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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 132 - Número 2 -  Noviembre 2010 (en Castellano)

 
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Desde la Atalaya

 

 

RADHA BURNIER

 

 

 

La paz que trasciende el conocimiento

Hay muy poca paz verdadera en el mundo, esa paz que subsiste en las profundidades de nuestro corazón, sean cuales sean las circunstancias del exterior. Los programas y planes para promover guerras y luchas, de unos contra otros por todo tipo de razones, se han mantenido desde siempre. El hombre de las cavernas se defendía como podía, y extendía los límites de su seguridad no sólo reclamando una zona lo más amplia posible para él, sino que además iba encontrando, poco a poco, métodos de ofensa y de defensa superiores a los anteriores. Todo esto se hacía para tener más seguridad; cuanto más extendía el hombre su zona de operaciones, más seguro se sentía.

   Actualmente, la psicología del hombre primitivo es la misma. El hombre todavía tiene en lo más profundo de sí mismo, aunque no se vea a nivel externo, la misma actitud de inseguridad y el mismo deseo de superarla. Es esta actitud la que da origen al nacionalismo y a otras preocupaciones psicológicas de naturaleza similar. El hombre moderno no sólo está profundamente preocupado por su persona física sino que añade otras ideas conectadas con esa primera. Si no, ¿por qué queremos tener grandes extensiones de tierra, acumular dinero en el banco y hacer todo tipo de cosas que parecen tontas si se observan con detenimiento?

   La idea de la inseguridad se extiende cada vez más hacia la auto-identidad, tal vez este sea el resultado de que la mente abarque más cosas y tenga un campo más amplio en el cual operar. La identidad, por ejemplo, puede extenderse de tal manera que no haya diferencia alguna entre la glorificación personal y los logros del pueblo de una persona, de su nación, etc. Tal vez, a medida que avanza el proceso, el sentimiento de inseguridad se hace más grande y más intenso que antes. La inseguridad puede ser puramente mental, afectando el modo de pensar de una persona, y por último hay preocupación por el futuro, después que el cuerpo haya muerto, y lo que le ocurrirá a su identidad, etc.

   Esto nos lleva a preguntarnos cómo se puede lograr la paz en nuestro entorno, o incluso en la conciencia subliminal, la mayor parte de la cual nos es desconocida. El peligro mutuo que creamos no es tanto físico, sino mental e interno. Un hombre puede hablar sobre la paz, pero realmente puede no tener fe en ella, porque es totalmente egoísta, egocéntrico y auto-dominado. Pensamos en la paz como si fuera una situación de ausencia de guerra. Firmar tratados y treguas para acabar las guerras, usar métodos amenazadores para someter a la gente, todas estas actividades las relacionamos con la paz en nuestra mente. Puede que una guerra se empiece porque un bando quiere suprimir una acción que considera brutal por parte de otro, y una imagen de la paz resulta útil para engañarse a sí mismo o al otro bando. Podríamos decir que la caída de Satyayuga a Kaliyuga ocurre de esta manera, fingiendo que la acción coercitiva y la paz pueden lograrse por todo tipo de medios.

   La palabra “global” ha terminado por aplicarse a todo tipo de cosas, y por eso el término acaba por ser ya superficial. Implica algo pequeño e insignificante porque se la ha relacionado con la comunicación rápida, con el comercio y otras cosas; por ejemplo, la gente puede seguir la moda global, comer comida global, explotar a otros y disfrutar todo de manera global, pero ellos siguen siendo de todo menos globales.

   Todo esto nos hace pensar que la paz seguirá siendo siempre una visión distante mientras la inquietud de la inseguridad y la ambición por casi todo lo que nos complazca momentáneamente gobiernen la mente. Enfrentarnos y abordar la inseguridad y la inquietud tienen la característica vital de una solución. De lo contrario, los bienes materiales, la satisfacción fisiológica y el sentimiento de superioridad moral o poder nos dominan y la paz se aleja cada vez más. Es fácil dejar crecer las cosas malas, que pasan desapercibidas, porque creemos haberlas ya solucionado cuando sólo nos hemos ocupado de ciertos deseos y tendencias.

