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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 135 - Número 06 - Marzo 2014 (en Castellano)

 
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La Mente Compasiva

 

Bhupendra R. Vora

 

Ex Secretario General de la Sociedad Teosófica en África Oriental y Occidental, hoy vive en Inglaterra.

Charla brindada en la Convención Internacional, en Adyar, en diciembre 2013.

 

El propósito de la evolución es permitirle a la conciencia experimentar la existencia terrenal en los diferentes reinos de la vida. A través de esta experiencia se ha provisto el ímpetu para desenvolver los niveles más groseros de existencia hacia niveles cada vez más elevados de revelaciones y potencialidades. El diseño predestinado de la Naturaleza es para el movimiento progresivo de la conciencia desde el reino mineral, vegetal y animal, al reino humano.

 

En la experiencia humana surge la auto-conciencia, y la distinción entre el yo y los otros como entidades separadas es conocida en el nivel más externo. En el peregrinaje evolutivo la naturaleza intenta la unión de la conciencia, desde ser auto-centrada e involucrada únicamente en sus propios intereses, a un ser que se interesa por el bienestar de los demás. Progresivamente tiene que aprender a trabajar en armonía con las Leyes Universales y de ese modo asegurarse su propio progreso como parte del Todo.

 

La doctrina oculta describe el viaje de la conciencia desde los niveles inmanifestados del Ser al mundo manifestado externo donde, a través de experiencias en los diferentes reinos de vida, alcanza el estado de perfección manifestada. En el pináculo del viaje evolutivo están las encarnaciones de amor y compasión como las de Buddha y Cristo.

 

En el corazón del Universo están el amor y la compasión que se manifiestan en toda la creación. La Inteligencia Divina, que es el arquitecto de esta creación, cuidadosamente satisface las necesidades de toda su creación con la mayor complejidad y amor. Se puede observar un deseo Divino de guiar a cada especie de vida a su perfección y finalmente al pináculo de la evolución en esta vasta creación. Esto es evidente en la miríada de especies de vida con habilidades especiales concedidas por la naturaleza para su supervivencia. Existe variedad en la fauna y la flora de la Tierra con sus intrincados diseños y formas. Es sorprendente que cada especie de vida fue dotada con su propia forma particular de mecanismo de defensa para protegerse de otras formas de vida. Por ejemplo un camaleón cambia sus colores para confundirse con el follaje en el cual se posa, de tal modo que no atrae fácilmente la atención de pájaros y otros animales carnívoros. Algunas otras variedades de insectos y pequeñas criaturas han sido provistas con glándulas que disparan substancias venenosas u odoríficas para disuadir el ataque de otros animales. La naturaleza en su infinita compasión provee a todos ellos de los medios para proteger sus vidas y la comida y ambiente adecuados para la supervivencia. De igual modo, hay especies de vida que se sostienen mutuamente y viven en armonía con las leyes naturales.

 

El Señor Mahavira, el gran instructor y reformador de la fe jaina predicó la no-violencia y la compasión como las bases de una moralidad verdadera. Declaró que toda vida tiene el derecho de existir y desarrollarse en su propio viaje evolutivo. Además señaló que no era suficiente declarar la no-violencia como una creencia propia, sino también sentir empatía con todos los seres vivientes en su lucha por la existencia. Su mensaje a los seres humanos era vivir y ayudar también a vivir a las otras formas de vida. Al hacer esto, él no sólo respeta los derechos de toda vida, de vivir y progresar, sino que también asegura el delicado equilibrio de la vida en este planeta. Esto está de acuerdo con el plan de la Naturaleza para que la conciencia experimente la vida a través de todas las formas de manifestación.

 

¡Cómo puede surgir una nueva actitud en la conciencia humana en la “New Age” que tenga sensibilidad y compasión hacia la vida de acuerdo con este principio de “Vive y ayuda a vivir”! Las investigaciones científicas están probando que hay interconexión e interdependencia de la vida en todos los niveles del ser y la perturbación de esta armonía causa desastres en una forma u otra. Una comprensión de esta verdad, no meramente a nivel intelectual sino en el más profundo nivel de experiencia y entendimiento, transforma a la conciencia en compasiva y bondadosa. Sin embargo, el auto-centrismo y la limitación en la comprensión del plan de evolución, ata a los seres humanos a su existencia individual. ¡Ellos, por lo tanto, son incapaces de percibir el diseño más grande de la naturaleza para la evolución de la vida! La mente humana está atrapada en esta isla de auto-interés y no puede percibir el esquema más grande para su ascenso a un nivel más elevado de conciencia.

