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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 133 - Número 1 -  Octubre 2011 (en Castellano)

 
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El Sendero del Boddhisattva

 

 

BHUPENDRA R. VORA

 

El Sr. Bhupendra R. Vora ha sido Secretario General de la ST en África Central y del Este, ahora vive en Inglaterra. Alocución Blavatsky dada en la Escuela de Verano Inglesa, en 2011.

 

   Es un gran honor dar la prestigiosa Alocución Blavatsky, y rendir tributo a esta gran Yogini. Existe un hecho realmente emotivo en la vida de Madame Blavatsky, cuando estaba camino a Nueva York desde París, en junio de 1873, y había adquirido un ticket de primera clase para cruzar el Atlántico. Cuando iba a abordar el barco, encontró a una mujer con dos niños pequeños, desolada y llorando. Aparentemente, habían estafado a esta mujer, y por lo tanto estaba abandonada, sin dinero e imposibilitada de viajar a Nueva York. Con la generosidad de un Bodhisattva, Madame Blavatsky cambió su ticket de primera clase, por tickets para viajar en la bodega del barco, para ella y esta mujer con sus niños. Pasó diez días en la hacinada bodega de un barco para emigrantes con su suciedad, malos olores y ratas. Fueron diez días de horror, excepto por la cálida compañía de la agradecida mujer y sus niños. La Clave de la Teosofía define la caridad como “esfuerzo personal hacia otros; piedad y generosidad personal; interés personal por el bienestar de quienes sufren; simpatía personal, cuidado y ayuda en sus problemas y necesidades”. Estas son las virtudes de un Bodhisattva.

   El Bodhisattva es un ser espiritualmente avanzado, en quien Bodhichitta floreció y está en el sendero hacia el completo Budado o Adeptado, el totalmente despierto y conocedor absoluto del Uno, que es perfecto en sabiduría. También se usa para indicar un ser espiritual que ha elegido renunciar al Nirvâna o la etapa final de iluminación y bienaventuranza, para que otros seres sensibles puedan ser ayudados a alcanzar la liberación. Es en este contexto que las enseñanzas teosóficas se refieren al ideal del Bodhisattva, seguido por muchos de los Maestros de Sabiduría que en su compasión infinita por la humanidad han elegido este sendero de servicio.

   Sobre Gautama Buddha se dice que resolvió en su vida como Sumedha, llegar a ser Buddha de Compasión y ayudar a la humanidad, en presencia del entonces Buddha Dipankara. Adelantándose a la oportunidad de llegar a ser un Arhat, decidió lo siguiente: “Prefiero, como Dipankara, habiéndome elevado al conocimiento supremo de la verdad, permitirle a todos los hombres entrar al barco de la verdad y así poder llevarlos por el Mar de la Existencia, y sólo después permíteme realizar Nibbâna.” Existe una tradición similar en la filosofía Jaina donde un ser decide convertirse en Tirthankara o el constructor del badén, para ayudar a los hombres a cruzar el mar de la vida, hacia la otra orilla.

   Algunas de las vidas anteriores del Buddha como un Bodhisattva se describen en los relatos de sus vidas previas. Éstas muestran que vida tras vida, de cualquier forma en que naciera, el Buddha ayudó a todos los seres vivos. Se dice de Gautama Buddha que no existe un lugar en la tierra, en alguna vida pasada, donde no haya sacrificado su vida por el bien de los demás. La literatura teosófica menciona las muchas vidas de este Gran Ser como un Maestro de la humanidad, que dio la sabiduría divina de modo que los hombres pudieran liberarse de sus limitaciones. Es sobrecogedoramente inspirador que muchas de las enseñanzas espirituales de la mayoría de las tradiciones religiosas, en diferentes partes del mundo, se le atribuyen a él como Bodhisattva en una u otra de sus encarnaciones, ya sea como Vyâsa en India, Hermes en Egipto, Orfeo en Grecia, Zaratustra en Persia, y finalmente como Gautama Buddha en India otra vez. Como maestro de hombres y dioses ayudó a todos los seres. En su encarnación final como Príncipe Siddhartha, hizo el último sacrificio al alcanzar el Budado, renunciar a Nirvâna hasta que todos los seres sensibles entraran por las puertas de ese bendito estado. La literatura esotérica denomina correctamente a este el gran sacrificio o mahâbhinishkramana.

