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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 134 - Número 08 -  Mayo 2013 (en Castellano)

 
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Las enseñanzas esenciales del Budismo

 

BINAY KRISHNA

Miembro de la Sección Inda, reside en Patna.

 

 

“Que nosotros, devotos servidores de este espíritu encarnado de abnegación absoluta, de filantropía, de divina bondad, como de todas las más altas virtudes accesibles en este triste mundo, que nosotros, servidores del hombre por excelencia, Gautama Buddha, permitiéramos a la ST representar la personificación del egoísmo y dar refugio a algunos hombres que no dedican ningún pensamiento a la multitud, he aquí, hermanos míos, una rara idea”. Esto escribió el Mahachohan, de quien se dice que el futuro yace ante él como una página abierta (C. Jinarâjadâsa, Cartas de los Maestros de la Sabiduría, Primera Serie). Tal elocuente afirmación hecha por el Mahachohan debería tener un gran significado para nosotros, los teósofos, para estudiar e imitar las enseñanzas en nuestra vida.

   El Budismo se puede distinguir de otras tradiciones y escuelas filosóficas por cuatro “marcas”. Estos son los cuatro atributos o características del Budismo.

   El primero de ellos afirma que todas las cosas condicionadas no son permanentes, son transitorias. Esto lo sabemos íntimamente al observarnos envejecer. La impermanencia no se limita al desgaste y desintegración de las cosas. Es, o puede ser, más sutil que esto. Las cosas sólo existen momentáneamente. Cada momento causa el siguiente, que a su vez produce el próximo. Tomemos el ejemplo de una manzana: durante unos pocos días permanece bastante similar en apariencia, luego con el pasar del tiempo madura y finalmente se descompone totalmente y deja de ser una manzana; se hace difícil afirmar que subyace una manzana, y que posee la cualidad y características de una manzana.

   La misma característica transitoria se aplica a nosotros también. Vivimos efímeramente. Cada momento causa nuestro próximo instante de existencia, un proceso que continúa día tras día, año tras año, y tal vez de vida en vida. Esto es verdad respecto al medioambiente también. El budista y lógico del siglo siete, Dharmakirti, afirmó que “todos los fenómenos que surgen de causas y condiciones son naturalmente transitorias”. Esto sugiere que cualquier cosa que aparece, debido al agregado de varias causas y condiciones, está por su misma naturaleza sujeto al cambio.

   Las causas y condiciones de nuestra propia existencia regresan al momento del nacimiento y aun más atrás, al momento de la concepción. Es en la concepción que nuestros cuerpos físicos se forman por la unión del semen de nuestro padre y el óvulo de nuestra madre. Las sustancias mismas de las cuales nuestro cuerpo se forma son impuras en sí mismas. ¿Qué es nuestro cuerpo sino la quintaesencia de miles de generaciones de evolución de esperma y óvulos? Estos se unen en las zonas más bajas, entre los intestinos llenos de excremento y la vejiga llena de orina, limitados en la oscuridad de la matriz. El cuerpo crece durante nueve meses, confinado y constreñido por todas partes. Estamos como vendados por una bolsa de cuero apretada, experimentando un calor intenso cuando nuestra madre come o bebe algo caliente, e intenso frío cuando es algo frío, y temblamos. Si se mueve rápidamente sentimos que alguien nos golpea con una vara. La madre también experimenta sufrimiento en estas circunstancias. Al final del embarazo ella siente que está por explotar. En el momento mismo del parto, su sufrimiento es tan intenso que se queja por un dolor insoportable.

   Nagarjuna escribe en Precious Garland (Guirnalda Preciosa) que si no usamos el indigno cuerpo como un vehículo para el desarrollo espiritual, esto es lo que es: una bolsa inútil de sangre, pus, excremento y huesos.

   La causa raíz de una existencia no iluminada es nuestro apego al sentido del yo. Las ideas budistas de la ignorancia del apego al yo es un tema esencial, ya que el Budismo considera su eliminación como el camino a nuestra verdadera paz y felicidad. El Maestro KH repite la misma idea: “Es sólo la filosofía esotérica, la unión espiritual y psíquica del hombre con la naturaleza que, al revelar verdades fundamentales, puede producir ese estado intermedio tan deseado entre los dos extremos del Egoísmo y el divino Altruismo, y finalmente conducir al alivio del sufrimiento humano.”