 

Cuando aspiramos a una “mente nueva”, a una “nueva era”, es por una actitud diferente a aquélla en que los seres humanos están atrapados. La mente aprisionada en la forma condicionada de pensar es incapaz de hacer este cambio sin comprender ese condicionamiento. No podemos liberarnos de este condicionamiento hasta que haya una perspectiva clara del propósito de la vida, y la relación y dependencia mutua de las diferentes especies de vida.

 

En el Noble Óctuple Sendero del Señor Buddha, el primer paso “Recta Visión” ha sido considerado como de importancia primordial, el cimiento sobre el cual se construyen los otros pasos. “Recta Visión” indica una comprensión verdadera de la naturaleza de las cosas o del mundo como es, y no cómo lo percibimos a través del color de los sentidos y de la mente. Esto implica un entendimiento de las leyes de la naturaleza bajo cuya actividad la evolución avanza. También significa una comprensión de la Unidad de toda Vida y la inter-conectividad de todo, con todo lo demás. Cuando la comprensión es correcta los procesos posteriores de pensamiento están correctamente fundados y conducen a rectas acciones.

 

Cuando al Buddha se le preguntó si esto significaba que la creencia en alguna forma debe ser aceptada ciegamente, él respondió: “No, pero debes conocer por ti mismo tres grandes cosas: que sólo en el Sendero de Santidad y del recto vivir puede el hombre finalmente alcanzar la perfección, que para lograrla él pasa a través de muchas vidas -gradualmente se eleva cada vez más- y que existe una Ley de Justicia Eterna bajo la cual todas estas cosas funcionan”.

 

En la enseñanza de las “Cuatro Nobles Verdades”, el Buddha explicó que existía el sufrimiento y que éste tenía una causa. Esta es “Trishna” o deseo. Mientras estemos atrapados en la red de los deseos de un tipo o de otro, por riqueza, fama o poder, este sufrimiento continúa, y, como describe La Luz de Asia:

 

Si estuvieseis sujetos a la rueda del cambio,

sin que hubiese medio de romper

vuestras cadenas,

el corazón del Ser libre sería maldito,

el Alma de las cosas sería un cruel dolor.

¡Pero no estáis atados! El Alma de las cosas es

suave;

el corazón del Ser tiene una paz celeste;

la voluntad es más fuerte que el dolor; lo que era

Bueno

se torna mejor, y después excelente.

 

El Buddha enseñó que el sufrimiento del hombre es el resultado de las elecciones que él hace. En las palabras de Luz de Asia el hombre “gira sobre la rueda de la vida y abraza y besa sus rayos de agonía”, de su propia y libre voluntad; nadie lo fuerza a tomar las decisiones que toma por ignorancia. Esta esclavitud a los ciclos de nacimiento y muerte ocurre como resultado de sus deseos que lo atan a la rueda de la causalidad. La ignorancia del propósito real de la vida se refleja en la búsqueda vana de riquezas, poder y posición a partir de los cuales la esperanza es obtener felicidad y satisfacción. La mente que es egoísta está atrapada en esta lucha de la vida que resulta en sufrimiento. Que hay mucho sufrimiento en el mundo es evidente en todos lados y no hace distinción entre ricos y pobres.

 

La mente humana, condicionada por muchas cosas como raza, religión, casta, etc., está atrapada dentro de una manera establecida de pensamiento. Está constantemente condicionada por los impactos, no sólo de afuera sino también por los impulsos del interior, por todos aquellos factores  que crean división. El pensamiento no es por tanto holístico sino divisivo. La liberación de ese estado puede conseguirse cuando el condicionamiento de la mente se explora a través de la observación. Una observación imparcial del proceso de pensamiento revela las cosas que influencian nuestros pensamientos y acciones.