   Los textos Pali se refieren a la contemplación de Buddha, después de su iluminación, respecto al estado del mundo y la cadena de causación. La leyenda cuenta que como Príncipe de Kapilavastu percibió el sufrimiento humano como enfermedad, vejez y muerte, al moverse por la ciudad, y decidió encontrar la causa del sufrimiento y el modo de la liberación. Encontrando el modo de terminar este sufrimiento en ese plenilunio de Mayo, él se preguntó si la humanidad estaba preparada para recibir su mensaje. La Luz de Asia describe simbólicamente este momento de preocupación de la Madre Tierra, temiendo que Buddha no enseñara el dharma, y emitió un grito pidiendo ayuda:

 

Ciertamente estoy perdida, yo y mis criaturas.

Oh, Supremo ¡Que Su Gran Ley sea expresada!

 

El Maestro echó una mirada al mundo y su sufriente humanidad, y decidió proclamar la Ley. Él declaró: “Sin duda, ¡predico! A quien escuche, permítanle aprender la Ley.”

   Así comenzó el trabajo del Buddha, para el que se había preparado durante mucho tiempo. Al decidir renunciar a los frutos de Nirvâna, eligió ser un Nirmânakâya y conducir toda la vida sensible a las puertas de la liberación. En La Doctrina Secreta, Madame Blavatsky revela el misterio de la negación del Buddha para entrar a Nirvâna con las siguientes palabras:

 

Así después de su aparente muerte, veinte años después, Tathâgata en su inmenso amor y ‘doliente misericordia’ hacia la errada e ignorante humanidad, rechazó Paranirvâna para poder continuar ayudando a los hombres. 

 

   Muchos de los discípulos cercanos a Buddha que habían alcanzado el nivel de Arhat, eligieron el sendero de su Maestro, para poder trabajar también por la liberación de la humanidad. Los Maestros de Sabiduría conectados con el mundo decidieron de modo similar trabajar por el bienestar de la humanidad en vez de buscar la dicha del Nirvâna. La Voz del Silencio se refiere a ellos como habiendo formado un “Muro Guardián” construido con sus manos. Levantado con su dolor, cementado con su sangre, protege a la humanidad de una mayor miseria y sufrimiento.

   El Bhagavadgitâ pone énfasis en el servicio altruista hacia la humanidad sin deseo o apego, y lo llama el sendero del trabajo para la realización de Dios. En un verso (III.19) enseña específicamente que por medio del desempeño de nuestro deber en la sociedad, el hombre adora y alcanza lo Supremo. En un himno antiguo del Rg Veda hay una afirmación notable sobre el ideal del servicio a la humanidad:

 

¿Quién es el que se dice que vive? Aquél que vive por el bien de otro, realmente vive.

 

   El Anna Sukta del Rg Veda establece el deber del servicio a otros. Menciona varios tipos de servicio, entre los que se encuentran la ayuda a otros que sufren, la difusión del conocimiento y la distribución de alimentos a los necesitados. Esto indica que el servicio se debe llevar a cabo no con vanidad o con un sentido de favor, sino con total humildad y carencia de egoísmo.

   Existe un excelente ejemplo del espíritu del Bodhisattva en el Bhâgavata Purâna sobre el Rey Rantideva. Durante un periodo de hambruna devastadora en su reino, Rantideva gastó la totalidad de su riqueza alimentando al hambriento y al afligido. Profundamente apenado por la aflicción de su gente, y a modo de expiación, el Rey emprendió un ayuno de cuarenta y ocho días y no comió ni tomó agua durante este periodo. En el día cuarenta y nueve, cuando se sentía satisfecho porque casi todos los hambrientos y sufrientes de su reino habían sido aliviados del dolor y la miseria, decidió romper su ayuno. En el preciso momento en que iba a tomar su primer sorbo de agua, después de cuarenta y ocho días, oyó el lastimoso lamento de una persona de poca estatura, Pulkasa, que pedía agua para calmar su sed. El Rey que estaba en el medio de sus ministros se detuvo, tomó el agua que había sido puesta ante él, y ordenó que se le diera el vaso inmediatamente a Pulkasa. Los ministros se quejaron enérgicamente ante el Rey, por este acto suicida. El Rey sin embargo no cedió e hizo la famosa declaración en términos emotivos como lo registró el gran sabio Vyâsa:

 

No busco del Señor Supremo la dicha más elevada, ni me interesa la Liberación, la cesación de la rueda de nacimientos y muertes. Mi único deseo es sufrir con todos los seres y estar presente entre ellos y servirlos de modo que se puedan liberar de la miseria. Mi hambre, sed y fatiga, mi desaliento y desilusión, todas estas característica indeseables de mi afligida alma han desaparecido al darle agua a quien sufría de extrema sed.

