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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 134 - Número 07 -  Abril 2013 (en Castellano)

 
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La realización de La Doctrina Secreta

 

MICHAEL GOMES

Erudito y autor de temas teosóficos. Vive en Norteamérica.

Artículo reimpreso de The Theosophisth, mayo 1988.

El año 2013 es el 125º aniversario de La Doctrina Secreta.

 

 

Mientras que la mayoría de los teósofos están familiarizados con el hecho de que la gran obra de H. P. Blavatsky, La Doctrina Secreta, fue publicada en 1888, y conocen las teorías de cosmogénesis y antropogénesis que están en ella, los hechos que le dieron forma al libro no son igual de conocidos. Afortunadamente sobrevivieron varios testigos oculares, e hicieron posible la reconstrucción de este periodo. El más fascinante y detallado es Reminiscencias de H. P. Blavatsky y La Doctrina Secreta de la Condesa Wachtmeister, publicado en 1893 después de la muerte de HPB, y reimpreso por la Edit. Quest Books.

   La Condesa, rubia y de ojos celestes, era una mujer de sociedad relacionada con la antigua familia francesa de Bourbel de Montjucon. Su padre era el Marqués de Bourbel, y ella nació en Florencia, Italia, el 28 de marzo de 1838. Se casó con su primo, el Conde Karl Wachtmeister, en 1863, quien luego fue designado en Londres como ministro sueco y noruego para la Corte de St James. Por lo tanto vivieron en Copenhague, donde fue ministro para la corte danesa, y en Estocolmo, donde fue nombrado ministro de asuntos exteriores. Después de su muerte en 1871 ella se interesó en el espiritismo. Pero al igual que muchos miembros de la antigua Sociedad Teosófica, el Conde de Crawford y Balcarres, Baron Spedalieri y la Duquesa de Pomar, su espiritismo pronto se convirtió en ocultismo. El leer Isis sin Velo, le hizo hacerse miembro de la Sociedad Teosófica Británica, en 1880.[1]

   Fue en la casa londinense del popular autor teosófico, A. P. Sinnett, a principios de abril de 1884 que la Condesa Wachtmeister conoció a HPB, quien había venido a Londres desde París sólo para las elecciones de la Rama de la ST. La Condesa volvió a ver a Madame Blavatsky esa primavera en el castillo del Conde y de la Condesa d´Adhemar at Enghien, Francia, antes de regresar a Suecia, y HPB le dijo que “antes que pasaran dos años, dedicaría mi vida totalmente a la Teosofía”[2], algo que en ese momento, dice, consideró como algo totalmente imposible.

   Cuando la Condesa Wachtmeister contactó a HPB nuevamente, a principios de diciembre 1885, la situación era totalmente diferente a lo que habían sido las magníficas recepciones en Londres y Paris, que habían terminado con una gala de despedida para el Cnel. Olcott y Madame Blavatsky en el Salón del Príncipe, en Londres 21 de julio de 1884, a la que asistieron 500 personas con ropa de etiqueta. “Esto no es vida”, le había escrito HPB a su hermana Vera, en ese entonces, “sino una especie de loco torbellino desde la mañana hasta la noche. Visitantes, cenas, personas que llegan en la noche y reuniones todos los días.”[3] Pero ahora la líder teosófica estaba en desgracia, “abandonada por todos y sola”. Algunas cartas atribuidas a ella aparecidas en setiembre y octubre de 1884 en la Madras Christian College Magazine (Revista de la Universidad Cristiana de Madras) parecían comprometer seriamente sus fenómenos; también su fracaso en enjuiciar por libelo, y su rápida partida de India en marzo de 1885 hacia Europa. La  Sociedad de Investigación Psíquica de Londres, recientemente formada, envió un agente para investigar el asunto, y su informe, que sería publicado pronto, se creía que sería desfavorable.[4]

