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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 134 - Número 06 -  Marzo 2013 (en Castellano)

 
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Desde la Atalaya

 

RADHA BURNIER

 

Implicaciones de la fraternidad universal

   El trabajo de la Sociedad Teosófica, por decirlo de forma simple, consiste en ayudar a  espiritualizar al mundo, en participar en un movimiento de pensamiento, de trabajo y de profunda aspiración que asegure en este mundo inferior lo que ya existe en los mundos superiores. Todo lo hay aquí debe ser un reflejo de la gloria que existe en los mundos superiores.

   ¿Qué hay en los mundos superiores? Para volver a decirlo de forma simple, es la cualidad básica de la conciencia espiritual absoluta, el amor. El amor implica una profunda armonía, que podríamos llamar unidad, y todo lo demás forma  parte de esa armonía o amor. No necesitamos hablar de la paz, por ejemplo, allí donde hay amor. El amor es paz. Si pensamos en otros valores que llamamos espirituales y los examinamos con la máxima atención de nuestras limitadas facultades, veremos claramente que todo está contenido en esa sola palabra. Si podemos decir que estamos intentando establecer ese tipo de armonía, amor, paz y sentido de unidad, entonces reflejaremos  lo que hay en los mundos espirituales, dentro de lo posible, en todas nuestras relaciones. También reflejamos todas las benditas cualidades de la gran Fraternidad de los Adeptos, de los sabios y los Seres iluminados.

   Todo esto no tiene nada que ver con el nuevo milenio o con el antiguo milenio. Esto es lo que tiene  que ocurrir y deberíamos hacer que ocurriera como que es el trabajo básico de la Sociedad. En los primeros días de la Sociedad, los dos Maestros que inspiraron su fundación declararon que era una vana esperanza intentar conseguirlo en la actualidad, pero igualmente había que intentarlo. Por esto insistieron en la Fraternidad Universal. Sinnett y Hume, que tuvieron el extraordinario privilegio de tener un contacto indirecto con ellos, dijeron que no valía la pena. Unos 1900 años antes, Jesús, naturalmente, ya había intentado infundir ese amor en las relaciones, pero no se consiguió durante siglos y tampoco va a lograrse. Y por esto ese objetivo no les interesaba.

   Desgraciadamente, esa es la actitud que todos o la mayoría de nosotros tenemos. No nos lo tomamos en serio. Ni siquiera tratamos de comprender todas las implicaciones que tiene vivir la Fraternidad Universal. Hablar de ella, organizar programas y todo eso, es muy fácil, pero sólo se podrá comenzar de forma efectiva cuando se cree un ambiente en el que se intente vivir seriamente la fraternidad. Todos los maestros, no solamente Jesús, sino todos los maestros espirituales, han intentado  ayudar a conseguirlo. Si nos limitamos a usar las palabras, lo que ocurre es que no vemos su relación con todo lo que sucede en nuestra vida diaria.

   Recientemente me hablaron de un miembro muy comprometido a su manera al trabajo de la Sociedad, durante muchos años. Estaba muy disgustado, porque no le habían pedido que se sentara en el estrado en el curso de un determinado evento. Cuando la gente se siente frustrada y agitada por una cosa así, ¿cuál es su planteamiento para tratar el problema? Pertenecen a un tipo de miembros serios, porque generalmente no se ve la relación que hay entre estas cosas. Si alguien se siente frustrado, dice  “Yo soy esto, aquello y lo de más allá, pero los demás no lo reconocen; deberían tener en cuenta mi categoría, etc.” Podemos hacer una docena más de comentarios similares que muestran de qué manera “los demás” lo han hecho mal. Es una manera de abordar todo este tema; la responsabilidad de mi ira, de mi agitación, de mi frustración y todo eso, se transfiere a la ignorancia de los demás.

