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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 134 - Número 08 -  Mayo 2013 (en Castellano)

 
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El futuro es ahora

 

P. KRISHNA

Educador y conferencista internacional.

Charla dada en la Convención Internacional, Adyar, diciembre 2012

 

 

Podemos dividir el mundo en dos partes: el mundo material que estudia la ciencia y el mundo interno de nuestra conciencia que en su mayor parte está más allá de la ciencia en la actualidad. Si miramos al mundo material de espacio, tiempo, materia y energía que la ciencia estudia en detalle, ciertamente encontramos que hay un orden enorme en todo el universo; que causas determinadas producen efectos determinados y a estos los gobiernan leyes determinadas. De modo que cualquiera que sea la condición actual, su futuro desarrollo está dictado por esas leyes y en el único lugar donde hay cierta incertidumbre es en el mundo subatómico de partículas elementales. El grado en el que ellas se desvían de la certeza, también está definido por la ciencia. Gran parte del tiempo no nos ocupamos de las partículas subatómicas, salvo en experimentos en laboratorios especializados, de modo que las leyes son bastante deterministas.

 

Los científicos han resuelto la mayoría de estas leyes físicas, químicas y biológicas que gobiernan a la materia tanto animada como inanimada. En buena medida pueden explicar el comportamiento de los cuerpos de las plantas, de los animales y de los seres humanos también. Si se comenzara con condiciones iniciales diferentes, el desarrollo sería diferente, pero sería gobernado por las mismas leyes. La ciencia sostiene que estas leyes son universales y eternas y en base a estas suposiciones pueden señalar el desarrollo completo del universo. Todavía no se acepta completamente en todos sus detalles, pero el amplio esquema es razonablemente cierto porque explica y predice correctamente muchos hechos observados. Por supuesto que hay situaciones en las que operan fuerzas múltiples y entonces se hace difícil predecir qué sucederá en el futuro, pero no significa que las leyes fallen o que el presente no de forma al futuro.

 

Einstein dice: “Todo está determinado por fuerzas sobre las que no tenemos control, está determinado tanto para los insectos como para las estrellas, seres humanos, plantas o polvo cósmico. Todos danzamos una melodía misteriosa tocada a lo lejos por un Flautista de Hamelin invisible”. Creo que no es completamente verdadero respecto los seres humanos. Pienso que Einstein no tomó en cuenta a la conciencia humana, porque si eso fuera también todo predeterminado, entonces no habría ni moralidad ni inmoralidad, tampoco lo correcto o lo incorrecto. Si un tigre mata a otro animal, lo gobiernan sus instintos y no hay ninguna decisión de su parte. En el caso de los seres humanos los instintos se han convertido en tendencias. Por eso cuando un perro nos ladra no nos sentimos insultados, pero cuando tu jefe te grita, ¡te sientes muy injuriado! Esto origina la pregunta, ¿existe o no el libre albedrío? ¿Se le da algo de voluntad al ser humano, o las leyes de la física, la química y la biología determinan totalmente no solamente nuestro cuerpo sino también nuestros pensamientos, decisiones y conducta?

 

Los científicos dicen que si el nivel de dióxido de carbono de la atmósfera supera cierto límite, el calentamiento global resultante tendrá tales proporciones que el casquete polar se derretirá, los mares desbordarán y habrá una catástrofe ecológica grave si seguimos viviendo como lo estamos haciendo en la actualidad. Incluso han pronosticado la fecha en que esto ocurrirá. Por eso nos piden con insistencia que abandonemos los combustibles fósiles y que no aportemos más dióxido de carbono a la atmósfera, usando fuentes alternativas de energía.

 

De modo que mientras la evolución biológica es un hecho y la material también parece serlo, ¿lo es también con respecto a nuestra conciencia y psique? Necesitamos examinarlo con mayor detalle. Los científicos estudian la evolución biológica. Han podido fechar el origen de diferentes especies y el periodo en el que han existido, y han descripto estos procesos a su tiempo. La evolución biológica está apoyada con el estudio de los fósiles encontrados en rocas y esa evidencia no se refuta. De manera que hay evolución en el conocimiento, en el mundo material y en lo biológico, a través de largos periodos de tiempo.

