio entregado sin reservas es un real ofrecimiento a los Grandes”. Yo ni siquiera le entregué mi currículo, porque sentí que en el Real servicio, lo que cuenta es la actitud.

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Desde junio de 1993 hasta su muerte, pude obtener una vislumbre de la personalidad de la Sra. Radha Burnier, de su sabiduría intuitiva y profunda percepción espiritual. Ella era una erudita, una brillante oradora, una editora ejemplar, una experta ensayista, una valiente administradora, una notable practicante de la fraternidad haciéndola extensiva al reino animal y vegetal, un intelecto de la más aguda perspicacia, y una personalidad inflexible cuando la cuestión de lo correcto y lo incorrecto se presentaba. Radha Burnier era una real filántropa con una disposición caritativa desbordante hacia el necesitado, el débil y el huérfano.

 

Era una guerrera intrépida con un corazón bondadoso. Ella reprendía cuando se requería, y consolaba cuando era necesario. Se abstenía de la pompa y el lujo, viviendo una vida simple y frugal. Durante su estada en Adyar, nunca buscó alguna comodidad especial que no pudiera dar a los otros residentes.

 

No podía tolerar el más leve daño a plantas y animales. Aves, ardillas, gatitos, perros y cachorros encontraron en ella a un ser humano tranquilizador y seguro. Al fin y al cabo era humana hasta la médula. He tenido muchas experiencias únicas durante los pasados veinte años donde tuve la buena fortuna de ver a la “Otra Radhaji”.

 

Aunque no era estudiante de botánica ella estaba completamente enterada de los nombres de los árboles y plantas del Estado de Adyar. Conocía su clasificación, de dónde eran originarias, sus características y usos. Podía hablar con tal autoridad que los especialistas se asombraban de su detallada comprensión y conocimiento. Podía incluso ubicar el lugar donde estaba plantado un arbusto en particular. En su juventud, podía también recordar las diferentes variedades de árboles frutales en el predio y su sabor particular.

 

Insistía en la variedad de la vegetación, porque había unidad en la diversidad. Solía pasear a menudo a través del vasto predio y a la mañana siguiente daba un mensaje respecto a alguna planta o árbol que necesitaba atención inmediata. Cuando el tronco principal del gran árbol Banyan cayó, ella trabajó con fervor misionero para salvar el árbol y buscar ayuda de todos los expertos y especialistas durante años para asegurarse que la bóveda entera estuviera sana y atractiva. Para ella, aun el arrancar una flor o un pequeño manojo de hojas no se podía tolerar. Recuerdo vívidamente su acometida hasta el lugar, casi saltando, cuando un niño atraído por la belleza de un hibisco plenamente florecido fue a arrancar una flor, y ella legritó a los padres: ‘¿No vigilan ustedes al niño y le dicen que no haga daño?’

 

Muy a menudo me asombraba al observar su profundo conocimiento de cada lugar en el predio, aun detalles mínimos, historia y ciclo de vida de diferentes plantas, hierbas y árboles. Siempre quería que el estado tuviera una mínima intervención en limpiar el crecimiento silvestre de las así llamadas malezas o malas hierbas porque ella decía que la unidad en la diversidad es la ley de la Naturaleza, y no tenemos derecho a destruir ni aun una planta o hierba diminuta para satisfacer nuestra ocurrente idea de modernidad o trabajo artificial. Muy a menudo tuve oportunidad de caminar con ella en el predio y en la playa. Ella solía compartir muchas cosas espirituales que brillaban ante su ojo interno, siempre que tuviéramos la fortuna!

 

Ella fue disciplinaria en el real sentido del término. Su vida diaria abriga un amplio testimonio de esto. Acostumbraba a levantarse temprano, alrededor de las 4.30 a.m. y desde ese momento hasta que se retiraba a las 9 p.m. había una gran precisión en todo lo que ella hacía. Hizo que la puntualidad, una total dedicación y compromiso en todo lo que hacía, fueran su fuerte, fuera amigo, pariente, trabajador o visitante, ella se esmeraba en respetar los tiempos.

 

Nos asombrábamos mucho de ver a Radhaji en su escritorio a una o dos horas de regresar de sus viajes al extranjero por trabajo teosófico. No le gustaba permanecer en hoteles excepto cuando las circunstancias se lo exigían. Siempre prefería quedarse en casa de un teósofo, o en una Rama teosófica teniendo el mínimo de comodidades. A ella le interesaba un lugar favorable a su estada y trabajo teosófico. Ella no pedía nada.

 

Recuerdo claramente cuando ella estaba en Sivaganga, permaneció  gustosamente en la residencia de un miembro que se componía de más de quince familiares. Cuando le pregunté cómo se sentía, respondió: “Pude disfrutar y revivir la graciosa y cariñosa atmósfera del sistema de una familia unida.”

