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Vol. 131 - Número 12 - Septiembre 2010 (en Castellano) |
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¿Por qué pertenecemos a la Sociedad Teosófica?
LINDA OLIVEIRA La Sra. Linda Oliveira es la Vice-Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica. Conferencia dada en el Congreso Mundial en Roma, Julio 2010.
Puede ser interesante, útil y tal vez incluso educativo, reflexionar sobre el motivo por el que nos hicimos miembros de la Sociedad Teosófica. ¿Éramos conscientes de la razón por la que lo hicimos? ¿Qué sucedió con la Sociedad en ese momento que nos llamó especialmente la atención? Las respuestas a esta pregunta, sin lugar a dudas, serán variadas. El hecho es que los individuos son atraídos hacia la Sociedad por muchas razones: tal vez por estar interesados en una enseñanza teosófica en particular, por un ambiente amistoso en una Rama, por una atracción hacia los Objetivos de la Sociedad, por la garantía de la libertad de pensamiento, etc. Hubo un caso interesante en el que un miembro explicó que se hizo miembro de la ST porque tenía ciertas habilidades especiales que quería enseñárselas a la Sociedad. Es claro que él consideraba, como miembro reciente, que sabía qué era lo mejor para la ST. Llamativamente, no parecía tener la habilidad de trabajar con otros en un esfuerzo cooperativo, y escuchar las opiniones de los demás. Y más interesante aún, no permaneció siendo miembro por mucho tiempo. Diferentes respuestas a la pregunta de por qué originalmente nos unimos a la ST pueden reflejar algunas de las razones iniciales de la formación de la Sociedad. Puede ser útil aquí dirigir nuestra atención a tres elementos fundamentales de esta institución presentes desde el momento de su nacimiento, dos de tipo familiar y explícito, y un tercer elemento que deriva al menos en parte de los otros dos.
El Programa original “Errare humanum est”, escribió la Sra. Blavatsky en 1875. La traducción del latín al español, puede ser más familiar, “errar es humano”. ¿En qué contexto expresó HPB esta frase en latín? Ella escribió:
Nunca se me negó que la Organización de la ST fuera muy imperfecta. Errare humanum est… Desde los fundadores hasta el miembro más humilde, la Sociedad está compuesta de hombres mortales imperfectos, no dioses.
Sería difícil objetar esto. Ingresar a la Sociedad Teosófica no nos inmuniza instantáneamente contra la carencia de fraternidad, o despierta en nosotros la compasión y la comprensión universal. En el Programa Original de la Sociedad Teosófica, la Sra. Blavatsky afirma:
…se les debe recordar a los miembros de la ST el origen de la Sociedad en 1875… la escritora recibió órdenes de su Maestro e Instructor para formar un núcleo de una Sociedad organizada cuyos objetivos fueran ampliamente expresados del modo siguiente:
1) Fraternidad Universal;
2) No hacer distinción alguna por parte de los miembros, de razas, credos, o posiciones sociales;
3) Estudiar las filosofías de Oriente, principalmente las de India, presentándolas gradualmente al público en varios trabajos que interpretarían las religiones exotéricas a la luz de las enseñanzas esotéricas;
4) Oponerse al materialismo y al dogmatismo teológico, en toda forma posible.
Estos cuatro puntos se abreviaron por conveniencia. A pesar de algunos cambios dados a estos Objetivos, es justo decir que el propósito general de la Sociedad no ha cambiado de modo sustancial. HPB continúa:
No se les dijo a los dos principales Fundadores qué tenían que hacer, cómo debían producir y acelerar el crecimiento de la Sociedad y los resultados deseados… Pero si no se les decía a los dos Fundadores lo que tenían que hacer, se los instruía claramente respecto a lo que jamás deberían hacer, lo que debían evitar, y en lo que nunca debería transformarse la Sociedad.
