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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 135 - Número 12 -  Septiembre 2014 (en Castellano)

 
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Religiones Egipcias Antiguas

 

Ketan Shah

El Sr. Ketan Shah es un antiguo miembro de la Rama Nairobi de la ST

 

Se dice que Egipto es el destino turístico más antiguo en el mundo. El foco de la mayoría de las visitas sigue siendo los grandes monumentos del Valle del Nilo y las pirámides de Giza. El alma vital de la tierra es el río Nilo, cuya limitada fertilidad está en severo contraste con los áridos baldíos de sus flancos desde el Mediterráneo hasta Sudán. Esta cruda dualidad entre fertilidad y desolación es fundamental en el carácter de Egipto y ha moldeado su desarrollo desde los tiempos prehistóricos impartiendo continuidad a diversas culturas y pueblos por más de cinco milenios. Egipto tiene un sentido de permanencia y atemporalidad respaldada por la religión, que impregna todo aspecto de la vida. Aunque la religión del antiguo Egipto está tan moribunda como su legado de momias y templos, sus antiguos ritos de fertilidad y procesión de botes aún tienen su lugar en las celebraciones del Islam y del Cristianismo. El resultado del legado antiguo de Egipto es una cultura de múltiples capas, que parece conceder igual respeto tanto a lo antiguo como a lo moderno. A lo largo de la historia, lo que ha unido a los egipcios es el amor por su tierra, extendidos lazos familiares, dignidad, calidez y hospitalidad hacia los extraños.

 

La admiración por el Egipto moderno y la fascinación por sus antiguos monumentos pronto conducen a curiosidad sobre su pasado, particularmente su pasado religioso, que parece estar presente en gran medida en los monumentos que han sobrevivido. Esta representación superficial no cuenta la historia completa, como pronto veremos en un examen más minucioso: los antiguos egipcios no eran religiosos en nuestro sentido de la palabra.

 

La religión jaina puede ser considerada como el reconocimiento, por parte de los seres humanos, de un potencial superhumano en cada uno de nosotros. Cada ser humano individual puede considerarse a sí mismo capaz de alcanzar un estado que lo libera del ciclo del nacimiento y la muerte. El efecto de tales pensamientos en los individuos pueden conducir al establecimiento de un sistema de estudio de sí mismo e introspección que llevan a la realización del ser y a la elaboración de un código de creencias y conducta inspirado por su fe religiosa. Esta fe se extiende a los personajes míticos e históricos que son respetados y reverenciados por haber alcanzado un estado de libertad del ciclo de nacimientos y muertes. La interpretación y reinterpretación de sus enseñanzas está codificada en un rico legado de literatura eclesiástica.

 

En el antiguo Egipto la religión no era así. Los egipcios admitían muchos dioses, no tenían un único sistema de creencia religiosa. No tenían libros sagrados, análogos al Kalpa Sutra; no había comentarios teológicos o tratados, ni había ningún dogma. El muy conocido Libro de los Muertos era realmente un libro del “Ultramundo” que se consideraba como un reflejo de Egipto mismo. Como los hindúes, el politeísmo de los antiguos egipcios condujo a la tolerancia. Excepto por dos breves períodos en su historia, cuando hubo un intento de promover un monoteísmo (solar) análogo al Judaísmo, Cristianismo, o Islamismo, los egipcios nunca sufrieron persecución llevada a cabo en nombre de la religión; no había santos ni mártires egipcios. Los egipcios eran personas amables para quienes la familia era importante. Por lo tanto, su religión estaba basada en la vida familiar. Los dioses tenían esposas, las diosas esposos, ambos tenían hijos.

 

Los templos eran continuación del escenario doméstico, eran llamados las “mansiones” de los dioses, y arquitectónicamente estaban basados en la forma de una casa, con habitaciones para comer y dormir. El santuario más interno era considerado como la habitación del dios. El ritual diario del templo tenía forma doméstica, el ritual de la mañana daba al dios su desayuno, el ritual de la tarde le daba su cena. La antigua religión egipcia no se complacía en baños de sangre con animales o sacrificios humanos. Por el contrario, cada dios vivía en paz en su hogar, el templo era muy a menudo parte de una trinidad de deidades, una familia sagrada que consistía en padre, madre e hijos.

