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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 135 - Número 05 - Febrero 2014 (en Castellano)

 
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Mutación vertical de la mente

 

P. K. Jayaswal

El Sr. P. K. Jayaswal es conferencista nacional y fue Secretario General de la Sección India.

Charla dada en la Convención Internacional, en Adyar, diciembre de 2013

 

  El tema de la Convención

 

  El tema de la Convención “Una mente nueva para un mundo nuevo” suscita naturalmente una cantidad de asuntos y preguntas que necesitan ser articulados y examinados para hacer explícito que se requiere algo nuevo a fin de abordar los problemas que el mundo enfrenta hoy y es incapaz de resolverlos, debido a los puntos ciegos que afligen a la mente desde hace tanto tiempo. Es obvio que las mentes que funcionan actualmente son las responsables del estado predominante del mundo. Desafortunadamente ellas han estado evadiendo y esquivando la exploración de sus propios mecanismos.

 

  Como la Teosofía señala, lo externo es la proyección de lo interno. Es simplemente lógico que si estamos interesados y somos lo suficientemente serios en cambiar lo externo, no tenemos más opción que tratar con lo interno antes de que tengamos esperanzas de alcanzar los cambios deseados. Entre todos los seres que habitan el mundo, los seres humanos tienen un rol prominente en iniciar y actualizar el proceso de las transformaciones necesarias, como también en sostenerlas para asegurar que el mundo que creamos es un lugar mejor y más feliz para vivir. La urgencia del cambio no admite demoras. Los seres humanos deben estar a la altura de las circunstancias.

 

  La naturaleza del cambio requerido

 

  La pregunta que surge es “¿Qué clase de transformación se requiere en la esfera interna?”. Para responder a esta pregunta es claramente necesario tener una mirada crítica a las varias etapas de la evolución humana. Las doctrinas Teosóficas nos dicen que la humanidad es una parte de la vida universal que comprende otros reinos de vida los cuales forman una escalera. La etapa humana es una fase de desenvolvimiento de la conciencia universal. Los seres humanos ya han experimentado los despertares de la conciencia pre-humana. El trecho actual del sendero humano representa la transición a alturas más elevadas que posiblemente se extienden a niveles de conciencia mucho más sublimes.

 

  La Teosofía ha indicado la dirección en la cual la conciencia humana se tiene que mover, superando el pasado, para acoger el futuro. Los puntos de referencia del desenvolvimiento han sido insinuados, pero éstas son simples palabras para nosotros que estamos aprisionados en la conciencia ordinaria. El desafío está en atravesar las paredes y romper los grilletes que nosotros mismos hemos construido para nuestra ilusoria seguridad y nuestro supuesto progreso.

 

¿Dónde estamos ahora?

  La Teosofía atrae nuestra atención al fenómeno moderno de las facultades mentales que se están desarrollando enormemente, como queda evidenciado por los glamorosos logros de la ciencia y la tecnología en varios campos. Las fronteras del cerebro humano han sido minuciosamente investigadas. La evolución electrónica ha sido estupenda. Lo último en tecnología informática ha demostrado que una computadora puede llevar a cabo la mayoría de las funciones de la mente humana y realizarlas más eficientemente que un ser humano. Siendo esto así, un ser humano puede fácilmente asignar la mayoría de las funciones mentales a las computadoras y estar libres para explorar otras áreas/niveles de su propia conciencia desconocidos hasta ahora. Contrario a esta posibilidad, una creencia que parece persistir es que la mente humana, como funciona generalmente en la actualidad, puede conducir a una nueva era de paz y prosperidad. En medio de la gloria del progreso científico en el mundo objetivo, los seres humanos han fallado en examinar críticamente el pernicioso rol que la mente humana ha jugado en los recovecos internos de sus vidas. Como resultado, el mundo sufre todo tipo de problemas en el área de las relaciones y anula el bienestar que la humanidad podría disfrutar como un beneficio directo de los desarrollos objetivos.

 

¿Desde aquí, hacia dónde vamos?

