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Vol. 133 - Número 6 - Marzo 2012 (en Castellano) |
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Desde la Atalaya
RADHA BURNIER
El primer despertar Después de todo, puede que el mundo a nuestro alrededor no consista en meros objetos, tal vez no lo vemos como realmente es. Uno de los Mahatmas dijo que el mundo de la existencia individual está lleno de significación y de un profundo propósito latente. Toda existencia individual comparte el significado y el propósito que es parte de la vida toda. Nada está libre de esto: las hojas de hierba creciendo de la tierra, la roca empujando desde la tierra, así como el ser humano, todos están dentro de ese propósito y significado. Todo existe por derecho propio, no como un objeto para ser tratado y usado por alguien. Un árbol no es sólo un objeto que provee combustible, una oveja no es un objeto que provee carne, las personas no son objetos de amistad o enemistad. Pero para el hombre común el mundo está divido en objetos que sirven para su placer y los que no. Existe una estricta línea límite entre mi gente, mis cosas, mis intereses y todo lo que es ajeno a esto. Por lo tanto las relaciones se perciben como algo diferente a lo que quizás son realmente. Cuando las cosas se convierten en objetos que me son útiles no existe una percepción o una relación real. Todo en el mundo parece estar separado de lo demás, y se lo juzga como bueno o malo según su utilidad. Existe toda una escala de valores en la mente de cada persona sobre lo que es aceptable y lo que no lo es, lo que es de mayor importancia y lo que tiene menos importancia, y según esa escala se fijan nuestros juicios, nuestros prejuicios, nuestros gustos y aversiones. Para serenarnos la mente debe estar vacía, vacía de todo tipo de actividades, reacciones, pensamientos, de modo que comience la serenidad y la posibilidad de una consciencia más profunda de las cosas. La vida no siempre es lo que parece ser. Las existencias individuales no son objetos de placer, de rechazo o indiferencia. Están llenas de significado y propósito por derecho propio. No sabemos qué es realmente la vida. Somos incapaces de percibirla debido a las condiciones de la mente. Uno de los Mahatmas dijo que es sólo en la superficie calma e imperturbable de la mente que las verdades pueden manifestarse. Si le damos un significado a todo según nuestros deseos personales o a la voluntad propia (que es probablemente lo que hacemos actualmente), bloqueamos nuestra propia habilidad para percibir. Le damos significado a ciertas personas, a ciertas cosas, a ciertas ideas, y somos indiferentes a otras. Dividimos la vida en cierto número de categorías separadas. Algunas personas y movimientos son importantes para nosotros porque cumplen nuestros deseos o se adecuan a nuestras ideas. Otros no tienen ninguna importancia porque no lo hacen. Entonces, tal vez inconscientemente, nuestra valoración de otras personas o eventos la hacemos desde un punto de vista totalmente egoísta. Le atribuimos significado a todo lo que nos satisface, física o psicológicamente, mientras que otras cosas pertenecen a diferentes categorías. Y toda nuestra escala de valores se forma así. Hay ciertas actitudes que surgen en la mente y que debemos estar atentos para identificarlas. Por ejemplo, está la persona cuyo propósito en la vida parece ser usar a las personas y las situaciones. Los que no están en una posición que favorezcan sus ambiciones se vuelven objetos de indiferencia y por supuesto, los que se cruzan en su camino de cualquier modo, son tratados duramente, porque con la ambición viene la severidad. Por otra parte, trata de adular y complacer a quienes podrían favorecer sus planes; también habrá hipocresía, celos y desengaños inevitables. Pero no existe una meditación real y seria hasta que comencemos a darnos cuenta que estamos en la oscuridad, una oscuridad creada por todos estos movimientos de la mente, distorsiones que se deben a los deseos, al torbellino que es la condición constante de la mente. Entonces, primero tenemos que ver que esto es por cierto un mundo irreal, un mundo de sueños. Esta percepción es el comienzo de nuestro despertar y el primer movimiento definitivo hacia la libertad.