 

¿Ocurre lo mismo también en nuestra psique? ¿Es significativamente diferente el estado psicológico del ser humano de hoy al del hombre primitivo, o del hombre de hace mil años? Ellos formaban grupos, tenían apegos, ambiciones, deseos, miedos, autoridad y dominio, y todo esto todavía existe en la conciencia humana. Después de haber pasado mil años, lo que deseamos hoy puede ser diferente de lo que deseábamos entonces, nuestros grupos pueden ser ahora grandes naciones y no tribus o clanes, pero todavía estamos divididos en grupos. Cada ser humano aún se apega a su propio grupo, trabaja para la prosperidad y mejoramiento de ese grupo, dispuesto a explotar a otros grupos con ese propósito. La fraternidad Universal ha permanecido como una idea noble postulada hace miles de años pero no se ha convertido en una realidad. Por lo tanto, parece que no hemos madurado psicológicamente, ha habido muy poca o ninguna evolución psicológica. Puede que hayan desaparecido ciertas formas de manifestación del ego, o modos extremos de egoísmo; el colonialismo y la ocupación militar en otras naciones han desaparecido un poco, pero la violencia, la guerra, los disturbios, el crimen están muy vigentes. Los gobiernos, las Naciones Unidas y otras organizaciones tratan constantemente por todos los medios de controlar la manifestación de este estado psicológico. Eso significa que cualquiera sea nuestro estado psicológico, causa que ciertas cosas sucedan en nuestra sociedad; esas cosas no cambian en la sociedad. Por consiguiente hay ciertas áreas en las que escasamente ha habido un progreso con el tiempo.

 

Tomemos unos pocos ejemplos. Si miramos a nuestro alrededor vemos que todo ser humano tiene acceso a ciertas cosas, a una cierta cantidad de conocimiento, a relaciones, a dinero, etc., y más allá de eso, hay cosas que no tiene. Cada uno de nosotros está parado sobre una línea, de este lado de la línea están las cosas a las que tenemos acceso y más allá están las que no podemos alcanzar. Todo ser humano hace grandes esfuerzos para empujar esa línea y traer un objeto más hacia este lado de modo que esté disponible para su placer o conveniencia. Pero eso es lo que también hacía hace diez años. Por consiguiente, psicológicamente, toda la humanidad parece estar en el mismo estado: insatisfecha con lo que tiene y en búsqueda de algo que no tiene. El soltero busca una esposa ¡y el casado probablemente quiere liberarse de la suya! De modo que el objeto de deseo varía, pero el deseo aún está ahí.

 

Antes de comenzar su conquista del mundo, Alejandro acudió a Diógenes para recibir sus bendiciones. Diógenes era conocido en Grecia por ser un hombre muy sabio, Alejandro dijo: “Me arriesgo a salir al mundo y a comenzar mi conquista de Irán y Medio Oriente”. Entonces Diógenes le preguntó: “¿Qué harás después de eso? Alejandro respondió: “Bien, después de eso conquistaré Afganistán”. “¿Qué harás después de eso?” y Alejandro dijo, “Conquistaré India”. Diógenes preguntó otra vez, “Y qué harás después de eso?” Y Alejandro dijo: “Conquistaré China”. “¿Qué harás después de eso?” “Bien, luego tal vez regrese a casa”. Y Diógenes le preguntó: “¿Que te impide hacerlo ahora?” Como Alejandro, también nosotros somos ambiciosos. Nuestra sociedad fomenta la ambición, la competitividad y todas las consecuencias del deseo. Cuando deseamos algo que no tenemos y trabajamos ambiciosamente para lograrlo, entonces o lo obtenemos o no. Si no podemos obtenerlo, producirá frustración, un estado de depresión. Si podemos cumplir nuestro deseo hay momentáneo sentido de logro que alimenta al ego. Luego sigue un periodo de estancamiento, de baja energía, porque se ha ido el deseo que te energizaba. Esto continúa hasta que nace un nuevo deseo que nuevamente te da energía. ¡Y este ciclo se repite a sí mismo!