   La Condesa tenía intenciones de pasar el invierno de 1885/86 en Italia, y de camino se detuvo en la casa de una amiga, miembro de la ST y estudiante de ocultismo, Marie Gebhard, en Elberfeld, Alemania. Madame Gebhard, que había sido una de las pocas alumnas privadas del cabalista francés Eliphas Levi, le pidió a su huésped que fuera a ver a HPB quien estaba ahora ubicada cerca de Würzburg. La respuesta de la Sra. Blavatsky fue una negativa amable, argumentando falta de espacio y tiempo para entretener a un visitante, ya que ella estaba ocupada escribiendo La Doctrina Secreta. Pero en el momento en que la Condesa estaba preparándose para ir a Roma, y el carruaje realmente la estaba esperando en la puerta, llegó un telegrama que decía: “Venga a Würzburg ya, la necesito inmediatamente, Blavatsky.”[5]

   Debido a los rumores de fraude y decepción que circulaban sobre Blavatsky, la Condesa Wachtmeister dice que ella no pudo evitar de sentirse en guardia mientras subía los escalones en el Nº 6 de Ludwigstrasse en Würzburg, la noche que llegó. Se encontró con una mujer triste, de 54 años, herida sensiblemente por insultos y sospechas, y que delicadamente le dijo que ella no la había invitado al principio debido al poco espacio de su departamento, principalmente un dormitorio, comedor, sala de estar y cuarto de la mucama, el que no podría satisfacer a alguien con los antecedentes de su huésped.

   La Condesa Wachtmeister debe haber sido una persona totalmente sin pretensiones, porque permaneció con Madame Blavatsky durante los cinco meses siguientes. Se compró un biombo que separaba el dormitorio para brindarles un único espacio privado. A las seis de la mañana su mucama suiza, Louise, le traía una taza de café a HPB, quien luego se levantaba, se vestía y estaba escribiendo en su escritorio a las siete. El desayudo era a las ocho cuando se leía la correspondencia del día, y luego Madame Blavatsky regresaba a su escritorio para seguir escribiendo. La comida principal se servía a la una de la tarde, pero cuando la Condesa tocaba la campanita, a veces HPB no respondía por horas dependiendo de cuán bien se presentaba su trabajo. Finalmente a las siete lo dejaba, y después del té, ambas pasaban “una agradable tarde juntas”. HPB se entretenía con un solitario, mientras que la Condesa le leía fragmentos y artículos de los periódicos del día. Alrededor de las nueve de la noche HPB se iba a dormir donde leía diarios rusos hasta muy tarde.

   Tenían pocos visitantes en esta época; la regularidad de sus días se interrumpía sólo por la visita semanal del doctor de HPB, quien generalmente permanecía una hora, y alguna aparición ocasional del dueño de la casa. La mayor parte del tiempo de HPB lo pasaba trabajando en su nuevo libro que había sido publicitado en el Journal de la Sociedad a principios de 1884 como una “nueva versión de Isis sin Velo con arreglos nuevos sobre el tema, amplios e importantes agregados, copiosas notas y comentarios”. Pero el trabajo había transcurrido con lentitud. Un intento de agrupar temas existe desde la gira europea de 1884 de HPB, y antes de la llegada de la Condesa, ella se las había arreglado para reunir unos pocos capítulos.

   Como el testimonio del Cnel. Olcott de la escritura de HPB de Isis sin Velo, y el de Annie Besant respecto a la producción de La Voz del Silencio, el relato de la Condesa Wachtmeister cuenta con la descripción de HPB, quien se sentaba durante muchas horas y escribía continuamente, deteniéndose sólo para ver el espacio que le quedaba. HPB le explicó su técnica, como que podía “hacer lo que sólo puede describir como una especie de vacío en el aire ante ella, fijar su vista y voluntad sobre él, e inmediatamente escena tras escena pasan ante mí como las imágenes sucesivas de un diorama, o, si necesito una referencia o información de un libro, fijo mi mente atentamente, y aparece la contraparte astral del libro, y de él tomo lo que necesito. Cuanto más perfectamente mi mente está libre de distracciones y mortificaciones, más energía y atención posee, más fácilmente puedo hacer esto”.[6]

  Pero pronto, la pacífica atmósfera que la Condesa había logrado crear aliviando a HPB de preocupaciones sobre el manejo de la casa, se rompió en pedazos del modo más dramático. En vísperas del Año Nuevo 1885, un miembro de la ST alemana, Prof. Sellin, apareció con el informe publicado finalmente por Richard Hodgson de la Comisión de la Sociedad de Investigación Psíquica sobre el fenómeno teosófico, en el cual la Comisión la había juzgado digna de ser siempre recordada como “una de las impostoras mejor logradas, ingeniosas e interesantes de la historia”,[7]y Hodgson había agregado su propia conclusión: que ella había hecho todo esto para cubrir ¡que ella era una espía rusa!

