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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 132 - Número 6 -  Marzo 2011 (en Castellano)

 
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Ética: conectando la libertad

con la responsabilidad

 

 

LICIO CORREIA

 

El Dr. Licio Correia es el anterior Secretario General de la Sección portuguesa de la Sociedad Tesoófica.

 

   De modo general, hablar sobre nuestro mundo común es casi lo mismo a hablar sobre orgullo y posesiones materiales. Un orgullo por cierto tipo de progreso, dirigido principalmente al desarrollo de alta tecnologías, acompañado por un verdadero ‘culto’ al éxito, por un concepto de lo que se describe como ‘cualidad de vida’, por las alabanzas sin límites de la capacidad por la manipulación de las formas de vida, que se expresa por medio de las biotecnologías (ingeniería genética, clonación, transplante de órganos y otras).

   Sin embargo, evidentemente existe disparidad entre esta dimensión de progreso y la dimensión ética que, en el plan evolutivo, debería esperarse en esta etapa.

   A medida que la cultura y la civilización se desarrollaron, edificadas sobre un fundamento centrado en el hombre (antropocéntrico), éste comenzó a crecer separado de la Naturaleza. Comenzó a ver a la Naturaleza como una herramienta para su propio beneficio. El principio holístico que estructura el pensamiento teosófico nos dice algo muy diferente. Por cierto todo se refleja en todo lo demás, con las respectivas consecuencias.

   De acuerdo con la visión materialista, centrada en el componente transitorio del hombre - su personalidad o cuaternario inferior - que es ciertamente una faceta de mâyâ, todo parece bien, y como parte del progreso. Pero como la luna que tiene un lado brillante porque refleja el sol en el medio de la noche, el progreso material que nos hace tan orgullosos tiene otro lado, uno oscuro, mucho más siniestro, las cadenas de nuestra ignorancia, que es importante reconocer a fin de eliminarlas conscientemente. No sería una exageración concluir que el pensamiento ético se tendrá que cimentar en una consciencia perfecta del hombre, sobre su naturaleza y su rol en el universo.

   Centrémonos en nuestra propia época, y en algunos de sus aspectos limitantes. Los ‘demonios’ de la actualidad son: un pragmatismo anónimo, egoísmo, el culto a la individualidad y competitividad feroz, ignorancia, guerra, xenofobia, fanatismo y ‘misticismo comercial’, fundamentalismo, demagogia, vacío espiritual, drogas, criminalidad, Sida, otras enfermedades de la ‘civilización’, etc. La dimensión ética, en la perspectiva teosófica, frecuentemente está ausente.

   Los jóvenes, dotados con todo tipo de equipos tecnológicos (algo común en la actualidad) ‘navegan’ en Internet, comunicándose con la inmensidad de nuestro hogar común, la Tierra, y al mismo tiempo, ¡permanecen encerrados en sus habitaciones! Si los observamos atentamente, descubriremos que están solos, encerrados en ‘loka-s’, que son, por una parte, sus filtros culturales condicionantes, y por otra, el aislamiento de sus propias habitaciones. Tal vez nunca estuvimos tan solos y separados como actualmente, incluso en medio de una multitud. Algo falta.

   Otro ejemplo es el de la madre, orgullosa de la belleza de su hija, que dice: “Mi hija es bella, ¡y todavía no has visto su foto!” ¿Podemos encontrar una imagen mejor para comprender la fuerza de la atracción, pero virtual, del mundo de mâyâ? Se manifiesta por estereotipos que son característicos de sociedades de masa y consumo, donde tener y parecer (rostros del materialismo) son, con el apoyo amplificador de las nuevas tecnologías y conocimiento, más importantes que ser. Es una época en la que, por una parte, existe un desarrollo increíble en el campo del progreso material, y por otra, existe una devaluación global aparente en la ética perenne y en los valores espirituales, provocando así una disparidad entre nuevos hechos y ajustes kármicos.