 

Obsérvalo en ti mismo y en todas las personas a tu alrededor y verás que esto es el estado normal del ser humano. De modo que todas las consecuencias de deseo y ambición han existido allí ¡desde el tiempo de Alejandro hasta hoy! Por eso, desde todo punto de vista, la sociedad no ha cambiado. Continúa el “grupismo”, las luchas, la guerra, la fabricación de armamentos para defensa y todo aquello que surge del estado psicológico de dividirnos “nosotros personas” de “las otras personas”.

 

No hemos comprendido sobre qué base nuestra mente define quiénes somos “nosotros” y quiénes son “ellos”. Por qué ciertas diferencias se transforman en división y crean odio, mientras que otras se perciben solamente como diferencias. Por ejemplo, no hemos tenido una guerra entre personas altas y bajas, por lo menos hasta ahora. ¡No somos tan tontos! Pero hemos tenido guerras entre un grupo religioso y otro, entre un grupo nacionalista con otro, etc. Los seres humanos no han podido comprender este proceso psicológico que convierte a las diferencias en división y que, por lo tanto, destruye la fraternidad. Porque cuando odias a alguien y sientes que es tu rival, no te sientes fraternal hacia él. Podemos hablar de fraternidad universal, pero mientras la mente no se libere de la identificación con el “yo” y con lo “mío”, la fraternidad nunca se convertirá en un hecho. Ciertamente nunca fue un hecho, permaneció como un objetivo incluso en la Sociedad Teosófica. Sólo creer en ella no la hace una realidad.

 

Por lo tanto, ¿somos significativamente diferentes del hombre de hace miles de años en lo psicológico y en lo interno de nuestra conciencia? No parece que los seamos. En ese sentido, psicológicamente, el futuro es ahora. Porque si psicológicamente somos iguales al hombre de hace miles de años, entonces pueden pasar otros diez mil años y si sobrevivimos, continuaremos siendo los mismos. Por las mismas razones por las que no hemos cambiado en mil años, no cambiaremos en los próximos mil.

 

Esto significa que el tiempo no ayuda a cambiar el estado psicológico del ser humano. En ese sentido el futuro es ahora y no podemos depender del tiempo para cambiar. La transformación de la conciencia requiere una mutación que no es un proceso en el tiempo. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que hay causalidad en la consciencia que no va cambiando gradualmente con el tiempo. Todas estas emociones negativas, tales como el egoísmo, la competitividad, la rivalidad, la enemistad, el odio, el enojo, la envidia, la aflicción, etc. resultan de ciertas ilusiones de nuestra mente y a menos que se les de fin a esas ilusiones, no desaparecerán. Esto es lo que el Buda indicó hace más de dos mil años. Dio tres leyes psicológicas como las tres leyes de Newton que tienen los científicos. La primera ley es que “el dolor existe”.

 

Esto es la afirmación de un hecho observado. Si examinamos la conciencia humana, vemos que hay mucho sufrimiento psicológico por el que atraviesan los seres humanos. La segunda ley, dice, tiene una causa: la ignorancia como ilusión es la causa del dolor. La tercera ley fue el resultado de sus propios experimentos y aprendizaje. Dijo que la causa puede eliminarse. Es debido a que la causa yace en la ilusión, que puede eliminarse. Si fuera una causa orgánica, no podría eliminarse. Uno no puede liberarse del dolor físico que es una reacción biológica formada dentro del cuerpo; pero el sufrimiento psicológico o emocional se origina en una ilusión y por eso se le puede dar fin. La ilusión no existe en la naturaleza, por eso no la gobiernan leyes naturales. Es algo construido por el pensamiento y la imaginación humana. Sólo la consciencia humana puede lograrlo, el animal no puede hacerlo. Es por ello que no vemos animales haciendo la guerra, un tigre diezmando o destruyendo a otras especies.