   “Nunca olvidaré ese día,” dice la Condesa en su Reminiscences, “ni la mirada de pétrea e inexpresiva desesperación que ella (HPB) arrojó sobre mí cuando entré a la sala de estar y la encontré con el libro abierto en sus manos.” En la intensidad del momento HPB se dirigió a ella gritando: “¿Por qué no se va? ¿Por qué no me deja? Usted es una Condesa, no puede estar aquí con una mujer arruinada, con alguien expuesta al desprecio ante todo el mundo, alguien que será señalada en todas partes como una farsante e impostora. Váyase antes que sea deshonrada con mi vergüenza.”[8]

   La Condesa no se fue, permaneció allí, no sólo en esta crisis, sino hasta la muerte de HPB en 1891. Su presencia ayudó mucho para aliviar el sufrimiento de HPB, y su integridad personal debe haber sido tenida en cuenta, e influido en la posterior aceptación de HPB por parte de la sociedad londinense. Esto es algo que HPB misma reconoció, porque al escribirle a un miembro de la ST en India, dice: “la viuda del embajador sueco en Londres, la ex visitante en todo momento de la Reina, y conocida en Londres durante veinte años en los círculos más elevados, como una mujer de reputación intachable y alguien que nunca profirió una falsedad en su vida, no es posible que deseche su reputación, sus amigos y su posición, para volverse la defensora más devota de una HPB si no hubiera algo serio en  ello.”[9] 

   Además, tuvieron un periodo muy difícil, como lo expresan las cartas de la Condesa Wachtmeister a A. P. Sinnett en Londres. “Tuvimos un día terrible y la Vieja Dama quería partir hacia Londres inmediatamente,” le escribió la noche del 1 de enero de 1886.[10] La Condesa finalmente pudo calmar a HPB, quien quería escribir varias protestas a todos los implicados, y quien, por el estado en que se encontraba, tuvo palpitaciones y necesitó una dosis de digitalín, un cardio-tónico. Los días siguientes llegaron cartas groseras y renuncias, debido a que se conoció el contenido del Informe de la S. P. R., hasta la Condesa dice: “mi corazón solía encogerse cada mañana cuando escuchaba el timbre del cartero, pensando en los nuevos insultos que las cartas seguramente contendrían”.[11]

   “Lo estamos pasando muy mal aquí”, le informó a Sinnett el 4 de enero. “Pensé que Madame tendría un ataque de apoplejía, pero afortunadamente un violento ataque de diarrea la salvó, estoy muy cansada de todo esto.”[12] La Condesa informa cómo se sentía HPB abandonada por todos los que le había profesado tanta devoción. Como patéticamente dijo un día: “Si hubiera aunque fuera un hombre que tuviera el coraje de venir y defenderme, como lo haría con su madre, si atacara de modo agraviante, toda la corriente de la Sociedad Teosófica cambiaría”. Fue un momento crítico para la Sociedad, y HPB quedó sola en su agonía y desesperación.[13]