   El deseo origina que queramos más y más. Subsecuentemente renacemos en una situación de necesidad e insatisfacción. La aversión disminuye nuestra paciencia y aumenta nuestra tendencia a la ira. De modo similar, nuestra aflicción debida al orgullo y los celos socava nuestra paz mental y causa infelicidad. Ellas dominaron nuestras acciones durante innumerables vidas pasadas. Según el Budismo, nuestra existencia condicionada está por lo tanto, en nuestros pensamientos, contaminada por emociones aflictivas. Mientras estamos bajo la influencia de estas emociones, no somos libres y nuestra existencia padece el sufrimiento.

   Después de alcanzar la iluminación, Gautama Buddha enseñó sobre el sufrimiento. Identificó el sufrimiento como dividido en tres niveles. El primer nivel  y el inmediatamente más evidente, es el dolor mental y físico. El segundo, un nivel más sutil, es aquél creado no por la sensación dolorosa, sino por las placenteras. Los placeres producen sufrimiento porque finalmente cesan, y nos dejan deseando más. Pero el nivel más importante de sufrimiento es el tercero que impregna la totalidad de nuestras vidas. Está relacionado a la segunda característica del Budismo: Todos los fenómenos contaminados, todas las cosas que existen están limitadas por la naturaleza del sufrimiento. La tercera de las cuatro características o marcas del Budismo es que todos los fenómenos están desprovistos de yoidad. ¿Qué se entiende por yoidad y su carencia? Todas las cosas compuestas, ya sea el aire, la piedra, o las criaturas vivas, son transitorias; forman parte de la naturaleza del sufrimiento, y todos los fenómenos carecen de yoidad. Nuestra ignorancia de la naturaleza sin yoidad de todo lo que existe es la causa fundamental de nuestra existencia no iluminada. Es en esta naturaleza sin yoidad de todo, que tenemos el potencial para terminar nuestra existencia miserable. La fuerza de la sabiduría, cultivada gradualmente, nos permite disminuir y finalmente eliminar nuestra ignorancia fundamental que se apega al sentido del yo. El cultivo de la sabiduría producirá un estado que está más allá de la aflicción, “Nirvâna” en sánscrito. La cuarta característica del Budismo es que Nirvâna es la paz verdadera.

   Según el Budismo no existe un yo personal imperecedero. La mente es esencialmente pura y luminosa. Los pensamientos y emociones dolorosos que contaminan nuestro yo superficial de cada día no pueden tocar la mente esencial. Al ser accidental, esta contaminación se puede eliminar. En primer lugar, la práctica budista tiene como objetivo cultivar los antídotos de estos pensamientos y emociones dolorosos. La técnica empleada para hacerlo es la meditación, a fin de trascender la bondad ordinaria, que está teñida de apego. Al reemplazar el nivel mundano de bondad con sabiduría trascendental, uno puede cortar la raíz de toda conducta compulsiva de samsâra y entrar en la serenidad dichosa de Nirvâna.

   La fuerza que elimina el proceso innato de apegarse a la verdadera existencia es el entrenamiento más elevado de la sabiduría. Este es el método más importante en la búsqueda de la liberación eterna. Para estabilizar el entrenamiento más elevado en la sabiduría uno debería cultivar un entrenamiento más elevado en la concentración meditativa y en la autodisciplina ética.

   Cualquier deseo de seguir un sendero espiritual de transformación interna surgirá sólo cuando nos demos cuenta del estado miserable en el que estamos. Por lo tanto, el Buddha inicialmente enseñó la primera Noble Verdad, estableciendo el sufrimiento como el verdadero estado de nuestra existencia. La segunda Noble Verdad explica el origen de nuestro sufrimiento. Nuestra miseria es causada por emociones aflictivas que nos hace actuar de modo egoísta. Nuestros actos auto-centrados, a su vez, producen un comportamiento no virtuoso que causa miseria. La tercera Noble Verdad que enseñó el Buddha es que todo sufrimiento termina cuando se produce el cese de sus causas. Originar cualquier cambio en tal comportamiento habitual exige un proceso de entrenamiento durante muchos años. En la cuarta Noble Verdad, el Buddha enseñó la forma en que debemos dedicarnos al entrenamiento que lleva a la liberación de samsâra.

