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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 135 - Número 01 - Octubre 2013 (en Castellano)

 
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La belleza del Servicio

 

BEREZANSKA NATALIA

Vicepresidente de la Rama Ankh, Kiev, Ucrania

 

 

El signo de Acuario es el signo de un servidor, un hombre con un jarro de agua sobre sus hombros, que está tan lleno que se derrama en abundancia. Un jarro sobre los hombros se puede considerar como característico del servicio. Servir no es algo fácil ya que implica dar energía y tiempo, sacrificar nuestros propios intereses, trabajar mucho y constantemente. Se necesitan ciertas cualidades para el servicio: auto-olvido, tolerancia, sabiduría, esfuerzos dirigidos, habilidad para trabajar sin apego, estabilidad y persistencia.

 El comienzo de la era de Acuario se caracteriza por la práctica de la cualidad del servicio en todas partes. Vemos la formación de más organizaciones y fundaciones públicas nuevas, asociaciones diferentes en las que las personas a menudo están lejos de lo esotérico, de la comprensión filosófica de servicio, pero que se unen para ayudar a otros, sólo para hacer de su país, de nuestro mundo, de nuestro planeta un lugar mejor.

 En la actualidad el hombre sólo está comenzando a reflexionar sobre el servicio. Por lo tanto, podemos ver cómo en nuestra vida real este servicio a veces adquiere formas distorsionadas. Por ejemplo, existe el intento de un servidor para que la gente acepte su punto de vista. Todo lo que tal servidor considera útil, bueno y verdadero, lo trasmite a sus colegas y les pide la misma devoción y amor. 

A menudo consideramos como servicio nuestra ayuda a la gente pobre, a los sufrientes, inválidos, a quienes parecen desdichados, aunque realmente es simplemente incómodo para nosotros estar cerca de tales personas, y actuamos para recuperar nuestra calma, para liberarnos del sufrimiento.   

 Las obras de caridad a menudo surgen como el resultado de la seguridad de sí mismo, de las ambiciones, de un deseo de sobresalir o de demostrar, de llamar la atención, de ser considerados como el ideal, pero no como el resultado de la compasión espontánea a los necesitados.  

La caridad también puede ser la manifestación de un deseo profundamente secreto de perfección espiritual por quienes saben que uno de los atributos del discipulado es el servicio. Podemos agregar también que la razón del servicio puede ser moda, conformidad o tradición; una preocupación por los demás nos libera de la soledad, nos ayuda a encontrar nuevos amigos y a menudo le da al servidor más de lo que él da.

 En todos los ejemplos enumerados precedentemente, está presente una apariencia de servicio pero su esencia verdadera, su real intención, está ausente. El verdadero servicio es la irradiación espontánea de un corazón amoroso. La Ley del Servicio es una expresión de la Gran Vida que fluye por nuestro Yo Superior y se logra por medio de nuestros vehículos inferiores. El servicio no es realizar lo que se omitió en ciertas acciones, no es la actividad a la que uno necesita enfocarse, y tampoco es el medio para salvar un individuo o el mundo. El servicio es una cualidad natural de nuestro verdadero yo, de nuestra Naturaleza superior, es la misma máquina de su evolución, como aspirar a la auto-preservación o a la reproducción es para nuestra alma animal.  La compasión, la caridad hacia el necesitado, una acción generosa en nombre de un bien mejor, es una característica específica e inalienable de la dádiva cordial. Es un rasgo característico de nuestra naturaleza divina, como el deseo lo es de nuestra personalidad. 

El servicio es el método efectivo del sinceramiento y la auto-perfección, porque exactamente por medio de una acción se verifica el grado de nuestra madurez, la verdad de nuestra percepción del mundo, la pureza de nuestra intención. Por medio de la perfección y desarrollo de los modos de nuestro servicio, armonizamos el mundo a nuestro alrededor, al principio en nuestro medio inmediato, luego en un campo más amplio, y finalmente, nos volvemos exploradores de la Voluntad Divina, que en una de nuestras vidas comienza a verterse hacia nuestra nación, nuestro país, hacia todo el mundo. 

Es por lo tanto imposible enseñar el servicio o ponerlo en un hombre, si esta intención no viene del interior y solo se basa en la teoría del servicio. Ni una teoría ni la imitación hace del hombre un verdadero servidor. Se vuelve un servidor real sólo cuando la Voluntad Superior lo conduce a la realización del Plan Divino, cuando se somete conscientemente a la Ley del Sacrificio. El conocimiento interno verdadero se eleva y se convierte en sabiduría sólo por el servicio a los demás. 

La humanidad no se dirige a un curso indefinido y casual, existe un Plan. La humanidad establece sola la velocidad de la evolución y ejecución de su destino de acuerdo a este Plan. El éxito depende de la colaboración consciente y amorosa de todos los seres humanos que asumen la responsabilidad de su propio destino, unidos por la intención de crear un mundo nuevo y mejor. Los ideales de Fraternidad y Libertad se reconocen en todas partes, y proveen una unidad de propósito indisoluble en la infinita variedad de aspiraciones y creencias humanas. 

Actualmente, más y más personas parecen responder al llamado de la Naturaleza Superior, por lo tanto podemos ver un crecimiento considerable de caridad y filantropía, pero frecuentemente demuestran la marca profunda de la personalidad. Por lo tanto la idea del servicio degenera y parece comercial, se reemplaza con intentos ambiciosos de obligar a otros a servir obedeciendo a nuestras imágenes de bendiciones y el amor hacia las personas es reemplazado por el amor al poder, y coloca obstáculos al verdadero servicio.  

El servicio es una corriente viva de amor, de dádiva espontánea, una demostración de luz y belleza, creación y dicha. Llegará el momento en que no será necesario llamar a un hombre a servir, cuando la crítica y la condena desaparezcan, cuando nadie interfiera con otros para servir a su consideración, cuando todos simplemente viertan un servicio activo y creativo del jarro de su Alma, olvidando su pequeño yo, y encuentren la mejor dirección de acción posible en la esfera de su servicio. 

En la actualidad, durante el 135º aniversario de la Sociedad Teosófica, podemos decir con total seguridad que la historia de la Sociedad rebosa de ejemplos de verdadero servicio. Recordemos el desinterés de la Sra. H. P. Blavatsky, del Cnel. H. S. Olcott, de la Dra. Annie Besant y de muchos otros en los diferentes países del mundo, quienes superaron dificultades, pero trasmitieron las ideas de la Teosofía, mantuvieron clemencia y compasión por la humanidad, porque fueron conducidos por su Alma. 

Cada uno posee en sí mismo este maravilloso ideal y conoce los ejemplos concretos de los servidores sinceros y altruistas. 

La belleza de su servicio nos da fuerza para trabajar y avanzar, superando dudas y fracasos para obtener comprensión y experiencia, y para saber inmediatamente que el verdadero servicio es el estado del verdadero amor y dicha.

 

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