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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 135 - Número 11 -  Agosto 2014 (en Castellano)

 
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No Hay Evolución Psicológica

 

 

Pablo Sender

 

La idea científica de la evolución como la entendemos hoy era bastante nueva cuando comenzó el movimiento teosófico moderno.  Para ponerlo en contexto, H.P. Blavatsky encontró a su Maestro por primera vez alrededor de ocho años antes de que Darwin publicara su teoría en 1.859.  Esta idea de la evolución se refiere no sólo al mundo físico sino también a los campos intelectual y espiritual ─ llegando a ser por consiguiente una de las principales doctrinas que la Sociedad Teosófica introdujo a la moderna espiritualidad.  

 

Entonces es natural que cuando algunos años después J. Krishnamurti declaró repetidamente que ‘No hay evolución psicológica’, algunos estudiantes de Teosofía sintieron que él estaba negando un principio central de la Filosofía Esotérica.  ¿Pero lo hizo?  En este artículo exploraremos las enseñanzas esotéricas respecto a la evolución y cómo se relacionan con la psique, que en la literatura teosófica es llamada técnicamente kãma-manas

 

Constitución de los Seres Humanos

 

La Filosofía Esotérica establece que el cosmos es mucho más complejo que el modelo presentado por la ciencia moderna.  No es meramente una máquina física, sino tiene diferentes dimensiones que trascienden el alcance de la tecnología científica corriente.  El hombre, a su vez, es una ‘muestra’ del universo, que refleja en él cada elemento que existe en el cosmos ─ a los niveles tanto físicos como no físicos. 

 

La señora Blavatsky generalmente describía a los seres humanos como compuestos de siete Principios o elementos fundamentales, a saber: ãtman, el Ser universal en nosotros; buddhi, la fuente de sabiduría espiritual; manas, el origen de la mente y de la autoconciencia; kãma, los elementos pasionales; prãna, la vida universal individualizada; linga-śarira, el modelo etéreo del último y más denso Principio ─ el cuerpo físico o sthula-śarira

 

Puesto que estos Principios usualmente trabajan en asociación unos con otros, hay muchas maneras de ordenarlos dependiendo del aspecto de la Filosofía Esotérica bajo estudio.  Para nuestro propósito presente, los organizaremos en cuatro categorías de acuerdo con sus funciones, como sigue:

 

Ãtma-buddhi (la Mónada)                                     Espíritu

Manas (el yo superior)                                           Alma

Kãma-manas  (el yo personal)                             Psique

Prãna, linga y sthula-śarira-s                               Cuerpo

 

La Mónada (especialmente en su aspecto átmico) es una y universal.  No pertenece a ningún ser humano en particular sino todo lo impregna, dando existencia a todo.  Su reflejo a través de buddhi es lo que con poca exactitud podemos llamar su espíritu. 

 

El yo superior o alma es nuestra verdadera individualidad, la ‘entidad’ que reencarna que está más allá de la vida y de la muerte. 

 

La psique es un reflejo del alma que se expresa a través del cuerpo.  Está fuertemente condicionada por las limitaciones impuestas por el organismo físico y mezclada con las pasiones y los instintos biológicos por kãma.  Ésta es la naturaleza psicológica del hombre, es decir, sus aspectos mental y emocional.  Ella constituye el yo inferior o personal. 

 

Por último, tenemos un cuerpo viviente que durante la vida es el vehículo de todos estos Principios en el plano físico. 

 

Teniendo en mente esta clasificación podemos pasar ahora a examinar las enseñanzas teosóficas acerca de la evolución de esta compleja entidad que es el ser humano. 