   La idea orientada monetariamente de ‘es sólo un comercio’ corrompe la verdadera cualidad en intereses comerciales. Se presentan principios distorsionados de ética y moralidad, principios en los que se debería establecer el significado primordial de la existencia, principios que equivalen a enfatizar la defensa de la Ética real.

   Sin lugar a dudas, la dimensión ética es, en este contexto, no sólo una necesidad teórica, o una mera retórica por razones circunstanciales, sino que es, cada vez más, una herramienta y un apoyo fundamental para la plena realización humana, en el extenso y complejo camino de la existencia humana.

 

El ‘Culto’ del aquí y el ahora, limitaciones de espacio y tiempo

   Una de las características de las multitudes actuales es la tendencia a divinizar el “aquí y el ahora”, “existe sólo una vida y tenemos que vivirla intensamente”, aceptando todos los medios como legítimos cuando el objetivo es obtener beneficios materiales. Estas estrategias materiales se formulan para el breve periodo de una vida humana sin ninguna consideración de sus consecuencias futuras, que en esta perspectiva material son de poco interés, dado que es una creencia común que “no estaremos ya aquí”, cuando aparezcan las consecuencias de nuestros actos.

   Este es otro punto para reflexionar, considerar la ética como la interpretan los teósofos. No existe ‘la ética circunstancial’ para sólo una vida, o meramente para el tiempo histórico de cierta cultura. En este sentido, es importante hacer una distinción entre la Ética escrita con mayúscula, y la ‘ética’ como se usa en diferentes campos culturales.

   Una cultura se puede comprender en la medida que se identifica con un karma colectivo. A cada cultura le corresponde su propio sentido ético que nos ayuda a caracterizarlo. Sin embargo, en la perspectiva teosófica, la Ética tiene una dimensión trascendental; como tal, está bastante más allá de la dimensión limitada de una vida o cultura dadas, porque está enraizada en la eternidad de la naturaleza divina y más elevada del hombre.

   El futuro nos espera en la ilimitada extensión del tiempo. Podemos ver la ética como nuestra meta y el sextante guía para nuestra auto-realización. Por lo tanto, tiene otra dimensión, una trascendental que nos liberará de los límites de mâyâ, límites de los que deberíamos ser conscientes, y aprender a superarlos.

   Si no estamos en condiciones de cambiar el pasado (cuyas lecciones deberíamos asumir y comprender) la verdad es que de algún modo, como teósofos, debemos responsablemente ayudar a construir el futuro, por medio del uso sabio del libre albedrío (libertad). No sólo nuestro futuro, sino el futuro para toda la Humanidad, de la cual somos parte. Un teósofo debe ser un Señor del Tiempo, más que su esclavo, guiado por el faro de la dimensión ética, que ilumina nuestro camino.

   La desesperación, la ira y la frustración, con los efectos amplificantes del egoísmo, frecuentemente glorificados por los medios de comunicación (después de todo, es sólo otra forma engañosa de ignorancia), invaden los pensamientos de la mayoría de las personas. Todas ellas son reacciones características de egos menos evolucionados y débiles, que viven obsesionados con el ‘aquí y el ahora’, y son por lo tanto la causa de un comportamiento inapropiado, impulsivo, primitivo y violento, naturalmente alejado de cualquier sentido ético.

   Sabiendo que la violencia engendra la violencia, y del mismo modo, y del otro lado del espectro, el Amor engendra Amor, podemos encontrar otro ‘loka’ o círculo vicioso, que es importante de superar, el círculo de perpetua violencia.

   Dada la ‘reactividad’, que es una característica biológica común de los organismos más elementales, es más fácil para nosotros comprender el rol de la ‘actividad’ específica de seres superiores (una consecuencia de la capacidad de abstracción, pensamiento simbólico, memoria y sentido ético). Los seres más elevados deben entonces saber cómo, cuándo y con qué propósitos actuar, y qué tipo de consecuencias esperar de sus acciones.