   De este periodo crucial de pruebas surgió el núcleo de La Doctrina Secreta como lo conocemos. El libro ya no sería simplemente una revisión de un libro anterior, sino algo que HPB sentía que serviría como su defensa, en respuesta a los cargos en su contra. Ella le escribió al Presidente de la Sociedad en consecuencia, el 6 de enero: “La Doctrina Secreta es totalmente nueva. No habrá en ella ni 20 páginas citadas en pequeños trozos de Isis. Un tema nuevo, explicaciones ocultas, todo el Panteón Hindú explicado, basado en traducciones exotéricas (para ser verificadas fácilmente) y explicadas esotéricamente, probando que el Cristianismo y toda las otras religiones tomaron sus dogmas de la religión más antigua de India… En cuatro Partes: Periodos Arcaico, Antiguo, Medieval y Moderno. Cada parte con 12 capítulos, con Apéndices y un Glosario de términos al final. La Condesa está aquí y ve que casi no tengo ningún libro. El Maestro y Kashmiri dictan turnándose. Ella copia todo. Esta será mi defensa, te aseguro.”[14]

   Aquí tal vez está la gran lección de escribir La Doctrina Secreta. Había alguien cuyo mundo se derrumbaba a su alrededor, que había trabajado durante una década para ver la Sociedad que ella había ayudado a comenzar casi destruida, estar socialmente excluida, prohibida y abandonada por amigos y conocidos. ¿Cómo reaccionó? ¿Se rindió, como muchos otros habrían hecho, al sentirse derrotada? No. Se volvió contra sus críticos produciendo un libro que contiene una de las descripciones más completas de la evolución física y espiritual de su siglo. Un libro que sobrevivió cien años y que se lee en todo el mundo.

   Cuando HPB comenzó a escribir nuevamente La Doctrina Secreta, a principios de febrero de 1886, lo hizo con una firme determinación que la acompañaría durante los dos años siguientes, y que triunfaría más allá de la muerte misma. Al terminar el mes, había completado 300 páginas de un volumen preliminar que mostraría “lo que se conocía históricamente y en la literatura, en los clásicos y en las historias profanas y sagradas, durante los 500 años que precedieron al periodo cristiano y los 500 años que le siguieron” a la existencia de una  “Doctrina Secreta Universal”, y serviría como introducción a su traducción de las Estancias del Dzyan.[15]

   Como la renta del departamento en Würzburg estaba pagada sólo hasta el 15 de abril, HPB decidió pasar los meses de verano en Ostende en la costa Bélgica. Su hermana Vera y una sobrina permanecerían con ella, permitiéndole a la Condesa la posibilidad de regresar a Suecia a ordenar sus cosas. Una miembro inglesa, la señorita Emily Kislingbury, cuya afiliación a la Sociedad era de 1876, viajaría con HPB hasta Ostende. Pero cuando llegaron a Cologne para cambiar de trenes y descansar durante el día, Gustav Gebhard persuadió a HPB a pasar unos pocos días con su familia en Elberfeld. Fue allí donde se resbaló y torció su pierna, lo que pospuso su partida hasta julio, acompañada por su hermana y sobrina.

   Ella llegó a Ostende en temporada alta, y encontró todos los precios sobrevalorados. Con la ayuda de su hermana pudo encontrar unas habitaciones conectadas, primero en Boulevard Van Isgham Nº 10, y luego en Rue d´Quest Nº 17, donde nuevamente en compañía de la Condena, pasó el invierno. La regularidad de sus días en Würzburg se repitió, y la monotonía se rompía con unos pocos visitantes, tales como la vidente inglesa Anna Kingsford, y su tío Edward Maitland; Sinnett reuniendo material para su  sugerida biografía de HPB; Arthur Gebhard y Mohini Chatterji, quienes pasaban el tiempo “estudiando el ´Bhagavad Gitâ´ todo el día”;[16] el Reverendo A. Ayton; y K. F. Gaboriau de Francia.

   Una copia del manuscrito del volumen preliminar terminado de La Doctrina Secreta se le entregó a Marie Gebhard para ser enviado desde Elberfeld al Cnel. Olcott, pero lo retuvo durante un mes, y no llegó hasta el 10 de diciembre a India. Este volumen iba a ser la sección introductoria del “verdadero volumen pukka de la D.S.” del Periodo Arcaico con las siete estancias del Dzyan y sus comentarios. “Es absolutamente necesario,” le informó HPB a Olcott, “de lo contrario si comenzaran leyendo el volumen Arcaico, el público enloquecería antes de concluir las primeras cinco páginas, demasiado metafísico.”[17]      

