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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 134 - Número 11 -  Agosto 2013 (en Castellano)

 
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Madame Blavatsky y Teosofía

 

Daniel Ross Chandler

 

Blavatsky: un Retrato

 

Helene Hahn von Rottenstern nació en Ehaterisnoslav, Ucrania, en el seno de una familia noble en 1831. Esta extraordinaria mujer se convirtió en Madame Helena Petrovna Blavatsky, una de las fundadoras de la Sociedad Teosófica y una prolífica escritora de Teosofía. Posteriormente, esta pensadora no convencional se caracterizó como una persona de hablar áspero, una bohemia fumadora empedernida que comía excesivamente y dormía poco. Ella se aseguró un lugar permanente en la historia por adherirse a un esoterismo ecléctico y presentarse como una clarividente viajera del mundo que estudiaba y comprendía los misterios. El pintoresco Coronel Henry Steel Olcott se unió a sus esfuerzos; él suspiraba por un Newton moderno, quien deduciría de una presentación moderna, las leyes que gobiernan la comunicación de los espíritus y demostraría con certeza matemática la inmortalidad del alma. El abogado de New York que ayudó a la provocativa aristócrata fue convencido que los fenómenos espirituales no son milagros sobrenaturales sino manifestaciones materiales gobernadas por leyes naturales. Estos colegas teosóficos propusieron un cambio paradigmático del espiritismo a la Teosofía, un cambio de los médium que manipulaban los espíritus de los muertos a adeptos que persuadían a espíritus elementales. Estos pioneros que fundaron la Sociedad Teosófica conjuraron en una formula contemporánea una sabiduría antigua que resolvería la confusión filosófica y el caos moral del siglo diecinueve que envolvía al mundo occidental, impeliéndolo peligrosamente hacia la guerra. Mientras el Coronel era el administrador que organizaba al creciente movimiento teosófico, Madame Blavatsky permanecía como el genio carismático y la bohemia reina del salón. HPB, como sus estudiantes la llamaban, ejerció una considerable influencia en el pensamiento occidental, ejercitó poderes extraordinarios cuando materializó tazas y platos, soportó injustas calumnias y burlas del público, y permaneció como una crítica inconmovible, sincera y franca que denunció la hipocresía y el prejuicio. Ella se aseguró la fama permanente por su amplio conocimiento metafísico, el cual expresó en forma escrita a través de una inmensa literatura que atrae a los buscadores espirituales de todo el mundo.

 

Desde la temprana infancia en Rusia, Madame Blavatsky atrajo la atención con sus poderes psíquicos, aunque no estaba interesada especialmente en atraer el interés público sino en descubrir las leyes y principios que hacían posibles estos fenómenos. Se convirtió en una estudiante seria que investigaba la  metafísica, y viajaba considerablemente. Buscó el conocimiento esotérico oculto en fuentes orientales, que fue una hazaña extraordinaria para una mujer del siglo diecinueve. Durante la década de 1870, regresó a los Estados Unidos por segunda vez, encontró al Coronel Olcott, y fue una de las fundadoras que estableció la Sociedad Teosófica en New York en 1875. En 1878 fue la primera mujer rusa en tener la ciudadanía norteamericana. El 25 de mayo de 1880, Madame Blavatsky y el Coronel Olcott fueron los primeros norteamericanos en aceptar formalmente el Budismo, cuando se arrodillaron ante una gigantesca estatua que honra al Buddha en Ceilán, y tomaron Pancha Sila al recitar en un inglés defectuoso los Tres Refugios y los Cinco Preceptos profesados entre los budistas Theravâda. Cuando adoptaron el Budismo, no estaban convirtiéndose a él, sino simplemente observando las formas de una religión particular como una expresión de la sabiduría interna divina que es la Teosofía. En 1882 estos colegas teosóficos establecieron la sede internacional de la Sociedad Teosófica en Adyar, cerca de Madras. En 1885, Madame Blavatsky viajó a Europa, donde completó su opus magnum, La Doctrina Secreta.

