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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 134 - Número 04 -  Enero 2013 (en Castellano)

 
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La Vida: una película,

una escuela, un peregrinaje

 

 

D. P. SABNIS

Miembro de la Rama Blavatsky, Mumbai, Sección Inda de la ST.

 

 

   La mayoría de las personas apresuradamente concluyen que “la vida no tiene significado”; esto se debe a que nunca se molestaron en conocer el verdadero propósito de la vida. Para ellos la muerte es el final de la vida y eso es todo.

   Establecemos para nosotros objetivos a corto plazo. Mientras tenemos una meta, sentimos que nuestra vida es significativa. Pero casi todos nuestros objetivos son transitorios. Logramos una meta y luego vamos tras otra. Debemos darnos cuenta que la “búsqueda” del “significado de la vida” es una “búsqueda espiritual” que todos debemos emprender.

   La vida de todo es significativa, siempre que cambiemos nuestra actitud hacia lo que la vida nos ofrece. La vida de un maestro o un estudiante, un doctor o un ingeniero, un comerciante o un barrendero, es decir, la vida de todos podría ser significativa siempre y cuando cada uno viviera su vida con el objetivo de alcanzar la “Auto-realización” y la “auto-trascendencia”.

   De aquí la importancia de comprender la vida como una película real, una escuela y un peregrinaje, el hombre como actor, alumno y peregrino. Pero ¿qué “hombre”? ¿Es la “Individualidad”, el Ego, el Actor, el que experimenta y también el Eterno Peregrino? Es este “Ego” o Actor quien elige el mundo como un escenario, pantalla o plataforma para actuar en la película en vivo, antes de nacer. Elige las circunstancias, su rol, su familia, padres, co-actores, su personalidad, etc.

  La palabra “personalidad” deriva de la palabra latina persona, que significa “máscara”, que los actores solían usar. Detrás de esta máscara, el actor permanecía oculto y anónimo. Estos roles diferentes, desempeñados por el actor, son nuestras personalidades. Estamos tan absortos en el desempeño del rol en este mundo terrenal, que difícilmente estamos conscientes de nuestro verdadero Yo.

   En una vida podemos estar desempeñando el rol de madre, padre, hermano, hija, empleado, funcionario, magnate ejecutivo o barrendero. Debemos tratar de tener el mejor desempeño, no importa cuán insignificante sea el rol. A veces, en una película, vemos que la actuación de un actor o actriz secundarios se elogia más que la de un héroe o una heroína, un rol aparentemente insignificante gana importancia. De cierto modo no existen los roles insignificantes. Es nuestra actitud lo que importa. El éxito de una película depende de cada actor al desempeñar bien su rol; también dependemos de otros actores en nuestra vida real. En la antigüedad se inició una investigación para descubrir la causa de una batalla que se había perdido. La investigación reveló que la batalla se perdió porque los soldados se desanimaron debido a que el caballo resbaló y mató al General del ejército. Pero, ¿por qué resbaló el caballo? Porque se le había salido la herradura, y a su vez esto se debió a que el herrero no la había clavado correctamente. De modo que podríamos decir que “la batalla se perdió por falta de un clavo”. De aquí la importancia de un desempeño cuidadoso y alegre de nuestras obligaciones en la vida.

   La vida también es una escuela. Existen algunas experiencias arquetípicas, como la maternidad, la pobreza, etc., que cada ego tiene que experimentar en una vida u otra. Tal vez lo más grande que podemos aprender de la “escuela de la vida” es el espíritu de dar, más que el de tomar, sin esperar nada a cambio, el arte de cuidar, de sonreír, de tener una palabra amable, un gesto amistoso, todos ellos pueden producir maravillas.

   En la “escuela de la vida” nos colocan en una situación dolorosa o desfavorable, una y otra vez hasta que aprendemos la lección necesaria.

   El aprendizaje es un proceso sin fin. En la “escuela de la vida”, tenemos todo tipo de estudiantes. Algunos siempre fallan. Algunos fallan y abandonan, mientras que otros fallan pero continúan intentándolo. Podemos hacer el curso referido (o completarlo) en 700 nacimientos, en 70 años, en 7 meses, 7 minutos ó 7 segundos. Desafortunadamente no hay aspirantes para esta gran oportunidad. Para la mayoría de nosotros, el proceso de aprendizaje en la “escuela de la vida” es muy lento. Nosotros, incluso los teósofos, vivimos bajo la errónea impresión de que una vida no es suficiente para completar este curso, y continuamos prolongando nuestro proceso de auto-liberación. Si no lo hacemos ahora, entonces ¿cuando? Si el promedio de vida de una persona es de 60 años, pasa casi 58 en cosas como juegos, estudio, sueño, comida, aseo, compras, trabajo, recreación, etc. Apenas le quedan dos años para su progreso moral y espiritual. Pero pasa incluso este periodo en cosas triviales. El hombre nace no sólo para comer, beber, crecer y luego morir, sino también para elevarse espiritualmente e iluminar su futuro. “Ahora o Nunca” debería ser nuestro lema en la vida.

   La vida se compara con un peregrinaje y al hombre se lo llama el Eterno Peregrino, que reúne experiencias de cada vida. Cada uno de nosotros es un alma peregrina en un peregrinaje eterno. Tan pronto como nos volvemos conscientes del propósito de la vida, que la vida es para la evolución y emancipación del alma, comenzamos a tomar esa evolución en nuestras propias manos. No estamos solos en este peregrinaje. Tenemos que alcanzar el “Destino” en compañía de otras almas peregrinas y no separándonos. La interdependencia es un aspecto importante del progreso espiritual.

   Nadie puede sacarnos del lodazal, pero el esfuerzo individual junto con la orientación de los Seres o Guías espirituales, con toda seguridad nos ayudará.

 

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