   Actualmente, el mercado y sus leyes son como ‘dioses’. Casi todo está a la venta, en un campo donde la ética se comprende desde la perspectiva del legislador circunstancial, influido él mismo por el tipo de ‘valores’ de la sociedad de consumo, donde lo que más importa es descubrir lo que la gente ‘desea’. Al saber los deseos de la gente, la oferta de mercadería se ajusta a su mercado potencial, con el objetivo de obtener éxito comercial. Pero esto no tiene nada que hacer con la Ética a la que nos referimos aquí.

   A pesar del conocimiento y la erudición científica (a veces, una forma sofisticada de vanidad y diletantismo) y la relación enriquecedora de diferentes culturas entre Oriente y Occidente, por medio del gran desarrollo tecnológico las masas están más separadas del lado perenne que estructura toda la existencia.

   Es fundamental que sepamos conocer cómo liberarnos gradualmente de las limitaciones de los niveles sucesivos de ignorancia, porque sólo el Hombre que Sabe es libre. Quienes no saben son esclavos por siempre. ¿No es verdad también, que no existe mayor esclavitud que ser uno de los que ni siquiera son conscientes de ser esclavos?

   Cuando hablamos sobre este Conocimiento no nos referimos meramente al conocimiento científico y la erudición, que están en sí mismos subordinados a las limitaciones de sus propios ‘observadores’, y a las limitaciones de sus objetivos, métodos y herramientas científicas… Todos estos operan por medio del mental inferior. Nos referimos a la Sabiduría Divina o SOPHIA, que está más allá del tiempo y del espacio y es mucho más que un mero ‘conocimiento’. SOPHIA está sustentada por las grandes Leyes que enmarcan nuestra búsqueda en la Vida, una búsqueda de realización y verdad.

   Existe una Sabiduría que, proyectándose más allá del espacio e incontables edades, hace inteligible todo lo que solía parecer vago, injusto o incoherente cuando es sólo visto a través de los límites estrechos de una sola vida. La Ética, en la perspectiva teosófica, es una herramienta privilegiada para nuestra guía en la búsqueda de esa Sabiduría.

   El material básico o el conocimiento científico siempre manifestaron dos aspectos diferentes: se pueden usar para el bien o para el mal. La Sabiduría (SOPHIA) que ilumina todo el conocimiento, siempre señala el sendero divino del BIEN. Porque, más que conocimiento, nos permite identificarnos, voluntaria y conscientemente, con el SER mismo. Es en este contexto que es necesario comprender la dificultad y complejidad del comportamiento ético.

   La Ética no puede ser una mera retórica, o una teoría, no importa cuán iluminador sea el discurso ético, no se puede volver un simple barniz para adornar el tipo de comportamiento que realmente tiene muy poco que ver con la Ética real.  La Ética debería valorarse por la acción y el comportamiento, no siempre ‘políticamente correcto’ y, por la visión limitada de una corta vida, incluso traumática, pero siempre centrada en la necesidad de cumplir las Grandes Leyes Divinas que, más allá del tiempo y del espacio, apoyan y estructuran los grandes objetivos de la existencia y de la Vida. La dimensión ética para un teósofo no es, por lo tanto, una cuestión de circunstancia o ‘moda’. No se centra en sólo una vida, sino en la búsqueda de la armonía  con las Grandes Leyes y con nuestro Sendero Evolutivo Kármico.

