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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 135 - Número 08 - Mayo 2014 (en Castellano)

 
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Yo soy el Camino, la Verdad, y la Vida

 

Tran-Thi-Kim-Dieu

Presidenta de la Federación Teosófica Europea.

Da conferencias y escribe extensamente sobre Teosofía.

 

 

Identidad de la perfección humana con la divinidad

Al examinar la historia de la humanidad, uno puede decir que se equipara con las conquistas políticas y las guerras. Pero verlo de esta manera indica que se está viendo sólo a un nivel superficial. Otra manera de ver la misma historia puede sugerir que la humanidad se parece a un enorme fenómeno, en el cual este conjunto de seres llamados “humanos” evoluciona colectivamente hacia la perfección. Dado que la perfección es una característica de lo Divino, uno puede asumir que la humanidad está evolucionando como un todo hacia lo Divino.

 

Además, esta potencialidad, que es perfectibilidad, proviene de lo Divino. Debido a que lo Divino se manifiesta a Sí Mismo en el mundo es que poseemos una perfectibilidad inherente.  Lo Divino hace evolucionar al mundo,  siendo el mundo la manifestación de lo Divino. Esta manera de ver, señala el hecho de que el mundo entero, o la manifestación, es sólo una apariencia Divina, o maya. Entonces maya ya no puede seguir definiéndose simplificadamente como “ilusión”. Puede ser considerado sólo como la Divina apariencia que depende completamente de lo Divino Mismo. Realmente maya es la última ilusión a trascender.

 

Toda la historia de la humanidad, vista desde el lado interno y a través de sus procesos, puede ser consecuentemente comparada con el inquirir espiritual y con el esfuerzo hacia el progreso espiritual para alcanzar ese nivel de realidad donde la ilusión última debe conquistarse. El proceso completo requiere “una mirada constante hacia la perfección humana”, mientras que la identidad final de la perfección humana con la Divinidad forma su cúspide. El proceso entero se establece a sí mismo como la búsqueda de la conciencia en miras a una mejor manera de expresarse ella misma modelando formas, refinándose en sensibilidad, y fortaleciendo la percepción, de tal manera que el “último paso” pueda lograrse.

 

La humanidad en este sentido cesa de ser tan sólo otro fenómeno o una entidad colectiva, y más bien representa un paso fundamental de la evolución. Como tal, actúa como la conexión esencial entre lo Divino y el mundo, entre el Espíritu y la materia. Esto permite al Espíritu manifestarse completamente dentro de la materia mientras que la perfecciona al dotarla de la brillante cualidad de la luz espiritual. Esta acción de unión se consigue por la acción individual, pero tiene resultados colectivos. La evolución colectiva de la conciencia humana se debe al esfuerzo de cada individuo por abandonar “el fango terrestre” trazando un camino propio hacia la Verdad, el estado final de lo Que Es, y hacia la Vida, la Vida eterna que hace a todas las cosas vivientes, la Vida escondida, pero vibrante en cada átomo.

 

La Vida eterna que vibra en cada átomo

Cada uno de nosotros tiene que vivir su propia vida en la tierra. Cada vida, entretejida con varios sucesos parece diferente una de otra. Sin embargo, fundamentalmente todas las vidas son similares en sus procesos. Mientras el alma humana no ha logrado aún la suficiente madurez, vive como si estuviera en un modo “evasivo”, escapando de observar cada estado de conciencia, inventando, imaginando cosas con más o menos fantasía. Este proceso se debe a los dos poderes principales de la mente: la proyección de ilusiones y el ocultamiento de los hechos. Estos dos poderes son la causa de que las percepciones irreales tengan cabida en el interior de la mente misma. Ellos son responsables de que tomemos por error una soga por una serpiente en el nivel físico, así también como la mala interpretación de conceptos en los niveles más sutiles. Consecuentemente, ellos conducen a la superstición.

 

Pero cuando el alma ha madurado lo suficiente, la vida se vuelve algo muy diferente. Los eventos cotidianos pierden su importancia, a menudo exagerados por emociones indebidas y por los dos poderes de la mente mencionados anteriormente. Un alma madura enfrenta todos los sucesos en su valor real, rol y consecuencias, con la atención requerida, pero no más de lo necesario. Entonces, la energía, que es un fenómeno interno, puede reservarse y usarse para tareas más esenciales. Entre éstas, y quizás la más esencial de todas, puede ser la tarea de observar la vida en su proceso completo. Sri Ram describe esto claramente:

 

El proceso de la vida, que es un proceso en expansión e inexorable, no permitirá que nadie se aísle a sí mismo de su corriente. Nadie puede escapar de su propio proceso interno, el cual es parte de la totalidad de la vida o evolución.