 

Blavatsky como escritora

 

A través de muchos escritos, Madame Blavatsky compartió con sus lectores su tremendo conocimiento. Incursionó en el mundo de las filosofías, la religión, la cultura oriental, la simbología, la literatura esotérica, los fenómenos psíquicos y la metafísica. A partir de ella apareció una interminable corriente de artículos en periódicos y revistas. Su primer gran libro, Isis Sin Velo, hizo sensación cuando se publicaron los dos volúmenes en New York en 1877. La primera edición fue de mil copias, y se hicieron tres reimpresiones durante los primeros siete meses. Abordando ambiciosamente los misterios que relacionaban la ciencia antigua y moderna, y la teosofía, el Volumen I aborda la alegada infalibilidad atribuida a la ciencia, mientras que el Volumen II analiza la infalibilidad asignada a la religión. De manera enormemente exhaustiva, ella se desliza de la filosofía griega antigua referida a la materia y la fuerza, profesada por Pitágoras y Platón, a las enseñanzas cabalísticas patrocinadas por ciertos rabinos judíos que presentaban una interpretación mística de sus escrituras. Blavatsky analizó la interpretación dada a las historias mitológicas contenidas en muchas escrituras, habló de magia, escudriñó la literatura egipcia antigua, analizó filosofías clásicas, y comparó las religiones del mundo. El propósito de Blavatsky era hacer un llamamiento para que se reconociera la filosofía hermética, la antigua Sabiduría-Religión universal.

 

Isis sin Velos

 

Henry Steel Olcott colaboró con Madame Blavatsky en la escritura de Isis sin Velos. Por diez años estos “Mellizos teosóficos” vivieron juntos mientras se escribía el manuscrito; el Coronel dedicó el tiempo libre que le quedaba de su trabajo como abogado profesional, para ayudar a Blavatsky con el proyecto de esta publicación. Olcott encontró una editorial, editó el borrador y corrigió las pruebas. Isis Sin Velos apareció en septiembre de 1877.  La primera edición que constaba de mil copias se vendió en diez días, aunque la crítica negativa de los periódicos consideró al libro como “basura descartable”. El contenido intelectual era extraordinario. En su contenido había referencias a la evolución, la doctrina oculta, enseñanzas budistas e hinduistas y denuncias anti-católicas. Un lector atento podía observar el descontento de Madame Blavatsky por el cristianismo y una ardiente defensa que confirmaba la sabiduría antigua. De esta sabiduría antigua, ella afirmaba, emanaron las más grandes tradiciones religiosas del mundo; a esta fuente común convergen todas estas tradiciones de sabiduría. Además de confirmar que estas religiones mundiales se promulgaron a partir de una fuente primordial, Isis Sin Velos explica que estas tradiciones enseñan la única verdad eterna y tienden hacia un fin único común. A través de estos dos volúmenes, Blavatsky combinó un estudio histórico evaluando la religión, información científica, y un entusiasmo por buscar la verdad contenida en las religiones. Exploró la manifestación de fuerzas ocultas, desde la antigüedad hasta el interés del siglo diecinueve por el Espiritismo.  Mientras analizaba la filosofía antigua y la ciencia contemporánea, Isis Sin Velos está impregnada con su persistente preocupación por el conocimiento oculto, la sabiduría antigua, y las enseñanzas profesadas por sabios adeptos. Blavatsky estudió las fuentes a partir de las cuales surgió el Cristianismo primitivo, incluyendo al movimiento gnóstico que existió antes, durante y después de los comienzos del Cristianismo. Analizó el misterio que envolvía a Jesús. Al aclarar la persistente búsqueda de la humanidad para desentrañar la realidad espiritual, criticó al materialismo generado por la investigación científica contemporánea y el oscurantismo que socava la genuina religión. Al reflexionar ampliamente en la religión y las tradiciones místicas, en el estudio clásico y en las observaciones empíricas de la naturaleza, sostenía que un buscador sincero podía comprender la existencia de Dios y la inmortalidad del espíritu humano por el estudio de la ciencia y la religión. Distinguió los principios esenciales que subyacen en las filosofías antiguas. La primera y mayor composición literaria de Blavatsky promovió el restablecimiento de la filosofía hermética y una antigua Sabiduría-Religión universal.

