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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 131 - Número 7 - Abril 2010 (en Castellano)

 
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Caída y ascensión del Hombre – I

 

CLARENCE PEDERSEN

 

El Sr. Clarence Pedersen es un antiguo miembro de la Sección Norteamericana de la S.T.

 

 

¡Ay! He estudiado filosofía,

Jurisprudencia y medicina también,

Y, lo que es peor, teología

Con gran esfuerzo y extensamente,

Y aquí estoy, para todos mis amigos,

El desgraciado tonto que era antes.

J. W. won Goethe, Fausto

 

   Cuando comencé a preparar este artículo, debo admitir cierto sentimiento petulante de genio genuino, por haber dado con el título. Con un tema así, concluí, sería muy difícil, casi imposible salirse del mismo, es decir, expresar algo que no fuera pertinente. Después de todo el ser humano es la figura central de toda la creación. Sin él, la creación permanece sin significado. Por supuesto, esto puede ser verdad. Pero por otro lado, todos lo sabemos, la humanidad puede que no tenga mayor importancia para el plan general, que un dinosaurio o una cucaracha. Pensamos que somos más importantes, pero ciertamente, no lo sabemos. Los grandes libros sugieren nuestra grandeza, nuestra divinidad interna. Sin embargo, muchos sabios simplemente han afirmado que “Toda la vida es sagrada”, no sólo el hombre.

   Mientras continué pensando sobre el peregrinaje milenario del hombre, me detuve de pronto en más de una ocasión. ¡Cuán presuntuoso era, pensé, o cuán presuntuoso puede cualquiera ser, al pretender saber verdaderamente cómo apareció la humanidad, qué le pasó al ser humano desde ese momento, y qué le ocurrirá en el futuro! Por lo tanto, preparar este artículo se convirtió en un ejercicio de humildad. Realmente, no sólo es ‘el hombre’ mismo incomprensible, sino que si uno desea emprender el estudio del hombre, es necesario que también se tome el tiempo en tratar de comprender el origen del universo, para intentar dar un salto mental gigantesco hacia atrás, al comienzo del tiempo. Lo que uno se plantea con tal esfuerzo es absolutamente alucinante, tan lejano de la imaginación humana que uno se atemoriza, o se siente sorprendido y maravillado.

   ¿Cómo es remotamente posible hablar dogmáticamente sobre un hecho llamado la ‘creación’ que comenzó, se nos dice, hace billones de años luz? (la luz viaja a 300.000 km. por segundo). Diga: “Dos mil”.  Eso tomó un segundo, y mientras lo decía, un rayo de luz habría viajado alrededor del mundo entre seis y siete veces. Ese es el factor de tiempo de la creación.

   Luego está este misterio que llamamos ‘espacio’, ‘distancia’, el área cubierta por el universo. ¿Cuán grande es esta área? ¿Es ilimitada? Las respuestas a preguntas de este tipo están más allá de nuestra comprensión, porque el universo cubre trillones de millas, billones de años luz. En este universo existen millones de galaxias individuales. En cada galaxia hay cientos de millones de soles y planetas, y entre cada galaxia hay una inmensa porción de espacio relativamente vacío. ¿Es este universo infinito?  Si no lo es, ¿qué hay al lado de sus límites, otro universo? Estas son unas pocas de las preguntas que deslumbran nuestra mente.

   Establecida en el medio de este alucinante universo, encontramos una estrella de tamaño moderado, al que llamamos nuestro Sol: en el cielo, un punto insignificante al que llamamos nuestro, y al que le decimos ‘buen día’ cada vez que se levanta. Pensando al respecto, hay una experiencia humilde, porque cuando hablamos de cosas tales como billones de años luz, tiempo y espacio pierden su significado. Tales números son incomprensibles para la mente humana. ¿Cuánto es un trillón? No se, no puedo concebirlo. Me digo a mí mismo que es mil billones y aún así no tiene significado. Tal vez los únicos que pueden comprender un trillón son los políticos. De modo que son millas y minutos que contribuyen a nuestra confusión.

   Luego, de igual modo, diferentes tipos de materia en el cosmos son en sí mismas tan variadas, tan diversas, tan intrincadas, que nos hacen tomar aliento cuando tratamos de concebir la enormidad de todo esto. La ciencia, por supuesto, comprende más y más sobre menos y menos. Pero la ciencia no nos dice absolutamente nada sobre la línea original del universo: la CAUSA subyacente de la creación: el factor VIDA. Esta es una cuestión que los científicos en general, evitan, porque la vida es un factor metafísico, mientras que la ciencia cubre solamente lo físico.

   Pero, extrañamente, si se pudieran eludir los detalles de la creación, encontraríamos que nuestra comprensión de la vida sería algo simple; simple porque, antes del comienzo de la creación, antes del primer acto creativo mismo, sólo había vida. Ninguna división de la vida, por supuesto, si consideramos que es imposible dividir este fenómeno omnipresente. No existía la expresión de esta Vida. Sólo había una consciencia pura, no adulterada, inactiva, sólo la vida sin ropajes, una consciencia que no estaba manifestada.

