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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 132 - Número 9 -  Junio 2011 (en Castellano)

 
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La visión integral

 

 

D. P. SABNIS

 

El Sr. D. P. Sabnis es un miembro de la Rama Blavatsky, Mumbai, Sección India de la ST.

 

    No es difícil aceptar vagamente el concepto metafísico de la dualidad de Espíritu-materia como el prototipo, la polaridad esencial de la Vida, que encuentra expresión en cada aspecto, grande y pequeño, de esa Vida. No podemos evitar ver algo de la dualidad de positivo y negativo, centrífugo y centrípeto, día y noche, vida y muerte, calor y frío, atracción y repulsión, placer y dolor, bondad y maldad, conocimiento e ignorancia, libertad y esclavitud, y así en todos los pares de opuestos. El problema es que al expandir y aplicar las ideas, demasiado a menudo sólo las vemos en sus aspectos opuestos, y olvidamos que se deben ver, no como realidades independientes, sino como dos facetas de la misma realidad subyacente. Además de ésta y además de la relación mutua, no tienen existencia. El Espíritu que se concreta es Materia, y la Materia que se vuelve etérea es Espíritu.

 

El ‘Universo Manifestado’… está informado por la dualidad, la cual viene a ser la esencia misma de su Existencia, como manifestación. Pero… los polos opuestos de Sujeto y Objeto, de Espíritu y Materia, son tan sólo aspectos de la unidad Una, en la cual están sintetizados. (La Doctrina Secreta I.p.80, Editorial Kier)

 

   No reconoceríamos la luz como luz si no existieran sombras para actuar como un contraste complementario.

 

Según los principios del ocultismo oriental, las Tinieblas son la única realidad verdadera, la base y la raíz de la Luz, sin la cual esta última jamás podría manifestarse ni siquiera existir. La Luz es materia, las Tinieblas Espíritu puro. Las Tinieblas, en su base radical y metafísica, son luz subjetiva y absoluta; al paso que la Luz, con todo su esplendor y gloria aparentes, es tan sólo una mera masa de sombras; pues nunca podrá ser eterna, y es sencillamente una ilusión o Mâyâ. (D.S. I, p.122)    

 

   Al igual que la Luz y la Oscuridad, el Espíritu y la Materia, no son distintos y separados, al igual que el bien y el mal. Nadie puede señalar la existencia del bien per se en la Naturaleza, ni el mal se puede mostrar como teniendo una existencia separada e independiente. La Realidad no es ni bien ni mal, al igual que la Vida no es ni Espíritu ni Materia.

 

No reconoce la filosofía arcaica al Bien ni al Mal como poder fundamental o independiente, sino que partiendo del Todo Absoluto (eterna Perfección Universal), deriva a los dos, siguiendo el curso de la evolución natural, de la Luz pura, condensándose gradualmente en la forma, y de aquí convirtiéndose en la Materia o el Mal. (D.S. I, P.124)

 

En la naturaleza humana, el mal denota sólo la polaridad de la Materia y el Espíritu, la ‘lucha por la vida’ entre los dos principios manifestados en el Espacio y en el Tiempo, cuyos principios son uno per se, puesto que tienen sus raíces en lo Absoluto. En el Cosmos, tiene que ser reservado el equilibrio. Las operaciones de los dos opuestos producen armonía, como las fuerzas centrípeta y centrífuga, que, siendo mutuamente interdependientes, son necesarias la una a la otra, ‘a fin de que ambas puedan existir’. Si una se detuviese, la acción de la otra se convertiría inmediatamente en destructora de sí misma. (D.S. II.p.120)

 

El Bien y el Mal son gemelos, la progenie del Espacio y del Tiempo, bajo el dominio de Mâyâ. Separadlos, cortando toda relación, y ambos morirán. Ninguno de los dos existe per se, pues cada uno tiene que ser engendrado y creado por el otro a fin de venir a la existencia; ambos tienen que ser conocidos y apreciados, antes de ser objeto de percepción; de aquí que, en la mente mortal, tengan que estar separados. (D.S. III, p.104)

 

   Debido a la naturaleza dual del hombre, espiritual y material, que los filósofos siempre han rastreado hasta su verdadera fuente en los dos espíritus, apareció la doctrina de las dos mentes en el hombre, natural y lógicamente. Son las mentes superior e inferior de nuestra filosofía teosófica. Al igual que los espíritus originales emanan de una fuente, así también las dos mentes son expresiones del Espíritu en el Hombre, la Mónada Âtma-Buddhica.

   Su interdependencia mutua se puede ver en el hecho de que una virtud en la que se puso mucho énfasis, se transforma en un vicio, del mismo modo que el ojo que está cansado de mirar demasiado un color, cambiará y reproducirá su complementario. El hombre que es demasiado generoso, generalmente termina siéndolo a expensas de otra persona, sus ansias mismas de ‘generosidad’ lo conducen a actos de mezquindad. Incluso la gratificación intensiva de un vicio puede producir una saturación temporal, pero tal saciedad es sólo una postergación  temporal; no es una reforma y una cura, y regresará una vez más como vicio, ya que el bien y el mal per se no tienen permanencia real.

   La dualidad de las aspiraciones más elevadas o espirituales, y los deseos más bajos o materiales que en una existencia encarnada funcionan en cada consciencia humana, produce los tres pares mencionados en el Bhagavadgitâ, calor y frío, placer y dolor, fama y oprobio. Krshna reitera el consejo que Arjuna debería ascender sobre estos pares.

   Si el concepto de los ‘pares de opuestos’ todavía mantiene la mente en su viejo surco separativo, el concepto de los ‘pares de complementos’ se puede superponer provechosamente al respecto. Pero aunque la distinción teórica se hace aquí entre ‘contraste’ y ‘complemento’, en realidad no hay ninguna. La mente finita está acostumbrada a relacionar una y otra idea a ciertas expresiones, y es por lo tanto posible evitar la tendencia separativa de la mente permaneciendo en esas expresiones que transmiten la idea de cooperación más que de oposición.

   Es en el reino de la ética y del auto-desarrollo que estas dualidades cooperativas se ven más fácilmente. Por ejemplo, podemos relacionar como complementarias dos cualidades esenciales de auto-control: práctica y ausencia de deseo, abhyâsa (auto-estudio) y vairâgya (renunciación). Los dos son mutuamente interdependientes, y sólo cuando se practican juntos se produce el progreso. Cada una de las Pâramitâ-s Divinas, de igual modo, tiene su contraparte complementaria.

   Donde sea que miremos encontramos la dualidad unida a la dualidad, contraste y complemento, dos en uno. En el plano físico un hombre que ha perdido un ojo se da cuenta que su visión pierde por lo tanto su sentido estereoscópico de la realidad, su profundidad. Es lo mismo con la visión interna, y en ella, la mayoría de las personas desafortunadamente tienen un ojo o son bizcos. Nuestra tarea es equilibrar y unificar nuestra visión dual, mezclar la mente y el alma, porque detrás de la ilusión de los ‘pares de opuestos’ yace la visión integral del Tercer Ojo, el Ojo Único de la Sabiduría.

  

 

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