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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 133 - Número 03 -  Diciembre 2012 (en Castellano)

 
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La Sabiduría perceptiva en la vacuidad

 

BINAY KRISHNA

Miembro de la Sección India  y vive en Patna

 

 

Que el enfoque materialista carente de un fundamento espiritual puede traer felicidad duradera es una idea que se  disipa rápidamente. Nuevamente, la gente está  empezando a apreciar la necesidad de un desenvolvimiento interno, y no está satisfecha con una existencia animal que sólo se ocupa de las necesidades básicas. La gente puede enseñarnos cómo tener éxito en una carrera, pero no puede enseñar la  sabiduría. Muchas tradiciones espirituales aún prosperan en todo el mundo por lo que la gran carencia no es la ausencia de enseñanzas, sino nuestra falta de interés por estudiarlas y practicarlas.

   La tradición se ha transmitido en un linaje ininterrumpido, desde esa época hasta la actualidad, por la excelente enseñanza Lam Rim ( que incorpora las enseñanzas dadas por el Buddha) que todos pueden practicar en todo nivel de inteligencia y desenvolvimiento. Por medio de la meditación y la sabiduría, uno genera la Mente Corazón, una actitud de responsabilidad universal que se acrecienta con el logro de la iluminación omnisciente.

   La Conciencia tiene muchos niveles. En la escuela Vajrayana, el nivel sutil de la conciencia se llama mente de luz clara. En la Teosofía, es la mente superior, libre de la contaminación de los sentidos groseros. El alcanzarla trae inmediata paz y calma a la mente, lo que permite una meditación más elevada.

   Según la idea budista de lograr la liberación de samsâra (preocupación mundana), es necesario perfeccionar los tres aspectos del entrenamiento superior de la enseñanza: auto-disciplina, concentración meditativa y la sabiduría de la vacuidad. El propósito esencial del Señor Buda al dar estas enseñanzas fue la de eliminar los estados inadecuados de la mente y la experiencia del sufrimiento.

   Casi todas las religiones se basan en la fe, mejor dicho en una fe ciega. Pero el Budismo hace hincapié en "ver", conocer, comprender, y no en la fe o creencia. En los textos budistas, existe la palabra saddhâ (en sánscrito: sraddhâ) que habitualmente se traduce como fe o creencia. Sin embargo, no es fe, sino una confianza nacida de la convicción. No obstante, debe admitirse que en el Budismo popular, la palabra tiene el elemento de fe, en el sentido de que significa devoción a Buda, el Dhamma (enseñanza) y la Sangha (la orden).

   Según Asanga, el gran filósofo del siglo cuarto, Sraddhâ tiene tres aspectos:

1. la convicción plena y firme de que algo es, 2. alegría serena en las buenas cualidades, y 3. aspiración por alcanzar un objetivo que está a la vista. Es por lo tanto una cuestión de saber y ver, y no de creer. Las enseñanzas de Buda son calificadas como ehi-pasyá, atrayentes “para venir y ver” pero no “para venir y creer”. La liberación depende de nuestra propia realización de la Verdad, y no de la gracia benevolente de una persona buena, o cualquier poder externo, como recompensa por un comportamiento bueno y obediente. El Maestro KH expresa la misma idea (Las Cartas de los Mahatmas a A. P. Sinnett, Edit. Española, Carta Nº 8, p.47: Su [la persona] sufrimiento y aflicción no cesan jamás.... ¿Y quién puede reprocharle —como lo hacen vuestros filósofos materialistas— si en este permanente aislamiento y abandono, esta humanidad ha creado dioses ¡a los cuales "ella siempre implora pero jamás es escuchada! Así es que: ´Puesto que sólo en el hombre hay esperanza para el hombre, ¡no dejaré que llore aquel a quien yo pueda salvar!´..."

   La causa original del desenvolvimiento espiritual de uno es uno mismo. Buda dijo: "Somos nuestros propios salvadores o somos nuestro propio enemigo”. Queremos evitar el sufrimiento, pero, debido a que no cultivamos nuestras mentes en la sabiduría, corremos directamente hacia el sufrimiento como insectos atrapados en una vela encendida!".

   Nuestra presente condición no es algo sin causa, tampoco algo causado  por casualidad. Es algo que nosotros mismos nos hemos construido a través de una serie de decisiones pasadas y de acciones del cuerpo, del habla y de la  mente que provino de ellos. Culpar a personas externas o cosas es una fuente de confusión adicional y de reacción negativa que no conduce a la solución de las dificultades. La mayor parte de nosotros, los Seres humanos, nos  parecemos a los animales ciegos, incapaces de discernir el modelo de vida que se despliega dentro de nosotros, y abandonamos los objetivos espirituales persiguiendo sólo las necesidades biológicas y emocionales de los sentidos.

   Somos capaces de participar en una  meditación superior y alcanzar la iluminación en una vida. Una cualidad única de Mahâyâna es que insiste en el camino que conduce a la omnisciencia. Sólo aquellas escuelas que contienen métodos Tantricos tienen la capacidad de producir la iluminación completa en una vida.  Sin embargo, hay muchos niveles de práctica del Dharma; todos ellos comparten el objetivo fundamental de conducir a los seres vivos de las tinieblas a la luz, de la maldad a la bondad, de la  ignorancia a la  sabiduría.