 

En buena parte de su historia, los egipcios acomodaron los dioses de otros pueblos y siempre estaban listos para recibir agregados a su propio panteón. Ellos recibían, pero no sentían ninguna gran necesidad de dar, por lo tanto no había un real intento de persuadir a ningún no egipcio a adorar los dioses egipcios. En su antigua religión, la base de la religión no era creencia sino culto, especialmente el culto local, que importaba más que el individual. De esta manera muchas deidades prosperaron simultáneamente y los egipcios, aparentemente, estaban siempre dispuestos a adoptar un nuevo dios o a cambiar su opinión sobre el antiguo. La miríada de dioses adorados por los antiguos egipcios entra dentro de tres  categorías principales:

1)   Dioses locales, que eran los objetos inanimados (fetiches), o animales, aves y otras criaturas vivientes asociadas con una localidad particular.

2)   Dioses personales, los objetos o criaturas elegidos por individuos para recibir su lealtad.

3)   Dioses universales, las deidades cósmicas que representaban las fuerzas de la naturaleza, tales como el sol, la luna, las estrellas, el viento y la tormenta.

 

Las características predominantes de la religión egipcia eran animismo, fetichismo y magia. En tiempos menos primitivos, se promulgaron teorías que dicen que la magia se tornó en religión. Al ser un pueblo agricultor, los antiguos egipcios enfocaban la atención en animales y aves; no era sorprendente que ellos convirtieran esas criaturas en objetos de culto. También estaba la creencia que ciertos animales poseían poderes divinos, la vaca, por ejemplo, representaba la fertilidad; el toro, la virilidad, lo que condujo al culto de animales, pájaros y reptiles sagrados, cada uno de los cuales era considerado como la manifestación en la tierra de un ser divino. De ahí los miles de ibis, babuinos y cocodrilos momificados que se han encontrado por todo Egipto. Dentro de los templos, los egipcios tenían gatos, toros, ibis o halcones y los adoraban como dioses; y cuando morían, los momificaban y enterraban como hacían con sus reyes.

 

El tercer tipo de dios adorado por los antiguos egipcios era el dios cósmico, la luna, la tormenta, el viento y especialmente el sol. Este tipo de deidad representa un orden de ser divino más elevado, dado que es difícil personalizar un dios cósmico, con el resultado que comprender a este tipo de dios demanda un mayor grado de esfuerzo intelectual. Mientras que los dioses fetiche y locales se desarrollaron antes de 3050 a C., los dioses cósmicos se desarrollaron adecuadamente durante la era histórica después del 3000 a C., como se evidencia por los increíbles monumentos y templos en Karnak, Luxor, y Abu Simbel.

 

Durante el período histórico, el sol en particular se convirtió en un dios universal, adorado a lo largo de la tierra; y con la fundación del estado egipcio durante la dinastía I, con la unión del Alto y Bajo Egipto, fue elevado al status de dios de estado. A pesar de la existencia de un dios del estado y dioses locales, los egipcios consideraban perfectamente normal  adorarlos a todos al mismo tiempo.

 

Las características peculiares de la tierra en la cual los egipcios vivían, influenció su religión, diversificándola. Había dos partes distintas, Alto y Bajo Egipto, y diferentes grupos étnicos tales como los semitas y los africanos. Además, las cuarenta y dos provincias tenían dialectos, tipos de vida, costumbres y religiones diferentes. En cada provincia, ciudad y villa la religión tomó una forma especial, peculiar a ese lugar particular. Cada localidad tenía su propia deidad, que era a menudo adorada de una manera que era especial a él o ella, y que a menudo estaba equipada con mitos y leyendas propios.

