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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 133 - Número 5 -  Febrero 2012 (en Castellano)

 
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Desde la Atalaya

 

 

Radha Burnier

 

 

El mundo como ámbito del placer

   El principal interés de muchos es su propia comodidad personal. A estas personas no les gusta que su rutina familiar se altere. No importa lo que hace falta hacer o cuán urgente sea la tarea, no permitirán que se los moleste. Es bien conocido que sea donde sea que haya trabajo, sólo hay unos pocos que están dispuestos a hacerlo, la mayoría se preocupa totalmente de salvaguardar sus propios intereses y pasarla bien.

   En La Voz del Silencio se dice “la inacción en un acto de misericordia es un pecado mortal”. Fundamentalmente el mundo grita pidiendo ayuda, hay una gran necesidad y un sufrimiento tremendo. Tal vez podemos sentirnos perturbados cuando estas cosas llegan inoportunamente cerca nuestro, pero si están lejos, no nos interesan en absoluto siempre que no interfieran con nuestra comodidad. Si podemos tener una vida agradable, generalmente no nos molestamos demasiado respecto a lo que le ocurre al resto de la existencia. Tenemos lo necesario para nuestra propia supervivencia y tal vez más de lo que realmente necesitamos, por lo tanto no tenemos demasiados problemas.

   La condición de la humanidad siempre ha sido de lucha, de esperanzas y desesperación, de peleas y desentendimientos, crueldad e insensibilidad. Y todo esto surge de la ignorancia, de la carencia de comprensión. Pero realmente no nos interesa, nos incumbe muy poco hasta que nos toca personalmente. Sólo nuestra propia y estrecha satisfacción es importante para nosotros y todo lo que queremos es sumergirnos en cualquier comodidad pequeña que la vida pueda ofrecer. Buscamos para nosotros una posición que sea psicológica y físicamente placentera, y nos acomodamos en ella. Otras personas, incluso cerca nuestro, pueden sufrir dificultades pero mientras estemos descansando en suaves almohadones no nos preocupan.

   Para la persona que busca placer, todo lo que encuentra se vuelve un objeto que le resulta o indiferente o un obstáculo para satisfacer sus deseos. Nuestro deseo de poder convierte a las otras personas en peones que se pueden usar o dominar, controlar, organizar y modelar según nuestra perspectiva. Todo el mundo se observa desde el punto de vista de sus tendencias y deseos personales.

 

Un mundo irreal

   Estos deseos son de diferentes tipos. Nuestras mentes están interesadas en una variedad de ideas, tal vez virtuosas e idealistas pero a menudo mediocres o totalmente malas. Y son estos deseos mentales los que causan problemas. Si tienen un delicioso pastel ante ustedes, no es el pastel el problema, el problema es que ustedes quieren comer demasiado. Entonces, tener deseos es tener problemas.

   Los deseos y las actitudes crean diferentes reacciones, porque cuando hay un deseo, hay objetos que estimulan ese deseo. Hay una búsqueda de placer y de los objetos que satisfacen ese placer. Y cuando existe un objeto de satisfacción, hay apego. Luego surgen los celos y la envidia, y hay enfado contra cualquier cosa que obstaculice esa satisfacción.

   La ambición mental necesariamente lleva consigo reacciones emocionales. Existe el afán de poseer el objeto de deseo, a menudo irracional, y la esperanza de conseguirlo. O existe el temor de que ‘sea negado’ y aparece el resentimiento. Los gustos y las aversiones, esperanzas y temores, euforia y desesperanza, crean perturbaciones mentales y colorean el mundo que se percibe a través de ellos. La mayoría de las cosas, en la mayoría de los casos, toman un color que puede que no les pertenezca. De modo que el contenido de la mente y el desorden que hay en ella, alteran nuestra percepción. La palabra sánscrita para deseo o ansia es râga. Es significativo que râga también significa color, y subraya el hecho de que cuando hay deseo, todo lo que lo rodea está coloreado y distorsionado.

   El mundo irreal del que el individuo es consciente no es diferente del mundo irreal de los demás. Existe la misma búsqueda de placer. Y mientras continúa esta ‘fiebre’, esta ‘sed’ como la llamaba Buddha, dentro de la mente, hay distorsión. El sufrimiento que produce no es sólo físico, es la angustia de vivir en la ignorancia. La mente “es el gran matador de lo Real”, porque toma lo irreal por lo Real. Esto es también parte de dicha tristeza.

   Si una persona quiere éxito ante todo, entonces todos sus pensamientos se enfocan en su ambición. Él hace amigos con aquéllos que piensa que pueden ayudarlo, planea cómo agradarles; de qué decepciones inofensivas se puede evadir. Entonces, conectado con cada deseo existen muchos pensamientos y emociones, muchas reacciones.

   Saber algo conceptualmente como una idea no es lo mismo que realmente saberlo. Como idea, podemos aceptar que hay factores en la mente que crean oscuridad, pero realmente ver que esto es así, que vivimos en un mundo oscuro de reacciones psicológicas, es algo diferente. Pero si observamos cuidadosamente y comenzamos a ver que existen estas corrientes de diferentes tipos en nuestra mente, que distorsionan la percepción y crean perturbación, comprenderemos que la meditación es una ayuda efectiva.