 

Se puede terminar la ilusión al discernir lo verdadero de lo falso. Por eso la Teosofía dice: “la Verdad es la religión más elevada”; “la Verdad” como percepción, no la idea de la verdad o el conocimiento de la verdad que es fácil de adquirir. Se puede leer un libro de Buda o libros escritos sobre el Buda y convertirse en un catedrático de filosofía budista, pero eso no transforma nuestra conciencia. El catedrático de filosofía budista tiene la misma conciencia que usted o yo. Tiene pesares, temores, ansiedad y ambición, su estado psicológico no difiere del de los demás. Lo diferente con Jesús y Buda es que ellos realmente experimentaron una transformación de conciencia. Por eso, lo que se necesita no es solamente estar de acuerdo con una idea o una opinión sino tener una percepción real, como cuando percibimos el peligro del fuego o de un camión que viene hacia nosotros. ¡Entonces no necesitan ningún argumento para alejarse!

 

El Sr. C. W. Leadbeater escribió un artículo diciendo que un ingeniero nunca planifica o hace un modelo en el que toma como un hecho que el agua fluirá hacia arriba del cerro porque bien comprende que ese modelo no funcionará, fallará. Pero cuando escuchamos pláticas religiosas encontramos personas que hacen toda clase de afirmaciones nobles cuando su vida muestra que viven justamente lo contrario. Eso significa que no está claro para ellos, simplemente se abandonan a una idea, conceptualizan en el nivel del pensamiento. No se hará una realidad hasta que perciban la verdad por sí mismos. La búsqueda religiosa es para llegar a esa comprensión, que significa sentir el peligro directamente y no a través de argumentos o acuerdos. La verdad en el nivel de las ideas es simplemente una propiedad mental que puede acumularse, pero no transforma la conciencia. La comprensión de la verdad significa que se hace real para usted y deja de ser una idea. Eso es en verdad la esencia de la búsqueda religiosa, que es la búsqueda de la sabiduría que difiere de la búsqueda del conocimiento. Hay muy poca sabiduría en una mente que vive con toda clase de ilusiones, porque vive en un mundo imaginario de su propia creación y francamente no está en contacto con el mundo real de la Naturaleza.

 

Examinemos la naturaleza de estas ilusiones para ver su verdad. Vemos que hay un gran problema de feticidios, están matando a las niñas antes de nacer o a horas de haber nacido. ¿Por qué están desapareciendo las mujeres?, esto produce un desequilibrio que finalmente tendrá consecuencias desastrosas. Los hombres no encontrarán mujeres para casarse lo que llevará a toda clase de violencia que ya ha comenzado a suceder. ¿Qué ilusiones hay detrás de todo esto? Si se examina, se verá que tenemos toda clase de conceptos falsos en nuestra sociedad, simplemente porque los hemos aceptado sin cuestionarlos. Lo aceptamos porque todos a nuestro alrededor creen en ello. Un hindú piensa que sus hijos deben casarse solamente dentro de su casta y es su responsabilidad casar a sus hijas dentro de la casta y como máximo a los veinticinco años. En su casta puede que tenga que pagar una dote importante para encontrarle un esposo a su hija. Debido a que acepta todas estas ideas, siente que el nacimiento de una hija es una gran carga para él, mientras que el nacimiento de un hijo es una ventaja porque cuidará de toda su familia en el futuro. El hijo pertenecerá a su propia familia mientras que la niña se irá con otra familia después del casamiento. Para él todo esto son hechos, aunque simplemente son conceptos mentales sin ninguna existencia real en la naturaleza. Por eso, todas son ilusiones.

 

Hace cinco mil años, tal vez alguien introdujo el sistema de castas en la India. Se menciona aún en el Gita. Puede que no haya tenido la forma que hoy tiene, pero lo que ahora está en la sociedad es la realidad; no conocemos lo que existió hace cinco mil años y no vale la pena especular sobre ello. El hecho es cómo funciona esto ahora y crea mucha discriminación, injusticia y crueldad. Entonces, ¿no podemos liberarnos de esto? Es sólo algo atribuido al niño cuando nace, no existe en la naturaleza. Cuando nace, simplemente es un niño humano: no es ni brahmana, ni sudra, ni cristiano ni hindú, todo esto se lo impone la sociedad al niño y nuestra mente lo acepta. Es por esto que el hindú mata a sus propias hijas. Si solamente comprendemos que no tenemos que aceptar todo esto, podemos vencerlo porque es falso. Pero el hombre común no se da cuenta que todas estas ilusiones en su mente son la causa real detrás de la muerte de su propio hijo. El instinto natural que aún un animal lo tiene, es proteger al niño, amarlo y no ponerlo en peligro. A decir verdad, el hombre trabaja muy duro para reunir la dote para su hija porque piensa que es lo mejor para ella. Esta es la naturaleza de la ilusión: el hombre que está inmerso en la ilusión no se da cuenta que está dentro de ella.