 

Esquemas de Evolución 

 

Las enseñanzas teosóficas presentan un cosmos inmerso en un vasto movimiento de evolución.  De acuerdo con La Doctrina Secreta existen en la Naturaleza tres separadas corrientes o ‘esquemas’ de evolución funcionando en tres niveles diferentes que pueden describirse como la esfera espiritual, el plano arquetípico*, y el mundo físico.  El hombre, siendo un reflejo del todo, es la única entidad evolucionando activamente en estos tres niveles.  En otras palabras, estos tres esquemas separados están en el hombre ‘inextricablemente’ entretejidos y entremezclados en todo punto.’  La señora Blavaysky describe estos tres esquemas como sigue:

 

1.            El Monádico, como el nombre lo indica, tiene que ver con el crecimiento y desarrollo en las fases aún más elevadas de actividad de la Mónada en conjunción con:

 

2.            El Intelectual, representado por los Mãnasa-Dhyãnis (los Devas Solares, o los Agnishvatta-Pitris) los ‘dadores de inteligencia y conciencia’ para el hombre, y

 

3.            El Físico, representado por los Chhãyãs o Pitris lunares, en la ronda en que la Naturaleza concretó el presente cuerpo físico.

 

Antes de seguir con esto es importante anotar que Blavatsky frecuentemente usa la palabra ‘intelectual’ de un modo particular.  Ella sigue la manera de la antigua filosofía griega, en donde la palabra ‘intelecto’ es una traducción del término nous ─ la Razón Pura.  Por consiguiente, ella no se refiere al intelectualismo cerebral sino a la fuente de la inteligencia espiritual en el hombre, el mãnasa-dhyãni en nosotros o alma humana.

 

Ahora, si nosotros ordenamos estos esquemas de evolución en conexión con los Principios que ellos afectan, tenemos lo siguiente:

 

Evolución Monádica              Ãtma-buddhi               Espíritu

 

Evolución Intelectual              Manas                        Alma  

 

          -----                               Kãma-manas              Psique

 

Evolución Física                     Prãna, linga y             Cuerpo

Sthulaśarira-s

 

Como podemos ver, aquí hemos representado todos los siete Principios, pero uno, kãma, en su asociación con manas inferior.  En otras palabras, lo que está ausente en este triple esquema es la evolución de la psique.  Uno podría pensar que la última está representada en el esquema Intelectual pero, como dijimos, ese esquema está relacionado con manas superior como una entidad (el Alma que reencarna) y no con sus reflejos perecederos en el cuerpo durante el período de encarnación.  Así, de acuerdo con La Doctrina Secreta, nuestro ‘yo’ personal (es decir, la identidad psicológica en la cual la vasta mayoría de la humanidad ha centrado su conciencia) no está en un proceso de evolución. 

 

¿Cuál es el significado de esto?  ¿Cuáles son sus implicaciones?  Para comprender esto tenemos primero que examinar las principales características de estos esquemas evolutivos.

 

Evolución espiritual.  La Mónada universal es una esencia indiferenciada puramente espiritual que, siendo homogénea, es inconsciente en los planos de materia diferenciada.  El primer paso para despertar su conciencia latente es pasar a través de varios estados de experiencia animando los reinos inferiores de la naturaleza (elemental, mineral, vegetal y animal).  Esta evolución no es autoconsciente ─ es guiada ‘desde afuera’ por las fuerzas de la Naturaleza. 

 

Una vez que esta parte del viaje se ha cumplido, el siguiente paso para la Mónada es adquirir experiencia personal e individualmente.  En otras palabras, la Mónada universal tiene que experimentar el cosmos como una entidad autoconsciente ─ un ser humano.  Para este propósito, en las jornadas previas a través de los reinos inferiores, la Mónada Una muestra ‘una tendencia gradual hacia la segregación en Mónadas individuales’, un proceso que llega casi a completarse en el reino animal.  Pero es sólo cuando llega a la etapa humana que la Mónada universal se individualiza en muchas ‘mónadas humanas’ que actúan como entidades distintas en este mundo de ilusión. 

 

El propósito de la mónada humana o Espíritu es desarrollar autoconciencia espiritual, es decir, una clara conciencia de sí misma como un centro de conciencia que, sin embargo, es una parte inseparable del todo.  Para poder cumplir este propósito el Espíritu humano necesita un tabernáculo apropiado por medio del cual pueda experimentar el cosmos de modo autoconsciente. 