 

Las fuentes de las cuales bebe la Teosofía contemporánea indican que los diversos movimientos dentro de la tradición esotérica aparecieron en Caldea, Persia y Babilonia. Por siglos, Egipto fue un repositorio que preservaba la tradición de sabiduría. La Cabala y el Zohar reflejan una influencia de esta sabiduría. Zoroastro, Lao-Tse, Confucio, Shankara y Gautama Buda profesaron estos preceptos. En las Escuelas de Misterios situadas en la Grecia clásica, los estudiantes eran instruidos en la sabiduría antigua por Platón, Pitágoras y Plotino. Los Neoplatónicos y los Neopitagóricos combinaron la filosofía Griega con las enseñanzas orientales, especialmente la sabiduría recibida desde la India. Un alejandrino, Amonio, empleó la palabra “Teosofía”. En el siglo tercero, fundó un sistema teosófico ecléctico, el cual intentó reconciliar todas las religiones y países dentro de un sistema ético común. Los primitivos cristianos gnósticos instruyeron sobre numerosas enseñanzas encontradas en la sabiduría antigua. En la tradición cristiana, los evangelios y las epístolas indican que Jesús enseñó el conocimiento exotérico al público en general y reservó la sabiduría esotérica para seguidores selectos. Los Teósofos contemporáneos están convencidos que los fundadores que establecieron las grandes religiones mundiales diseminaron los principios contenidos en la sabiduría antigua. Dentro de la tradición occidental, el movimiento Teosófico aseguró la expresión a través de los filósofos griegos Pitágoras (siglo 6 aC) y Platón (siglo 5 a 4 aC); los maestros gnósticos Simón el Mago (siglo 1 dC) y Valentino (siglo 2 dC); y los filósofos neoplatónicos Plotino (siglo 3 dC) y Proclo (siglo 5 dC). Pitágoras estableció una comunidad espiritual en Krotona en el sur de Italia, donde él enseñó la trasmigración de las almas, la unidad entre todas las formas de vida y la purificación ascética. Dentro de la escuela herética cristiana llamada Gnosticismo, los adherentes consideraban al mundo material como intrínsicamente malo y enseñaban que la liberación provenía de la iluminación espiritual. Inspirado por los filósofos Platón y Amonio Saccas, Plotino concibió un mundo ideal que contenía tres hipóstasis. Estos principios incluyen el Uno (to hen), el Intelecto (nous) y el alma (psiche). El Uno expresaba la suprema esfera del ser, más allá de la comprensión humana y trascendiendo las diferenciaciones y formas. Los humanos son potencialmente divinos, a través de la participación en el Uno podrían obtener la unión a través de la contemplación y la auto-purificación. Luego de la muerte de Plotino, estas enseñanzas fueron publicadas como las Enéadas.

 

Una ortodoxia antimística dominó la Cristiandad europea durante la Edad Media. Las tendencias teosóficas aparecieron en el predicador y escritor alemán del siglo trece Meister Eckhart. Educado en la orden dominicana y persistentemente un cristiano declarado, Eckhart profesó una distinción entre Dios concebido en términos personales y Dios como Realidad Ultima, al que llamó la Divinidad. Empleando terminología negativa, a veces la Deidad era referida como la “Nada”. Se descubren curiosos paralelos entre la teología de Eckhart y la Advaita Vedânta no dualista adoptada por el filósofo indio del siglo nueve Sankara. Tanto el indio como el alemán reconocieron la imposibilidad de describir la divinidad con palabras y recurrieron al uso del vocabulario negativo.

 

Cuando se restauró la enseñanza clásica durante el Renacimiento Europeo, los estudiantes redescubrieron a Platón y a Plotino mientras que las especulaciones teosóficas eran expresadas por Nicolás de Cusa, Paracelso y Giordano Bruno. Mientras el Renacimiento creaba una fusión que reunía el materialismo y el misticismo, individuos inquisitivos investigaban en alquimia, magia y ocultismo. Buscadores curiosos estudiaban el Platonismo e investigaban la literatura que trataba con la naturaleza de la realidad y los escritos del neoplatonismo que trataban sobre los niveles de la realidad. Un movimiento judío místico ampliamente extendido emergió entre los estudiantes que exhibían una fuerte incursión en la Cabala. Otros buscadores investigaban en el Hermetismo, un movimiento helenístico místico, ocultista, astrológico y alquímico. Giordano Bruno, que fue quemado en la pira como hereje, consideraba a Jesús como un sabio, un mago; él concluyó que la religión hermética sobrepasaba al cristianismo. El prefacio de Blavatsky de Isis sin Velos contiene  esta petición de la noble rusa para que se reconozca la filosofía hermética, la Religión-Sabiduría antigua y universal.