 

  La Teosofía ha puesto ante nosotros los contornos de la conciencia que necesita ser vitalizados, superando el pasado para abrazar el futuro. Revela que la conciencia de un ser humano envuelve áreas que están más allá de los límites de la conciencia mental familiar que resulta ser un mero mecanismo, un instrumento en las manos de un estado más elevado de conciencia. Por lo tanto, uno tiene que, explorar la relación entre estos dos modos de conciencia. Uno puede tener que hacer la pregunta más fundamental: ¿Qué es la conciencia después de todo? Ha sido identificada con sus vehículos, lo cual impide la comprensión de su verdadera naturaleza. Nuestros científicos confían en los datos objetivos que los vehículos generan, llevándolos a inferir que la conciencia es generada por los vehículos. Las áreas conocidas velan las dimensiones desconocidas. La mente, como la conocemos, es excelente en manejar lo conocido. Si tiene que reflejar lo desconocido, debe detener sus actividades conocidas totalmente y liberar a la conciencia para que ascienda y tenga la visión o percepción que la teosofía describe como una conciencia búdica.

 

  A un nivel superior, la conciencia tiene la habilidad de trascender lo conocido y ver a través de las distorsiones, ilusiones y falsas nociones que operan a un nivel inferior que asume el pedestal de un “yo” y se complace en actividades que están en detrimento de los genuinos intereses de toda la humanidad.

 

  El pensamiento es estructural, racional o irracional, objetivo o enfermizo. Tiene su lugar en los dominios a los cuales pertenece, pero cuando se aplica al mundo de las relaciones, se comporta como un agente contaminador que, a veces, crea estragos. Para salvaguardarse de dichas disfunciones que inevitablemente conducen al conflicto, a la miseria y a la confusión, es imperativo que el pensamiento deba cesar de producir un ruido aparentemente interminable y dé lugar a que funcione una nueva facultad de conciencia que elimine la separación entre ver y hacer. El desafío, por tanto, yace en graduarse en este nivel que podemos llamar la mente nueva.

 

  La mente nueva

 

  A menos que uno se mire a sí mismo y observe el modo en que la mente es responsable de este monstruoso mundo, la mente no estará lista para despojarse de lo viejo y abrazar lo nuevo. Que la mente se renueve no significa que se vuelva diferente solamente. Puede ser diferente meramente por cambiar los antiguos patrones, pero esto no es lo que se necesita. La mente nueva es un producto del cambio dimensional. El movimiento de la conciencia tiene que ser vertical a la mente existente. Esto implica una visión elevada más allá del entendimiento analítico y entrar en una realización holística. Esto es, por consiguiente, un proceso de mutación, no de mera modificación. La observación pura resulta en una mutación sin esfuerzo, que es absoluta negación de la hasta ahora orientación activa, seguida por la aparición de un estado de existencia que no tiene nada en contra. Éste es el cambio vertical, el cual no supone un proceso de pensamiento para validarlo. El final de los actuales desórdenes prepara el camino para el eterno orden que es inherente en el cosmos. La mente humana, que se ha encerrado alrededor de su centro, ve como verdad que su función no es crear modelos, aún si ellos son enteramente diferentes, sino ser receptiva a las siempre presentes realidades de la existencia resultando constantemente en realidades externas/objetivas libres de conflictos y violencia. La facultad perceptiva tiene que reemplazar el acercamiento analítico.

 

  El estado perceptivo no es una conclusión, que es la convergencia del pasado usando el razonamiento. No es la continuación de la inteligencia auto-protectora, y tiene el poder de revelar los problemas completamente, sin ninguna opción, sin tomar en cuenta gustos o aversiones, sin apegos o desapegos, no corrompido por prejuicios y preferencias. La mente se vacía de su contenido y tiene abundante energía para enfrentar los problemas. Krishnaji nunca se cansó de enfatizar esto.

 

  Características de la mente nueva

 

  Resaltemos algunas de las características de la mente nueva para no caer en la trampa de considerar a la mente existente como una mente nueva. La mente tiene innumerables máscaras. La remoción de algunas máscaras no garantiza la desaparición de todas ellas.