 

   Esta gran declaración de Rantideva también registrada en el Mahâbhârata enfatiza el supremo deber de aliviar el sufrimiento de otros y mejorar a todos nuestros hermanos y hermanas. Afirma que el compartir el sufrimiento de otros no sólo es necesario para compartir el peso del dolor de otros, sino para la purificación moral. En la tradición del Bodhisattva, se declara que el deber de aliviar el sufrimiento es mayor que buscar nuestra propia salvación.

   En uno de los Upanishad-s hay un relato simbólico sobre los deva-s, asura-s y humanos acercándose al Creador, Señor Brahmâ, quienes expresaron no   estar satisfechos sobre el estado de sus vidas donde no había ni paz ni satisfacción. Los deva-s se usaban para una vida de opulencia y placeres sensuales, los asura-s se usaban para causar dolor y sufrimiento a otros, y los humanos eran codiciosos, y acumulaban riqueza y posesiones. Ninguno de ellos tenía paz mental y querían que el Señor Dios les ayudara. El relato del Upanishad menciona que Brahmâ respondió proclamando la sílaba ‘Da’ tres veces. Los deva-s comprendieron la sílaba como significando damyata o restricción en su vida sensual, los asura-s interpretaron el sonido como significando dayâ o compasión para todos los seres, y los humanos asumieron que quería decir dâna o caridad hacia los menos afortunados. Hay un mensaje muy significativo en este relato sobre el tipo de vida que debería vivirse, en el que los tres aspectos de damyata, dayâ y dâna estén siempre presentes.

 

   En el Evangelio de San Mateo en el Nuevo Testamento se da una indicación del tipo de dación generosa que asegura la realización de lo Divino. El Señor dice:

 

Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis; desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí.

Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis. (Mat. 25:35)

 

   Los Bodhisattva-s o los Mahatma-s son manejados por un imperioso deseo de ayudar a aliviar el sufrimiento en el mundo y a llevar a toda vida sensible a la liberación. Ellos no sólo son seres en su camino hacia el estado del Buddha totalmente iluminado o de los Adeptos, sino que son seres que por medio de su gran compasión hacia toda vida sensible, renuncian a la dicha final para ellos mismos. Esto se indica en el voto del Bodhisattva que afirma:

 

Nunca buscaré recibir salvación individual. Nunca entraré en la paz final solo, pero por siempre y en todas partes viviré y me esforzaré por la redención de toda criatura en todo el mundo.

 

   La semilla Bodhi del Bodhisattva se alimenta y se riega con acciones compasivas y de amor hasta que florece como Bodhichitta o el corazón de la sabiduría. Una semilla similar a la del Bodhisattva existe en cada ser humano ya que todos son parte de la Consciencia Universal, que es inherentemente compasiva; sin embargo, sólo por la ignorancia y la imperfección en el amor, la gloria del corazón de Bodhi no se manifiesta totalmente todavía. Por medio de una vida carente del yo, y acciones de amor, llevadas a cabo vida tras vida, y siguiendo el sendero de muchos seres iluminados, el aspirante alcanza ese estado de perfección y compasión que es el de los grandes iniciados en el Sendero.

   En Las Cartas de los Mahatmas hay una referencia intrigante de un Adepto conocido como Mahatma M., en conexión con un retiro del Mahatma KH, con el propósito de prepararse para una iniciación más elevada que lo llevaría más adelante en el sendero del Budado. Es interesante notar la afirmación del Mahatma M. sobre “la antigua torre en cuyo seno se han gestado generaciones de Bodhisattva-s”. La ubicación de la Torre es un misterio, como también lo es el tipo de preparación al que el Mahatma estaba abocado, que conduciría al florecimiento de Bodhichitta, a la plenitud de la sabiduría y amor ilimitado hacia toda la humanidad. Se afirma que se estaba alistando para su iniciación superior que lo prepararía para su futuro trabajo como un Maestro de hombres.

   La compasión de este Mahatma era evidente en el pedido a su hermano, el Mahatma M., para asegurarse que las enseñanzas espirituales que los dos caballeros ingleses, A. P. Sinnett y A. O. Hume, estaban recibiendo de él no se vieran afectadas por su ausencia. Este Mahatma ha sido maestro de la humanidad vida tras vida, y está camino a convertirse en un Bodhisattva. En algún otro lado en Las Cartas de los Mahatmas, le aconseja a los teósofos:

 

Usted debería aprender, incluso como un simple miembro, más aún como un funcionario, que puede enseñar, adquirir conocimiento espiritual y fortaleza para que el trabajo se pueda apoyar en usted, y las víctimas dolientes de ignorancia aprender de usted la causa y el remedio de su sufrimiento.