 

Una vez el Buddha presentó un problema a sus discípulos: ¿cómo desatarían un nudo? Los discípulos dieron respuestas muy eruditas. Entonces el Buddha dijo: “si quieren desatar un nudo, averigüen cómo fue atado el nudo”. Para comprender el condicionamiento humano debemos averiguar las causas de ese condicionamiento. Para arribar al estado mental no condicionado, debemos saber cómo se condiciona la mente. Krishnaji dijo:

 

“La totalidad de nuestro condicionamiento se puede eliminar, no parte por parte, lo cual lleva tiempo, sino inmediatamente, por medio de la percepción directa de la verdad del asunto. Es la verdad lo que libera, no el tiempo o vuestra intención de ser libres”. Para comprender el proceso del condicionamiento, se deben observar los impactos de la conciencia externa que opera a través de los sentidos sobre el estado interior de la mente, e inversamente de la mente en acciones y pensamientos externos. En todos los procesos de pensamiento y acción se puede observar este condicionamiento. Esto necesita atención. Una atención que pueda percibir la influencia de alguna experiencia previa en la experiencia presente es una atención alerta.

 

Creamos imágenes de nuestras experiencias pasadas que influencian todas nuestras acciones presentes. Entonces la mente crea diferencias de raza, religión y muchas otras formas de división. Imágenes de experiencias pasadas y prejuicios afectan nuestras experiencias presentes que vemos a través de condicionamientos previos. Por lo tanto, la acción en el presente no es recta acción, ni es compasiva.

 

Por lo tanto, los preconceptos de la gente basados en religión, raza, nacionalidad, sexo y miles de otras cosas, obstaculizan la comprensión verdadera. Existe el prejuicio de la gente, sobre la base de estas divisiones artificiales, sin que jamás se intente comprenderlos. Comprender este funcionamiento de la mente es el camino de la sabiduría y la compasión.

  

Tener una comprensión genuina significa ponernos en el lugar de los demás y ver de dónde provienen, según su comportamiento externo y creencias. Aunque nuestro propio condicionamiento nos hace intolerantes de los demás e impide una percepción verdadera. Comprender este condicionamiento requiere profundas percepciones dentro de nuestra propia naturaleza. Luego se hace evidente que tenemos puntos de vista preestablecidos que influencian nuestras experiencias y opiniones presentes. Nuestro presente, por lo tanto, nunca está libre de las imágenes del pasado. El reconocimiento de este condicionamiento proviene de la atención y la profunda contemplación. Por lo tanto para entender la condición humana actual tenemos que analizar aquello que divide a los seres humanos y evitarlo, para volvernos compasivos y conscientes de los demás. En primer lugar es el egocentrismo, el que resulta en una actitud muy egoísta que considera sólo aquello que a uno le gusta o quiere, con exclusión de los intereses de los demás. Este egocentrismo surge del yo en el nivel individual y de allí a la familia, al grupo al cual uno pertenece, raza, religión, nación, etc.

 

De esta manera los humanos originan una innumerable cantidad de grupos de intereses separados que son divisivos y no ayudan a crear armonía. Mientras haya exclusividad y tendencias separativas habrá conflicto. Cuando el Dr A. P. J. Kalam, quien era en ese entonces Presidente de India, estaba dando una conferencia en el Parlamento de la Unión Europea, hizo referencia al pensamiento del poeta tamil Kaniyan Pungundranar a quien citó como habiendo dicho:

 

Soy ciudadano del mundo y cada ciudadano del mundo es mi pariente y mi amigo. Donde hay rectitud en el corazón hay belleza en el carácter. Donde hay belleza en el carácter hay armonía en el hogar. Donde hay armonía en el hogar hay orden en la nación. Donde hay orden en la nación hay paz en el mundo”.

 

De un modo similar Krishnaji dijo que el individuo debe cambiar antes que la sociedad pueda cambiar. Es sólo cuando nuestros conflictos internos cesan, y estamos en armonía con los demás, que el mundo cambia. Hay muchos problemas sociales serios, con hogares destruidos o familias inestables, debido al auto-interés individual y a la falta de verdadero amor, un amor que no sea egoísta.

 

Donde hay amor y comprensión en la familia hay estabilidad y seguridad en los niños nacidos en esa familia. Donde hay egoísmo y una falta de comprensión de los puntos de vista de la otra persona hay infelicidad e inestabilidad. Una verdadera relación entre marido y mujer, o cualquier otro miembro de la familia se basa en el altruismo y el amor. En un hogar así hay armonía, como dijo el poeta Kaniyan. Pero esto está lejos de lo que existe en muchos hogares, bajo la influencia de la presente era electrónica de computadoras, celulares y otros aparatos. Una relación entre marido y mujer está a menudo basada en expectativas que son egoístas. Por lo tanto hay falta de voluntad para amoldarse a la visión o intereses mutuos en la relación. Entonces hay hogares rotos y niños que se vuelven problemas sociales.