 

Durante periodos de agitación o cuando había un gobierno central débil, las diferencias religiosas se intensificaban. Sin embargo, cuando el país estaba unido comenzaba un extraño proceso. La deidad principal del pueblo o de la ciudad que era el asiento de la residencia oficial de la realeza se volvía el dios estatal. Su templo era visitado desde todas partes del país, era reconocido por todos. La fama brindada al dios estatal causaba que otros pueblos desearan un dios de tal distinción. Y así, ellos introducían el culto al dios estatal dentro de su propios templos o “descubrían” que él era en realidad uno y el mismo dios que su propia deidad local, y las dos deidades se fundían en una sola, por ejemplo Amun-Ra, Rey de Dioses. Él no solo tenía un enorme templo dedicado a él en Karnak, en la orilla este del Nilo, sino que su jurisdicción también se extendía a la gran necrópolis (Ciudad de los Muertos) en la orilla occidental, más conocida por los turistas como el Valle de los Reyes y el Valle de las Reinas. La tumba de Tutankhamen fue hallada allí, Tut-Ankh-Amun significa Imagen Viviente de Amun.

 

Como en Egipto se desarrolló un modo de vida uniforme, este proceso de fusionar deidades, llamado sincretismo, debe haber llevado lógicamente a la unión de todos los dioses y diosas de Egipto en un solo dios con un nombre muy largo construido a partir de  todas las sílabas de los nombres de todos los otros dioses. No obstante, los egipcios no eran las personas más lógicas, y este “feliz” estado nunca se alcanzó.

 

Los egipcios pensaban que el Nilo provenía del lugar donde comenzaba el mundo. De acuerdo a esto se orientaban a sí mismos hacia la caverna, en  Aswan, donde el Nilo tiene su fuente mitológica. La causa mitológica de las inundación anual, la Inundación, era la diosa Isis al derramar copiosas lágrimas en el Nilo, en conmemoración de su querido marido muerto, Osiris. Al considerar que el Nilo era tan vital para los egipcios, es sorprendente que este gran río no fuera elevado a la posición del dios más importante en la tierra. De hecho, el Nilo como tal no fue deificado en absoluto. Fue representado por Hapy, el Espíritu o Esencia del Nilo. Muchas son las figuras de Hapy que pueden verse en los templos: se lo representa como un hombre con un vientre colgando (para los egipcios, siempre signo de un hombre próspero y bien alimentado, un hombre que se respeta) y los pechos de una mujer.

 

Las características peculiares de la tierra de Egipto, un largo y estrecho valle rodeado por el desierto, un río que aseguraba una abundante provisión de agua y tierra fértil, transformaron a los antiguos egipcios en una sociedad sumamente conservadora, pueblerina y hasta complaciente. Vivían en una tierra que era productiva, pero que demandaba constante y duro trabajo y forzaba a sus habitantes a ser prácticos. Los egipcios por lo tanto tendían  a no permitirse ningún gran vuelo de la imaginación. Eran pueblerinos: sus ojos estaban puestos en sus vecinos. A pesar de su forma de vida estrecha y encerrada en sí misma, muchos egipcios deben haberse planteado las preguntas eternas e inmortales, ¿quién creó el mundo? ¿y el sol y las estrellas? ¿quién creo la vida en la tierra, tanto animal como humana? ¿qué ocurre cuando uno muere?, y encontraron respuestas aceptables a sus preguntas al concebir dioses y una religión que fueron desarrollados directamente desde su propia experiencia de vida, al vivir en las tierras de Egipto.

 

El gran número de dioses adorados en el antiguo Egipto significaba que no había una única versión de las respuestas a estas preguntas. La religión egipcia parece constar de muchas creencias religiosas. Una de las razones es que los egipcios, conservadores como eran, nunca desecharon ninguna de sus antiguas creencias en favor de las nuevas, simplemente las asimilaron. Estaban muy contentos de tener muchas y diferentes explicaciones para la misma cosa, porque cada explicación podía servir en diferentes contextos. Había, por ejemplo, muchas variaciones en el tema de la creación del mundo, porque los grandes dioses creadores tales como Atum, Ra, Ptah, y Neit tenían su propia versión.

 

Pero fuere cual fuera la deidad que llevó a cabo el acto de la creación, había una imagen subyacente: en el principio el agua cubría la tierra y todo era oscuro y vacío. Esta agua primordial fue llamada Nun y es una imagen natural que los egipcios evocaban. Deben haber visto su tierra cubierta por las aguas durante la Inundación, y luego cuando el agua comenzaba a bajar, veían pequeñas islas de tierra que comenzaban a emerger de las aguas primordiales de Nun.