 

De modo que todo este temor, injusticia y pesar surgen de las ilusiones de la mente.

 

Esto es un ejemplo de lo que enseñó Buda: somos autores de nuestra propia aflicción. Creemos que la tristeza viene desde afuera. No hemos aprendido a mirarnos a nosotros mismos y a preguntarnos por qué apareció este dolor, y a partir de qué ilusión en nuestra mente. Ilusión significa que tomo algo como verdadero cuando no lo es, no es un hecho en la naturaleza. O le doy una importancia inmensa a algo que no es realmente importante.

 

Pero el hombre que está en la ilusión no se da cuenta que está en ella. Ese hombre es usted y yo. Puede que seamos capaces de ver la ilusión de otro, pero esto no significa que nosotros no tenemos ilusiones. Precisamente ese hombre que da una dote para su hija y pone en peligro a su niña, no se da cuenta que está en una ilusión; usted y yo tampoco estamos conscientes de las ilusiones que tenemos, no ponemos fin a esa ilusión a menos que examinemos nuestros propios sentimientos, que estemos atentos para ver de dónde surgen, y veamos si es un sentimiento negativo que se origina en una ilusión. Esa es la verdadera búsqueda teosófica. De lo contrario no somos libres. Se puede creer en la fraternidad universal, en esto o en aquello, ¿cuál es la diferencia?

 

Les daré un tema para que lo piensen: si un hombre es egoísta, violento, codicioso y aborrecible, ¿qué diferencia existe si es hindú, musulmán, cristiano, budista o ateo? Y si un hombre es sabio, amable y generoso, no es violento, tiene un gran corazón, es compasivo, qué diferencia existe si es hindú, musulmán, cristiano, budista o ateo? Entonces ¿por qué damos tanta importancia a la afiliación del ser humano?

 

Leí un interesante relato. Revela cómo esta clase de clasificación de seres humanos en religiones y castas diferentes produce conclusiones absurdas. Jesucristo nunca había visto un partido de fútbol, de modo que le preguntó a San Pedro: “¿Puedes llevarme a ver un partido de fútbol?” San Pedro le dijo “Sí Señor, lo organizaré”. Y lo llevó a ver un partido de fútbol a Irlanda, donde el equipo de católicos jugaba con el de protestantes. Jesús comenzó a ver el partido y se interesó mucho porque nunca antes había visto un partido de fútbol. Después de un ratito, los católicos hicieron un gol. Jesús se entusiasmó mucho y dijo “¡Hurra!”, arrojó su gorra al aire y aplaudió para mostrar su deleite. Luego el juego volvió a comenzar y nuevamente lo miró con gran interés y esta vez, fueron los protestantes quienes hicieron un gol. Otra vez se entusiasmó mucho, dijo “¡Hurra!”, aplaudió y arrojó su gorra al aire. Al ver esto, un hombre que estaba sentado detrás de él, quedó sorprendido por su conducta. Le tocó el hombro a Jesús y le dijo “Un momento señor, ¿cuál equipo apoya?” Jesús le respondió “No apoyo a ninguno, simplemente disfruto el partido!” Así el hombre dijo “¡Ah! ¡Un ateo!”

 