   La Condesa fue enviada a Londres para atender ciertos asuntos allí, y HPB pasó sola la llegada del Nuevo año 1887. “Vosotros, Dioses, el segundo aniversario en exilio y ¿debido a qué culpa o falta?”, le escribió a un miembro norteamericano. “Ah, la vida es algo difícil de llevar.”[18] Fue en este momento en la que tomó la siguiente e importante decisión sobre su futuro. “O debo regresar a India a morir este otoño, o tengo que formar desde ahora hasta el próximo Noviembre un núcleo de verdaderos teósofos, una escuela propia… Puedo detenerme aquí, o ir a Inglaterra, o hacer lo que me guste,” le manifestó a la Condesa Wachtmeister.[19]

   Tal vez fue una coincidencia, pero después del regreso de la Condesa, HPB comenzó a recibir cartas de un pequeño grupo de miembros de la Rama de Londres que todavía se reunían regularmente, y quienes le escribieron pidiéndole consejos sobre el mejor modo de llevar a cabo el trabajo. El Dr. Archibald Keightley, quien con su tío Bertram, habían ingresado a la Sociedad en 1884, fue asignado personalmente por este grupo para invitar a HPB a venir a Inglaterra, donde podría pasar el verano. Dado que la Condesa Wachtmeister tenía que ir a Suecia ese verano para vender su propiedad allí, a fin de poder vivir con HPB de modo más permanente, se acordó la mudanza.

   Se estableció una fecha de partida para el 27 de marzo, pero el 17 de ese mes HPB, atípicamente, se desmayó en el sillón después de la cena. Luego se resfrió, y el quinto día de su enfermedad, el doctor diagnosticó envenenamiento urémico debido a inactividad de los riñones. La Condesa dice que se asustó cuando HPB comenzó a tener “un pesado estado letárgico, a veces parecía estar inconsciente durante horas, y nada la animaba o le interesaba”.[20]

   Madame Gebhard había venido de Elberfeld, de modo que turnándose, siempre había alguien cuidando a HPB, y como el médico local no pudo obtener ningún resultado, la Condesa Wachtmeister le telegrafió al Dr. Ashton Ellis, un miembro del grupo de teósofos de Londres, para que enviara a un especialista. El Dr. Ellis contestó que iría inmediatamente, y a su llegada prescribió un programa de masajes para estimular los órganos paralizados, que él realizó durante los tres días siguientes.  

   Como pareció que no había ninguna mejoría en las condiciones de HPB, Madame Gebhard sugirió que se redactara su testamento, porque si moría intestada en un país extranjero habría infinitas complicaciones. Por lo tanto un abogado, el doctor y el Cónsul estadounidense vendrían al día siguiente. Durante la guardia de esa noche, dice la Condesa: “Para mi horror comencé a detectar el débil y peculiar olor de la muerte que a veces precede a la disolución. Apenas esperaba que pudiera pasar la noche.”[21]

   HPB estaba ansiosa por el destino del manuscrito de La Doctrina Secreta, y le dio instrucciones a la Condesa a fin de que se lo enviara al Cnel. Olcott en Adyar para que lo imprimiera. Ella dijo que estaba contenta de morir después de lo que había sufrido en los últimos años. Se quedó inconciente, y a medida que pasaba la noche, y transcurrían las horas, parecía debilitarse más. La presión de los últimos días fue tal que la Condesa dice que una “ola de total abatimiento” pasó sobre ella y también se durmió.

   La luz de la mañana ya llegaba cuando la Condesa Wachtmeister abrió sus ojos. Su primer pensamiento fue que HPB habría muerto mientras ella dormía. Por el contrario, vio una HPB alerta y despierta quien le dijo que durante la noche tuvo la alternativa de poder morir, o terminar La Doctrina Secreta. “Pero cuando pensó en esos estudiantes a quienes le sería permitido enseñarles unas pocas cosas, y en la Sociedad Teosófica, en general, a la que ya le había dado la sangre de su corazón, aceptó el sacrificio.”[22]

   Ese día, más tarde, cuando el abogado llegó para hacer el testamento, encontró a un grupo alegre. “Pero debería estar muerta… debería estar muerta”, y el Cónsul norteamericano, quien fue como testigo, partió diciendo: “Bien, pienso que esta es bastante fatiga para una moribunda”,[23] y la pequeña fiesta rió efusivamente por el cambio de rumbo en los eventos de ese día.