 

La vida, en sus niveles más profundos, permite la observación y la apreciación de las cosas más sutiles. También revela sus secretos, no sólo uno puede ver cosas espléndidas, sino también su “alma”, que es “el esplendor de lo espléndido”. La ley de semejanza indica que la belleza repite belleza, por consiguiente el esplendor de lo espléndido puede ser sólo “experimentado” por el esplendor del alma humana. La vida es entonces una continua revelación en su proceso “en expansión e inexorable”. En una palabra, es la evolución misma. Es también conciencia en el sentido más amplio del término.

 

Ciertamente, vida y conciencia parecen estar siempre unidas: ellas son dos funciones diferentes de un todo. Para usar las palabras de Pierre Teilhard de Chardin, el muy conocido filósofo jesuita: “Conciencia es la substancia y el corazón de la vida en el proceso de evolución”. Su visión aquí es similar a la antigua doctrina hindú de sakti. Esta doctrina proclama que lo Manifestado es el teatro cósmico de la evolución, y la evolución es sólo el ascenso hacia el Ser y Conciencia más elevado, lo Divino.

 

En un nivel más profundo y oculto, la vida (o conciencia) puede no ser diferente de la energía universal, omniabarcante, que hace que todas las cosas estén vivas, desde los átomos a las estrellas, desde las piedras y las lombrices a los humanos y los ángeles. Todos los reinos se benefician de esta energía para crecer y evolucionar. Shiva-sakti, el poder Divino de la creación, permite que todas las cosas existan, vivan y evolucionen dentro de la matriz, la única fábrica del Universo. Es “La vida oculta que vibra en cada átomo” en nuestra invocación universal.

 

La vida puede ser más aún. . .

 

Cuando Luz en el Sendero exhorta: “No vivas ni en el presente ni en el futuro, sino en lo eterno”, la vida representa la conciencia de lo que es sin tiempo. No puede haber un “segundo” ser conciente de lo eterno. La Vida es la Vida-Una, también llamada Unidad, o lo Divino detrás, o más bien que impregna desde dentro lo manifestado.

 

La vida es entonces conciencia como substancia, evolución como proceso, energía inherente al proceso para sus propios propósitos, y el eterno sin tiempo.

 

El estado del todo como conciencia, evolución, energía y el sin tiempo, puede ser equiparado con la Verdad o Lo Que es.

 

La Verdad, lo que Es, es una “tierra sin senderos”

Como pasa con muchos conceptos, a la “verdad” se la define de formas diferentes a distintos niveles. En muchas otras ocasiones hemos examinado dos clases de verdad: la verdad relativa (samvritisatya) y la verdad absoluta (paramārthasatya). La verdad relativa está mezclada con las falsas concepciones y la verdad absoluta es auto-conciencia en realidad. (TG)

 

Cada uno de nosotros ha experimentado la verdad en alguna medida, y por consiguiente nuestras verdades son todas relativas, lo que quiere decir que estamos viviendo todavía en la ilusión. La ilusión más grande es la de la separatividad (sakkaya-ditthi). En realidad, la diferencia en evolución yace en la realización de la verdad y el mérito espiritual varía de acuerdo al esfuerzo que ponemos hacia esa realización. En su estado de evolución actual, la humanidad no ha realizado aún la verdad absoluta. No puede ver aún el estado de “Lo Que Es” como el completo proceso dinámico de evolución, incorporar la energía inherente y vivir en el sin tiempo. Sin embargo, una de las características del alma espiritual es el impulso de buscar, de inquirir, de empujar los límites de los misterios cada vez más allá. Si toma “más de un año hacer que la cola del yak crezca” le llevará décadas, siglos o milenios, al alma humana para comprender su propia divinidad.