 

Comparación entre Ciencia y Teosofía. Bioética

   Durante el proceso evolutivo de las formas humanas (antropológicamente conocido como evolución del homínido), hemos presenciado el proceso de desarrollo de niveles más elevados de integración de estímulos sensoriales, y la complejidad del desarrollo del sistema nervioso central, como el gran ordenador central de las actividades biológicas humanas y relacionales. De este modo, el apoyo biológico del hombre se ajustó lenta pero firmemente, a fin de servir como una herramienta física adecuada para la encarnación de egos más y más evolucionados. Por lo tanto, en la secuencia de la evolución espiritual, integrada por medio de nuevas formas de comportamiento, nuevos tipos de humanos aparecieron, cada uno con sus propios códigos de comportamiento, cada cultura sucesiva enfatizando algún aspecto en el que, directa o indirectamente, estaba presente un sentido de ética.

   La etapa en la que todavía nos encontramos comenzó con la individualización (no ‘individualismo’) que nos permitió superar limitaciones animales y, luego, usar mejor nuestro libre albedrío humano. Este fue un sendero iluminado por la percepción progresiva de Karma y Dharma en el camino a siempre nuevas etapas de existencia. Y todo eso hasta el momento en que ya no se sentirá más la necesidad de reencarnar (por el equilibrio de las deudas kármicas y la subsecuente libertad que se deriva de esto) y el equipamiento biológico llamado cuerpo físico se puede dejar, después de su buen servicio como herramienta evolutiva.

   En esta perspectiva no hay ningún lugar para el azar. Lo que existe es nuestra ignorancia (temporal) respecto al modo en que debemos caminar, con Voluntad, Amor y Sabiduría, tratando siempre de integrar. Ciertamente es, no sólo por medio de la percepción física (como una forma de Mâyâ, cuyo rol en el Plan se puede comprender como ilusión) sino más bien por el despertar de esa capacidad de superarse, por la imaginación, y gracias a la voluntad y a la luz que iluminan nuestro camino, y que es derramada por la luz de la Sabiduría Divina. Aquí es donde el comportamiento que está enraizado en modelos éticos se vuelve más necesario. Para tener más Libertad, uno también debe asumir más Responsabilidad.

   Existe también una comparación entre la Ciencia y la Teosofía, que es importante notar. Tomemos como ejemplo la idea teosófica básica de la Unidad de Vida a la que François Chapeville, de la Universidad de Paris, ciertamente alude cuando dice: “hasta hoy, lo que es más impresionante es el gran grado de unidad del mundo vivo”. La Física Quántica en cuanto considera la posibilidad de la coexistencia, en el mismo lugar, de diferentes niveles o planos de existencia y formas de energía, es una de estas referencias, al considerar la Ciencia y la Teosofía; asimismo la admisión progresiva de la posibilidad de la reencarnación, actualmente considerada con atención, y cada vez más como tema de estudio serio.

   Notemos también, la convergencia entre conocimiento y filosofías religiosas, abarcando diferentes culturas (en cuanto éstas reflejan karma-s colectivos diferentes), pero siempre tratando de enriquecer sus denominadores comunes.

   En el campo de estudio de la movilidad humana, cuando nos referimos al movimiento como ‘pensamiento en acción’, implícitamente existe una admisión del principio de predominio de la  intencionalidad del espíritu sobre la materia simple. Estos son, después de todo, aspectos que nos muestran una nueva etapa de desarrollo donde la abertura a nuevas sinergias y a nuevos y siempre más amplios campos de cooperación, acción y realización, son equivalentes.

   Los debates actuales sobre Bioética, no pueden pasar desapercibidos para nosotros, los teósofos. No nos extenderemos sobre este tema, pero lo consideramos de suma importancia y pensamos que debería ser un asunto de interés para todos los teósofos, por su significado y actualidad.

 

La necesidad imperativa de Ética en nuestro mundo actual

   Desde el glorioso momento de la muerte en este plano físico de nuestros Fundadores, nosotros, como teósofos, tenemos que continuar la búsqueda para una comprensión de la naturaleza, y para descubrir un modo significativo de vivir, así como continuar desarrollando las capacidades latentes en el Hombre.