   La Condesa estaba tan agotada que Madame Gebhard sugirió que partiera hacia Suecia inmediatamente y se ofreció a permanecer allí hasta que los Keightleys fueran a buscar a HPB para llevarla a Londres. En vez de mal tiempo, el cruce a Dover fue sin ningún incidente, aunque todos estaban preocupados por HPB quien no había dejado sus calefaccionadas habitaciones durante semanas. Ella fue alojada en “Maycot”, una pequeña casita de campo en Upper Norwood, con Mabel Collins, una miembro del grupo de Londres, el 1 de mayo, y antes de terminar el día estaba nuevamente trabajando con La Doctrina Secreta.

   Durante la permanencia de la Condesa Wachtmeister en Suecia durante el verano de 1887, el relato de la elaboración de La Doctrina Secreta continúa con el informe de dos jóvenes graduados de Cambridge, Archibald (1859-1930), y su tío, Bertram Keightley (1860-1945). A finales de mayo, Bertram Keightley pudo escribirle a W. Q. Judge, Secretario General de la recientemente formada Sección norteamericana, y editor de Path de Nueva York, diciéndole que “HPB está bastante bien y trabaja muchísimo con La Doctrina Secreta, la obra es excesivamente buena, y estoy seguro que estarás inmensamente complacido con ella”.[24]

   Muy pronto después de su llegada a Maycot, HPB entregó su manuscrito, que ahora tenía más de tres pies de alto, a los Keightleys “para leer, puntuar, corregir el inglés, cambiar, y tratar en general como si fuera nuestro”[25] Su verano lo pasaron “leyendo, releyendo y copiando”. La Doctrina Secreta, como fue publicada, procede de esta época, porque fue por sugerencia de los Keightleys que “en vez de que el primer volumen fuera, como ella pensaba, la historia de algunos grandes ocultistas, le aconsejamos seguir el orden natural de la exposición, y comenzar con la Evolución del Cosmos, pasar de esto a la Evolución del Hombre, y luego tratar la parte histórica en un tercer volumen refiriéndose a algunos Grandes Ocultistas; y finalmente hablar de Ocultismo Práctico en un cuarto volumen, si lo hubiera podido escribir”.[26]

   Entonces el material fue reacomodado bajo los títulos de Cosmogénesis y Antropogénesis con las Estancias del Dzyan y sus comentarios al comienzo de cada volumen, seguidos de explicaciones del simbolismo y la ciencia considerados allí. Lo que les impresionó a los Keightleys era la escasez de la biblioteca personal de Madame Blavatsky. Archibald, quien la había acompañado desde Ostende, y le había ayudado a desempacar, expresa: “Sabía que no había biblioteca para consultar y pude ver que los libros de HPB no eran más de treinta en total, de los cuales varios eran diccionarios y varias obras tenían dos o más volúmenes.[27] Sin embargo, el manuscrito editado por ellos para la prensa, citaba o se refería a más de 1300 libros. Sólo chequear las referencias, ocupó a un grupo de personas, incluyendo a E. Douglas Fawcett, editor asistente del Daily Telegraph de Londres, Richard Harte, un miembro de Norteamérica e incluso se dijo que  S. L. MacGregor Mathers, a menudo se lo vio en el Museo Británico leyendo cuidadosamente viejos escritos de información cabalista.

   Simultáneamente con el trabajo editorial de La Doctrina Secreta, ocurrieron una serie de hechos que reanimaron el trabajo teosófico en Inglaterra. La Rama Blavatsky de la Sociedad Teosófica (que todavía existe) se formó el 19 de mayo con diez miembros; en la segunda reunión, a la semana siguiente, se decidió publicar una revista que llevaría las ideas teosóficas a un público mayor, y se inició la Theosophical Publishing Company (Compañía de Publicaciones Teosóficas) para manejar esto. Cuando la Condesa Wachtmeister llegó a Inglaterra en agosto, tenían alquilado un edificio de ladrillos de tres pisos, en 17 Lansdowne Road, Londres, para usarlo como sede para los teósofos.