   Pero en un estado de resentimiento, de frustración o mala voluntad, ¿acaso existe algún sentimiento de Fraternidad Universal? Tal vez muy pocas veces conectemos este tipo de incidentes en nuestra propia vida, con la práctica de la Fraternidad Universal. Es uno de los problemas que tenemos, porque vivir una vida de fraternidad es algo constante. No se reserva sólo para ciertas ocasiones. Y desde luego no se trata sólo de palabras.

   Por consiguiente hemos de intentar comprender lo que querían los Maestros, lo que quiere todo maestro espiritual en un sentido más profundo, relacionándolo con nuestra vida, viendo de qué modo tiene una influencia en nuestra vida y no en la vida de los demás. Relacionamos todas las cosas similares con vivir la Fraternidad Universal.

Ecuanimidad de la mente

    El Bhagavadgita señala en varios versos qué es la ecuanimidad de la mente. ¿Cuál es el sentido de la igualdad? No se trata solamente de creer en el establecimiento de la igualdad económica, legal y de otras clases en la sociedad, algo que la gente ha intentado hacer una y otra vez. Posiblemente recibiera alguna inspiración de fuentes superiores la mente de aquellas personas que empezaron a hablar por primera vez de lo que acabaría convirtiéndose en un simple eslogan de la Revolución Francesa, una gran influencia en el Nuevo Continente y otras partes del mundo. La frase “libertad, igualdad, fraternidad”, son tres principios de un profundo valor para el progreso espiritual de la humanidad y para remediar los problemas de la sociedad, pero la gente no vio la implicación interna de estos principios. Como siempre, intentaron aplicarlos de manera intransigente y llena de prejuicios, dando origen a todo lo contrario de lo que estaban predicando. La sociedad socialista intentó establecer la igualdad, pero no lo consiguió ni siquiera en el nivel económico, porque los principios tienen que incorporarse profundamente por dentro y, sobre todo, tienen que vivirse. Esto es, obviamente, lo que la gran Fraternidad ha tratado de hacer, y ha repetido más de una vez que lo que Ellos quieren es la Fraternidad Universal. Se negaron a distraer a  Sinnett con más fenómenos, o a darle más información sobre los procesos y leyes cósmicas, etc. Incluso le reprendieron, pero sin ningún resultado, tal vez porque el aspecto interno de estos principios no formaba parte de la herencia común de occidente. En Occidente casi nunca pensaban en el tema de la libertad, de la emancipación, excepto en algunos pequeños círculos religiosos. La consideraban siempre como un principio que había que incorporar en la organización de la sociedad. Pero en Oriente pasaba algo muy distinto: los hindúes, los budistas, los jainos, los taoístas y las otras enseñanzas religioso-filosóficas descuidaban de hecho el aspecto  externo, y decían que era algo que tenía que ocurrir internamente. Debes liberarte de todo impulso mecánico que exista en tu interior. Y si lo haces, entonces sucederán otras cosas como consecuencia. A nivel externo todo empezará a mejorar y la sociedad humana se convertirá en el tipo adecuado de sociedad. Por consiguiente, tal vez pensaron que era necesario traer a la conciencia de por lo menos los intelectos más elevados, la importancia de estos principios de  equilibrio. Pero desgraciadamente, muy pronto degeneraron en una dirección orientada a un cambio social en vez de un cambio espiritual.

   Ahora nuestra pregunta es: siendo personas que hablamos del principio de la Fraternidad Universal, ¿fallamos también en tratar de comprender todas sus implicaciones? Estos tres valores o principios están inextricablemente unidos; no podemos practicar la Fraternidad Universal si no empezamos a experimentar el sentido de la igualdad en todos los niveles.

   La belleza de las enseñanzas del Gitâ consiste en que nos da ejemplos (de los que nadie se preocupa) sobre los distintos tipos de igualdades que inventa la mente. Uno de los versos habla de cómo para la persona sabia, para el ser humano iluminado, el estatus no implica ninguna diferencia. El estatus diario, basado en la casta, que había sido algo importante en India, basado en la cultura, incluso en la virtud, en la diferencia de género, en la diferencia entre el humano y el no humano, todas estas diferencias pertenecen a la mente mundana. Para la mente iluminada esas  diferencias no existen, excepto a nivel superficial. El verso dice que para el erudito dotado de humildad, un perro, una mujer, un marginado, todos son iguales a los ojos de la persona iluminada. Veámoslo desde el punto de vista del estatus.