 

Evolución física.  Mientras la Mónada universal acopia experiencia en los reinos inferiores, la Naturaleza está ocupada esforzándose para desarrollar  más y más complejos organismos.  En la medida en que las formas evolucionan de minerales a vegetales y luego a animales, se hacen crecientemente más conscientes y responsivas al medio ambiente.  Las formas animales, con un sistema nervioso perfeccionándose siempre, se están desarrollando gradualmente hasta que el proceso alcanza su meta ─ la creación de un organismo con un cerebro suficientemente complejo no sólo para ser altamente consciente del ambiente, sino también para ser consciente de sí mismo como una entidad particular.  Éste es el nacimiento del primitivo ser humano. 

 

Así, al comienzo de la evolución humana tenemos una forma física que está animada por una Mónada individual o Espíritu y que tiene la habilidad de desarrollar autoconciencia.  Sin embargo, los seres humanos primitivos permanecieron aún como ‘formas inconscientes’.  ¿Por qué?  Es porque 1) el Espíritu, siendo demasiado puro e indiferenciado, no tiene la cualidad de autoconciencia en sí mismo, y 2) el poder evolucionante físico es incapaz de desarrollar la cualidad no física de autoconciencia.  Una fuente adicional de evolución es por tanto necesaria para unir los esfuerzos para producir un ser humano completo. 

 

Evolución intelectual.  La mente universal es la fuente de ahamkãra, es decir, el sentimiento de ‘yo soy’ o auto-conciencia.  Una vez que las formas humanas primitivas están listas para desarrollar conciencia mental, el Espíritu es ayudado por los Devas Solares o mãnasaputra-s (los hijos de la mente universal) para crear un lugar donde morar en el plano arquetípico ─ el cuerpo causal.  Esto marca el nacimiento del alma humana, que es en sí misma un Deva Solar en formación.

 

Al comienzo de su evolución humana el alma está en un estado de sueño, como en el caso de un niño recién nacido.  El propósito de la primera parte de su jornada es el gradual despertamiento de su dormida autoconciencia, que tiene lugar yendo a través de ciclos de reencarnación. 

 

El alma, siendo una entidad demasiado espiritual, nunca entra completamente en el cuerpo.  Cuando llega el tiempo para la encarnación, envía ‘un rayo’ de sí misma dotando al bebé con la potencialidad para la razón y la autoconciencia.  En la medida en que el bebé crece, la estimulación que viene de afuera despierta estas facultades latentes y el rayo del alma se desarrolla dentro de la psique o yo personal.  Es por estos medios que el alma pasa ‘a través de cada experiencia y sentimiento que existe en el múltiple o indiferenciado Universo’ y gradualmente se da cuenta de que ella misma es una entidad individual. 

 

Ahora, una vez que este propósito de despertamiento es alcanzado, un nuevo movimiento se hace necesario.  El alma, que hasta el momento ha estado enfocada en la psique y el cuerpo, debe unirse con el espíritu.  En otras palabras, el alma tiene que esforzarse para trascender su identificación con la personalidad (a través de la cual despertó su vida autoconsciente) y empeñarse en realizar su verdadera identidad ─ un Espíritu humano que mora en el plano arquetípico y que se expresa en el plano físico.    Con el logro de esta meta el Espíritu llega a ser consciente en todos los niveles del cosmos y se logra el objetivo de la evolución humana.

 

El destino de la psique. Como acabamos de decir, la psique es un  ‘fragmento’ del alma que se expresa a través del cuerpo; un instrumento para interactuar con el mundo físico durante la vida.  ¿Pero qué pasa cuando el cuerpo muere?  Al principio la conciencia se centra en la psique, la cual sobrevive a la muerte física.  Después sigue un proceso conocido  como ‘lucha mortal’, donde los elementos egoístas en la psique son separados de los espirituales.  Todo lo que fue egoísta o de un interés material es descartado, formando una clase de cadáver o ‘cascarón’ psíquico que eventualmente se disuelve.  Pero la esencia impersonal y espiritual de la psique sigue al alma al devachan ─ un estado en donde esta esencia es asimilada y se convierte en una parte permanente del alma.  Es por medio de esta asimilación que la anterior desarrolla gradualmente su autoconciencia y otras potencialidades.  Cuando termina el devachan y comienza una nueva encarnación, el alma envía un nuevo rayo al cuerpo en formación que se desarrollará en una nueva psique. 