   El círculo vicioso de la existencia de samsãra (terrestre) nos atrapa  en su corriente y al poco tiempo ya no podemos ni siquiera llegar a tener cierto control. Nuestra vida transcurre en la oscuridad permanente, y la muerte nos sin recuerdos de infructuosas búsquedas que nos acompañarán en futuras existencias.

   Deberíamos comprometernos con enseñanzas de transmisión espiritual. Lenta y cuidadosamente debemos estudiar y reflexionar, y entonces trabajar gradualmente a través de los diversos métodos de meditación. No esperemos que el sendero sea un lecho de rosas. Constante y persistente esfuerzo, y una clara mente inquisidora, son los requisitos previos para el éxito. En este momento, estamos totalmente absorbidos en los estados groseros. Debemos comenzar nuestra práctica trabajando desde lo interno. Esto significa fomentar conscientemente el amor en vez del odio,  la paciencia en lugar de la  ira, la  libertad emocional en lugar de los apegos, la  amabilidad sobre la violencia, y un amor altruista y benevolente hacia todos los seres vivientes. En Las Cartas de los Mahatma a A. P. Sinnett, (Edic. Española, Carta Nº 8, p. 46), el maestro KH escribe: Hasta que la liberación final no reabsorba al Ego, éste tiene que ser consciente de las armonías más puras suscitadas por los efectos estéticos del arte superior al responder sus cuerdas más sensibles a la llamada de los afectos humanos más santos y más nobles". Esto trae paz y calma inmediata a la mente, lo que hace posible una meditación más profunda.

   Para lograr la liberación uno debe perfeccionar las tres prácticas superiores: la autodisciplina, la concentración meditativa y la sabiduría de la vacuidad. En cierto sentido, la más importante de las tres es la sabiduría de la vacuidad. Conduce a la realización de la omnisciente iluminación con el fin de beneficiar al mundo.

   Sin embargo, para abordar la doctrina esencial de forma que cause un benéfico efecto para madurar, el estudio debe abordarse correctamente. La mente tiene que estar libre de prejuicios y supersticiones, y debe esforzarse en estar atenta, y mantener regularidad y consistencia en la práctica. Estudiar y practicar el Dharma con preocupación es como verter alimentos en una olla contaminada; ser desatento es semejante a verter alimento en una olla volcada, y ser irregular e inconsistente en el estudio y la práctica es como verter alimentos en una olla con un agujero en su base.

   Las cuatro grandes escuelas del budismo indio: Vaibhâshika, Sautrântika, Chittamâtra y Mâdhyamaka se diferencian ampliamente en su interpretación de la teoría de la vacuidad. El estudio de estos temas es difícil y requiere un esfuerzo intenso. Primero, debemos obtener la comprensión intelectual de lo que las escrituras quieren decir por vacuidad,  y luego meditar y cultivar una comprensión directa dentro de nuestra propia corriente mental. Este método es el camino a la perfección de la sabiduría.

   La sabiduría es enseñada por todas las escrituras como el método más profundo de liberarnos unos y otros del sufrimiento de la experiencia mundana. Por lo tanto, deberíamos entrenarnos en tres tipos de sabiduría: la comprensión del nivel último de la realidad; la sabiduría de la comprensión del nivel convencional de la realidad; y la sabiduría que abarca a las dos anteriores, a fin de satisfacer las necesidades del mundo.

   Hay que obtener la comprensión intelectual de lo que las escrituras quieren significar por vacuidad y luego meditar y cultivar una comprensión directa dentro de la corriente mental. Este método es el camino a la perfección de la sabiduría; la práctica de la vacuidad en unión con la concentración meditativa puede transportarnos a través de los cuatro niveles de percepción en la vacuidad, y traer el camino de la visión en una experiencia directa, no conceptual de la naturaleza última.

   Uno genera una conciencia de la vacuidad en la meditación por la aplicación de métodos. Cuando se despierta un sentido de vacuidad, uno entra en una concentración meditativa fija: entonces la conciencia que hemos generado tan cuidadosamente se pierde rápidamente. La Vacuidad de la  existencia esencial es intrínseca y no es simplemente una filosofía o doctrina inventada por el Buddha, es nuestra naturaleza esencial, nuestro cuerpo, mente y el mundo que experimentamos. Todo lo que tenemos que hacer es cultivar la conciencia de ello. Esta conciencia tiene que ser practicada sobre la base de la concentración meditativa; de lo contrario, no podremos alcanzar un nivel más profundo de comprensión. La Sabiduría es el medio para ver Esto. "El ideal de lo espiritual sólo se puede percibir a través de la imaginación que es la principal vía de acceso y primera puerta a la concepción e impresión del Âtmâ terrena " (Cartas de los Maestros de la Sabiduría, Segunda Serie, Nº 18).

 

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