   La mayor parte de la humanidad se inclina a lograr poder, a adquirir placer, a obtener satisfacción de algún tipo, no necesariamente de cosas materiales, tal vez satisfacción psicológica en compañía de ciertas personas. Si algo impide que estén con sus amigos se sienten enojados, si encuentran que otra persona está con ellos, se sienten celosos. Esta persona determinada puede no estar necesariamente relacionada con un deseo común, a veces sucede que la gente busca un maestro espiritual. Quieren estar en su presencia y no quieren que nadie más esté cerca de él, y tampoco que los demás estén más cerca que él. Entonces hay celos y competencia entre los así llamados discípulos. Todos los sentimientos y la perturbación que existe alrededor de una relación mundanal también se pueden encontrar alrededor de un gurú. Es exactamente el mismo deseo de satisfacción y apego que deriva del ansia de satisfacción.

   Todo el movimiento de la vida se dirige a obtener conocimiento o información, afecto o aprecio, posesiones materiales o una buena posición, o esto o aquello. Y también es el sufrimiento de la vida porque cuando nos apegamos a algo, tarde o temprano nos desilusionará. Nos apegamos a personas y la relación termina. Nos apegamos a ideas y muy a menudo terminan en malentendidos y disputas. El apego a un conjunto estrecho de ideas produce intolerancia y lucha. Y lo mismo ocurre cuando el deseo es por la iluminación, por alguna clase especial de experiencia. Crea exactamente el mismo tipo de perturbación.

 

El camino hacia la oscuridad

   Si piensan respecto a todo esto, verán que nuestras dificultades surgen de los deseos que hemos considerado. Si existe el deseo de placer o de poder, podemos fácilmente causar dolor por medio de acciones o palabras. Otras personas se vuelven de valor secundario por nuestras ambiciones, no nos importan, y podemos dejarlas de lado.

   Sea lo que sea que se encuentre como semilla dentro de la mente, crecerá en fortaleza. Por ejemplo, mucha gente busca poder. Puede que no sea un poder tremendo, puede que no quieran dominar las vidas de muchas personas, pero el amor al poder está allí. Puede estar oculto por algún tiempo o puede verse en muchas cosas pequeñas, en sus esfuerzos por manipular a otros para que hagan lo que ellos quieren, por imponer sus ideas en otros. Puede ser el deseo de mantener un lugar, ser el primero en un grupo pequeño, si no podemos serlo en un grupo más grande. O pueden considerarse superiores a otros en virtud, aunque la virtud auto-consciente no es nada más que vanidad y orgullo.

   Podemos sentirnos superiores en habilidad. Existen personas que son eficientes en su trabajo, que pueden organizar asuntos administrativos y tienen poca tolerancia por quienes no están a su nivel. El sentimiento de superioridad que surge con sentimientos de virtud o de ser capaces, o muchas otras cosas diferentes, es ciertamente deseo de poder, y arrastra la mente hacia la oscuridad y la ilusión.

   Y existe no sólo el deseo de poder, el ansia de placer es igual de fuerte en la mente. Vivimos en una sociedad materialista donde periodos de trabajo cada vez más cortos nos dejan más tiempo de ocio para ser llenado con entretenimientos, donde la búsqueda del placer se ha vuelto no sólo un objetivo dominante en la vida sino una gran industria. Por lo tanto existe la búsqueda de auto-satisfacción en cualquier modo posible. Entonces está el deseo de placer por medio del conocimiento, la adquisición de conocimiento se vuelve tan importante para muchas personas que no les interesa cómo se obtiene. Por lo tanto reunimos más y más datos en los campos de la ciencia y la medicina por medio de la vivisección de animales en gran escala. Una persona que sigue sus propios intereses con una dedicación unidireccional, a menudo se vuelve indiferente a los métodos que usa o a lo que utiliza en sus experimentos, y esto es lo mismo ya sea que busque poder o placer.

   Entonces, dentro de la mente existen todas estas contracorrientes, llevándonos de aquí para allá hacia la comodidad, el poder, el placer y muchas otras cosas. Y debido a que esto es así, el mundo y todo lo que hay en él se vuelven para nosotros meros objetos bastante desconectados unos de otros.

 

La falsedad del deseo personal

   El objeto de nuestros deseos puede cambiar. La mente altera su dirección pero no su naturaleza. Por lo tanto, en vez de querer lograr algo en el nivel material, una persona puede querer sobresalir en el así llamado campo espiritual o religioso. Él tiene, digamos, experiencias fugaces que lo elevan sobre sí, inclusive puede tener una expansión ocasional de consciencia, y quiere saber a dónde llegó, puede querer que alguien le diga que ahora alcanzó una etapa particular en su viaje espiritual. Todavía está involucrado en la psicología total de los logros, y probablemente sentirá que ahora es superior a otros en la misma búsqueda. 

   Podemos imaginarnos que estamos bastante avanzados en la vida espiritual, nuestro deseo después de todo es por la iluminación, queremos tener alguna experiencia especial, alcanzar algún estado trascendental, escapar de los aspectos mundanos y problemáticos de la vida. Pero incluso cuando parece que deseamos sólo lo que es noble y bueno, la mente está exactamente en la misma condición que estaba antes. Todavía es capaz de crear la misma perturbación, celos, envidia, vanidad, y todo lo que es afín a ella. Estas perturbaciones yacen ocultas en el terreno del deseo de logros y crecen rápidamente como malezas.

   El deseo por lo espiritual a menudo está oculto en la ambición por nuestro propio progreso. ¿Cómo podemos estar libres de todo deseo, tanto del deseo por cosas personales como de no personales? El deseo de satisfacción personal es algo extraño. Se oculta detrás de otras ideas aparentemente superiores pero cuando existe es una barrera. ¿Podemos observarlo, trascenderlo y alcanzar un nivel en el que no haya ningún deseo?

 

 

 

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