 

La psique siguiente será completamente diferente de la anterior.  Tendrá capacidades diferentes, dependiendo de qué aspectos particulares del alma son elegidos para ser expresados más prominentemente en la presente encarnación.  La nueva psique, desarrollándose en un nuevo cuerpo, familia, país, tiempo, etc., tendrá diferentes experiencias personales, recuerdos y cualidades, aun cuando pueden ser una continuidad de hábitos e inclinaciones de la vida anterior debido a los skandha-s

 

Pero uno puede preguntar ─ ¿será la nueva psique una mejora de la vida anterior?  La respuesta depende de varios factores.  Si las experiencias de la encarnación previa fueron dirigidas principalmente hacia propósitos egoístas y materialistas, la nueva psique tenderá a mostrar una tendencia materialista o egoísta aún más marcada.  Desde un punto de vista espiritual, podríamos decir que la psique empeora.  Esto, sin embargo, no significa que el alma no está evolucionando.  El alma está acopiando experiencias de los planos inferiores, que eventualmente la conducirán a darse cuenta de que este camino no puede producir nada productivo.  Sí, por el contrario, las experiencias de la encarnación pasada contribuyeron al despertar de las potencialidades del alma, el tono general de la próxima psique puede ser más espiritual, porque el nuevo rayo enviado al cuerpo  reflejará el crecimiento del alma en sabiduría de una vida a la siguiente.**

 

Como podemos ver, la psique no es un Principio duradero sino más bien una sombra de lo real ─ una herramienta para ser descartada después de cada día de labor.  Así, aunque la psique juega un papel importante en el viaje del alma, no puede haber evolución a nivel psicológico. 

 

Ahora, ¿qué pasa con la ‘mejora’ psicológica que podemos observar durante el tiempo de una vida en una persona que está llevando una vida espiritual?  ¿No podríamos decir que ésta es una clase de evolución psicológica?  Para comprender esto necesitamos examinar otro importante aspecto de la psique. 

 

El sentido de Separatividad

 

Como dijimos, el alma es la fuente de la autoconciencia; el sentimiento de ‘yo soy’.  Esta autoconciencia puede existir en diferentes formas, desde lo espiritual e impersonal hasta lo material y egoísta. 

 

La autoconciencia original del alma es un sentido puro y no cualificado de ‘ser sin un yo’, una conciencia impersonal de simplemente ser.  Cuando el rayo es enviado para animar el cuerpo en una nueva encarnación y la autoconciencia comienza a despertar en el bebé, gradualmente se identifica con el cuerpo, con su nombre, con sus experiencias personales, etc.  En consecuencia, el sentimiento puro original de ‘yo soy’ se torna en el sentido de ‘yo soy ─ Juan Pérez’.  Ésta es la psique.  Un resultado natural de la identificación de la conciencia impersonal con los vehículos personales de conciencia es el sentido de separatividad, porque cuando uno dice ‘yo soy Juan Pérez’ está también diciendo ‘yo no soy María Ramírez’, o cualquier otro. 

 

Este sentido de identidad personal tiene una falla fundamental ─ es falso.  Aunque el alma es una individualidad particular, no se siente separada del resto.  En su propio plano, el alma tiene una omnisciencia inherente, y está más allá de la vida y la muerte.  La psique, por el contrario, es mortal. Se siente aislada y sola, y su percepción y comprensión son muy estrechas, limitada por los sentidos físicos.  Pero en la medida en que el alma llega a estar más y más comprometida con las experiencias personales se confunde y se identifica con los aspectos corporales, emocionales y mentales, olvidando así su origen divino.  Esta identificación con cuerpo y mente es la causa del sufrimiento. 