 

Ella se sentía incómoda cuando la rodeaba el lujo. Una vez Radhaji y yo permanecimos en la residencia de un miembro que es un famoso filántropo e industrial. Las habitaciones que dispuso para nuestra estada eran principescas, estaban decoradas magníficamente con finas pinturas y personal para atendernos. Radhaji dijo, “Estoy incómoda al permanecer en tan hermoso lugar semejante a un palacio”. Entonces el anfitrión me pidió que la llevara a la habitación en donde él se alojaba. Esta habitación era espartana y ella señaló: ‘Él es el mayor contribuyente de impuestos y sólo tiene una estera, agua para beber, unos pocos vasos, teléfono y tulasi (planta sagrada). Realmente es un hombre en el mundo, no del mundo’.

 

Ella hablaba y escribía con mucha precisión y ejemplar elección de palabras para transmitir sus ideas. Su elección de las palabras y expresiones, fuera en una conferencia, artículo o mensaje, demostró ser una obra de arte con sensibilidad. Un artículo escrito por un miembro muy mayor tenía más de cien errores. Cuando le hablamos acerca de la inutilidad de publicar ese artículo, su respuesta fue: “La idea que él quiere transmitir es algo notable”.

 

Radhaji no toleraba la mediocridad o falta de tino en cualquier forma de trabajo, menos aún en las bellas artes. Siendo ella misma una bailarina perfecta, siempre quiso solamente a excelentes artistas para entretener a la audiencia en las reuniones teosóficas, especialmente en la Convención Internacional. Toda nota discordante al cantar o interpretar una pieza musical la ponía furiosa.

 

Puedo afirmar su naturaleza clemente hacia los empleados delincuentes y trabajadores descarriados siempre que comprendían su error y se disculparan. Detrás de su semblante lacónico había un corazón tierno. Para ella, la caridad tenía un claro significado. Ella era de la firme opinión que ayudar a niños y niñas en su educación era la forma más elevada de caridad. Nuestro anterior Presidente Sri Ram y ella estaban interesados en la educación de las niñas, y con esto en mente, crearon una fundación de caridad y pudieron darle forma el destino de muchos niños.

 

Radhaji mantenía un alto sentido de la dignidad en todo lo que hacía. Su simple pero graciosa y elegante forma de vestir, su aire al caminar, su total atención, sus profundos, medidos y considerados comentarios cuando se requería, llenarían volúmenes. Cuando Chennai fue golpeada por el tsunami, y como su residencia estaba próxima a la playa, le solicité que se trasladara a Leadbeater Chambers por unos pocos días, y ella respondió: “Todos estamos protegidos”. Aquellos que tuvieron la buena fortuna de estar y trabajar con ella tuvieron valiosos momentos de inolvidables experiencias. No sería adecuado escribir tales intensas experiencias personales.

 

Las notas de Desde la Atalaya de Radhaji son las opiniones objetivas de un teósofo. Ella comprendió que ‘No hay otro sendero a seguir’, tiernamente esperanzada por la ‘Regeneración Humana’, y creyó en el ‘Auto-Conocimiento’. Creía en la Consciencia Universal, la Unidad y Divinidad de la Vida que es todo Verdad, Belleza y Bondad. Sus escritos son una clase en sí mismos, en donde los genuinos buscadores espirituales pueden pensar seriamente en dar el primer paso.

 

El 31 de octubre de 2013, alrededor de las 4.30 p.m. me pidió que fuera a su residencia. Estrecho mi mano y dijo, “Esta noche a las 9 p.m. debería  reunirse conmigo si es posible. Mañana, por favor venga conmigo. Si no es inconveniente tráigame algo de manna (bebida sana parecida a la avena con leche) y galletas. Cuide de la Convención. Habrán dificultades allí, usted debe manejarlas’. Yo sentí algo inusitado. Compré las cosas que me había pedido y esto se le entregó junto con una lista de importantes números de teléfono a las 6 p.m. También le había asegurado que la visitaría más tarde a las 9 p.m. El otro lado de la vida se presenta sin aviso! Justo después de las 9 p.m. cuando casi iba a su casa, recibí una llamada informándome de la muerte de Radahji…. Cuando llegué a su casa la vi yaciendo pacíficamente. ¿Se ha unido a la Eternidad? En su mesa estaba el Bhagavadgita. Había un papel sobre el que ella había garabateado unos pocos versos del Gita en sánscrito. Un verso está reproducido abajo junto con la traducción:

 

Yo mampasyatisarvatrasarvamcamayipasyati

Tasya’ahamnapranasyamisaca me napranasyati

(capítulo 6, verso 30)

‘A quien Me ve por doquier, y ve a todos en Mí, a ese nunca lo soltaré, ni él jamás se soltará de Mi.

 

¿Meditaba ella en estas últimas líneas? Además estaba el libro La Vida Interna. Había un silencio afable. Un alma que intentó vivir las seis paramitas, quien sacrificó todo lo que tenía en el altar de la Teosofía y de la Sociedad Teosófica, había desechado el cuerpo mortal aquí, para una bien merecida estada allí, en los planos superiores para ser animada nuevamente por los Grandes.

 

A la pregunta, “¿Cuál es su ambición en la vida?”, la respuesta de Radhaji fue “Llegar a ser tan inegoísta como pueda ‘.

 

 

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