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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 135 - Número 01 - Octubre 2013 (en Castellano)

 
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La locura enviada del cielo

 

WAYNE GATFIELD

Presidente de la Rama Bolton, de la Sección Inglesa de la Sociedad Teosófica

 

 

La locura enviada del cielo es preferible a la cordura creada por el hombre (Platón)

 

Es un truismo que en esta sociedad orientada hacia lo material, seguir un sendero que no tenga como meta la acumulación de dinero o bienes, se lo considera, por lo menos, como una tontería y como  máximo, una locura. Como HP Blavatsky escribe en su artículo ‘Civilización, la Muerte del Arte y la Belleza’:

 

En resumen, el inconscientemente profético fin de siglo, es el fin de ciclo hace mucho tiempo previsto, cuando de acuerdo al Manjunâtha Sutra, la Justicia habrá muerto, dejando como su sucesora a la Ley ciega, y como su Gurú y guía- al Egoísmo; cuando las cosas y acciones malas se considerarán como meritorias, y las acciones santas como locura. Están extinguiéndose las creencias, la vida divina es despreciada; el arte y el genio, la verdad y la justicia son sacrificados diariamente al becerro de oro de la actualidad – el ansia de dinero.

 

La cordura principalmente es “creada por el hombre” y hay modos definidos de pensamiento y acción establecidos en la sociedad, basados en una perspectiva materialista. Las artes y las ciencias ya no se persiguen para la edificación espiritual de la humanidad sino para un rápido provecho, y la inspiración deriva de las emociones y pensamientos inferiores más que de la naturaleza Divina. Mucho de esto tiene que ver con el hecho de que nos estamos separando más y más de la naturaleza. John Ruskin, el crítico de arte ha dicho que:

 

“Ningún hombre jamás trabajó o trabajará bien, excepto desde la visión real o visión de la fe”.

 

Vivimos en un mundo creado por el hombre, muchos niños crecen apenas conscientes de las bellezas de la naturaleza. Incluso las escuelas enseñan biología de una manera más bien árida. Lo mismo puede decirse de la educación religiosa. No hay programa que pueda inspirar amor a la naturaleza o a lo Divino en un individuo. La espontaneidad se considera mayormente como una forma de locura y las personas son alentadas a vivir dentro de los estrechos límites del modo en que comprenden la vida los grupos sociales. Cuando esta visión se expande, debido a la meditación y al estudio de temas legítimamente espirituales, entonces el estudiante rompe las cadenas que lo atan y actúa de modo inspirado, lo que para la mayoría será considerado como locura.

Verdaderamente, en algunos casos puede ser una bendición ser considerado ‘loco’ ya que puede significar que no estamos actuando de modos que son normalmente aceptados por la Sociedad, sino que estamos viviendo con una Luz diferente.

La verdad es que los individuos están comenzando a funcionar bajo la égida de su Yo Superior, el que los lleva a un campo poco comprendido por la persona común. Los sufíes y los bhakti yoguis inspirados por un amor a ‘Dios’ o lo Divino a menudo describen poéticamente su experiencia como una forma de ‘locura’. Rumi en su poema ‘Los Amantes’ afirma:

 

Los amantes tomarán vino día y noche. Beberán hasta que desgarren los velos del intelecto y derritan las capas de la vergüenza y la modestia. Cuando enamorados, el cuerpo, la mente, el corazón y el alma ni siquiera existen. Transfórmate en esto. Enamórate, y nunca más serás separado.

 

           El vino  aquí se refiere al Conocimiento Espiritual y desgarrar los velos de la vergüenza y la modestia significa trascender los límites creados por el hombre de la moral y las leyes que a menudo limitan e impiden el surgimiento de la espontaneidad necesaria para seguir los dictados del Yo Superior. Cuando nos enamoramos no existe nada ni por un instante, sino el objeto de nuestra adoración y así cuando este amor es con el cuerpo, mente, corazón y aún alma Divina y son olvidados como conceptos, uno solamente ‘ve’ o siente lo que se halla más allá de todos los poderes manifestados.

Si uno llega a ser consciente de la Divinidad en todas las cosas, entonces nuestro sentido de separatividad se desintegra y sólo permanece la Unidad. Así, debemos ‘enamorarnos’ de esa Divinidad y por lo tanto, amar todas las cosas que la comparten. Es este despertar a la naturaleza espiritual en todas las cosas lo que puede considerarse como locura por parte de la sociedad moderna. Ciertamente bajo la ‘influencia’ del Espíritu actuaríamos de formas que son extrañas para la mayoría.