En lo que nunca debería transformarse la ST Aquí es donde se pone especialmente interesante, porque por los dos puntos siguientes, que indican claramente lo que los Mahatmas, detrás de la formación de la ST, consideraban en lo que ésta jamás debería transformarse, su naturaleza específica emerge aún más vívidamente. En primer lugar HPB escribió:
(1) Los Fundadores tuvieron que ejercer toda su influencia a fin de oponerse a todo tipo de egoísmo, insistiendo en los sentimientos sinceros y fraternales de los Miembros, por lo menos externamente; trabajando a su favor para producir un espíritu de unidad y armonía… esperando y exigiendo de los miembros, gran tolerancia y caridad mutuas, por los defectos de los demás; ayuda mutua en la búsqueda de verdades en todo nivel, moral o físico, e incluso en la vida diaria.
Digno de notar aquí es la insistencia sobre la carencia de egoísmo, sentimientos fraternales y un espíritu dinámico de unidad y armonía. La segunda afirmación de HPB respecto a lo que debía ser evitado, de modo breve es:
(2) Ellos (los dos Fundadores principales) debían oponerse del modo más enérgico posible a cualquier cosa que se acercara a la fe dogmática y al fanatismo, creencia en la infalibilidad de los Maestros, o incluso en la existencia misma de nuestros Maestros invisibles, debiendo ser examinado desde el principio… Se debía estimular el mayor espíritu de investigación, libre de cualquier persona o cosa.
Por lo tanto, otros dos requisitos, eran oposición a la fe dogmática y fanatismo, así como creencia en la infalibilidad de los Maestros, por una parte, y el estímulo de una investigación libre de influencias personales o de cosas, por otra. De modo claro, desde el origen de la Sociedad, los dos nobles ideales de generosa Fraternidad por una parte, y libertad mental ilimitada por otra, estuvieron presentes. Si la ST sólo abarcara uno de estos dos, entonces, nuestra tarea sería más fácil. Consideremos esto. Si la ST fuera una Sociedad de conformistas mentales, la Fraternidad podría ser una labor considerablemente más simple. Habría un menor desacuerdo potencial sobre las enseñanzas y puntos de vista, qué deberíamos enfatizar, etc. Por otra parte, si desde su inicio la Sociedad consistiera de librepensadores sin ninguna restricción sobre actitudes hacia otros miembros, entonces sin lugar a dudas, hubiéramos tenido una historia considerablemente más accidentada y conflictiva, tal vez una Sociedad altamente intelectual y, posiblemente, un cuerpo carente de integridad espiritual y de corazón. Entonces, un espíritu de unidad fraternal por un lado, y el espíritu complementario de libertad de creencia por otro, han sido elementos equivalentes de la ST desde su nacimiento. Su coexistencia también requiere de vigilancia individual y colectiva, porque puede haber conflicto entre los dos.
Lo que la Fraternidad no es Podemos debatir sobre Fraternidad bastante a menudo, y si embargo tener una comprensión muy diferente de su significado. Consideremos en primer lugar lo que no es la Fraternidad. No consiste en un mero sentimentalismo sobre los demás, que puede no durar y ser superficial. Ni es sinónimo de efusividad, que puede no ser auténtica. La Fraternidad está decididamente ausente cuando hablamos o escribimos negativa o agresivamente en contra de otro; esto sólo crea, o incluso perpetúa la división. Esto desgarra el corazón mismo de nuestro seno institucional. Si imaginamos por un momento la Sociedad Teosófica ideal, sus miembros podrían dar ejemplos diarios al mundo, estableciendo un punto de referencia para el comportamiento fraternal. Sin embargo, la Fraternidad a veces se pasa por alto, o incluso se ignora convenientemente cuando un individuo se enamora demasiado de su libertad de pensamiento. Fraternidad no significa que deberíamos renunciar a nuestros principios para mantener la paz, cuando algo va contra nuestra consciencia. A veces el silencio es la opción más sabia. En otras oportunidades, simplemente, no es apropiado permanecer pasivo respecto a algo. Y aquí se encuentra nuestro mayor desafío, porque mucho depende de cómo comunicamos algo. Posiblemente las dos palabras más poderosas, y sin embargo menos enfatizadas en la resolución de la Libertad de Pensamiento son ‘cortesía’ y ‘consideración’. ¿Por qué? Porque nos recuerdan la necesidad de tratar a otros con dignidad. Aluden a que nos esforcemos por la integridad y que cultivemos la nobleza de carácter; en pocas palabras, nos recuerdan lo que es factible. Es posible (y esencial en nuestra Sociedad, si vamos a formar este núcleo) expresar nuestra libertad mental de modo fraternal.