   El sentimiento de responsabilidad universal surge cuando pensamos más, y en mayor profundidad, sobre el mismo tema. Sólo a través del examen de uno mismo podemos descubrir el profundo significado de la paz. A esta paz se la ha llamado “la paz que trasciende el conocimiento” sugiriendo una profundidad inimaginable que crece constantemente en comprensión y en amor. ¿Cómo puede este tipo de universalidad, profunda y duradera, llegar hasta nuestro ser? Si esto no ocurre, todos los esfuerzos, verdaderos y fingidos, serán inútiles, aunque podamos hablar mucho de la paz.

   Una de las grandes cosas de la vida es realizar, aunque sea poco, la paz que le hace a uno sentirse bien en compañía de los seres humanos, de los animales e incluso en ausencia de compañía. Hay una paz que realmente trasciende el conocimiento y cada uno de nosotros tiene que encontrarla, de lo contrario el mundo está condenado. El hombre sigue destruyendo y un día se encontrará indefenso y abandonado. ¿Esto se puede evitar? Sí se puede, si reflexionamos sobre todo esto con todo nuestro corazón.

 

No dañar es positivo

   Resulta sorprendente leer informes sobre el trato que reciben actualmente distintos tipos de personas, un trato que se supone civilizado. Casi todos los días leemos en el periódico sobre actos crueles, personas que mueren por culpa de otros, y todo tipo de tragedias. Pero además también hay mucha crueldad practicada en privado, de la que conocemos muy poco. Podemos pensar que ésta es una era civilizada, pero no lo es. Solo hay que leer algunas de las noticias de las que no se habla mucho, como el trato de los prisioneros, o de los que son capturados por sus enemigos, y la desgracia de quienes no pueden disfrutar de la vida por la situación degradada en la que se encuentran, animales indefensos utilizados para una diversión sádica del hombre, para su satisfacción o con otros propósitos viles.

   En la India antigua tenían la idea de que cualquier mal que se le hace a otro, ya sea humano, animal, ave o incluso lo que consideramos objetos  inanimados, forma parte de todo el mal que hacemos. Por esto, no hacer este mal es nuestro deber más elevado, ahimsâ paramo dharmah. Tenemos el deber no sólo de no causar daño, sino de encargarnos de difundir la idea de que causar daño a sabiendas o sin saberlo es un delito. Incluso hoy en día se afirma que hay personas que nunca han hecho daño alguno. Existen unas pocas personas que pueden dormir en zonas remotas, en cavernas, en cualquier parte, sin temor a ser dañados por otras criaturas porque derraman inocencia y bondad a su alrededor. La santa Rabia tenía la fama de estar a veces rodeada de animales, carnívoros o vegetarianos, daba igual, porque ninguna criatura le hacía daño, pues era tremendamente bondadosa y afectuosa.

   Actualmente tenemos numerosos productos, cada vez parece que hay más, se crean nuevas variedades o se mejoran las antiguas, pero cuando vamos a la tienda no sabemos si estamos comprando algo puro, que no haya implicado ni daño ni crueldad. Los perfumes, jabones, cremas y muchas cosas más son, frecuentemente, resultado de la crueldad y contienen en ellos estas acciones dañinas. Las medicinas también son productos muy dudosos, pero ¿evitamos su utilización? No nos preocupamos por ver si un hermoso producto encontrado en una tienda puede ser el resultado de actos horrendos.

   Las medicinas que son de carácter dudoso tienen que evitarse; si la gente piensa que la medicina es la medicina y que eso queda aparte, realmente no son personas que crean en un enfoque espiritual. Para ellos el cuerpo físico es lo más importante. De modo que debemos tener cuidado con perfumes, jabones, cremas, medicinas y cientos de otras cosas que no podemos nombrar aquí, para practicar ahimsâ.