   Puede que no tengamos un sistema de castas en todas partes, pero tenemos un sistema de clases en el cual algunos tienen un estatus y otros no. En ninguna sociedad, hasta ahora, ha dejado de existir esa diferenciación basada en algún tipo de sistema de clases. También hay gente a la que no le preocupa ni la clase ni la casta, pero sus opiniones de lo que es superior o inferior se basan, por ejemplo, en la educación y la cultura. El verso dice que el Brahman culto es igual que el marginado que nunca ha tenido oportunidad de estudiar. A ojos de la persona iluminada, los dos son iguales. En muchos países occidentales donde se supone que existe un gran sentido de la igualdad, si una persona lleva varias iniciales detrás de su nombre, es considerado como alguien superior, pero puede que sea un idiota en cuanto a sus relaciones y a su comprensión. Las personas más débiles, animales, mujeres y niños, todos son considerados seres inferiores y se les explota. Hemos de ver si nosotros aceptamos inconscientemente este tipo de diferencias, porque la sociedad humana está impregnada de estos valores.

   Hablábamos del hecho de que allí donde hay un impulso interno no hay verdadera libertad. Pueden tener todo tipo de libertad en la vida externa. Puede que alguien tenga suficiente dinero para poder ir a donde quiera a comprar lo que le apetezca. El marido o la esposa pueden decir “Haz lo que quieras. Eres libre”. Todo ese tipo de libertad externa puede existir, pero ¿hay un impulso inconsciente que nos hace hacer lo que el mundo hace, que nos hace aceptar unos valores o actuar conforme a esos valores? ¿Acaso reverenciamos de forma inconsciente a quien ostenta títulos? No se trata necesariamente de alguien superior. Es un ejemplo simple. Hay mucha gente, especialmente políticos, que consiguen un título honorarios de alguna Universidad, porque se supone que eso eleva su categoría inmediatamente. ¿Qué tipo de coacción, qué  impulso tenemos dentro para convertirnos psicológicamente en ovejas? ¿Tenemos la valentía de vivir sin ese tipo de valoraciones?

   Podemos aceptar algo si lo hemos examinado atentamente y lo encontramos justo y razonable. Y es muy interesante en este caso ver que el Gitâ también habla del Brahman erudito dotado de virtud o de humildad. La humildad es la suprema virtud, pero él no es superior a un perro, ni al marginado ni a las mujeres, que es lo que dice el Gitâ.

   Un hombre comete un robo y le condenamos o le castigamos. Si tiene hambre tal vez pensemos “¿Por qué he de ayudar a este hombre, si es un ladrón?” Pero un hombre hambriento es un hombre hambriento y hemos de preguntarnos si estuviéramos en la misma situación, sin dinero, con un familiar que dependiera de nosotros, si seríamos realmente tan honestos como para garantizar que no tocaríamos nada que no nos perteneciera. No tenemos derecho a juzgar, a juzgar en un sentido psicológico; no estoy diciendo que todas las acciones sean correctas, es evidente que no lo son; el Gitâ habla de algo más. Dice que para la persona sabia, el dolor y el placer tienen que ser lo mismo. Para la persona sabia, el barro de la tierra, un lingote de oro, una roca, todo es lo mismo. El oro no es más valioso que un puñado de tierra, porque esa persona ve que en todas esas categorías que consideramos distintas existe una vida “real” y sagrada. Está en todas partes, en todo momento, y por eso la ve con la misma visión. Esa es la verdadera igualdad. No podemos ser así de un día para otro, pero al menos debemos reflexionar sobre  todo esto. Cuando nos sentimos impelidos a aceptar los valores mundanos, cuando adjudicamos el sentido de lo superior o lo inferior comparando una cosa con otra para situarlas en algún punto de la escala, cuando hacemos todo esto, entonces realmente no estamos practicando la Fraternidad Universal.