   La Doctrina Secreta iba a ser publicada por George Redway, editor londinense, a quien A. P. Sinnett había aportado dinero, pero después de un desacuerdo sobre los términos de la misma, el trabajo fue asumido por la Sociedad de Publicaciones Teosóficas, y se fijó como fecha de su lanzamiento, el 27 de octubre de 1888. Existe una copia anticipada del primer volumen (723 páginas) con la anotación de Richard Harte, en la que dice que la recibió en Lansdowne Road de manos del impresor, el 20 de octubre, día que partía hacia India con el Cnel. Olcott. La primera edición de 500 ejemplares, con tapas gris claro, y con la dedicación “a todos los verdaderos teósofos, en cualquier país y de cualquier raza”, se vendió inmediatamente, entregada principalmente a suscriptores, y una segunda edición se imprimió antes de fin de año.[28] Con la publicación del libro, la Condesa Wachtmeister cierra sus Reminiscencias con las palabras “HPB estaba feliz ese día”.[29]

   En comparación con Isis sin Velo, La Doctrina Secreta no fue tan ampliamente analizada por la prensa, aunque El Teósofo reimprimió noticias de muy diversas fuentes, tales como el Memphis Appeal; el Southland de Nueva Orleans, y el Secular Review de Londres. Era tal el prejuicio contra el movimiento en ese momento que el Evening Telegram de Nueva York publicó un comentario basado solamente en el folleto enviado cuatro meses antes de la verdadera fecha de lanzamiento. El Telegram informó: “Madame Blavatsky es indudablemente un fenómeno intelectual, pero que ella pueda planear sobre la ignorancia Bramán de los budistas y proveerle a Edwin Arnold material para pensar, no es prueba de que todo lo que ella dice es verdad… Diez minutos de Edison y Noah Webster harán más por la civilización que todas las refinadas inmoralidades de los poetas indos. Sin embargo es algo bueno estudiar historia, y Madame Blavatsky, con su conocimiento y paciencia arroja la luz de su oscura lámpara intelectual sobre las monstruosidades del pasado. Su libro tiene un amplio alcance, es elaborado y  exhaustivo, y será muy leído.[30]

   Tal vez la crítica más influyente apareció en la literaria Pall Mall Gazette de Londres. Las afirmaciones de cierre del crítico anónimo sirven como una conclusión adecuada a la realización de La Doctrina Secreta, y como una introducción al mismo libro. “Las ideas de Madame Blavatsky puede que no encuentren aceptación, pero están apoyadas en conocimiento suficiente, perspicacia y habilidad como para imponer respetuosa atención. Ciertamente es Oriente el que, por su intermedio, desafía a Occidente, y Oriente no necesita sentirse avergonzado por su defensora.

   “El libro vale ser leído: merece que se reflexione sobre él; y nadie que crea en el progreso de la humanidad tiene el derecho a darle la espalda apresuradamente a cualquier contribución al conocimiento, por nuevo que sea en su forma, procedente de cualquier teoría, por extraño[31] que sea en su aspecto. Los sueños locos de una generación se vuelve habituales para la siguiente…”

 

 Referencias:

[1] Información biográfica sobre la Condesa, se da en Path , N.Y., noviembre 1893, p. 246-47, y un poco más ampliada por Boris de Zirkoff en Theosophia, L.A., Otoño 1957, p.16. Las primeras experiencias psíquicas de la Condesa se dan en su charla de 1897,  El Espiritismo a la luz de la Teosofía, impreso por Mercury Pub.Co., San Francisco, 1897. Solicitó hacerse miembro en la Sociedad Teosófica de Londres, el 24 de noviembre de 1880, y fue aceptada el 5 de diciembre.