 

En la primera parte del ciclo evolutivo el sentido de separatividad y egoísmo asociado con la psique es necesario para despertar el alma a una conciencia de sí misma como una entidad individual.  Pero una vez que esto se ha cumplido la psique llega a ser una limitación, así como el andador que ayudó al bebé a ponerse fuerte eventualmente se convierte en un estorbo para su caminar.  Lo que el alma necesita ahora es reafirmar su verdadera naturaleza y esforzarse para estar unida con su fuente ─ el Espíritu.  Para esto, tiene que superar la fascinación por el mundo material y romper su identificación con la psique temporal.  En palabras de la señora Blavatsky:

 

La Filosofía Oriental ─ oculta o exotérica ─ no admite un ‘yo’ separado del Universo, objetivo o subjetivo, material o espiritual ─ de otra manera que como una ilusión temporal durante el ciclo de nuestras encarnaciones.  Esta lamentable ilusión es la ‘herejía de la separatividad`, o personalidad, la idea de que nuestro ‘yo’ es distinto en eternidad de la del EGO Universal, que tiene que ser conquistado y destruido como la raíz del egoísmo y de todo mal, antes de que podamos liberarnos de los renacimientos y alcanzar el Nirvana’. 

 

Este es un importante punto que debe ser captado por el estudiante.  Todas las enseñanzas místicas señalan que el despertar espiritual depende de la ‘muerte’ progresiva del ‘yo’ personal como un centro de conciencia: ‘el hombre debe morir antes de que el santo pueda nacer’ dice un proverbio Derviche.  Para que esto suceda es necesaria una purificación de la autoconciencia.  Examinemos esto en más detalle. 

 

En la mayoría de nosotros la sede de autoconciencia no es más elevada que la psique.  Sabemos que tenemos pensamientos, emociones y cuerpo, pero no somos conscientes de nuestra naturaleza superior, aunque podemos saber acerca de ella a través del estudio y de la reflexión, o incluso la percibimos vagamente a través de relámpagos de inspiración.  Si por medio de práctica espiritual podemos elevar nuestra conciencia al nivel del alma, comenzaremos a ser conscientes de ese aspecto de nuestra naturaleza que es inmortal e impersonal.  Una consecuencia natural de esto será un progresivo debilitamiento del apego al cuerpo y a la psique, que no consideraremos nunca más como nuestro ser real. 

 

¿Pero qué le sucede a la psique en este proceso?  Podríamos decir que se unió con el alma.  En otras palabras, la psique, ahora desprovista de su sentido de ‘yo soy este cuerpo y mente particular’, se convierte en un instrumento pasivo para la expresión del alma activa.  Como resultado de esto la persona comienza a expresar gradualmente en esta vida los poderes del alma ─ sabiduría, amor, compasión, paz, alegría, etc.  Ésta es la clave para explicar el ‘progreso psicológico’ que uno puede observar en una persona que está hollando exitosamente el camino espiritual.  No es que la psique con este ego separado esté progresando; por el contrario, la psique deja de ser un centro independiente de conciencia y se convierte en un vehículo para la expresión del alma autoconsciente. 

 

Una vez que esto se ha cumplido, el siguiente paso en el camino evolutivo es elevar la sede de autoconciencia aún más alto, del alma al Espíritu, en lo que puede ser considerado como la unión de ambos Principios.

 

Puesto que el Espíritu está más allá de toda limitación, se trasciende aún el sentido impersonal de ser una individualidad.  Ahora hay el sentido de ‘Yo soy ─ el Todo uno’, y la persona tiene la capacidad de llegar a ser, en conciencia, cualquier cosa que esté alrededor, ya sea animada o inanimada.  Ésta es la experiencia de unión de todo místico y ocultista real, uno en quien alma, psique y cuerpo han llegado a ser el vehículo de expresión del Espíritu plenamente consciente.   . 

 

Notas:

 

*El término ‘arquetípico’ se usa aquí para referirse al plano mental superior de la literatura teosófica. 

 **Sin embargo, necesitamos tener en mente que karma, que regula todo esto, puede producir efectos ‘inesperados’ a nivel personal en cualquier encarnación dada.

 

 

 

 

 

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