La mente superior

La mayor parte de la gente todavía está desarrollando una mente que sea capaz de observar y de reflexionar sobre lo que se ha observado. Tiene que desarrollar y realizar las realidades que no se ven y únicamente entonces empezará a conocer el propósito de lo que está ocurriendo. Esto significa ver los hechos sin reaccionar, porque estos hechos no son importantes en sí mismos. Todos ellos pasarán. Incluso las cosas que consideramos muy importantes y que se pueden encontrar en los libros de historia, etc., también pasan y el mundo continúa. Pero primero hemos de observar nuestros pensamientos para saber que esto es importante, aunque no tiene un significado real, excepto para hacernos ver de modo diferente.

   Hay gente que sabe observar sin confusión, con un espíritu filosófico e incluso con algo de humor, porque ven la  temporalidad de todo, la falta de importancia en lo que ocurre. Entonces aumenta la tranquilidad interna. Cuando a las cosas transitorias no se les da importancia, los acontecimientos pueden mirarse con una sonrisa.

   Todo el mundo tiene que esforzarse poco a poco para llegar a la etapa en que a las cosas transitorias no se les de valor, y podamos ver lo que nos ocurre a nosotros, a nuestros amigos y familia. El sentido del humor es lo que pone las cosas en perspectiva. Tomemos un ejemplo simple: una persona descubre repentinamente que ha heredado una gran fortuna. Eso le inquieta mucho y   empieza a pensar qué va a hacer con la fortuna. Por otra parte, el que pierde lo que tiene actúa de manera opuesta al que ha heredado una fortuna. En ambas situaciones, la persona tiene que mantener la calma y no preocuparse demasiado; no tiene que perturbarse por lo que llamamos buena fortuna o la mala fortuna. Visto desde un punto de vista superior, esas causas no importan, lo que importa es cómo nos afecta. Si podemos permanecer puros por dentro, habremos pasado la prueba. Es muy importante para todos. Sentimos que este mundo físico es distinto a lo que creemos cuando damos significado a lo que no es real. El mundo de nuestras propias reacciones y condicionamientos nos afecta y a eso le llamamos experiencia. Pero realmente, cuando la experiencia ya no nos afecta, cuando podemos ver toda la naturaleza y todas las personas del mundo con una visión interna tranquila, es algo maravilloso. Los libros antiguos dicen que podemos ser como una hoja de loto sobre la que cae la gota de agua sin dejar ninguna impresión. Es el símbolo de la persona que permanece intacta e incorrupta suceda lo que suceda. La mente permanece en calma, aprende que no sólo es más profunda, sino que se halla más próxima a lo bueno y a lo bello. Sabemos tantas cosas, y estamos orgullosos de saberlas, pero todas esas cosas que sabemos no tienen ningún valor. Alguien como el Buddha ayuda a cambiar a la gente. Cuando la mente está clara porque la calma es algo natural para ella, la mente tranquila puede llegar a profundidades que son imposibles en la actualidad.

Evidentemente la vida posee grandes profundidades. Hay personas que han alcanzado esas profundidades y que no son simplemente humanos, son superhumanos, no porque sean más fuertes o más inteligentes sino porque han llegado a lo que es real y bueno. Esto está al alcance de  todos nosotros, pero hemos de empezar con una mente serena. La mente que divaga, que intenta parecer más inteligente que la de los demás, esa mente tiene que cambiar. Toda la inteligencia que el mundo aprecia no tiene gran valor. Puede contribuir, a un cierto nivel, a ser más inteligente y a ver mejor, pero no tiene un valor duradero. En cambio, si encontramos la paz de la mente y empezamos a mirar, a escuchar y a ser conscientes, podremos llegar a algo que nadie puede arrebatarnos: lo Eterno.

 

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