Qué es la Fraternidad Simplemente ¿qué es la Fraternidad? Significa ‘la relación entre hermanos, un sentimiento de parentesco y proximidad’; y también, ‘una asociación o comunidad de personas con un interés común’. De modo que podemos considerarlo como un sentimiento de proximidad con nuestros miembros hermanos. También, la Sociedad misma se puede considerar como una Fraternidad, en el sentido de ser una asociación de personas con un interés común: la búsqueda de la Verdad. En la literatura teosófica, existe una diferencia clara entre los términos ‘yo’ y ‘Yo’. El primero pertenece a la personalidad, mientras que el segundo se refiere a nuestra naturaleza más profunda. Existe aquí un interesante paralelo. La palabra ‘Fraternidad’ ha sido atesorada en el primer Objetivo de la Sociedad. Las implicancias de la diferencia entre yo y Yo se pueden aplicar de modo similar a la diferencia entre fraternidad y Fraternidad. En su sentido más popular, la fraternidad puede ser superficial, meramente tolerar a los demás, fraternidad con ‘f’ minúscula. Pero nuestra Sociedad tiene el noble ideal de formar un cuerpo de un orden excepcional, un núcleo de la Fraternidad Universal de la Humanidad. Esto requiere de mucho más que mera tolerancia. Requiere de un intento real de comprendernos a nosotros mismos, y nuestras respuestas a otros; un sentimiento de conexión profunda e inquebrantable, y una solidaridad fundamental lo suficientemente fuerte para trasmutar el desorden interno más o menos inevitable que ocurre de vez en cuando. En vez de considerar la Fraternidad simplemente como un sustantivo o una cosa, pensemos también en ella como un verbo, y por lo tanto un modo de acción. La Fraternidad debería ser algo que hacemos, y por lo tanto una fuerza dinámica, no algo que simplemente nombramos.
Libertad de Pensamiento Cuando existe un ambiente fraternal, se hace fácil aceptar que nuestro punto de vista sobre algo no es necesariamente concluyente. Por lo tanto una relación existe entre la Fraternidad y la libertad de pensamiento, el segundo elemento fundamental de la ST. La Fraternidad puede estimular a ésta última. Consideremos brevemente lo segundo que dijo la Sra. Blavatsky, lo que la Sociedad Teosófica no debería volverse. Es decir, un albergue de fe y fanatismo dogmáticos. Ambos sofocan la libertad mental. Este intento general fue establecido por el Consejo General en 1924 en la famosa resolución sobre Libertad de Pensamiento, garantizándoles a todos los miembros la libertad de pensar. También hubo razones históricas para elaborar esta Resolución en ese momento particular. Si la Sociedad hubiera degenerado en un ambiente de dogmatismo y fanatismo, hubiera reducido notablemente su estatura. Quizás ni siquiera existiría hoy. Por lo menos, habría tomado un carácter notablemente diferente. La Libertad de pensamiento, aunque tiene claramente el potencial de ser usada mal, es también una fuerza en sí misma. Permite una diversidad rica dentro de la Sociedad, y favorece el notable desarrollo de cada individuo.