 

Para comprender la divinidad en su propia naturaleza, la humanidad tiene que comprender la verdad que los Upanishads llaman “la verdad de verdades”, es decir, la fraternidad. Lo mismo ha sido calificado por los Mahatmas como que “no es una palabra ociosa”. La comprensión ha de ser hecha por los individuos, como dije anteriormente, pero los resultados de las acciones individuales benefician a toda la raza humana. Esto es también lo que Sri Ram señaló:

 

Nuestro dharma es expresar la Verdad, la que es fundamentalmente la verdad de la Unidad, en las formas que podamos y así ayudaremos a aquéllos con quienes nuestro destino está ligado, a ver un poco más claramente el verdadero significado de las cosas. De esto depende la vida, su pureza y su fluidez, más que en algún intento auto-centrado de avanzar y lograr algo para uno mismo.

 

 

Por tanto, la búsqueda de la verdad no es, ni puede ser tan sólo un asunto de interés personal, aunque este interés puede abarcar las más elevadas doctrinas sobre la tierra. Nuestra búsqueda, en esta etapa de evolución, debe incluir un interés real por la humanidad, no un interés filosófico, ni una curiosidad científica, ni un asunto político o social, sino un interés real en el sentido de un verdadero sentimiento por nuestros hermanos. Este interés, si es verdadero, no permanece como un simple conocimiento teórico de la doctrina, o como una acción ocasional superficial a favor de una solidaridad particular.

 

Jiddu Krishnamurti, mientras disolvía la Orden de la Estrella de Oriente, la organización establecida como un receptáculo de acción para el Instructor Mundial, pronunció la muy conocida sentencia “la Verdad es un camino sin senderos”, y al pronunciarla, provocó una reacción en muchos buscadores. Algunos de ellos abandonaron la Sociedad Teosófica para seguir a Krishnamurti. Sin embargo, parece que se perdió una apreciación: el significado del término “sin sendero”. ¿Quiere esto decir que “no existe un sendero”? Sí, significa que no existe un sendero ya hecho. Pero ¿significa que uno no debería transitar un sendero hecho por uno mismo? Por lo tanto, el único sendero debe ser un sendero propio.

 

Un sendero propio

Cada uno tiene que transitar su propio sendero. Nadie puede seguir el sendero de otro. Debido a nuestra unicidad, el sendero de otro no servirá. Sin embargo, a pesar de las diferencias, todos los senderos echan sus cimientos en los principios y requisitos universales. Las diferencias yacen en el nivel de sinceridad mientras caminamos el sendero. Cuando la pasión por toda la humanidad impregna todas las acciones y se vuelve su principal motivo, el buscador está en su camino a ser un bodhisattva, quien vive y actúa por compasión, uno que está dotado con el principio buddhi, también llamado  Cristo.

 

Todos los senderos comienzan con bases éticas. Todas las grandes enseñanzas religiosas incluyen la abstención de hacer el mal y la resuelta voluntad a realizar buenas obras. Por lo tanto, el Raja Yoga del Hinduismo comienza con Yama y Niyama antes de continuar con asanas, prânâyâma y pratyâhâra; samyana corona toda la práctica con dharana, dhyana, y samâdhi. El budismo proclama pancha-sila (los cinco preceptos) junto con las paramitas. Vivir éticamente es el único camino para regenerar la mente humana y para preservarla de la tendencia a perder interés en los valores morales.

 

Transitar nuestro propio sendero y aprender a discernir nos previene de repetir errores similares. Abstenerse de la auto-identificación es equivalente al desapego, la manera más segura de ir hacia la libertad. La sinceridad se requiere para un desarrollo continuo y firme. Ciertamente, la falta de compromiso es un gran grillete en el sendero espiritual. Hace a los humanos superficiales, sin rumbo, fácilmente manipulables y mentalmente abusados. La constancia y la fe genuinas son dos baluartes en el viaje espiritual.