 

La necesidad es de valores rectos y rectas formas de educación que resulten en individuos responsables y compasivos. Está bien tener instituciones que provean formas tecnológicas de aprender y otros medios. Pero este desarrollo está desequilibrado sin el balance de rectos valores de vida. Debe haber un conocimiento básico de valores éticos y morales que crearán seres humanos compasivos y bondadosos. ¡Estamos en una sociedad basada puramente en el progreso material! ¿No debería haber un equilibrio entre los aspectos materiales y espirituales de la vida y una comprensión de las responsabilidades sociales que surgen de esto?  El camino hacia un progreso material cada vez mayor, está creando sociedades extremadamente competitivas donde hay una presión tremenda sobre el individuo para que actúe cada vez más. Las presiones resultantes en la vida familiar son tremendas y a menudo su consecuencia es hogares rotos e infelices.

 

Hay un relato de una pareja australiana, el marido era abogado y la esposa una licenciada en matemáticas; ellos se cansaron de su vida materialista y fueron a la India a ver si un modo más simple de vivir podría brindarles contento y felicidad en sus vidas. Han estado viviendo en un suburbio en Delhi por más de una década y allí criaron dos hijos. Cuando se los entrevistó, expresaron gran satisfacción con su vida sencilla. También experimentaron la amabilidad y generosidad de la gente pobre que, sus vecinos. Éste es quizás un ejemplo excepcional y extremo que no es posible de ser imitado por la mayoría de las personas, pero sí indica que la felicidad y el contento no se basan en las cosas que tienes o el tipo de casa en que vives.

 

Hay mucho que no es correcto en una sociedad basada sólo en valores materiales. ¿No debería haber una sensibilidad y compasión de la mente para compartir los recursos limitados del mundo con aquéllos que son menos afortunados que nosotros? Pero lo que se ve en muchos lugares es la extrema codicia de personas que acumulan riquezas a través de prácticas desleales sin ninguna consideración del daño que hacen a los demás. A menudo, el dinero obtenido ilegalmente se desvía a refugios seguros y nunca lo usan los perpetradores de esos actos inmorales. Entonces oímos de inmensas sumas de dinero depositadas por políticos en tierras extranjeras que podrían ser usadas para el desarrollo de sus países.

 

El Señor Mahavira enseñaba que una acumulación desproporcionada de riqueza era una forma de violencia, porque impedía que los demás tuvieran su parte de los recursos de la Tierra. Por tanto cualquier distribución desigual de los recursos de la tierra es una forma de violencia en contra de los demás.

 

El desafío para la nueva era es un pensamiento y vivencia correctos. Una nueva manera de pensar y vivir que esté basada en una percepción holística de la vida, debería evolucionar en la conciencia humana. Lo que detiene esta situación es la mente limitada y auto-centrada que se preocupa sólo de sus propios intereses y no del bienestar de los demás. Comprender la vida requiere compasión y una naturaleza sensible.

 

Una mente compasiva es la que tiene la sensibilidad de responder al sufrimiento de los demás y no está preocupada por el yo. Una mente así es muy diferente a la mente mundanal que sólo está interesada con su esfera inmediata de intereses. Los seres humanos en general viven una vida en la cual la mente está ocupada solamente en asuntos de auto-interés. No hay interés por el bienestar de los demás, fuera del círculo de la familia, amigos y otros grupos específicos. Cuando observamos el mundo a nuestro alrededor vemos esto como la condición humana general en todos lados. Es así en el nivel individual, social o nacional.

 

También existe una falta de comprensión de la interconexión e interdependencia de toda la vida, o la comprensión es sólo a nivel intelectual sin la sensibilidad y empatía que se requiere para sentirlo. Una mente compasiva, por otro lado, tiene la sensibilidad de percibir la unidad de la vida y responder siempre donde sea que surja la necesidad. La influencia del materialismo en la mente humana es tan fuerte que reclama cada vez más los bienes del mundo a expensas del contento interno y la paz. Una mente como así se ocupa sólo del yo y no de los demás.