   Superando las limitaciones de la ‘personalidad’ y los diferentes niveles de sensibilidad material, superando la dependencia de los neurotransmisores o cualquier otro tipo de equipo biológico, seremos capaces de identificarnos con otro significado más profundo de la vida, en una nueva etapa evolutiva.

   Esta etapa llegará cuando, superando también nuestras limitaciones kármicas, alcancemos el estado que caracterizará nuestro acceso a una Humanidad totalmente nueva: la Humanidad de la Intuición. Finalmente, podemos decir que estamos buscando una nueva etapa a la que llegaremos, por el proceso kármico del mérito y la consciencia evolutivos, desarrollado gradualmente por diferentes formas y durante millones de años. Para lograr esto y como herramienta guía, es necesario recurrir a la Ética, en el sentido teosófico, una dimensión ética apoyada por un proceso de iluminación, trabajo, tolerancia y comprensión que puede ayudarnos a alcanzar nuestras metas.

   Mientras tanto, es importante centrar nuestra acción, gradualmente más responsable y consciente, en el significado de esos grandes principios y valores que son la base de una Fraternidad amplia y altruista: en la Sociedad, en el hogar, en nuestro círculo de amigos, en el ámbito profesional, social, político y cultural.

   Estos principios y valores, que constituyen un apoyo ético o actitudinal que va más allá de las circunstancias y modas, nos ayudarán a desarrollar nuestra acción como Agentes de Evolución y transformación kármica de un modo correcto, y esto se reflejará a nuestro alrededor, al comprender la sublime grandeza de la Vida porque nos sentiremos identificados, o unidos con ella.

   Algunos pueden afirmar que nuestra acción es inútil. Pueden invocar razones kármicas para justificar que no podremos hacer impresión en otros, ya que estarían limitados por su propio karma (estas son perspectivas individuales, todavía imbuidas con cierta parte de egoísmo). A esto podemos contestar que ‘pecar’ incluso por ‘omisión’, ¡es ‘pecar’!  La Historia está llena de este tipo de casos, en los que se dieron excusas para no hacer nada. Aunque nuestros esfuerzos y pensamientos por el bienestar de la Humanidad puedan parecer sin valor, al menos cuando se observan desde la perspectiva de una vida corta, es importante no abandonar, sino continuar siempre aprendiendo y persistiendo en nuestros esfuerzos, volviéndonos aún mejor. Es la comprensión del sentido verdaderamente ético que, bajo estas circunstancias, nos dará el discernimiento necesario para perseverar.

   Si para la visión limitada de una encarnación, nuestros esfuerzos pueden parecer vanos, es importante recordar que tenemos otra visión más profunda de tiempo y de la noción de la Vida misma, que en todo sentido, puede llevarnos a ver más allá y mejor. Tampoco olvidemos que, cuando tratamos de actuar de acuerdo con los grandes Valores Universales, y como tal, más allá de las edades, también contribuimos a la sublimación de nuestro propio Karma, ya sea individual o colectivo.

   Ciertamente, y aparte de todo lo demás, el tipo de comportamiento ético que se espera de un teósofo, es hoy el mismo que durante cualquier otra época, y la razón es que los grandes objetivos de la Teosofía permanecen los mismos. La posible diferencia estará relacionada principalmente con la necesidad de actuar ahora de modo diferente, en el marco de la sociedad tecnológica avanzada en la que vivimos, en la que es importante contar con el progreso tecnológico y científico, y aprender a usarlo en un modo más positivo.

   En lo profundo, la Ética está apoyada por el carácter atemporal de las Grandes Leyes, que nos llevan a actuar en armonía con Ellas, buscando también, incesantemente (con la ayuda de nuestros Hermanos más experimentados y la Inspiración y guía que nuestros Maestros nos brindan) a evolucionar en la búsqueda de la Verdad, y desde una perspectiva altruista, con el objetivo de ayudar a hacer verdad el desarrollo de la Humanidad de acuerdo con el Plan Divino.

 

 

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