 La vida tiene una belleza que trasciende los intentos de la sociedad de crear un mundo de fealdad interna y externa. En nuestros pueblos y ciudades modernas muy poco se planea para conducir a la mente hacia una comprensión más iluminada de lo que es la vida en todas partes. Los gobiernos se interesan solamente en las condiciones financieras del país y son devorados por consideraciones materialistas. No se estimulan ni la compasión ni el amor, sino más bien una política de ‘ojo por ojo’. Por supuesto, todo esto se considera como cordura. Leo Tolstoi en su libro ‘La Ley del Amor y la Ley de la Violencia’ declara que si las sociedades cristianas de Occidente siguieran verdaderamente las palabras de su líder, como en el Nuevo Testamento, entonces no habría necesidad de tener fuerzas policiales, ejércitos o cortes legales. Sin embargo si uno sugiriera que deberíamos “amar a nuestros enemigos, bendecir a quienes nos maldicen y orar por aquellos que nos ultrajan” o que deberíamos perdonar ‘no siete sino setenta veces’ y poner la otra mejilla, se nos diría que tales acciones no son prácticas. Esto se debe a que son completamente opuestas a las leyes sobre las cuales la sociedad está basada en el presente. Esta base es una clase de locura que aumenta cuando la civilización pierde contacto con su Naturaleza Superior. Cuando se prefiere la corteza al fruto, cuando la codicia por las posesiones toma el lugar del amor a la Verdad. Como HP Blavatsky afirma en la cita mencionada, muchas cosas que a la luz del Espíritu deberían considerarse como ‘malas’ son ahora consideradas como normales. Por ejemplo, se piensa que es aceptable pisotear a otros en el camino al éxito material y aún mentir es una práctica común si ayuda al individuo a avanzar en el mundo de una manera egoísta.

 La razón de todo esto es que a menudo estamos regidos por nuestros deseos carnales inferiores. Estos son necesarios, hasta cierto punto, para sobrevivir durante nuestra breve permanencia en este cuerpo particular, pero cuando comienzan a dominar y llegan a ser la base de nuestras vidas y también la inspiración de nuestras realizaciones artísticas y científicas, entonces nos damos cuenta que hemos creado nuestros propios obstáculos en el ya pedregoso camino a la iluminación. Lo que necesitamos es desarrollar nuestra Voluntad Espiritual y desarrollarnos como hijos de la Luz. Existe una tendencia entre la gente más joven, principalmente en los sitios de Redes Sociales a promover lo que ellos llaman YOLO (You Only Live One, Tú sólo vives una vez). Esto se basa en la idea de que como hay solamente una vida, todo funciona respecto a la experiencia sensual en este planeta. Por supuesto, no hay comprensión ni consciencia del funcionamiento del karma o la reencarnación. En Occidente para la mayoría de las personas la mención de estas dos leyes puede resultar en la información considerada como ligeramente ‘desquiciada’. Viéndolo en forma optimista, las personas están deslizándose más y más en la consciencia colectiva, esperanzadoramente con resultados positivos a la larga. H. P. Blavatsky escribe en la revista Lucifer de Octubre de 1887 (pag.96):

 

La voluntad es posesión exclusiva del hombre en este, nuestro plano de conciencia. Lo separa del bruto en quien sólo está activo el deseo instintivo. 

El deseo, en su aplicación más amplia, es la fuerza creadora en el Universo. En este sentido es indistinguible de la Voluntad; pero nosotros los hombres nunca conocemos el deseo bajo esta forma mientras sólo permanezcamos como hombres. Por consiguiente, la Voluntad y el Deseo son considerados aquí como opuestos. Es así como la Voluntad es la progenie de lo Divino, del Dios en el hombre; el Deseo es la fuerza motriz de la vida animal. 

La mayoría de los hombres viven en y por el deseo, confundiéndolo con la voluntad. Pero aquél que quiera lograr la realización, deberá separar la voluntad del deseo, y hacer de su voluntad el gobernante, ya que el deseo es inestable y, siempre está cambiando mientras que la voluntad es firme y constante. 

Tanto la voluntad como el deseo son creadores absolutos que forman al hombre mismo y, las circunstancias que lo rodean. Pero la voluntad crea inteligentemente, mientras que el deseo lo hace ciega e inconscientemente. Por lo tanto, el hombre se hace a sí mismo a la imagen de sus deseos, a menos que se cree a sí mismo a la semejanza de lo Divino, a través de su voluntad, hijo de la luz. 

Su tarea es doble: despertar la voluntad, reforzarla por el uso y la conquista, para hacerla regidora absoluta dentro del cuerpo; y a su vez, purificar el deseo.

El conocimiento y la voluntad son las herramientas para el logro de esta purificación”.