Una perspectiva budista Los dos principios de Fraternidad y de libertad de pensamiento también están ampliamente reflejados en la tradición budista. El ser humano perfecto, según Walpola Rahula, debe desarrollar compasión o darunâ por una parte, y sabiduría o panna por la otra. Él comentó que compasión o darunâ representa amor, caridad, bondad, tolerancia, etc., cualidades del corazón, de Fraternidad. Por un lado, la sabiduría representa ciertas cualidades de la mente. El autor consideraba que si uno se desarrolla sólo emocionalmente, descuidando la mente, entonces uno se puede volver un tonto de buen corazón. Por otro lado, descuidar nuestra naturaleza emocional puede tener como resultado un intelecto de corazón duro, sin sentimientos por los demás. Una mente compasiva, que tiene el coraje de abrirse y dejar caer sus barreras, puede llegar a un nuevo tipo de consciencia, de armonía profunda que no deja residuos, y que genera equilibrio y buena voluntad en nuestra vida.
Una nueva consciencia Hemos considerado hasta ahora la Fraternidad y la libertad de pensamiento, dos elementos explícitos que han caracterizado a la Sociedad desde su nacimiento, cada uno de ellos una fuerza en sí misma. Un individuo con una mente amplia y un corazón fraternal posee la posibilidad de cambiar bastante dramáticamente. Por lo tanto se sugiere que existe un tercer elemento implícito de la ST que deriva potencialmente de la Fraternidad y de la libertad de pensamiento, y éste es el rol de un agente que ayuda a despertar una nueva consciencia. La Sociedad se formó para ayudar a dar un ímpetu evolutivo a la humanidad, un ímpetu que podría resultar en un cambio muy real, incluso aunque fuera para un pequeño número de individuos. ¿Qué se espera de la ST para que ayude a que emerja una nueva consciencia? Seguramente es necesario que se cultive dentro de nuestras Ramas y Secciones un medio adecuado y propicio. Sin embargo la ST es sólo un agente. Finalmente, el florecimiento de la consciencia está en la esfera del individuo que posee profunda percepción en el Yo interno, tanto como en el mundo externo. Un Objetivo original de la ST es oponerse al materialismo, que posiblemente es hoy la característica más grande del mundo externo. Está alimentado por un sentido del yo, y una limitada visión de la vida. Esto, a lo que le llamamos yo, es una vibración o energía que se contrae, extraordinariamente fuerte y difícil de someter. La mente puramente materialista, conducida por el yo, ve y conoce sólo este mundo físico. No admite la posibilidad de reinos super-físicos. Por lo tanto ve a las personas y a las cosas en términos de atributos físicos y valor monetario, en vez de valor intrínseco. Es una mente carente de profundidad. El materialista total ve las cosas desde el punto de vista de la parte, él o ella, y no del todo. Hay en efecto, una desconexión con la Realidad, que resulta en pensamientos y acciones fracturados que se concentran en un avance personal material, demasiado a menudo, a expensas de otros.
¿Somos teósofos? Muchos individuos que gradualmente comienzan a comprender lo inadecuado del materialismo, pueden volverse más conscientes de lo espiritual, y de la necesidad de una ética universal que pueda beneficiar a un todo mayor. A su debido tiempo, algunos pueden considerarse teósofos. ¿Somos ciertamente teósofos? Para ser honestos, podemos descubrir que sólo somos parcialmente teósofos, es decir, no totalmente capaces todavía de acciones carentes de egoísmo, que están dedicadas al bien de los demás. En contraste con el materialista común, un verdadero teósofo es relativamente extraño. Tal individuo tiene un sentido inamovible de unidad, ve las cosas desde el punto de vista de una sola y única Realidad, percibe profundamente la red interconectada de la vida de todos los tiempos. Ayudado por una sensibilidad inherente, un teósofo puede percibir el Espíritu detrás de las diferentes formas. Las respuestas, decisiones y acciones por lo tanto asumen una cualidad diferente. Como Sri Sankarâchârya lo expresó:
No importa qué forma se le de a la arcilla al moldearla, la realidad del objeto permanece siempre siendo arcilla, su nombre y forma son sólo apariencias transitorias.
Por lo tanto, ¿podemos prestarle atención a la arcilla y no a las apariencias? El despertar de una nueva consciencia significa volverse un teósofo en su significado pleno, no un teósofo parcial. Los vehículos, endurecidos por largos años de condicionamiento, necesitan purificación y orden.