 

  En primer lugar, la mente nueva tiene que asignarles un lugar apropiado a los pensamientos que son productos del pasado. Lo que se requiere es estar concientes de que mientras estos pensamientos pueden usarse como datos disponibles, no vayan a crear anteojeras que nublen la exploración de las realidades emergentes.

 

  La mente nueva tiene que ser una mente meditativa que cruce los límites de los pensamientos, imágenes y palabras, libre de creencias, moralidad y valores sociales. Para esa mente, la meditación es un continuo movimiento, no confinado, como generalmente se practica, a un cierto periodo de tiempo reservado para este propósito de acuerdo a una rutina particular. Puede sonar extraño en el contexto del significado popular de la meditación y puede dar origen a una comprensión que no es factible. Esa clase de pensamiento desaparecerá, si es que la meditación se comprende en su pureza y autenticidad.

 

  Los procesos intelectuales no estorban a la mente nueva. Ellos proveen la plataforma desde donde la conciencia hace un ascenso vertical como un helicóptero, luego de agotar todas las posibilidades del intelecto.

 

  La nueva mente demuestra inteligencia. La palabra “inteligencia” necesita entenderse correctamente. No es la inteligencia que la mente analítica usa o la agudeza del intelecto. Es la percepción holística con una totalidad de visión que no excluye ningún aspecto desde su perspectiva. No integra los fragmentos a través de la adición y fusión, por otro lado ve los fragmentos como partes del todo.

 

  Por tanto, la mente nueva actúa desde un estado de amor en el cual todas las divisiones cesan, y da espacio a un nuevo despertar, a un nuevo florecimiento de la bondad inherente, sin contradicción, dualidad o separación.

 

  Cuando la mente nueva está activa, no hay separación entre la percepción y la acción. Mientras que el simple conocimiento necesita tiempo para actuar, la mente nueva tiene la habilidad de resolver todos los innumerables conflictos aquí y ahora.

 

  La mente nueva opera en un estado de libertad, libertad de toda deshonestidad que el pensamiento engendra, de conformidad a una idea o patrón establecido por la sociedad o uno mismo, lo que no permite percibir algo más allá de sí mismo, donde el observador no está. También es libre de todo miedo, sufrimiento, ansiedad y de todas las trampas que uno se coloca a sí mismo conciente o inconcientemente.

 

  Lo más importante, la nueva mente está libre de toda medida, sólo así está libre para descubrir, de lo contrario es conducida a encontrar sus propias proyecciones/deseos. Una mente libre no es agresiva o violenta, no pertenece a ninguna parte del mundo o humanidad. Envuelve y abraza a todo el mundo/humanidad.

 

  El camino por delante

 

  En uno mismo yace el mundo entero. Todas las ideologías, ya sean sociales, religiosas, políticas o económicas son el resultado del pensamiento conceptual que nos ha dividido debido a la contradicción entre lo que es y lo que debería ser. Atrapados en este círculo vicioso, que genera un interminable ruido, experimentamos con algo que nos parece como nuevo, pero que en realidad es una repetición de lo viejo con una apariencia nueva. Dar fin a lo viejo da nacimiento a una inteligencia que marca el comienzo de una maravillosa realidad. La percepción de la verdad desencadena energías liberadoras. Las relaciones basadas en el aislamiento y la fragmentación, se transforman en un nuevo orden de interés y compasión. Los individuos con la mente nueva constituyen el mundo nuevo. Después de todo, ellos son el mundo. ♣

 

 

 

 

Arribar a la recta acción necesaria es un completo cambio del corazón, un completo cambio de nuestra actitud hacia nuestro prójimo, que nos conduce a un estado de amor en el cual todo sentido de separatividad, de diferencia entre nosotros mismos y nuestros hermanos desaparece; llegar a un nueva y fresca percepción, una nueva visión espiritual de las reales necesidades de nuestros hermanos, respondiendo inmediatamente a cada petición y estando siempre listos para ayudar.

 

Zoltán De Algya-Pap

 

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