Continuamos con nuestras divisiones, con ambiciones y deseos, como parte inevitable de la vida porque no hemos escudriñado seriamente las consecuencias, y no sabemos si las cosas pueden hacerse simplemente por el amor a ello, sin ambición ni deseo. De este modo, la mente sigue con estas ilusiones y por eso continúan en la sociedad todas las divisiones y otras consecuencias, y no hay un cambio fundamental. En ese sentido, el futuro es ahora. Lo único que realmente puede cambiar nuestra vida personal y por consiguiente la de nuestra sociedad, es si borramos esas ilusiones de nuestra mente, pero la dificultad es que no somos conscientes de nuestras ilusiones. Esas ilusiones que conocemos como ilusiones, no causan desorden, por ejemplo los cuentos de hadas. Sabemos que no son reales y cuando reconocemos que simplemente son imaginarios, nos complacemos en ellos por diversión. Del mismo modo, pueden disfrutar bella poesía y metáforas, y todo tipo de cosa imaginarias, siempre y cuando no las tomes como reales. Si las interpretas como realidad se vuelven una ilusión y causan desorden en la conciencia. Como teósofos es importante para nosotros desarrollar una mente que aprende, que discierne lo verdadero de lo falso. Eso quiere decir que todas las veces que yo experimente una emoción negativa, ya sea pesar, temor, envidia, enojo u odio, me haga estas preguntas: “Krishna, ¿de dónde vino eso?, ¿de qué modo estoy abordando la vida al revés?, ¿qué ilusión en mi mente ha originado esta emoción negativa?”

 

Es más importante darle fin a la causalidad interna en nuestra psiquis que liberarnos de la causa externa. Se nos ha entrenado siempre a hacerle frente a la causa externa y por consiguiente sigue la causalidad interna. El aprendizaje interno es muchísimo más importante porque nos liberamos para siempre. No se considera al pesar como una gran desgracia sino como una oportunidad para aprender sobre sí mismo.

 

Soy el autor de mi propia tristeza, y por esta razón, únicamente yo puedo enmendarlo. Surge de mis propios pensamientos, mis propias presunciones y si descubro sus consecuencias, la ilusión se desvanece y por lo tanto hay posibilidad de un cambio verdadero… Este cambio no sucederá con el tiempo, no se llevará a cabo gradualmente. Ya sea que hayas percibido la verdad o no. No se descubre el veinte por ciento de la verdad, ni el cincuenta, ni elevándose gradualmente al cien por ciento, como si se escalara un cerro en espiral. La Verdad penetra la mente como una revelación repentina, una profunda percepción, que causa una mutación en la conciencia; cuando ello ocurre, te liberas. El problema llega a su fin, de modo que no hay necesidad de controlarlo. Solamente necesitamos controlarlo cuando todavía está surgiendo, lo que quiere decir que la causa no ha sido eliminada.

 

Las guerras existen en el mundo porque su causa no se ha eliminado. Miren la situación en el Medio Oriente entre árabes y judíos. Los árabes les dicen a sus hijos que los judíos son sus enemigos y viceversa. Cuando los ancianos mueren, los niños ya se contagiaron de esta enemistad, exactamente desde el nacimiento. De modo que ¿cómo terminará esa división por causa del odio entre estas dos comunidades? No ha finalizado en los últimos sesenta y cinco años, la situación permanece exactamente igual. Cada vez que el conflicto estalla, las Naciones Unidas van hacia allí para generar un diálogo, hacer algún compromiso, pero fracasa en cada ocasión. Sin duda hay una causalidad más profunda detrás de ello, y mientras no nos liberemos de esa causa, el efecto seguirá surgiendo. La realidad es que no hay gran diferencia entre los árabes y los judíos. Ellos piensan así porque son diferentes sus religiones, sus creencias, apegos, hábitos alimenticios, etc. Pero estas son cosas muy superficiales, en el fondo tienen mucho en común. Tienen los mismos instintos, los mismos problemas de deseo, celos, ambición, temor y pesar, porque ambos son seres humanos. Sienten muy diferente sólo porque le dan enorme importancia a estas diferencias superficiales, y eso es una ilusión.

 

El Buda enseñó que la verdad es que tu prójimo eres tú mismo. Si esto no parece así, es porque la mente está aprisionada en todas estas ilusiones que nos dividen y mientras esas ilusiones persistan no hay cambio en el estado psicológico, no hay evolución psicológica, por lo tanto el futuro es ahora. Hay cambio verdadero solamente cuando percibimos por nosotros mismos lo verdadero y lo falso. Es por eso que la búsqueda de la verdad es la religión más elevada y la mente que aprende es la verdadera mente religiosa.

 

 

 

Terminar el momento, encontrar el fin del viaje en cada paso del camino, vivir el mayor número de horas buenas, es sabiduría.

Ralph Waldo Emerson

 

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