 

En el nivel nacional se multiplican los mismos factores egocéntricos. De ahí que en los foros mundiales las naciones sean incapaces de llegar a un acuerdo en asuntos que son vitales para la supervivencia del planeta y sus recursos. Ya sea una cuestión de la polución de los océanos de la Tierra o el agotamiento de sus recursos, son los intereses económicos de las naciones y de las grandes corporaciones los que deciden las acciones.

 

La codicia humana es la causa de mucho sufrimiento en el mundo y, por esta codicia, ningún recurso del planeta ha quedado intacto. En el continente africano muchos países están en un estado de guerra civil o conflicto interno. Hay enorme sufrimiento humano y explotación de mujeres y niños. En el centro de estos conflictos están los amplios recursos naturales del continente. Por lo tanto existe el comercio de lo que se llama diamantes de sangre y otras piedras preciosas. Éstos se venden en el mercado mundial y las ganancias se usan para la adquisición de armamentos que alimentan las guerras en el continente y sostienen la enorme industria de armamentos del mundo. Por tanto, continúan estos ciclos de guerras, explotación del hombre y destrucción de los recursos del planeta.

 

Otro ejemplo de codicia humana es la demanda de marfil y cuernos de rinoceronte en el Oriente lejano. El resultado de esta codicia es la matanza de estos maravillosos animales y la casi extinción de estas especies. Una explotación similar de los recursos del mar ha resultado en la próxima extinción de muchas especies de vida como ballenas y delfines. En algunos países los animales son asesinados por deporte. Se ha informado que estos animales  mostraron mucho miedo y sufrimiento al momento de su muerte.

 

Recientemente se puso en circulación una petición, promovida por una organización activista, respecto a la crueldad extrema hacia perros, que fueron hervidos vivos para que su carne resultara más tierna y sabrosa de comer. Se levantaron muchas voces de protesta de todo el mundo que pedían detener esas prácticas inhumanas. Un número siempre creciente de personas debe alzar sus voces de conciencia para detener esas prácticas de crueldad animal. No es suficiente ser negativamente buenos, debe haber esfuerzos positivos a fin de detener estas crueles acciones.

 

Radha Burnier escribe en su libro “El Mundo a Nuestro Alrededor” (Octubre 2004, El Teósofo):

 

El vivir con compasión en el mundo moderno parece ser escasamente un ideal, mientras se viva con el objeto de hacer ganancias mayores y más rápidas en los negocios, y también en conflicto con el deseo de encontrar nuevos placeres y satisfacciones. Las personas están buscando introducir en sus dietas sabores nuevos, al comer carne de animales salvajes y criaturas que no se consideraban antes como fuentes de carne. Comer el cerebro de monos vivos por ejemplo, y considerarlo como una exquisitez culinaria es un nuevo placer abierto a turistas que viajan alrededor del mundo y buscan conocer costumbres extrañas. … en el medio de la espantosa inhumanidad en práctica, hay aquí y allí una vislumbre de una mentalidad y perspectiva diferente de la vida. Esto mantiene viva la esperanza de que la humanidad no haya cesado de ser humana totalmente.

 

El otro factor de división entre las personas y las naciones es la religión. Es la causa de mucho sufrimiento y división en el mundo. En vez de propagar el mensaje de amor y compasión que es el corazón de todos los sistemas de creencias, tenemos odio y amargas divisiones. Un comentario muy vívido sobre el estado de las religiones, en Las Cartas de los Mahatmas, describe la influencia de los sacerdotes de religiones institucionalizadas en sus congregaciones. El adoctrinamiento de los seguidores los convierte en fanáticos que están dispuestos a matar en el nombre de su Dios. Los fanáticos de todas las creencias causan inmenso sufrimiento a los seguidores de otra fe, en el nombre de su religión. Incluso, entre los seguidores de diferentes grupos dentro de la misma fe hay tanta desconfianza y violencia que ha resultado en el sufrimiento de miles de personas. La clerecía de las diferentes religiones que están comprometidas con cuestiones de fe, inculca sentimientos de desconfianza y odio hacia los seguidores de otra fe.

 

El adoctrinamiento de personas en ciertos sistemas de creencia continúa siendo llevado a cabo en el nombre de su fe. Los lugares de adoración se convierten en semillero de violencia y extremismo. ¿Cómo puede ser reemplazado este extremismo por comprensión, amor y compasión hacia los demás? El problema del extremismo sólo puede invalidarse a través de la educación correcta y de la elevación de las comunidades que han sido económicamente perjudicadas. Es la falta de educación y la miseria económica bajo las cuales viven muchas personas, lo que crea las condiciones para los disturbios sociales y el extremismo religioso.

