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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 134 - Número 07 -  Abril 2013 (en Castellano)

 
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El Tiempo – Algunas reflexiones

 

D.P. Sabnis

El sr. D.P. Sabnis  es miembro de la Logia Blavatsky, Mumbai, Sección India de la ST

 

 

 

Por lo general, calculamos el tiempo en horas, minutos y segundos, siguiendo la rotación de la tierra alrededor de su propio eje. Cuando la tierra gira en torno al sol,  es un año, con sus cuatro estaciones. Pero aparte de eso, existe una sensación del tiempo que es subjetiva. Además de definir el tiempo en función del movimiento de la tierra, podemos definirla según nuestra concepción. El tiempo es algo creado totalmente por nosotros, dice un Maestro de Sabiduría. El tiempo parece volar en los momentos felices, mientras que parece extenderse muy lentamente, durante las experiencias dolorosas. Así, un momento de intensa agonía puede parecer una eternidad para una persona, mientras que meses y años pasan volando en un instante para una persona rodeada de dicha.

Los Mahatmas poseen el conocimiento de la propia base de la naturaleza, ellos saben cuáles son las últimas divisiones del tiempo, y también, el significado y los tiempos de los ciclos. En uno de los aforismos del Yoga de Patañjali (L. III, Vibhuti Pada), se nos brinda una descripción de los diversos poderes que un yogui llega a poseer mediante la práctica de sanyama. Sanyama es la práctica de la concentración, contemplación y meditación, todos los tres en uno. Cuando un yogui practica sanyama con respecto al  momento y al flujo continuo de momentos, llega a poseer discernimiento, el que a su vez conduce a un sutil conocimiento, es decir, conocimiento no limitado por espacio y tiempo. En este aforismo, Patañjali habla de las divisiones fundamentales del tiempo, es decir, momentos (kshanas), y el orden en que estos momentos se preceden y suceden el uno al otro.

El kshana, o momento, que no puede resistir más subdivisiones, es menor que el segundo, un nanosegundo o picosegundo de la ciencia. Somos conscientes y podemos distinguir períodos como los días y las horas. Existen matemáticos natos que, sin necesidad de mirar un reloj,  perciben la cantidad de minutos que transcurren entre dos puntos en el tiempo. Un yogui puede distinguir entre las sucesiones de momentos.

 

Los momentos se suceden el uno a otro en secuencia, y estas secuencias juntas, constituyen el tiempo. Así, los momentos son como los rayos de una rueda de tiempo. El movimiento de los momentos, en el presente, pasado y futuro, conforman el tiempo cronológico. El yogui permanece atento al momento y no permite que su atención se pose sobre los momentos, y así conquista el tiempo cronológico.

 

En otras palabras, “El tiempo es solo una ilusión producida por la sucesión de nuestros estados de conciencia a medida que viajamos a través de la duración eterna, y no existe donde no existe conciencia en la que pueda producirse la ilusión; sino que ‘yace adormecido’” (La Doctrina Secreta, I.37). HPB insinúa que el tiempo es un producto de la conciencia. En la experiencia del místico, pasado, presente y futuro se fusionan en un Eterno Ahora.

 

Un Maestro de Sabiduría dice que “pasado, presente y futuro” son palabras torpes. Las subdivisiones, que parecen naturales, son creadas por el hombre y puramente subjetivas. Es imposible señalar la línea divisoria entre pasado y presente, o presente y futuro. Incluso cuando decimos “ahora”, ya es parte del pasado. Nuestras divisiones del tiempo son relativas al punto de vista del observador.

 

Los instructores de todas las épocas, y especialmente los gurús de la New Age, nos aconsejan vivir el momento presente. Estamos tan acostumbrados a volar del momento presente que la experiencia de permanecer en el momento presente,  aunque sea por una hora, puede resultar intimidante. Si  logramos vivir en el presente, sea éste bueno, malo o indiferente, sin añorar o suspirar, entonces somos libres.

 

Parece que vivimos la vida, llevando con nosotros una pesada carga de un equipaje del pasado. Pocas veces apreciamos a la gente a medida que se presentan de momento en momento. Nuestras reacciones se basan en recuerdos, impresiones y preconceptos almacenados. Por ejemplo, cuando una persona nos saluda, nuestra reacción, consciente o inconsciente, se basa en una  imagen guardada en la memoria. La memoria se basa en la experiencia. ¿Deberíamos permitirle que tenga una influencia tan arrolladora en nuestra respuesta y capacidad de enfrentar la vida  nueva de cada día? Rara vez vivimos en el presente. Vivimos la vida oscilando entre el pasado y el futuro. La Voz del Silencio nos aconseja: “Mata en ti todo recuerdo de experiencias pasadas. No mires hacia atrás o estarás perdido”. Se dice que el pasado ya se ha ido y es estático, y nada que hagamos puede cambiarlo,  pero el futuro está por delante y es dinámico; todo lo que hacemos lo afectará. Se sugiere olvidar la experiencia emocional adherida a los hechos del pasado que tiende a apoderarse de nuestra mente y tiñen el presente y el futuro. Una vez que hemos aprendido la lección de un hecho, debemos dejarla ir sin lamentarnos por lo ocurrido. Nuestra capacidad de hacer el bien en el presente se ve seriamente afectada cuando pensamos demasiado en el pasado, lo que nos despoja de nuestro nivel presente de conciencia. HPB escribe:

 

Para el ocultista…el futuro y el pasado se  encuentran incluidos en cada momento de sus vidas, por lo tanto en el eterno PRESENTE. El pasado es un torrente que corre atolondradamente, que enfrentamos incesantemente, sin un segundo de intervalo, cada ola de éste, cada gota, sea un hecho pequeño o grande. Sin embargo, ni bien lo hemos enfrentado, haya traído dicha o pena, ya sea que nos eleve o nos derrumbe,  desaparece y le dejamos atrás, para perderse luego en el gran Mar del Olvido. Depende de nosotros hacer que el hecho se convierta en inexistente para nosotros, obliterándolo de nuestra memoria; o hacer de nuestros recuerdos Buitres de Prometeo.