   Este momento antes del comienzo de la creación es bella y metafóricamente descripto en las Stanzas del Dzyan como se leen en La Doctrina Secreta de H. P. Blavatsky (HPB). Cito parte de las Stanzas:

 

El Tiempo no existía, pues yacía dormido en el Seno Infinito de la Duración. La Mente Universal no existía, pues no había Ah-hi para contenerla… Sólo tinieblas llenaban el Todo Sin Límites… Ninguna cosa existía. Las Causas de la Existencia habían sido destruidas; lo Visible que fue y lo Invisible que es, permanecían en Eterno No-Ser, el Único Ser. La Forma Una de Existencia, sin límites, infinita, sin causa, se extendía sola en Sueño sin Ensueño, y la Vida palpitaba inconsciente en el Espacio Universal…

 

   Ahora, tal vez se nos hace más claro por qué la mente humana debe ser humilde frente a la creación. Porque, al buscar los porqués y causas de modo incuestionable, la mente racional llega a un punto muerto. Aparentemente debemos perder nuestra mente para hallar nuestra respuesta. La línea inicial de la vida trasciende la racionalidad, y al buscar la respuesta al enigma de la primera causa, terminamos contradiciéndonos. La respuesta es paradójica a nuestro sentido común. No es posible para la mente humana concebir una conciencia que no está manifestada. La consciencia necesita dos cosas según nuestro sentido común: sujeto y objeto, algo de lo que pueda apercibirse la consciencia. Y, si la Vida puede compararse con la consciencia, ¿cómo entonces puede ‘pulsar en el Espacio Universal’? Todo es suficiente para llevarnos a la desesperación, hasta que recordamos una afirmación de Nathaniel Hawthorne: “Comienzo a sospechar que el desconcierto de un hombre es la medida de su sabiduría.”

   La mayoría de mis comentarios estarán basados en la filosofía teosófica como la explicó uno de los principales fundadores de la Sociedad Teosófica, H. P. Blavatsky. Fue esta profunda mística, quien, al evocar su genio oculto, describió, no sólo la caída y ascensión del hombre, sino, como ya lo indiqué, volvió al comienzo de la creación misma. En pocas páginas trataré de explicar que le tomó a Dios unos pocos billones de años lograrlo. Aquellos de ustedes que leerán hasta el final, pueden advertir que he pasado por alto uno o dos detalles, pero recuerden que esto es sólo una visión general super-simplificada, tanto de antropogénesis como de cosmogénesis, según enseña La Doctrina Secreta, una visión del Plan Divino, según lo llamó Geoffrey Barborka, para ver cómo puede estar resultando, si es que lo está haciendo.

   HPB señala que, según la tradición oculta, nuestro mundo, nuestra Tierra, es uno de una serie de Globos interrelacionados, una especie de cadena de Globos, sobre el cual la vida se está desarrollando ahora; esta Tierra es el lugar de la evolución física de la vida, y que esta evolución sucede en una serie de siete etapas o Rondas. Cada una de estas rondas controla lo que ella llama una ‘raza-raíz’ de la humanidad, otro paso en la involución y evolución de la consciencia. Como ella lo expresa:

 

Toda forma sobre la tierra, y cada mota (átomo) en el Espacio se esfuerzan hacia la auto-formación  para seguir el modelo (el arquetipo)… Su (la del átomo) involución y evolución, su crecimiento externo e interno y desarrollo, tienen todos uno y el mismo objetivo, el Hombre: el Hombre como la forma física fundamental más elevada sobre la tierra; la MÓNADA, en su totalidad absoluta y condición despierta, como la culminación de las encarnaciones divinas sobre la Tierra … Toda la antigüedad estaba imbuida de esa filosofía que enseña la involución del Espíritu en la Materia, el ciclo progresivo, descendente, o evolución activa auto-conciente.

 

   Esta ‘caída’ se explica como ‘el deseo de aprender y adquirir conocimiento’.

   Como se mencionó anteriormente, este peregrinaje del hombre procede de Globo en Globo durante una serie de siete Rondas. Durante las tres Rondas y media primeras, los cuerpos físicos del hombre se fueron densificando gradualmente. El hombre paulatinamente se involucra con la vida física y la vida externa de sí mismo. De modo que al final de estas tres Rondas y media, de hacer el circuito de Globos, y de tener experiencias constantes en los cuerpos físico y los más sutiles, -lo que representa un periodo muy, muy largo- la conciencia del hombre está tan alejada del Espíritu como es posible. Y la Teosofía sugiere que en este punto en el tiempo, hablando cósmicamente, apenas hemos pasado el punto nadir en nuestra evolución, apenas comenzando a evolucionar en vez de involucionar. Durante estos eones interminables, hemos sido paulatinamente aprisionados y confinados por la materia. Ahora, a medida que el hombre se mueve hacia la segunda mitad de su peregrinaje, comienza su viaje de regreso al reino del Espíritu, representado en la parábola bíblica con el regreso del hijo pródigo a la casa de su Padre.  Así, sugiere la Teosofía, estamos en este momento, en lo profundo de las densas agonías de la materia, pero tenuemente volviéndonos conscientes de nuestro destino, nuestra inmortalidad, nuestra espiritualidad.