 

Un ejemplo de una intrépida postura contra el extremismo es la de la notable joven Malala Yousufzai quien ha estado luchando por los derechos de las mujeres a la educación. En su discurso ante las Naciones Unidas habló sobre la educación que promovería el libre pensamiento y la no violencia. Citó los ejemplos de Buddha, Jesucristo y el profeta Mohamed en cuanto a sus vidas compasivas y los de Mahatma Gandhi, Pashtun y el líder Vahadas Khan por sus principios de no violencia. Este ejemplo muestra que el coraje y la recta creencia de un individuo puede hacer despertar la opinión pública.

 

La recta educación crea seres humanos estables y compasivos con valores éticos y morales. Ellos a su vez crean una sociedad humanitaria. Con recta educación que promueva la libertad de pensamiento, las causas de la pobreza, conflictos y muchas otras enfermedades de la condición humana pueden reducirse, para crear una sociedad más justa y equitativa. Sin embargo, en vez de abordar los asuntos centrales para aliviar el sufrimiento, los intereses personales usan el analfabetismo y la pobreza para adoctrinar dentro de un pensamiento ideológico extremista que alienta la violencia. Los políticos usan estos grandes depósitos de votos para adquirir poder y riqueza, sin hacer ningún intento real de ayudar a esas personas.

 

Para que ocurra algún cambio real el individuo debe cambiar. Esto significa que tenemos que examinar nuestro propio condicionamiento. Qué nos divide de los demás y por qué creamos islas de separación entre personas en base a la raza, la religión, la casta, etc. Esto puede ser por miedo, inseguridad o falta de comprensión de otras personas en base a sus sistemas de creencias o tradiciones culturales y muchos otros motivos. A menos que se haga un intento de entender a las otras personas y sus tradiciones o sistema de creencias, no puede lograrse la paz.

 

La pregunta que tenemos que hacernos a nosotros mismos es si podemos lograr un cambio. La mayoría de las personas en el mundo son seres humanos decentes que aborrecen la violencia y el extremismo. Pero permanecen como una mayoría silenciosa con miedo de dar voz a sus opiniones. La pequeña minoría que sostiene la visión extremista parece prevalecer en todos lados debido a la silenciosa aprobación de una gran cantidad de seres humanos moderados. Las personas que piensan bien deben preguntarse a sí mismas si es moralmente correcto permanecer pasivos. ¿No es de su incumbencia moral elevar sus voces cuando asuntos concernientes al bien de la humanidad y la vida están generalmente siendo afectados?

 

La inacción puede ser el resultado de subestimar la propia fortaleza o la habilidad de hacer algo significativo. En referencia a esta tendencia humana, Nelson Mandela, el gran humanitario y estadista dijo:

 

Nuestro temor más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro temor más profundo es que seamos poderosos más allá de toda medida. Es nuestra luz y no nuestra oscuridad lo que nos asusta. Nos preguntamos “¿quién soy yo para ser brillante, atractivo, talentoso y fabuloso?”.  En realidad, ¿quién eres tú para no serlo? Tú eres un hijo de Dios. Tu pequeñez no le sirve al mundo. No hay nada revelador en amilanarse para que otras personas no se sientan inseguras a tu lado. Nacimos para manifestar la gloria de Dios que está dentro de nosotros. No es sólo en algunos de nosotros, es en todo el mundo. Y cuando permitimos que nuestra luz brille, inconscientemente damos permiso a otros para hacer lo mismo. A medida que nos liberamos de nuestro propio miedo, nuestra presencia automáticamente libera a otros.

 

Una mente que tiene sensibilidad e interés compasivo por el bienestar de la vida se involucrará en una acción proactiva. Si una nueva era significa una sociedad equitativa y justa, entonces se deben cultivar los rectos valores. Indicios de tal sensibilidad y compasión son visibles en las acciones altruistas de algunas personas y organizaciones alrededor del mundo, que se están ocupando de asuntos relativos al bienestar de toda vida. Esto genera la esperanza de que se esté desenvolviendo una sociedad más humana.

 

 

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