 

Dos europeos que dieron ímpetu al pensamiento teosófico fueron el zapatero Jacob Bohme de finales del siglo dieciséis, y el filósofo alemán romántico del siglo diecinueve Friedrich Schelling. Bohme construyó un concepto en el que imaginaba a Dios como la Base o la sustancia primordial del Ser; desarrolló un concepto dialéctico de la realidad como una interacción entre opuestos. El sistemático filósofo Schelling reafirmó el pensamiento teosófico dentro de un marco idealista, romántico; reafirmó la conclusión esencial mística que Dios debe experimentarse directamente para conocerlo. La más rica, la más profunda fuente del pensamiento teosófico es la filosofía india: los más antiguos Vedas, escrituras hindúes que expresan el misticismo esencial; los Upanishads, escrituras filosóficas-especulativas; y el Bhagavadgitā, un clásico de la literatura.

 

La Doctrina Secreta

 

La Doctrina Secreta presenta y explica tres proposiciones fundamentales:

 

I. Un PRINCIPIO Omnipotente, Eterno, Sin Límites e Inmutable, sobre el cual toda especulación es imposible, porque trasciende el poder de la concepción humana, y sólo podría ser empequeñecido por cualquiera expresión o comparación de la humana inteligencia. Está fuera del alcance del pensamiento, y según las palabras del Mândûkya es “inconcebible e inefable”.

II. La Eternidad del Universo in toto, como plano sin límites; periódicamente “escenario de Universos innumerables, manifestándose y desapareciendo incesantemente”, llamados “las Estrellas que se manifiestan” y las “Chispas de la Eternidad”. “La Eternidad del Peregrino” es como un abrir y cerrar de ojos de la Existencia por Sí Misma”, según dice el Libro de Dzyan. “La aparición y desaparición de Mundos, es como el flujo y el reflujo regular de las mareas.”

III. La identidad fundamental de todas las Almas con el Alma Suprema Universal, siendo esta última un aspecto de la Raíz Desconocida; y la peregrinación obligatoria para todas las Almas, destellos suyos, a través del Ciclo de Encarnación, o de Necesidad, conforme a la Ley Cíclica y Kármica, durante todo el término de aquél. (Vol I. pp. 79-82)

 

Estas proposiciones no son una revelación nueva, sino una sabiduría antigua transmitida a través de generaciones pasadas, a veces diseminada entre la población general como enseñanzas exotéricas y a veces reservada para una minoría selecta como conocimiento esotérico. Apareciendo a través de las épocas y aún dominando una cultura completa tal como la Grecia clásica, estas proposiciones se percibieron de forma diferente. Varios aspectos se enfatizaron periódicamente, pero los principios fundamentales permanecieron inalterables. Se le asignaron diferentes nombres a este conocimiento: sabiduría antigua, la filosofía perenne y la tradición primordial. Las enseñanzas esotéricas imparten conocimiento oculto o secreto sobre la naturaleza visible e invisible, procesos, la humanidad, el lugar y la posición que ocupa dentro del universo. Estas enseñanzas antiguas explican los principios metafísicos que sostienen todo el universo. En la cultura occidental, esta sabiduría antigua se la criticó como abstrusa y oscura, aunque este conocimiento presenta los principios universales que gobiernan todos los fenómenos naturales e impregnan el cosmos. Al genuino conocimiento esotérico se lo considera como que amplía o suplementa la información científica. En vez de confinar sus investigaciones al universo físico percibido empíricamente, los buscadores inquisitivos que buscan la sabiduría antigua, comprenden la naturaleza como una unidad extensa en la cual el mundo físico consiste de una cubierta exterior o velo externo; reinos invisibles ocultan los elementos causales que producen los fenómenos perceptibles comprendidos en la esfera externa. Como un científico que estudia el universo empíricamente percibido, un aspirante que busca la sabiduría antigua y estudia el conocimiento esotérico indaga los principios y proposiciones que explican al universo en el cual la humanidad es un componente inseparable.