   El Buddha realmente enseñó las cuatro Noble Verdades desde tres puntos de vista diferentes. Identificó las verdades individuales:

 

Esta es la verdad del sufrimiento;

Estas son las verdaderas causas (del sufrimiento);

Esta es la verdadera cesación (del sufrimiento);

Este es el verdadero sendero hacia la cesación.

 

   En el segundo conjunto de afirmaciones, el Buddha estableció un sistema por medio del cual se puede implementar el conocimiento de las Cuatro Noble Verdades en nuestra práctica. Él afirmó:

 

El sufrimiento se debe reconocer,

Su origen eliminar;

La cesación se debe lograr.

 

   El tercer conjunto de afirmaciones refleja la naturaleza esencial de las Cuatro Noble Verdades: su vacío de cualquier existencia inherente. Una interpretación más práctica debería ser que el Buddha estaba presentando las consecuencias de implementar las cuatro Noble Verdades. Asimilando el conocimiento de las Cuatro Noble Verdades podemos sobreponernos al sufrimiento al punto en que deja de existir; podemos eliminar el origen del sufrimiento de modo que no haya nada que eliminar; podemos lograr el cese de modo que no haya cesación; y podemos cultivar el sendero de modo que ya no haya un sendero a cultivar. El Buddha afirmó:

 

Aunque el sufrimiento se debe reconocer,

   no hay sufrimiento para reconocer;

Aunque su origen ha de ser superado,

   no hay origen para superar;

Aunque el cese se debe lograr,

   no hay cese para lograr;

Aunque el sendero se debe cultivar,

   no hay sendero para cultivar.

 

   La afirmación de J. Krishnamurti “La Verdad es una tierra sin sendero”, se ha vuelto un cliché. Pero originó muchas preguntas aunque no mostró el camino, produciendo una confusión considerable en aquéllos que podían entender y emular sus enseñanzas. La afirmación del Bendito “Aunque el sendero se debe cultivar, no hay sendero para cultivar”, tiene la pregunta y la respuesta del peregrino en el sendero de la santidad.

   Nagarjuna demostró que el concepto de “yo” se debe comprender meramente como una etiqueta designada a la colección de partes, física y mental, que me constituyen. Evidentemente si algo se decide, no existe independientemente, ya que esa decisión  depende de la base de su designación. Si algo posee una naturaleza dependiente, entonces no puede existir independientemente dado que la dependencia y la independencia son mutuamente excluyentes. Por esto el concepto de “yo” no existe independiente o inherentemente; dado que algo existe de modo dependiente, contradice su existencia independiente. De modo similar, al vernos a nosotros mismos, debemos reconocer que el “yo” existe meramente dependiendo de un yo de partes mentales y físicas que son la base de “mi” identificación.

   El vacío es una cualidad de todo fenómeno. Como Nagarjuna afirma: “No hay fenómeno que no se origine de modo dependiente, no hay nada que no esté vacío.”

   Cuando comprendemos el vacío en el sentido de un origen dependiente, y en particular, de determinación dependiente, sabemos que las cosas existen por mera designación o por etiquetarlas. Una mesa se la nombra dependiendo de su base de designación: las partes no son la mesa. Ellas son la base sobre la cual identificamos algo como “mesa”. No existe una mesa inherentemente existente entre las partes. Si buscamos entre las partes: sus costados, patas, la tabla superior, no encontraremos una mesa identificable oculta entre esas partes. También, la idea de nuestra mesa apareciendo de forma separada de todas esas partes es absurda. ¿Cómo puede una mesa existir faltándole cualquiera de sus partes?

   La “posibilidad de encontrar” la mesa es una cualidad que se aplica a todas las otras cosas también. Podemos buscar un auto en sus partes, una casa entre las partes, y no encontraremos ni auto ni casa. El estado del fenómeno es su vacío. Esto no es vacío en el sentido de una habitación vacía; es el vacío como la cualidad que se puede encontrar de espacio entre las partes que constituyen la habitación.