 

Había muchas ideas de lo que era el universo. El cielo era visualizado como una vaca cuyas patas descansaban en la tierra (Hathor); o como una mujer que se sostenía ella misma con manos y pies en la tierra (Nut). Se decía que el cielo era una capa de agua en la cual las estrellas navegaban en botes, como los egipcios navegaban el Nilo. O también, que el cielo descansaba en cuatro montañas fabulosas situadas en las cuatro esquinas de la tierra, las columnas del cielo. El sol se decía que era el ojo derecho de un gran dios cuyo ojo izquierdo era la luna (Atum; Ra). Nacía cada mañana, como el ternero de la vaca celestial, o como el bebé de la Diosa del Cielo. Era puesto a rodar a través del cielo por un escarabajo (Khepri) hasta que en el atardecer se convertía en un anciano (Atum). El sol, la luna, y las estrellas se decía que navegaban en barcos sobre el océano celestial. Se decía que había un segundo cielo bajo la tierra; a través de este cielo un rio corría así como el Nilo corría a través de Egipto. Cada noche, el sol descendía bajo la tierra mientras atravesaba el Nilo del infierno. Y cada mañana, ascendía en la tierra nuevamente a través de dos remolinos en Elephantine (Aswan).

 

La religión impregnaba cada aspecto de la vida en el antiguo Egipto, aparentemente esto hacia de los egipcios una sociedad muy religiosa. Sin embargo esto no significa que fueran más piadosos que otros pueblos, o más devotos, sensibles, humildes, espirituales o puros de corazón. Simplemente significa que la historia egipcia fue la historia de la interacción entre dioses y reyes; que en buena parte de la historia, la economía de Egipto se organizó alrededor de los templos; que las creencias religiosas afectaban la manera en la que los egipcios se ocupaban de la muerte.

 

También hubo una religión privada. Debido a que los egipcios comunes no eran admitidos en las áreas más internas del templo, la única oportunidad que se les daba para contemplar la deidad era cuando la estatua de culto, que normalmente se guardaba en el santuario más interno del templo, la sacaban de su lugar sagrado en ocasión de uno de los grandes festivales, que se llevaban a cabo en ciertos momentos del año y era transportada en procesión alrededor de la ciudad para mostrársela al pueblo. Mientras los egipcios erigían templos oficiales para los dioses locales y universales, individuos particulares tenían sus propias creencias, su propio dios o dioses, y estaban contentos de construir con sus propias manos pequeños santuarios cerca de sus casas para sus dioses personales a quienes podían recurrir por ayuda y consuelo.

 

Mientras tanto la religión oficial de la nación de Egipto se interesaba en promover el bienestar de los dioses, que ellos, en reciprocidad, mantenían el orden establecido del mundo. El vehículo a través del cual los dioses recibían favores, y a su turno los dispensaban, era el rey, ayudado por una jerarquía de sacerdotes. Uno de los aspectos importantes de la religión egipcia era el hecho de que el rey era considerado como un dios. La tradición afirmaba que en el principio, la monarquía llegó a la tierra en la forma del dios-rey Ra, quien trajo con él a su hija, Maat, la encarnación de la Verdad y la Justicia. Así el principio del mundo fue simultáneo con el comienzo de la monarquía y el orden social.

 

Los faraones de Egipto legitimaban su derecho al trono en formas que estaban influenciadas por las creencias religiosas. El rey-dios Horus (el halcón que se ve en las aletas de la cola de Egypt Air) fue el hijo del dios Osiris, que había sido rey, y así cada nuevo rey de Egipto se convertía en un Horus para su predecesor Osiris. La teología era otro medio por medio de la cual esto se lograba.  Aquí, el dios principal del momento se decía haber asumido la forma del rey reinante para engendrar un niño con su reina; ese niño luego reclamaba ser el fruto de ambos, de su padre terrenal y celestial.

 

El rey era el factor unificador en la vida religiosa egipcia. En teoría era un sumo sacerdote en cada templo. Obviamente el rey no podía estar en todos los templos al mismo tiempo. Sin embargo esta ficción era mantenida en los relieves que se ven esculpidos en las paredes de los templos que siempre muestran al rey haciendo ofrendas a los dioses. El rey fue la encarnación de la conexión entre el mundo de los hombres y el mundo de los dioses, el eje de la sociedad egipcia. Era su tarea hacer que el mundo continuara funcionando, era su tarea hacer que el sol saliera y se pusiera, el Nilo inundara y menguara, el grano creciera, lo cual sólo se podía lograr por la ejecución de los rituales adecuados dentro de los templos.