 

Recapitulación

 

A través de sus escritos, la Sra. Blavatsky expresó su visión teosófica. Los tres principios fundamentales fueron presentados como principios inviolables que impregnan al universo y son inherentes a la humanidad. En la primera proposición afirmó una fuente oculta que describe como un principio omnipresente, sin límites, inmutable, el cual la noble rusa consideró como la Realidad absoluta una que antecede a los seres manifestados y condicionados. Esta causa infinita y eterna se describe como la raíz sin raíz de todo lo que fue o será. Blavatsky llamó a este Absoluto, Seidad antes que Ser; la Seidad está más allá del pensamiento o la especulación. Lo eterno, inmutable que presentó como la Seidad permanece como principio en los aspectos sin comienzo ni final, no simplemente como latente dentro de cada átomo sino que es el universo. Esta Realidad Absoluta tiene tres aspectos: Movimiento Abstracto Absoluto, Espacio Abstracto Absoluto, y Duración. El Movimiento Abstracto Absoluto es la ideación pre-cósmica, la raíz de la cualidad que hace posible la creatividad, la fuente de la conciencia individual. El Espacio Absoluto Abstracto es el espacio precósmico, la raíz de la cualidad que hace posible las formas y da la cualidad material a la creación, el substrato en que se apoya la materia y la potencialidad a partir de la cual proviene la materia que puede ser conocida en el mundo físico. La duración es la raíz del tiempo, a partir de la cual el principio de orden viene a la manifestación. La duración es la raíz de la cualidad que hace a la acción posible. De la Realidad absoluta los humanos derivan la conciencia, la mente, el poder de pensar, la capacidad de crear, y la materia a partir de la cual las cosas son creadas. A partir de esta Realidad los humanos derivan el tiempo, que provee libertad para la acción creativa. A partir de esta verdad sublime viene el principio de la Vida Una.

 

La comunidad humana es una ley ineludible a través del cual la Vida Una se manifiesta. Esto supone reverencia no sólo por la humanidad, sino por todas las criaturas sensibles y toda vida.

 

La segunda proposición confirma la universalidad absoluta que caracteriza la ley de periodicidad a través de la cual la Vida Una funciona. La ley de periodicidad se extiende hacia los límites más lejanos de todo lo que los humanos pueden comprender y más allá. Mme Blavatsky describió a māyā como el poder de creación, acción y todo lo producido por la acción. El significado más antiguo de la palabra es “una creación o despliegue mágico” que ella explicó como el proceso natural de la imaginación creativa.

 

La duración, la cualidad que hace posible a la acción, es la raíz del tiempo. La duración se describe como inalterable y la raíz del cambio. El proceso que inevitablemente implica cambio está involucrado en la ley cíclica. La segunda proposición de Blavatsky afirma el principio de proceso ordenado a través del tiempo y del cambio. Los humanos están atrapados en el cambio, este proceso permite que la conciencia se desenvuelva. De esta proposición surge el concepto de reencarnación, como una manifestación que exhibe la ley cíclica. En cada ser que experimenta, la vida se revela como incesantes comienzos nuevos. Aunque los humanos no pueden alterar el pasado ni cambiar el karma, pueden modificar la conciencia en relación a los eventos anteriores. El karma se comprende de forma diferente. La comprensión de una persona respecto a karma, varía, la conciencia es el mayor factor en el karma individual. Las causas a partir de las cuales el karma surge son internas, mientras estas persistan deben cumplimentarse a través de los efectos. La naturaleza que caracteriza estos efectos se altera con los cambios que ocurren dentro de las personas a través de esta “serie interminable de nuevos comienzos”.

 

La tercera proposición que Blavatsky postula asevera un peregrinaje obligatorio llevado a cabo por toda alma a través del ciclo de necesidad y encarnación; simultáneamente la proposición afirma la identidad fundamental de cada alma con la Superalma universal. Blavatsky presentó al peregrinaje humano como dependiendo del “esfuerzo auto-inducido y auto-concebido” sin asegurarse la salvación a través de alguna fuente externa. A principios de la historia, los humanos lograban progresar a través de impulsos naturales, este proceso es la evolución, que progresa hacia delante y básicamente no se puede revertir. Aunque los humanos se desarrollan a través del auto-esfuerzo, transitan con los demás a través del afecto mutuo y la asistencia recíproca. El peregrinaje humano es una aventura en común, aunque los logros y realizaciones individuales son expresiones únicas que marcan el  peregrinaje. El “esfuerzo auto-inducido y auto-concebido” de una persona es esencial, aunque las personas no luchan solas. La divinidad dentro del ser humano, asentada en la Realidad, provee asistencia a medida que estos poderes se actualizan. La Sra. Blavatsky aconsejaba a los aspirantes a investigar las leyes no explicadas que se encuentran en la naturaleza y los poderes latentes dentro de la humanidad. Las personas deben conocer estas leyes y poderes, y el universo en el cual ellas ejercitan estas capacidades, las que se confirman a través de la experiencia diaria de una persona.