La energía limitante del ego personal Al respecto, la Profesora Renée Weber observó en su libro Diálogos con Científicos y Sabios: la búsqueda de la Unidad, que existe una semejanza sorprendente entre el trabajo del místico y el del físico:
El ego, como el átomo, con el tiempo forma una unidad por medio de su ‘poder limitante’, que Buddha llamó ‘los agregados’ (skandha-s) que constituyen nuestra personalidad.
Cuando el poder limitante del átomo físico se libera en un acelerador, la energía resultante, asombrosamente enorme, se libera. De modo análogo, se necesitan grandes cantidades de energía limitante para crear y sostener al ego y su ilusión de ser una entidad independiente y esencial.
El sabio que vio por medio de este principio y lo comprendió, ya no se fragmenta y agota más, tratando de mantener su yo limitado unido, sino que se desprende del ego y libera energía, abriendo un canal a la energía ilimitada universal.
Gastamos una enorme cantidad de energía manteniendo y preservando nuestro sentido del yo. Grandes Maestros Espirituales de la historia se han liberado de este mismo límite, han trabajado sólo para la humanidad, no para ellos mismos.
Una pregunta más Para examinar las líneas directrices de esta conferencia, comenzamos con la pregunta de por qué originalmente ingresamos a la Sociedad Teosófica. Algunas respuestas a esta pregunta pueden coincidir con los primeros cuatro Objetivos de la ST, que se mencionaron. También consideramos una vez más el Programa Original de la ST de la Sra. Blavatsky y, desde la base, exploramos dos elementos o fuerzas imperecederos y explícitos de la Sociedad que han estado presentes desde su comienzo, primero la Fraternidad y, segundo la libertad de pensamiento. El tercer elemento de la ST que se consideró, es su rol como un agente para ayudar al despertar de una nueva consciencia, aunque éste es finalmente un viaje individual. Un materialista total y un teósofo puro son muy diferentes. La Fraternidad, y una adecuada reflexión sobre las enseñanzas de la Sabiduría, en un espíritu de libre investigación, pueden ayudar a producir tal consciencia nueva. Recuerden el errare humanum est de la Sra. Blavatsky, que significa ‘errar es humano’. A quien aspira a ser un teósofo genuino, algunas palabras alternativas se pueden aplicar: ‘vivir en la Verdad es completamente humano’. ¿Hemos cambiado realmente en algún aspecto desde que ingresamos a la ST? ¿Somos tal vez un poco más conscientes de las necesidades de la vida a nuestro alrededor, un poco menos absortos en nosotros mismos? ¿Hemos adoptado realmente las enseñanzas de la Sabiduría? Con esto en mente, dejemos a un lado nuestros años como miembros de la ST en este momento presente y hagámonos una pregunta más: ¿Por qué pertenecemos a la Sociedad Teosófica hoy?
Referencias Barker, A. T. (transc. y comp.), Cartas de los Maestros a A. P. Sinnett, TPH, Filipinas, 1993. Blavatsky, Collected Writings (Recopilación de Escritos), Vol VII, TPH, Adyar, 1958. Blavatsky, H. P., Programa Original de la Sociedad Teosófica, TPH, Adyar, 1931. Blavatsky, H. P., La Voz del Silencio, TPH, Adyar, 1998. Diccionario Inglés Concise Oxford, Edición India, Oxford University Press, Nueva York, 2008. De Mello, Anthony. Sabiduría de un minuto, Gujarat Sahitya Prakash, Gujarat, 2008. Hoskins, Ianthe, Fundamentos de la Filosofía Esotérica, TPH, Adyar, 2004. Cartas de los Maestros de la Sabiduría, 1881-1888, TPH, Adyar, 1919. Olcott, Coronel H. S., Old Diary Leaves, First Series (Historia de la Sociedad Teosófica), TPH, Adyar, 2002. Weber, Renée, Diálogos con Científicos y Sabios: la búsqueda de la unidad, Routledge y Kegan Paul, Nueva York, 1986. Rahula, Walpola, Lo que enseñó el Buddha, Grove Press Inc., Nueva York, 1974.
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