¿Vivir en la irrealidad? Si nos gusta podemos seguir viviendo en esta irrealidad, podemos continuar valorando nuestros sueños e ilusiones y a la vez hacer algo que llamemos meditación. Eso está bien, pero no conducirá a nada. Sólo será un paso de un número de actividades fascinantes y pseudo espirituales con las que nos entretendremos, pero no es la meditación seria que nos guiará hacia la luz y la libertad. Y cuando una persona medita con estos deseos, todavía está en el mismo mundo de oscuridad. Puede continuar meditando durante veinte o cuarenta años, y en su vida diaria existen los mismos problemas, las mismas fricciones con otros, las mismas desilusiones y frustraciones, los mismos disgustos por asuntos pequeños, la misma división del mundo en lo que le pertenece a él y lo que no. Su meditación, o así llamada meditación continúa y a su vez, su forma de vida se mantiene igual, no hay ningún cambio en absoluto. No es para sorprenderse que su meditación sea una lucha constante, cuando su mente se mueve por los surcos acostumbrados hacia las cosas que piensa que le darán satisfacción. Él trata de atraerla pero se le va nuevamente. Y este cansador proceso nunca llega a su fin. Mientras la mente quiera poseer, puede no haber éxito real en la meditación porque el deseo es la causa raíz de la perturbación de la mente y la fuente de toda su ilusión. La meditación no tiene nada que ver con la adquisición o el logro. No es alcanzar algún estado maravilloso de consciencia. Si hay ambición de cualquier forma, aunque sea la más sutil, habrá problemas. A fin de averiguar qué es la meditación, debe haber un vaciamiento de la mente, no un agregado de algo más. Algunos pueden encontrar esto difícil de ver o aceptar. Nos gusta tener todo lo que ya estamos buscando. No queremos sacrificar ninguno de nuestros placeres cotidianos. Queremos adquirir más y más de lo que llamamos conocimiento y obtenerlo nos da mucha satisfacción. Por lo tanto, muchos de los libros populares sobre la vida espiritual dan la idea de que debido a que la mente está llena de pensamientos así llamados elevados, ésta progresa y ciertamente ya ha alcanzado una posición bien definida. La mente, como se ha dicho, está lejos de estar vacía, bulle con pensamientos conscientes y subconscientes. Y si alguien desafía las ideas que son parte de ese contenido, existe resentimiento y se erigen barreras. Por lo tanto el contenido de la mente es un manojo de problemas, todos los problemas con los que estamos familiarizados y que hemos generado por el modo en que funciona nuestra mente. Si le agregamos a eso otro ingrediente, diciendo “quiero lograr algo por medio de la meditación, quiero un tipo de conocimiento diferente”, la mente funciona del mismo modo. Podemos no tener éxito en asuntos mundanales y la mente dice (probablemente subconscientemente) “Encontraré conocimiento en el campo espiritual”, “Me volveré una persona superior en una dirección diferente”. Entonces incluso cuando medita, todavía quiere agregarle algo a ella misma. Y esa no es en modo alguno la base adecuada para la meditación. Porque en la meditación es cuestión de vaciar la mente, no de agregarle algo más. Es cuestión de renunciar, no de volverse apegado a algo. No es cuestión de adquirir ni de lograr. Si no estamos apegados, entonces no hay perturbaciones, no estamos creando problemas para nosotros ni para otras personas.
La Convención de 2011 Hubo en nuestra lista 1262 delegados, y de éstos, muchos miembros que son estudiantes serios. La Convención fue, hablando en general, muy exitosa porque fue muy útil en más de un modo, como toda Convención debería ser. Fue una ocasión en la que los que así lo quisieron, pudieron atraer hacia sí lo mejor, que podríamos llamarlo la ‘extraordinaria atmósfera’ que prevale aquí, a pesar del hecho de que a todo alrededor está la ciudad de Madras, que ha crecido a pasos agigantados extendiéndose millas en toda dirección posible, excepto hacia el mar. Pero demanda más atención de nuestra parte para hacer de la Convención una influencia poderosa que atraerá a las personas como los imanes atraen la limadura de hierro, para responder espiritualmente a pensamientos en niveles superiores. Sólo un día, una tormenta ciclónica pasó por Adyar, y produjo una atmósfera que podría haber creado problemas. Pero gracias a la formación teosófica que tiene la mayoría de los delegados, la tormenta tuvo lugar afuera y no dentro de la gente que asistió a la Convención! Casi todos asistieron a las reuniones ese día, a pesar de la lluvia y el viento, para participar del programa que se desenvolvió casi sin ninguna alteración. Solíamos tener alguna lluvia ocasional o incluso tormentas durante la Convención, pero eso sucedió hace muchos años. Recientemente el clima ha cambiado y Adyar se ha vuelto más caluroso. Vino una tormenta y hubo sucesos externos que no alteraron la condición interna de la mente de los delegados que permanecieron calmos y atentos. Las reuniones durante el día continuaron bien y el último día todo regresó a su condición usual, y los delegados se retiraron con felicidad. El hecho de que nadie se alojara en una choza, como solíamos hacerlo hace muchos años, ayudó mucho.
¿Qué es la Teosofía? Cualquier Convención que es teosófica debe tener una atmósfera de unidad y seriedad. Podemos preguntarnos qué significa la unidad desde el punto de vista teosófico. Puede existir una religión que convierta lo ‘pagano’ en algo diferente que uno desea. Eso se llama conversión y quienes lo hacen se sienten muy satisfechos de poder convertir a la pobre gente que supuestamente cambian. Pero no nos referimos a ese tipo de cosas. Una conversión real está lejos del egoísmo, y que por supuesto variará en fortaleza y calidad, pero que es la misma, real y trabaja por el bien de todos. Particularmente nos referimos al bien espiritual. Esto en sí mismo no es un tema fácil de tratar y no estamos intentando hacerlo ahora, sino que tratamos de insinuar respecto a lo que tenemos que pensar. La unidad se da entre los que comparten un objetivo, llevar a la humanidad hacia delante en el sendero espiritual. Si somos serios al respecto (por supuesto que existen otras cosas), todos se guían por la misma condición mental de avanzar espiritualmente. Cuando hay muchos objetivos en la vida, algunos exclusivamente personales y materiales, y otros parcialmente espirituales o supuestamente espirituales, podemos decir que no hay un verdadero movimiento hacia delante. Pero si existe este objetivo espiritual de cambiar nuestra actitud hacia todos los que nos rodean a favor de un avance espiritual, entonces se puede llamar verdaderamente espiritual. De modo que nuestro deber al trabajar juntos depende de cuán serios somos como individuos y por lo tanto como un grupo indivisible.
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