 

El desapego es un punto delicado. Un hombre rico le preguntó a Cristo cómo seguirlo, y Jesús, en ese entonces dotado con el principio búdico o crístico totalmente realizado, respondió: “deja tus posesiones y sígueme”. El hombre rico prefirió sus posesiones. ¿En cuantas ocasiones cada uno de nosotros prefiere lo no esencial a lo esencial y tenemos que comenzar de nuevo a aprender la misma lección? …

 

La constancia en el fervor y el esfuerzo es necesaria para todas las empresas, y transitar el sendero es una empresa seria. En A los Pies del Maestro, la constancia se considera como aspiración única. Si un viajero quiere llegar a un lugar debe poner su energía en esa empresa, manteniéndola en mente en su camino, sin parar en cualquier cruce o cambiando su ruta hacia algún destino más entretenido. Sin embargo, la sinceridad no implica falta de humor y el esfuerzo no implica ambición. Esto es así porque en el sendero, la alegría es un compañero útil, particularmente cuando uno “trabaja como aquéllos que son ambiciosos” mientras uno debe “matar la ambición”. El esfuerzo siempre es valorado, como se recita en el Yajur Veda:

 

“Bendito seas esfuerzo, bendito extenuante esfuerzo;

Bendito seas esfuerzo colectivo,

Bendito esfuerzo individual, bendita seas iniciativa”.

 

Sin embargo, el esfuerzo correcto es sin esfuerzo, es decir, esforzarse sin la promoción del ego. El esfuerzo debe mantenerse con suavidad y libertad, como Sri Ram puntualizó:

 

Estar obsesionado con nuestra alma, como algunos religiosos lo están, es la misma negación de esa libertad que es esencial para el bienestar y la felicidad. Nada que te obsesione o se posesione de ti puede ser esa Verdad que te dará libertad, paz y felicidad.

 

¿Qué es lo que hace que un hombre aprenda este “esfuerzo sin esfuerzo”, qué motiva a un hombre a moverse hacia el fin del ego?

 

La Fe (shradda) y el amor.

 

Tener fe no significa tomar cada palabra por hecho. La fe privada de la razón conduce a la superstición y al fanatismo. La fe es una creencia basada en la razón y la deducción. Cuando la razón ha alcanzado su límite, cuando todos los argumentos y las justificaciones terminan, la fe se para allí como la alternativa al nihilismo. Es el verdadero cimiento de la religiosidad. Da confianza en la Vida, se une en simpatía con todo lo que existe como seres vivientes, sensibles y compasivos. Suena obvio que la fe y el amor están íntimamente conectados: la fe ciega no puede producir verdadero amor.

 

La fe en cierto nivel avanzado se vuelve el poder de la auto-entrega hacia lo Divino (Ishvarapranidhana). En su aspecto activo es el poder de redención, a través del Amor-compasión (Karuna), que corresponde al más profundo nivel de la conciencia universal, cuya esencia es bondad. Esa esencia permanecerá manvantara tras manvantara como el germen del futuro.

 

Cada individuo que descubre y comprende, en el sendero que él mismo ha transitado, la verdad de que él mismo es el sendero y que él mismo es el objeto de su búsqueda, encuentra una verdad más grande: él se disuelve como ego. Hay ahora una identificación del buscador con la conciencia universal, con la vida eterna. En este momento, como Jesús identificado con el principio Crístico, puede decir: “Yo soy el camino y la verdad y la vida”. El camino es el sendero, individualmente trazado por cada uno. Se vuelve universal cuando se comprende la verdad. La verdad de Lo Que Es es que todo es una única conciencia dentro del proceso de evolución, dentro de lo Eterno, para comprender el sin tiempo.

 

Tal individuo, en su camino hacia un crecimiento sin límites, lleva colectivamente a la humanidad en el ascenso hacia lo Divino. Él puede entonces decir como Jesús-Cristo: Nadie puede ir al Padre salvo a través Mío. Este individuo puedes ser tú o yo, porque cada uno que esté conciente que en todos lados, adentro y afuera, existe sólo conciencia evolucionando hacia el Ser más elevado, puede recibir la exhortación:

 

“Tú eres la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su salinidad, ¿cómo puede ser salada nuevamente?

Tú eres la luz del mundo … Que tu luz brille sobre los hombres”.

 

(Mateo 5, las Beatitudes – 5:22)

 

 

Bibliografía

 

Yajur Veda

La Ciencia de la Yoga – I.K. Taimni

Vivekachudamani – Sankaracharya

Glosario Teosófico de HPB

Cartas de los Mahatmas

Luz en el Sendero – Mabel Collins

Jiddu Krishnamurti – varios

Sri Ram – varios

El Fenómeno del hombre – Pierre Teilhard de Chardin

Los Evangelios – San Juan, San Mateo.

 

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 A menos que puedas ver claramente y constantemente lo que realmente eres, tienes que confiar en el juicio de un instructor.

Idries Shah

 

 

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