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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 135 - Número 09 - Junio 2014 (en Castellano)

 
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Realizar el Ser

 

Pradip Satpathy

El Sr. Pradip Satpathy es miembro de la Rama Gwalior, reside actualmente en Kolkata

 

W. Sommerset Maugham es bien conocido por crear historias alrededor de caracteres de la vida real. En su novela El Filo de la Navaja vivifica la vida de un piloto americano traumatizado por la muerte de un amigo en una guerra.  Él se siente asfixiado bajo el velo del mundo irreal y se embarca en el viaje de la vida para encontrar su verdadero significado.  En la búsqueda para encontrar respuestas a sus preguntas renuncia a una envidiable oferta de trabajo, a una brillante carrera, y a una bella propuesta de matrimonio, y emprende la vida de un vagabundo.  Viaja a diferentes lugares visitando librerías y leyendo libros.  Su insaciable deseo por alcanzar lo absoluto lo lleva de los pasillos del conocimiento a una aventura espiritual más sutil en India.

Siguiendo el sendero mostrado por los grandes seres, se mueve de los confines de los libros a la vasta expansión del universo; de un estado de intenso deseo a un estado de total ausencia de deseos; del conocimiento a la autorrealización.  El autor se encuentra con el héroe de su novela en los intervalos del tiempo, y en su última interacción lo encuentra liberado de la ilusión del mundo irreal, libre de ataduras — un alma realizada.

 

El epígrafe del libro dice, ‘El borde afilado de una navaja es difícil de pasar, por eso los sabios dicen que el sendero de salvación es difícil’.  Esto está tomado de un verso del Katha Upanishad que dice:

 

Levántate, despierta, y aprende aproximándote a los grandes seres, porque el sendero es agudo como el filo de una navaja, impasable y difícil de transitar, dice el sabio.

 

 ¿Quién soy yo?  ¿De dónde vengo?    ¿Para dónde iré?  Estas preguntas han estado inquietando a las mentes humanas desde la historia de la civilización.  Uno puede encontrar numerosos ejemplos en mitologías, historia, y narraciones basadas en vidas reales, en donde personas han renunciado a las acogedoras comodidades de la vida familiar, amigos, sociedad, y aun reinos, en la búsqueda para encontrar respuestas a sus preguntas.  ¿Pero por qué hay gentes que generalmente huyen del entorno familiar para ir en su búsqueda de lo desconocido?  ¿Es el acoso de las preguntas lo que las inquieta tanto que encuentran imposible continuar viviendo la vida que han estado llevando, o es que ese entorno relativamente extraño les da el tiempo y el espacio para canalizar sus energías internas?  Puede haber muchas explicaciones. 

 

En la mitología Hindú hay un ejemplo excepcional en el rey Janaka, que alcanza el estado de autorrealización siendo aún un miembro de familia, y que también desempeñaba todos los deberes de un rey.  El proceso de liberación está descrito a través de la conversación entre el rey Janaka y el rishi Astãvakra, popularmente conocido como Astãvakra Samhita.  En este tratado clásico, la conversación comienza con tres preguntas del rey Janaka. ¿Cómo puede adquirirse el conocimiento?  ¿Cómo puede obtenerse la liberación?  ¿Cómo es posible la renunciación?

 

Las respuestas a éstas y subsecuentes preguntas están en línea con la filosofía mística Vedanta.  Pero lo que hace que el tratado se destaque entre otros es la simplicidad y ausencia de ambigüedad con que se desarrolla el tema.  Astãvakra aconseja primero beber el néctar de tolerancia, sinceridad, compasión, contento y veracidad, y huir de los objetos de los sentidos como veneno.  Él explica que el Ser no es creado de los cinco elementos (tierra, fuego, agua, espacio y éter) ni pertenece a ninguna casta o credo.  El Ser no es nada que el ojo pueda ver.  Es perfecto, libre, conciencia sin acción, el testigo omnipresente, sin ataduras a nada, sin deseos y siempre en paz.  Uno debe quemar el bosque de ignorancia con el fuego de comprensión de que ‘Yo soy la conciencia pura’.  Astãvakra toca el acorde más fundamental con las palabras más sencillas,  

 

Si uno piensa de sí mismo como libre, uno es libre, si uno piensa de sí mismo como atado, uno está atado, porque como uno piensa en eso se convierte.  