 

Nosotros necesitamos cultivar nuestra ‘Locura enviada del Cielo’ para recuperar nuestra verdadera cordura. Todos somos Seres Espirituales en realidad. Es el derecho de nacimiento de todo ser vivo demandar su Divinidad cultivando la clase de Voluntad de la que H. P. Blavatsky escribe en este extracto. Las vidas díscolas que llevamos nos lanzan a la confusión, hay pérdida de claridad. En aguas quietas la luna se refleja perfectamente, pero si arrojas una piedra en ellas, hay solo una confusa multitud de imágenes que se mueven. A veces la vida es un aparente caos cuando nuestra mente es empujada aquí y allá por nuestros deseos y las necesidades de nuestra naturaleza física. Esta es una clase de locura que se considera como cordura en el mundo moderno. Es importante que nos centremos en aquello que es estable e invariable, que nos ayuda a pensar con claridad y tranquilidad. Necesitamos encontrar ese oasis dentro de nosotros donde podemos entrar para escapar del clamor y estrépito que nos rodea y que impregna nuestros pensamientos y emociones. Viviendo en el mundo de la mente inferior este estado parece un tanto frío y distante y sentimos que necesitamos el estímulo de nuestras emociones y el torrente de adrenalina de la vida en la ‘vía rápida’. El Maestro KH declaró que necesitamos una mente tranquila y serena para poder recibir impresiones de lo Espiritual. La tranquilidad y la serenidad no son populares en la sociedad actual. La gente siente necesidad de bloquear todo lo que conduce a una reflexión sobre el significado más profundo de la vida. Por fría y distante que pueda parecer esta reflexión es en realidad la entrada a una mayor consciencia que hará funcionar la alquimia que nos transformará en verdaderos Seres Humanos.

El Conocimiento al que H. P. Blavatsky se refiere en la cita mencionada, es por supuesto, el verdadero Conocimiento Espiritual, que tiene poco que ver con sólo recordar palabras o conceptos formados. Las palabras son indicadores o guías. Si no desarrollamos el conocimiento intuitivo que nos permita extraer la esencia de la palabra escrita entonces caeremos víctimas de la ’letra muerta’. Necesitamos examinar las palabras e ir siempre hacia adelante, sin atascarnos en la comprensión materializada que gratifica a nuestra mente inferior, que solamente crea la ‘mente engrillada’ que William Blake mencionó en su poema ‘Londres’. Lo mismo que los Koan Zen no pueden comprenderse con el intelecto limitado y necesitan la ayuda de algo más profundo, así es con muchos escritos teosóficos y espirituales. La Doctrina Secreta de H. P. Blavatsky puede parecer confusa al intelecto pero se transmite algo mucho más profundo a la intuición y estas percepciones internas aumentan cuando se desarrolla la intuición por el verdadero estudio, meditación y el vivir la vida como se enseña en muchas de las escrituras espirituales del mundo.

Una de las primeras cosas que necesitamos hacer es determinarnos a sacar nuestras mentes de la ‘locura’ del mundo en que vivimos. Retroceder y considerar lo que es verdaderamente sensato a la luz de una genuina espiritualidad. H. P. Blavatsky nos da un consejo en esta dirección en el Lucifer de Octubre de 1887 (p.89):

 

La primera necesidad para obtener auto-conocimiento es volverse profundamente consciente de la ignorancia; sentir con cada fibra del corazón que uno incesantemente se engaña a sí mismo. El segundo requisito es una convicción aún más profunda de que tal conocimiento, ese conocimiento intuitivo y certero, se puede obtener a través del esfuerzo.

El tercero y el más importante es una determinación indómita de obtener y enfrentar ese conocimiento.

Un auto-conocimiento de este tipo es inalcanzable por medio de lo que los hombres generalmente llaman “auto análisis”. No es alcanzado a través del razonamiento o cualquier proceso cerebral; ya que es el despertar a la consciencia de la naturaleza Divina del hombre. Obtener este conocimiento es un logro aun mayor que el dominar los elementos o conocer el futuro.

 

 No hay nada más garantizado para recuperar nuestra cordura que “despertar a la consciencia de la naturaleza Divina del hombre”. Entonces no veremos a través de un “cristal oscuro” nunca más, sino que nos volveremos conscientes de las realidades que las palabras solo velan y comprenderemos que todas las palabras e imágenes eran nubes frente al sol ocultando algo que solamente el lado intuitivo de nuestra naturaleza puede revelar. Cuando nuestra mente se ilumina por medio de la intuición entonces se completa el proceso alquímico y nuestras percepciones comunes de la vida y nuestras distorsionadas visiones de cordura se transformarán y nuestra “Locura enviada del Cielo” nos envolverá y elevará a reinos más allá de la comprensión condicionada.

 

 

 

 

 

Estamos continuamente apegándonos a lo transitorio: lo transitorio en la forma de ideas, de afectos, de organizaciones y sistemas, en una variedad de modos diferentes. Uno de los Upanishads dice que lo Eterno nunca puede encontrarse asiéndose a lo efímero. Pero esto es lo que estamos tratando de hacer. Constantemente estamos interesados en las cosas que perecerán.

 

                                                                                                                                Radha Burnier

 

 

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