   Evolución es sinónimo de cambio. Para albergar, para hacer posible la continua evolución de la vida, de la consciencia, es necesario que se le de a la vida la oportunidad de tener experiencias cada vez más complejas. Y la vida, la consciencia, puede sólo lograr esto si tiene un vehículo adecuado, una forma apropiada. Por lo tanto los cuerpos físico, emocional y mental del hombre evolucionan, cambian junto con la consciencia. (Todo esto se hace más fácil mientras continúo, pero no totalmente.)

   Realmente al considerar la evolución, con lo que realmente estamos interesados es con la evolución de la consciencia. Y los cuerpos físico, emocional y mental simplemente representan el medio de desarrollar esta consciencia. Esto se debe a que para evolucionar, la consciencia debe limitarse. Y es la forma física lo que la limita, permitiéndole a la consciencia concentrarse, primero sobre lo que parece estar fuera de sí misma, luego sobre el lado oculto del Yo y la evolución consecuente de nuestra Auto-consciencia. La forma es transitoria, es un medio hacia un fin. El fin, si es que existe, tal vez sea la consciencia-Cósmica iluminada.

   Permítanme ofrecer un ejemplo de cómo esto puede funcionar: Un gran pianista es ayudado para destacarse, en parte por la forma de sus dedos, longitud, fuerza y agilidad. Durante un periodo de vidas, siempre que el interés en tocar el piano se mantenga, la tendencia evolutiva es desarrollar los vehículos físico, emocional y mental de modo adecuado para tocarlo. La forma se adapta a la voluntad. Ocurre lo mismo con cualquier esfuerzo. Ya sea que el alma se esfuerce por lograr la excelencia como científico, jugador de baseball, filósofo, la forma debe adaptarse, debe mantener el ritmo con la consciencia en evolución. Obviamente, sin un vehículo adecuado, la consciencia no puede expresarse. Debe permanecer impotente, condicionada por las limitaciones de la forma que la acompaña. Podemos notar esto casi todos los días de nuestra vida. Lo llamamos ‘expresión de deseos’. Como escribió el erudito teósofo Ernesto Wood: “La teoría de la evolución expone el proceso de concentración o limitación seguido por el proceso de experiencia, secundado nuevamente por la liberación de la limitación, acompañado de un poder en aumento.”

   Quizás la involución y la evolución de la consciencia puedan ser mejor ilustradas si usamos la imaginación por unos minutos. Imaginemos una serie hipotética de vidas vividas por un ser humano hipotético. Un héroe. Todo el mundo ama un héroe probado, importante, y la imaginación es capaz de crear el semidios final.

   Refiriéndome nuevamente a La Doctrina Secreta, HPB escribe de las siete razas raíces del hombre, de las cuales, las dos primeras “eran demasiado etéreas y fantasmagóricas en su constitución, organismo, y forma, como para ser llamadas de hombres físicos”. De modo que es sólo durante la última mitad del periodo Lemuriano, la tercera raza raíz, que el hombre se hizo reconocible como ser humano. Por lo tanto, para nuestro propósito, comencemos nuestra odisea algún tiempo después del punto medio de la raza Lemuriana.  Antes de esto, de todos modos no es tan interesante si consideramos que, como todos los humanos eran, según Blavatsky, hermafroditas, bisexuales, ‘neti, neti’, como dirían los hindúes (Esto no, aquello no). Esta bisexualidad, yo agregaría como un pensamiento posterior, debemos admitir que tiene ciertas ventajas: sin reclamos de igualdad de Derechos, sin necesidad de cambios en la Constitución, ni de ellos ni de ellas, sin feministas famosos como Gloria Steinem o Phyllis Schlafly, sólo un grupo de jóvenes sin color, una raza sin hombres ni mujeres.

   Saltemos esa parte de nuestra historia y comencemos con un ser humano reconocible, uno con algo de ‘carne’ sobre sus huesos. Por supuesto, lo primero que tenemos que hacer es darle un nombre a nuestro héroe, recordando que esta es quizás su primera encarnación verdaderamente humana, entonces él realmente no sabe nada todavía; o cómo hacer algo. Él es una especie de manojo de instintos. Ahora bien, uno de los primeros héroes conocidos por el hombre apareció en la Biblia, en el libro del Génesis. Se llamaba Abel. ¿Por qué no llamamos a nuestro héroe, después de Abel? Pero recordando su gozosa ignorancia acerca de ser humano, lo llamaremos ‘Incapaz’. Tomemos entonces nuestra historia de las aventuras de Incapaz a medida que avanza su involución a ritmo acelerado.                 (Continuará)

 

 

 

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