   Como Nagarjuna afirma en su Commentary on the Awakening Mind (Comentarios sobre la Mente Despierta), si comprendemos que todos los fenómenos están vacíos, la relación de causa y efecto, el Karma y sus frutos, se vuelve sostenible. Esto es ciertamente una gran maravilla, más maravilloso que lo más maravilloso, más sorprendente que lo más sorprendente.

   Al comprender el vacío en términos de origen dependiente, podemos establecer la funcionalidad de las cosas. Podemos reconocer la relación entre la causa y sus efectos como interdependiente y por lo tanto necesariamente independiente entre sí. Si algo poseyera una existencia objetiva inherente, se volvería una realidad auto-contenida que le prohibiría interactuar con otros fenómenos. Por lo tanto es esta carencia de existencia inherente, este vacío, que le permite a algo funcionar, ser producido, producir, e interactuar con otras cosas. El principio de origen dependiente, pratitya-samutpâda, es una característica que define la filosofía budista. Existen diferentes niveles de comprensión de pratitya-samutpâda, comenzando con la dependencia de cosas y hechos en sus causas y condiciones. Todos los budistas aceptan este nivel que sólo se aplica a cosas condicionadas. Luego está la comprensión de un origen dependiente con respecto a la relación entre las partes y al todo. Finalmente llegamos al concepto de designación dependiente que se consideró anteriormente.

   Reconocemos que igual que algo sólo puede ser identificado como un efecto respecto a su causa, lo opuesto también es verdad. Una causa sólo puede ser identificada como una causa respecto a su efecto. ¿Cómo podría algo ser una causa si no fuera la causa de un efecto? Su identidad causal es por lo tanto dependiente de su efecto subsecuente.

   Aunque una causa no puede ser el efecto de sí misma, sin embargo es necesariamente el efecto de una causa aparte de sí misma. El brote es el efecto de su semilla causal, mientras que también es la causa del futuro árbol. Esto demuestra que ninguna causa es una causa absoluta, en y de sí misma. Nada tiene la más mínima inherente cualidad de ser una causa o un efecto, ya que esto prohibiría la causa de ser algo que no fuera una causa, o un efecto de ser algo que no fuera un efecto.

   Tomando el ejemplo de una silla de madera, se puede comprender eso debido al árbol de la que está hecha, su existencia depende del árbol. El árbol, sin embargo, no se puede decir que depende de la silla.

   Dando un paso más adelante, la silla de hoy resulta de la silla de ayer; también causa la silla de mañana. Por lo tanto la silla de hoy no es inherentemente una silla resultante. El concepto de vacío como una mera designación nos permite comprender mejor y de forma más profunda la relación dependiente entre las cosas y sus partes.

   A medida que desarrollamos la percepción del vacío como una mera designación, nos permite comprender mejor la relación dependiente entre las cosas y sus partes. Esto profundizará nuestra comprensión del vacío. Debemos purificar el motivo para examinar detalladamente el aspecto de la sabiduría del sendero hacia la iluminación. Sólo la sabiduría no conducirá al estado final de Budado.

   Para recorrer el Sendero, el peregrino debe evitar una atención excesiva a los estilos de vida, y equilibrar el interés espiritual con las responsabilidades mundanas, entrenarse mentalmente sobre las desventajas de la auto-estima y las ventajas de trabajar por el bienestar de los demás. Al examinar y contemplar estas ideas durante meses y años, finalmente percibiremos que los demás son más importantes que nosotros. Cuando somos elogiados, existe el peligro del orgullo y del auto-aprecio. Evitemos la arrogancia en el éxito, usemos por el contrario la oportunidad de asegurar nuestro compromiso hacia los demás. Al enfrentar la adversidad, consideremos los innumerables incidentes del sufrimiento en circunstancias similares. La inspiradora cita que se da a continuación es de la Guía hacia el Modo de Vida del Bodhisattva de Sântideva:

 

Porque mientras permanezca el espacio,

Mientras los seres sensibles permanezcan,

Pueda también yo permanecer

Para disipar su miseria. 

 

 

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