 

Dolor y placer, justicia e injusticia, deseo e ira, éxito y fracaso, son creaciones de la mente y no asuntos del Ser.  El Ser es infinito, como el espacio, y por lo tanto uno debe comprender que ‘Yo estoy en todos los seres, y todos los seres están en mí’.  Una persona que ha obtenido tal conocimiento está contenta, con sentidos purificados, y siempre disfruta de la soledad.  No está atada a las cosas que ha disfrutado, ni anhela cosas que no ha gozado.  Nunca está afligido.  

 

Una vez que este conocimiento ha sido plenamente realizado no quedará nada para renunciar.  Habiendo obtenido ese estado, no quedará ningún deseo, ni aún el deseo de liberación, porque cautiverio es el amor de los sentidos, y liberación es indiferencia a los objetos de los sentidos.  Sabiendo que el universo es irreal y el Ser es perfecto, que la miseria y la felicidad, la esperanza y la desesperación, la vida y la muerte son lo mismo, uno puede entrar en el estado de disolución.  

 

Con cada etapa de las enseñanzas, la reacción, comprensión y realización del rey Janaka son descritas en detalle.  La detallada descripción de la brillante expresión del rey Janaka da una vívida idea de los sentimientos de un buscador que sigue el proceso de realización.  En otras palabras, el texto proporciona un barómetro por medio del cual un buscador puede hacer una evaluación de su posición de etapa en etapa en este viaje de fe.  Mediante la belleza de la poesía el texto ha tratado de responder las preguntas inherentes que vienen a quienquiera que recorra el sendero.  

 

Otra pregunta que surge de esta conversación es que si las enseñanzas pudieron transformar al rey Janaka, ¿por qué la misma experiencia no me sucede a mí?  Tal vez, para responder esta pregunta, Astãvakra ha explicado que una persona de inteligencia pura puede lograr la meta por las instrucciones más casuales, mientras que otra puede buscar conocimiento durante toda su vida y permanecer aún confundida.  Es comprensible que el rey Janaka era ya un alma elevada y las enseñanzas del Rishi Astãvakra le ayudaron a abrir la puerta para la salvación.  Sin embargo, lúcidas como pueden parecer las enseñanzas, la esencia radica en la preparación que el buscador tiene que tener para tal realización.  

 

Cuando las corrientes de nuestra naturaleza inferior están oscilando incesantemente hacia el sentido de gratificación, mantenerse en el campo apropiado parece imposible.  Pero aquí uno tiene que nadar contra estas corrientes y elevarse por encima de las fuerzas inferiores.  Es por eso que los Rishis han comparado este sendero con el filo de una navaja.  Hay un sentimiento común de que uno tiene que renunciar a su propia familia y sociedad y llevar la vida de un sanyasi para lograr iluminación espiritual, pero la historia del rey Janaka plantea las aspiraciones de aquellos que se empeñan en tales objetivos mientras llevan una vida normal.  

 

Las montañas, las cuevas, el bosque, pueden proporcionar un medio conductivo para tales prácticas, pero para aquellos que están cumpliendo sus deberes dentro de los confines de la sociedad, las palabras de oro de la señora Annie Besant pueden suministrar la perfecta respuesta:  

 

Puede decirse que para servir en la evolución del hombre es como sirven el palo de golf o las pesas el propósito del atleta.  Él no puede fortalecer sus músculos a menos que haya algo contra lo cual se ejercite.  No puede adquirir vigor muscular a menos que haya fuerzas opuestas que vencer para que los músculos se fortalezcan.  El valor no está en el peso mismo, sino en el uso para el cual es puesto, y si un hombre desea que sus músculos físicos, los músculos de sus brazos se fortalezcan, la mejor manera de fortalecerlos es tomar el palo o las pesas y ejercitar diariamente los músculos contra la fuerza opuesta.  En esta forma Tamas, negligencia, o tinieblas, juega su parte en la evolución del hombre; tiene que vencerla, desarrollar su fuerza en la lucha; los músculos del alma crecen poderosamente en la medida que supera la negligencia, la pereza, la indiferencia, que es la cualidad tamásica en su naturaleza.  

 

La misma analogía puede tomarse para los obstáculos que uno tiene que enfrentar hollando el sendero espiritual mientras cumple los deberes familiares.  Cuanto más obstáculos, más oportunidades hay para fortalecer el alma y suavizar el sendero que es tan infranqueable como el filo de una navaja.  ◙

 

 

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