 

Quizás es apropiado aquí señalar la vasta diferencia entre lo que la palabra “templo” significaba a los antiguos egipcios y lo que significa para nosotros hoy. Los templos egipcios simbolizaban la tierra, los techos de los templos estaban pintados con estrellas para representar al firmamento. Visitantes recientes al Valle de los Reyes en Tebas recordarán haber visto llamativos murales de techo del cielo en algunas tumbas bien preservadas tales como la de Ramses IX. Las paredes del templo estaban decoradas en la base con las plantas de los pantanos y los juncos que crecían en las orillas del Nilo.

 

Los egipcios creían que la tierra estaba constantemente amenazada por fuerzas del caos que habían existido antes que el mundo fuera creado, estas habían sido vencidas, pero eran un peligro siempre presente, sólo los dioses podían controlarlas. Estos dioses aparecían en diferentes figuras por todo Egipto, donde tenían que ser equipados con casas, templos, las mansiones de los dioses. Dentro de estas casas, se podía proteger y alimentar a los dioses de tal manera que pudieran realizar sus funciones divinas.

 

Desde el comienzo del período histórico, alrededor de 3000 AC, que también fue allí el comienzo de la escritura (considérenlo en contexto del nacimiento de Mahavira alrededor de 500 AC), hubo dos tipos diferentes de templos en Egipto: el templo en memoria o funerario, dedicado al culto de un rey muerto, y el templo de culto, dedicado al culto de uno o más de las muchas deidades de Egipto. Un ejemplo supremo del primero es Abu Simbel y del último es Karnak. Cada tipo de templo era autónomo lo cual lo dejaba económicamente independiente, pero también producía grandes riquezas.

 

Especialmente el templo de culto jugaba una parte importante en la vida de la comunidad. Sin embargo, para la persona común, su rol no era el de un lugar de adoración. El templo egipcio no se parecía a una iglesia, mezquita o sinagoga. No era un lugar en el cual uno podía ir para ayuda espiritual, a rezar a dios, tratar temas teológicos o ser instruido en asuntos religiosos. Aunque algunos templos estaban equipados con áreas especiales donde una persona ordinaria podía hablarle a dios, normalmente los templos de culto tenían relación con la religión del estado y el mantenimiento de la burocracia.

 

Los templos egipcios antiguos eran grandes negocios. El templo era propietario de las tierras; los egipcios comunes podían alquilarle tierras y lo hacían . Era el repositorio de documentos legales, el lugar donde se registraban los nacimientos, los casamientos y se redactaban los contratos. Las escuelas se centraban en los templos; escribas, artistas y doctores eran entrenados allí. Algunos templos incluso tenían hospitales dentro de sus recintos. En ellos se practicaban cirugías, incluso la cirugía de prótesis. El impuesto anual  estaba determinado por los “lagos sagrados” de los templos “Nilómetros”, que medían el nivel de la inundación anual, y por lo tanto la probable cosecha de granos. Hay muchos paralelos con nuestro Oshwal Mahajanwadi en Ngara, Nairobi.

 

Así como el templo egipcio no se parecía en nada a lo que el hombre moderno entendería por la palabra “templo”, tampoco un “sacerdote” egipcio era como el concepto moderno de un líder espiritual, ni era él una autoridad reconocida respecto a la ley de la religión. No eran predicadores y no tenían feligreses. No daban sermones porque las congregaciones de devotos no aparecían en la vida de un templo egipcio. No se esperaba que ellos fueran autoridad en la doctrina religiosa, porque no la había. No había un sistema central de creencia u organización religiosa. Cada ciudad tenía la propia, y así el clero de cualquier templo seguía las costumbres y prácticas peculiares del mismo.