 

   Los teósofos deben comprender la importancia de este consejo. La oscuridad de la ignorancia, que impregna la raza humana y es la causa del sufrimiento, debe ser disipada por la luz de la verdadera sabiduría sobre el propósito de la vida, y este es el trabajo de los teósofos.

   En la famosa carta del Gran Adepto conocido como el Mahachohan se da una indicación del deber del teósofo. El Mahatma dice:

 

No es el propósito individual y determinado de alcanzar para sí mismo el Nirvâna (culminación de todo conocimiento y sabiduría absoluta) que es, después de todo, sólo un egoísmo exaltado y glorioso, es el buscar desinteresadamente medios mejores de hacer seguir a nuestro prójimo el camino correcto, y de llevar la mayor cantidad posible de nuestros semejantes a que se beneficien de ello, lo que constituye el verdadero teósofo.

 

   Es este espíritu de compasión y amor, implícito en el principio de la Fraternidad Universal, que debería ser la luz guía de un teósofo. Comprender la unidad de toda existencia es desarrollar un estado intenso de amor espiritual, sabiduría divina y compasión, fundados sobre un irresistible anhelo de ayudar a toda vida sensible.

   Existe una leyenda, sobre el Bodhisattva Avalokitesvara que lo muestra con miles de manos y de ojos, queriendo significar que su consciencia y compasión ayuda a toda la vida. Con innumerables brazos este ser puede ayudar a todos los que sufren, y con sus ojos, puede ver sus sufrimientos. Esta es una imagen poética muy bella de un ser compasivo, que es fuente de inspiración para millones alrededor del mundo, y por lo tanto se lo elogia con gran fe con el mantra:

 

Me inclino ante ti Avalokitesvara, Bodhisattva, Mahâsattva, que concedes paz y seguridad, por las calamidades del mundo.

 

   Todos los que están verdaderamente comprometidos con este sendero, nunca se cansan por el número de personas que necesitan ser ayudados o por la cantidad de trabajo necesario, o el tiempo necesario para dedicarse a este trabajo. Esto era evidente en la vida de los fundadores de la Sociedad Teosófica, Madame Blavatsky y el Cnel. Olcott.

   Santideva, el autor de Bodhicharyâvatâra Sutra, afirma que la condición de un Bodhisattva no se alcanza por medio de la gracia, sino sólo por el esfuerzo personal, siguiendo las referencias dadas en textos y escrituras. Mucho antes que el aspirante alcance este estado, la persona debe haber sembrado la semilla bodhi en el corazón, como lo hizo el Buddha en una vida pasada anterior. El viaje es posible sólo por la intensa disciplina espiritual del Sendero. Desde el comienzo, el aspirante debe  ser muy claro respecto al motivo, que debería ser el de servicio altruista a toda vida sensible. La Voz del Silencio pregunta: “¿Puede haber dicha absoluta cuando todo lo que vive tiene que sufrir? ¿Serás tú salvado, mientras escuchas a todo el mundo llorar?”

   La literatura esotérica se refiere a los diferentes pasos por los que pasa un aspirante, hasta que alcanza el estado de una firme determinación a trabajar por el bienestar de toda vida sensible. El texto de esta solemne promesa se da en Bodhipatapradipa, una obra de un gran Atisa. Leemos:

 

Seré el anfitrión de todos los seres vivos y los rescataré del ciclo de encarnaciones. A partir de este momento y hasta que alcance la máxima iluminación, no participaré en ningún tipo de hostilidad, ira, avaricia o envidia. Practicaré la vida pura y evitaré el pecado y el deseo. Con fervor en el voto de moralidad, actuaré como el Buddha. No me entusiasma alcanzar la iluminación por un método rápido, sino por el bien de un simple ser sensible permaneceré hasta el mismo fin. Depuraré los innumerables campos. Purificaré todas las acciones del cuerpo, del habla y de la mente, y me abstendré de acciones que no son virtuosas.

 

   Tomar este voto significa salvar a todos los seres, destruir todas las pasiones, aprender la verdad, enseñársela a otros y conducir a todos los seres a la liberación. En las tres joyas de la literatura teosófica, A los Pies del Maestro, La Voz del Silencio y Luz en el Sendero se expone el sendero hacia la auto-purificación y el viaje al templo de la Sabiduría Divina.