 

Paradójicamente, una persona que desea cultivar la concentración debe estar consciente de su proceso mental, para que ni la más leve impresión de un pensamiento pasajero se pierda. Debemos aprender a repasar nuestro día en sentido inverso, de manera cuidadosa y detallada, observando todo lo que sucedió y lo que permitimos que pase por nuestra mente.  Seremos capaces de recordar todos los pensamientos e impresiones  solo si hemos estado atentos y conscientes mientras estamos despiertos.

 

El karma no está sujeto al tiempo, y por lo tanto quien sepa lo que es la división última del tiempo, sabe lo que es el karma.

 

Los ciclos son los relojes del Karma. Los ciclos no son divisiones arbitrarias del tiempo, sino que marcan los regresos periódicos de nuestras impresiones y acciones.  Los ciclos marcan los momentos de causa y efecto. Teniendo el conocimiento del Karma y los Ciclos, el yogi puede predecir un evento futuro.

Una de las aplicaciones más prácticas del concepto de tiempo está en comprender el valor de los ciclos. Prestando atención al retorno cíclico de las impresiones, podemos ahorrar tiempo y esfuerzo en el entrenamiento de la mente y el cuerpo. Si comemos siempre a la misma hora, nuestro sistema digestivo está listo y activo de tal manera que el alimento se digiere bien. Si estudiamos siempre a la misma hora, entonces la mente está lista para esa tarea, y se aprovecha mejor. Nuestras tristezas y depresiones vienen en ciclos. Cuando el ciclo depresivo regresa, debemos obligarnos a sentirnos alegres, incluso en contra de nuestra voluntad, o al menos intentar sentir la dicha de otras personas. Podemos hacer esto al siguiente o dos días después. Habremos implantado entonces impresiones de dicha, de tal manera que cuando regrese la depresión, traiga consigo las impresiones de dicha y contrarresten mutuamente. Pronto lograremos establecer un ciclo de dicha.

 

Pero, ¿por qué detenernos en los estados de ánimo y los sentimientos? La ley del Karma establece que un impulso, acción o pensamiento regresa a quien lo envía en el transcurso del tiempo. La ley de Reencarnación establece que el hombre viene a este mundo, vive una vida y luego muere para regresar a su debido tiempo con un nuevo cuerpo y personalidad. En los estados entre la muerte y el renacimiento, el alma va al Cielo o Devachan y asimila lo bueno que ha cosechado durante su vida en la tierra, como para volver enriquecido con esos frutos a la siguiente vida. La estadía promedio en Devachan es de 1000 a 1500 años. El tiempo que le toma al Ego la asimilación en Devachan es proporcionalmente superior al tiempo que se pasa en la tierra cosechando la experiencia. Nos toma unos minutos ingerir alimento, pero la digestión toma mucho más, entre siete u ocho horas.

Debemos considerar la vida como una oportunidad cíclica maravillosa, que retornará solo dentro de 1000 a 1500 años. Solo es correcto preguntarnos sobre cada acción y aspiración: “¿es esto lo que llevaré conmigo al Devachán?”.

A Shiva se lo denomina Kâla-bhairava. Bhairava es eso que nos hace bhiru (temerosos), y todos tememos al tiempo, el cual nos arrebata nuestras cosas más queridas. Krishna también dice: “Yo soy el tiempo, el gran destructor de los mundos, y he venido aquí a destruir a toda la gente” (Bhagavadgita, XI).

El tiempo infinito, o Kala, es el símbolo de la Realidad Una o Absoluto. Lo Absoluto está más allá del tiempo. Al estar más allá del tiempo y el espacio, se lo describe como “El Cisne que está más allá del tiempo” en su aspecto trascendental.  “el Cisne en el tiempo” representa el aspecto inmanente de lo Absoluto, también llamado Ishvara. Todo en la manifestación está sujeto a una limitación triple. Por ejemplo, una rosa está limitada en el espacio, ya que no puede estar en dos lugares al mismo tiempo. Está limitada por el tiempo, porque hubo un tiempo en que la rosa no existía, y también, en algún momento del futuro, dejará de existir. De igual manera, la rosa posee ciertas cualidades que la hacen una rosa, distinta de todos los demás objetos; es decir, una rosa sólo posee “cualidad de rosa”.

 

Luz en el Sendero dice que el Tiempo es un gran engañador. Un aspirante espiritual que experimente descontento divino es descripto como alguien a quien la sensación de espacio es como barras de una jaula de hierro, mientras que la sensación de tiempo es como  los golpes de un martillo. Su conciencia lucha por elevarse, liberándose de los límites del tiempo y el espacio. Desea liberarse de  estas limitaciones y experimentar atemporalidad, donde cesa la oscilación entre el placer y el dolor.

 

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Las cosas del pasado ya se fueron hace tiempo

Y las cosas por ser, distantes más allá de lo imaginable.

El Tao es tan solo este momento, estas palabras:

Las flores del ciruelo han caído; la gardenia está abriéndose.

 

Ch’ing Kung,

Mountain Dwelling

 

 

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