 

Mme Blavatsky brindó una recapitulación, un resumen, cuando concluyó el primer volumen de La Doctrina Secreta. Ella afirmó seis principios esenciales como requisitos para comprender este libro. Blavatsky describió la doctrina esotérica como la sabiduría acumulada de las edades, un registro ininterrumpido, transmitido a través de la historia. La doctrina esotérica, explicó, se expresa en la alegoría y el símbolo, el mito y la leyenda, siempre perceptible para los buscadores que desean el conocimiento. Segundo, recordó a los lectores que la ley fundamental que sostiene la filosofía esotérica es la unidad de todo. Tercero, Blavatsky manifestó que el universo es la manifestación periódica de la sustancia-principio fundamental, que se desenvuelve rítmica y cíclicamente. Cuarto, explicó que el universo y los contenidos son descriptos como māyā porque todo es temporario. Enfatizó la naturaleza efímera que caracteriza todo. Māyā no era desechado como una ilusión sino aceptado como el ritmo acompasado de la manifestación. Māyā es el aspecto creativo de la Realidad, el productor de las formas ilusorias. Las energías en expansión del Logos Creador culminan en un orden rítmico dentro de los confines del tiempo y el espacio. Quinto, enseñó que el más completo desenvolvimiento de la conciencia en todo es el propósito de la manifestación, y que todo en el universo es conciente. Sexto, Blavatsky afirmó que el universo es desplegado y guiado de adentro hacia fuera y que todo el universo está evolucionando para actualizar un propósito que esta dentro de la humanidad.

 

Al considerar los principios universales, los humanos comprenden el desarrollo de las conceptualizaciones más grandes como cosmogénesis y antropogénesis, experimentando reverencia y asombro cuando exploran las correspondencias que surgen cuando se aprecian las profundidades de significado evocadas en los símbolos universales. Al explorar los numerosos aspectos de la sabiduría antigua y al trazar la fórmula algebraica percibida en el universo, el lector parece ponerse en frente de un horizonte en expansión y mirar fijamente dentro de la eternidad. Una percepción asombrosa y profunda es que el Logos Cósmico, la energía creativa que impregna el sistema solar, y el yo dentro del ser humano son una. Esta percepción surge como una experiencia religiosa cósmica, la visión suprema contemplada por los místicos. Una percepción más profunda incluye la unidad, no simplemente con toda la vida manifestada sino con la misma fuente de vida. Los principios permanentes indican los patrones que impregnan la creación, el universo y la humanidad. La visión iluminadora es un secreto personal, oculto porque la esencia permanece en el interior y es inexpresable.

 

El libro más grande de Madame Blavatsky es La Doctrina Secreta. En 1888 apareció en dos volúmenes, el primero se refería a cosmogénesis, el estudio que explora el origen y el desarrollo del universo; el segundo titulado antropogénesis, es el estudio que investiga el origen y desarrollo de la humanidad. Explicó que no estaba trayendo a luz una revelación, su propósito era presentar numerosos fragmentos entresacados de miles de volúmenes que contienen las escrituras conservadas entre los adherentes religiosos de Asia y pre-cristianos. Ella no era partidaria de doctrinas o dogmas, les pedía a los lectores simplemente estudiar estas afirmaciones desde una perspectiva provista por la experiencia común y una reflexión racional. La Doctrina Secreta de Blavatsky esboza un esquema amplio que describe la evolución humana y universal y representa los mundos visibles e invisibles de la manifestación en los cuales la vida existe en innumerables formas. La Doctrina Secreta sostiene que, a través de la comparación de las cosmologías aceptadas entre los pueblos antiguos, los buscadores contemporáneos pueden descubrir lo que es realmente universal. El tratado provee ayuda para desenmarañar la historia humana. Blavatsky levanta un velo que contiene alegorías y símbolos de las escrituras y mitologías, que revela una verdad interna. Explica al intelecto entusiasta, a una intensa intuición, y a su alta y cultivada percepción espiritual, sus respuestas a cuestiones científicas y religiosas.