   El sendero de sabiduría trascendente elaborado en La Voz del Silencio guía al aspirante a ese nivel de sensibilidad y compasión donde la persona siente estas cualidades hacia toda la vida sensible. También se ha descripto como “la sabiduría que lleva a la persona a la otra orilla”. Nuestra existencia mundanal es de altos y bajos, donde la mente está creando constantemente varios tipos de emociones y pensamientos de temor, ira, ansiedad, amor y odio, etc. No existe el equilibrio en una mente así. Pero llegar a la otra orilla es lograr una condición pura y tranquila. El logro de esta Consciencia de Sabiduría es posible por el cultivo de las ‘perfecciones’ de caridad (dâna), pureza o auto-disciplina (sila), paciencia (kshânti), carencia de deseos (virâga o vairâgya), diligencia o vigor (virya), profunda meditación (dhyâna) y sabiduría (prajñâ).

   La Voz del Silencio se refiere a dâna como la clave de la caridad y del amor eterno. No existe mejor descripción a tal espíritu caritativo y amoroso que el dado por San Pablo a los Corintios:

 

La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad no hace sin razón, no se ensancha; no es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal; no se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. La caridad nunca deja de ser… (I Cor.,13)

 

   La caridad a la que se refiere aquí, no es meramente dar limosnas, sino darse a sí mismo sin reservas e incondicionalmente en servicio sin ningún tipo de expectativas por lo frutos de la acción. En el Bhagavadgitâ tal acción se la ha llamado acción carente del yo (nishkâma karma). A los seres humanos les resulta fácil donar algo a una caridad o algo similar, para aliviar la consciencia, pero les resulta difícil servir a otros escuchando sus problemas con atención. Caridad también significa generosidad de espíritu, y sentir ecuanimidad cuando otros no actúan del modo que uno puede considerar correcto o adecuado. El ejemplo de Cristo dándole refugio a la mujer acusada de adulterio, y protegiéndola de la turba que la acechaba para arrojarle piedras, indica esa caridad (Juan 8:6-11)

   A sila se la ha explicado como “la clave de la armonía en palabra y acto, la clave que equilibra las causas y los efectos, y no deja espacio para la acción kármica.” Se la describe como buena conducta.

   “Dulce paciencia que nada puede perturbar” es el cultivo de ese estado mental en el que ni altos ni bajos, ni éxitos ni fracasos, ni sufrimientos, pueden afectar la paz y armonía del ser y la mente permanece como las plácidas aguas de un lago transparente.

   Virâga o vairâgya es indiferencia al placer y al dolor. Es la percepción de la transitoriedad de la vida mundana, que resulta en un estado de calma e indiferencia a las cosas, que comúnmente domina a los hombres. Con una comprensión más profunda, el aspirante se da cuenta que el placer y el dolor son ilusorios y resultan de percepciones incorrectas de la naturaleza de las cosas.

   Virya, como La Voz del Silencio expresa, “es la energía impertérrita, que desde el cenagal de las terrenas mentiras, lucha abriéndose paso hacia la verdad suprema.”. Es valor bajo todo tipo de prueba y tribulación en la vida.

   La sexta virtud es dhyâna o meditación que conduce a la realización del ser superior.

   La séptima es el estado de sabiduría, es la fuerza resultante que desarrolla el aspirante en el Sendero. Algunas escrituras se refieren a diez etapas o virtudes de desarrollo que conducen al Budado (Avatamsaka Sutra). El desarrollo de estas virtudes a la perfección es un esfuerzo que abarca muchas vidas.

   Una vez, se le hizo una pregunta a la Dra. Annie Besant: “¿Quiénes serán los constructores de la nueva civilización?” Su respuesta fue muy pertinente:

 

Quienes están creciendo en la vida espiritual, quienes no pueden ser felices mientras otros son miserables, aquéllos cuyas comidas saben amargas por el hambre de los pobres, aquéllos cuyo lujo es una carga debido a las necesidades de los miserables, y sólo aquéllos que se sacrificarán para que otros sean felices.

 

   La Dra. Besant estableció la Orden Teosófica de Servicio para asegurarse que las enseñanzas de la sabiduría de la Teosofía no permanecerían como meros ideales, sino herramientas vivas de servicio para los componentes de la humanidad menos afortunados, y otras formas de vida. El deber del teósofo es desarrollar las virtudes requeridas para el sendero del servicio, por medio de un esfuerzo determinado y consciente. También es aprender la Sabiduría Divina que es la Teosofía, de modo que pueda enseñar e iluminar las mentes de los hombres hacia un modo de vida más espiritual y armonioso.

   El consejo de Buddha para el desarrollo de la sensibilidad, la compasión y el amor del Bodhisattva, fue la práctica de las cuatro meditaciones de amor, piedad, dicha y ecuanimidad. La práctica de estas meditaciones y el cultivo de las virtudes conduce al despertar de la Consciencia búdica o crística, en el corazón del aspirante, y coloca a la persona en el Sendero de los Bodhisattva-s o Mahatmas.

 

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