   Los sofisticados procesos que se utilizan para hacer más o mejores productos hacen difícil saber qué estamos consumiendo y usando, por esto hemos de tener aún más cuidado si nos interesa ahimsâ. El Dr. I.K. Taimni escribió que ahimsâ significa el más alto grado de no dañar. Ahimsâ no significa simplemente abstenerse de asesinar, no tiene una idea negativa de no dañar. No dañar tiene que convertirse en una actitud dinámica de compasión y amor.

   Todo lo que no esté en armonía con la ley del amor nos sitúa en una relación indigna con la Naturaleza. Por ejemplo, la deforestación. Enormes áreas de los extensos bosques de Brasil han sido destruidas para cultivar patatas o cosas inútiles que se convierten en algo que tiene poco o ningún valor. En Indonesia también se han hecho muchos destrozos. En otros sitios el daño es menor, pero aún así es para criticarlo y condenarlo. Es interesante, por cierto, resaltar que en un lugar del archipiélago de Indonesia en el cual no habían entrado nunca los humanos, los animales no tenían miedo. Se acercaban de forma natural a los hombres que trabajaban como si estos fueran inofensivos.

   El amor ejerce una acción positiva tal como vemos en la historia de Rabia, de la que nunca tenían miedo ni los animales ni los pájaros. Tenemos la historia de Buda y Angulimâlâ que ya hemos contado. La violencia de este último desapareció cuando el Buda le habló con paciencia y afecto, hasta que el criminal que había ido a matarlo cambió totalmente y se convirtió en su discípulo. Esta historia puede ser real o no, pero su fin es ayudar a la gente a darse cuenta de que lo verdadero y bueno siempre puede someter y dominar lo malo, y aquí el Buda representa el bien supremo. Las vibraciones inferiores quedan inevitablemente subyugadas por las vibraciones del amor y de la bondad. Cuando una persona afectuosa se encuentra con una persona corriente ejerce una influencia sobre ella, de forma consciente o inconsciente, porque las vibraciones del amor proceden de un nivel superior y no las detiene ninguna fuerza inferior. De modo que las actitudes que implican crueldad, daño, tortura y condiciones similares, pueden ser sometidas y lo serán, antes o después, por los poderes superiores, que son la compasión y el amor. El sentimiento de algo que puede ser compasión al principio pero que va creciendo y haciéndose más profundo a medida que uno se aproxima a la ley de la Naturaleza, es más fuerte que los atributos contrarios. ¿Por qué no empezar ahora, de forma deliberada, a cambiar nuestro estilo de vida y vivir de acuerdo con la ley de no hacer daño, de la compasión y del afecto por todos?

 

La posición de las mujeres.

   En una extensa zona de África, las mujeres se encuentran en una situación inferior, con la obligación de “prestar obediencia” a su marido. El marido se puede divorciar de ellas por cualquier motivo, y si ella le sobrevive, hereda muy poca cosa, y se casan con sólo quince años. Incluso en países donde se supone que las mujeres disfrutan de libertad, la situación es muy triste. No siempre pueden trabajar cuando están embarazadas, o si tienen niños pequeños, o si la familia de su marido se opone a ello. Puede que tengan que quedarse en casa. Pero esto se transforma en el motivo para tratarlas como si no fueran dignas de consultarles nada.

   En ciertos países, los países “modernos”, las mujeres tienen que lucir atractivas a toda costa. Sólo hemos de mirar periódicos y revistas para ver que las mujeres son consideradas objetos de diversión y de placer. Es poco común que a las mujeres se las  trate con dignidad y como iguales a los hombres.

   Nuestra manera de pensar debería ser la correcta sobre este tema. Nacer niño o niña no es una opción de la persona, y no representa ninguna diferencia en el valor que tiene un individuo. A una mujer se le enseña muchas veces a ser lo que es. Tenemos entendido que en algunas partes de África a las niñas se les enseña que son seres inferiores a los hombres, y por consiguiente, cuando se casan tienen que subordinarse a ellos.

   Tiene que haber una revolución en la manera de pensar sobre las mujeres. Cuanta más gente piense que forman parte de este cambio fundamental y actúen prontamente para conseguir la igualdad, mejor será para la humanidad.

 

 

 

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