[2] Wachtmeister,  Reminiscences of H. P. Blavatsky and The Secret Doctrine (Reminiscencias de H. P. Blavatsky y La Doctrina Secreta, Theosophical Publishing Society, Londres, 1893, reimpreso por Quest Books, Wheaton, 1976, p.9.

[3] HPB a Vera Zhelihovsky, julio 1884. El Path, Nueva York, junio 1895, p. 74-77.

[4] Como antecedente sobre este incidente, ver mi artículo, “El Caso Coulomb, 1884-1984”, en The Theosophist, diciembre 1984, enero y febrero 1985.

[5] Watchtmeister, Reminiscences, p. 12.

[6] Reminiscences, p. 25.

[7] S.P.R. Proceedings 3 (1885): 202.

[8] Reminiscences, p.18.

[9] HPB al Juez N. D. Khandalavala, 12 de julio de 1888. Archivos de la ST, Adyar. “Concientemente ella jamás dice una mentira”, recuerda otro miembro de la casa de Londres, James Pryse, Canadian Theosophist, 15 de junio 1932, p. 126.

[10] En The Letters of H. P. Blavatsky to A. P. Sinnett, (LBS), Letter CXXVI, P.270.

[11] Wachtmeister, “Saludos de Año Nuevo”, The Vahan, Londres, 1 de enero de 1891, y Theosophical Siftings, 3:17, p.3

[12] LBS, Carta CXXVII, p. 272.

[13] Wachtmeister, HPB and the Present Crisis in the Theosophical Society, privately printed, Londres, c.1895, p.6

[14] En The Theosophist, número del Centenario de HPB, agosto 1931, p. 667.

[15] HPB a A. P. Sinnett, 3 de marzo de 1886, LBS, Carta LXXX, p. 195.

[16] LBS, Carta XCVII. P. 217.

[17] HPB a HSO, 23 de setiembre de 1886, The Theosophist, marzo 1925, p. 789.

[18] HPB a Elliott Coues, fechada por ella “entre 1886-1887”, The Canadian Theosophist, noviembre-diciembre 1984, p. 116.

[19] Reminiscences, p. 54-55.

[20] Ibid., p.59.

[21] Ibid., p.60.

[22] Ibid., p.62.

[23] Ibid., p.64

[24] Carta del 29 de mayo 1887, citada en “The Writings of The Secret Doctrine”, Sunrise, de Kirby van Mater, noviembre 1975, p.60

[25] Keightley, B., “Writing of The Secret Doctrine” , en Reminiscences, p. 78.

[26] Keightley, B., en Reminiscences, p. 79. Al hablar en la Convención de diciembre de 1890, en la ST de Adyar, dijo que “lo que ahora es el tercer volumen hubiera sido el primero…”

[27] Keightley, A., “Writing of The Secret Doctrine” en Reminiscences, p. 84. Marion Meade en su biografía Madame Blavatsky, 1980, p. 380, notas, “Ciertamente, todas las personas relacionadas con Madame Blavatsky mientras escribía La Doctrina Secreta parecen haber estado sumamente sorprendidas al mencionar la curiosa carencia de libros de referencia.” Estaban genuinamente impresos por la obra.

[28] La copia de Harte con la anotación del día 20 de octubre de 1888 en la guarda del libro, está ahora en la Colección de Boris de Zirkoff en la Biblioteca Olcott, de Wheaton, anteriormente pertenecía a la Asociación Blavatsky de Londres. La nota se transcribe en la presentación exhaustiva de Zirkoff de la escritura de La Doctrina Secreta, Renacimiento de la Tradición Oculta (TPH, Adyar, 1977, p.1). Una copia de la segunda edición inscripta el 7 de diciembre de 1888, y presentada ante “la Biblioteca de Adyar, por su servidora más devota y humilde, H. P. Blavatsky”, existe en los Archivos de Adyar.

[29] Reminiscences, p. 72.

[30] N.Y. Evening Telegram, 30 de junio de 1888, “Words with Wings” (“Palabras con Alas”).

[31] Pall Mall Gazette, 25 de abril de 1889, p.3, “Entre los Adeptos”.

 

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