 

En el templo, la mayoría de los sacerdotes se desempeñaban como tales media jornada, quienes luego de su periodo de servicio en el templo, volvían a sus hogares para llevar una vida normal. En teoría, el rey nombraba a todos los sacerdotes, y en cada templo en la nación ellos servían como sus sustitutos. En el sacerdocio había abierta una carrera también para las mujeres. Cargos importantes, especialmente aquellos de la diosa Hathor, fueron desempeñados por mujeres aunque la mayoría de las sacerdotisas actuaban como músicos y hechiceras.

 

Para convertirse en sacerdote, un hombre no tenía que tener ningún llamado o talento especial para la religión. Su tarea era la de un administrador de la propiedad del templo, haciendas y los ingresos, y dentro del templo su función era como un sirviente doméstico del dios, atendiendo a sus necesidades diarias. Este era el caso, independientemente de que el dios fuera un animal o ave vivo que se mantenía en el templo como el representante en la tierra de un dios, o una esfinge de oro de la deidad. El único requisito para ingresar al templo era que el hombre o la mujer fueran puros. Para alcanzar la pureza requerida, un sacerdote (o sacerdotisa) tenían que purificarse por varios días antes de entrar a un templo masticando natrón (bicarbonato de soda) y limpiarse a sí mismo con incienso.

 

El día que entraba al templo, tenía que lavarse, cortarse las uñas de las manos y los pies, y en el caso de un sacerdote, afeitarse y depilarse todo el vello corporal. ¡Muy parecido a los monjes jainos desnudos! Los sacerdotes tenían que estar circuncidados. No se requería que llevaran vidas célibes fuera del templo, ni los sacerdotes ni las sacerdotisas. Pero tenían que estar preparados para observar las prohibiciones, observadas por su templo particular. Las ventajas de ser un sacerdote eran muchas e incluían una parte de los ingresos de las tierras del templo, exención de ciertos impuestos, e inmunidad de labores nacionales tales como el trabajo en diques y canales.

 

En Egipto no había una división rígida entre el mundo sagrado y el secular. El mundo secular consideraba a los templos como lugares de negocios. Los sacerdotes de los templos trabajaban para mantener el equilibrio entre el mundo de los dioses y el mundo de los hombres. El culto a los dioses, por tanto, era sólo una de las muchas actividades llevadas a cabo por la burocracia del templo, que también era responsable de muchas de las funciones que en la actualidad estarían dentro del área del gobierno local o la organización comunal.

 

Sin embargo, el culto a los dioses era la razón de ser principal para la existencia de los templos. Se cantaban himnos de oración a los dioses. No obstante, los egipcios adoptaron un enfoque mercantil para sus oraciones que se realizaban con un espíritu de quid pro quo. El sacerdote o el rey hace un ofrecimiento al dios y el dios devuelve la gentileza. Así, por ejemplo, si el rey ofrece fruta al dios, el dios recompensa al rey regalándole los huertos que producen la fruta. Todo esto hace parecer a la religión egipcia menos que espiritual. En muchas maneras lo era. Por otro lado hay evidencia, a partir de textos que exhortan a los sacerdotes a vivir de acuerdo a elevados principios morales, que los ideales espirituales no estaban enteramente ausentes de la vida religiosa egipcia.

 

Los egipcios tenían una actitud muy relajada hacia sus dioses. Consideraban a sus deidades como una clase de seres muy parecidos a ellos mismos; tenían las mismas necesidades de comida y bebida; sufrían dolores, la vejez o la muerte; tenían los mismos vicios y virtudes, eran igualmente aptos de cometer actos de estupidez, traición o engaño. Sin embargo sus fallas no les hacía ganar el desprecio de sus adoradores, al contrario, meramente hacían que los egipcios trataran a sus dioses de una manera tolerablemente entretenida y, como podría esperarse de un pueblo agricultor, a menudo describían sus actividades de una manera franca y mundana.

 

A pesar de esto, los dioses del antiguo Egipto eran seres para ser respetados, porque era sólo a través de su beneficio y buena voluntad que Egipto prosperaba, como indudablemente lo hizo, por más de tres mil años; se puede decir que fue una de las civilizaciones que más duró en el mundo.◙

 

 

El principio que da vida mora en nosotros y fuera de nosotros, es eternamente benéfico, no se oye, ni se ve, o huele, pero es percibido por el hombre que desea percepción.

El idilio del Loto Blanco

 

 

 

 

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