 

Fuentes

 

Aunque el libro fue elaborado a partir de muchas fuentes, La Doctrina Secreta  esta basada principalmente en un manuscrito antiguo, El Libro de Dzyan. Las estancias contenidas en esta fuente arcaica son casi incomprensibles, aunque expresan un esquema sublime que describe la evolución cósmica. Este manuscrito representa un universo que vuelve a despertar después de haber estado sumido en inactividad, las diferenciaciones entre las formas, el proceso de la formación del mundo, y la aparición de la humanidad sobre la tierra. Esta fuente no es simple, pero sugiere la enorme dificultad implicada en la interpretación de Madame Blavatsky. Sus escritos revelan su erudición sofisticada y el enorme conocimiento. Ella declaró que las páginas escritas en su interpretación contienen simplemente una pequeña parte de este manuscrito esotérico. Blavatsky dijo que esta antigua fuente contiene todo el conocimiento que puede darse al mundo ahora, y que pasarán siglos antes de que se de más conocimiento. La Doctrina Secreta no es una explicación exhaustiva que presenta el conocimiento final, sino que provee un incentivo para la búsqueda e investigación perseverante.

 

La Voz del Silencio

 

La Voz del Silencio, un pequeño manual de meditación publicado en 1889, contiene enseñanzas espirituales y consejos prácticos útiles, como instrucción. Hermosamente escrito y profundamente movilizador a nivel emocional, la traducción de Blavatsky da elocuentemente su explicación y comentario a los lectores contemporáneos respecto a los principios y preceptos que le son presentados al buscador que busca la iluminación. Con su afilada sensibilidad espiritual, Madame Blavatsky cuidadosamente traslada las poéticas imágenes originales, y recrea los antiguos versos en un inglés fluido. La Voz del Silencio aconseja al lector responder con sensibilidad espiritual a cada llanto de dolor, como el loto se curva para recibir el sol matutino. Inspirando compasión, aconseja al lector que no permita que el feroz sol seque una sola lágrima de dolor antes que uno la haya secado de los ojos de las personas; les enseñó a los lectores que permitan que cada abrasadora lágrima humana permanezca en nuestro propio corazón hasta que el sufrimiento que la causó se elimine. A partir de la renuncia del yo, los buscadores pueden aprender la lección de la liberación final.

 

Escritos Adicionales

 

Escritora prolífica, Madame Blavatsky produjo otras composiciones que parecen ser tanto derivadas o soporte de otros textos. Después que se publicaran Isis Sin Velos y La Doctrina Secreta, respondió a preguntas de los lectores sobre la constitución humana, las dimensiones espiritual y psicológica, los misterios que rodean a los renacimientos periódicos, la diferencia entre providencia y destino, y los problemas planteados por el libre albedrío y karma. Las respuestas de Blavatsky aparecieron en un formato pregunta-respuesta como La Clave de la Teosofía. En Estudios sobre Ocultismo, habla sobre la teosofía esotérica oculta en la religión y la naturaleza, aclara la diferencia entre ocultismo teórico y práctico, Jesús como hombre y Cristo, y las sucesivas edades mesiánicas. Durante las reuniones semanales llevadas a cabo en la Rama Blavatsky en Londres, respondió a las preguntas de sus estudiantes sobre el génesis cósmico, la mente universal, la naturaleza interna del hombre, la relación entre conciencia y sustancia, simbolismo religioso, y la evolución de los mundos y de los hombres. Sus intentos por aclarar estos análisis de las Estancias de Dzyan fueron publicadas como Comentarios a la Doctrina Secreta: Estancias I-IV. Gemas de Oriente es un registro diario de pensamientos para registrar los pensamientos de una persona; ella seleccionó los axiomas de la literatura oriental. Se usaron citas de filósofos y poetas para introducir los meses. ◊

 

Referencias (¡Una bibliografía de 94 títulos! ¿La omitimos?)

 

 

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La identidad de nuestro origen físico no tiene atractivo para nuestros sentimientos más elevados y profundos. La materia, privada de su alma y espíritu, o su esencia divina, no puede hablar al corazón humano. Pero la identidad del alma y el espíritu, del hombre real, inmortal, como nos enseña la Teosofía, una vez probado y  profundamente arraigado en nuestros corazones, nos llevará lejos en el sendero de la real caridad y la buena voluntad fraternal.

 

La Clave de la Teosofía

H. P. Blavatsky

 

 

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