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Vol. 131 - Número 7 - Abril 2010 (en Castellano) |
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Sabiduría y Tecnología: transformación interna y cambio externo
MARCOS RESENDE
El Sr. Marcos Resende, Secretario General de la Sección Brasileña de la Sociedad Teosófica, dio esta charla el 30 de diciembre de 2009 durante la Convención anual de la Sociedad.
Cuando se fundó la Sociedad Teosófica, hace ciento treinta y cuatro años, el mundo visto externamente, era muy diferente. En ese entonces, no tan lejano cuando consideramos los miles o millones de años de existencia de la humanidad, no había automóviles, aviones, poderosas computadoras o Internet. Ni existían bombas atómicas u otras armas letales. Aunque los seres humanos han vivido con guerras, éstas nunca han sido tan destructivas y peligrosas como las grandes guerras que tuvieron lugar en el siglo veinte, debido al desarrollo tecnológico. El desarrollo tecnológico le ha dado forma al mundo en lo externo. Actualmente la comunicación es instantánea y las máquinas han desplazado el trabajo humano, y existe tecnología para todo. El mundo externo ha cambiado muchísimo. ¿Por qué hay tanta miseria, tanto sufrimiento, asesinatos, matanza de animales, explotación del hombre por el hombre, daño ambiental, todavía ocurriendo en el siglo veintiuno? La tecnología se ha desarrollado tanto que no sería difícil para el hombre moderno terminar con el hambre en el mundo. Pero no ocurre. ¿Por qué es esto así? El desarrollo del intelecto, del poder mental que es característico de nuestra época, ha generado una tecnología increíble, pero no ha conducido a eliminar los problemas humanos. Sin embargo, el exceso de energía mental, separada del ser integral, ha creado problemas de todo tipo, dentro y fuera de cada uno de nosotros. La tecnología puede hacer la vida práctica más fácil y cómoda para quienes tienen acceso a ella, pero en sí misma no hace al hombre más feliz de lo que es. El florecimiento de la sabiduría, que es la Teosofía, es necesario a fin de hacer posible la transformación interna que nos lleva a una vida más íntegra y feliz. ¿Cómo despertar la sabiduría? ¿Cómo permitirle que llegue a nosotros? ¿Cómo hacemos de la Teosofía una realidad en nuestras vidas? El despertar de la sabiduría necesariamente implica auto-conocimiento, que no es un proceso informativo o acumulativo, como el conocimiento intelectual y tecnológico. Es, esencialmente, observación y percepción de nosotros mismos, de la naturaleza y de la vida como un todo. Los enormes cambios tecnológicos que el mundo ha experimentado, están cambiando lentamente la faz del planeta. Comunicación y noticias instantáneas, medios de transporte modernos y eficientes, Internet, todo esto ha creado una cultura de globalización. Las diferencias más destacadas están entre quienes tienen y quienes no tienen, los que tienen acceso a la tecnología y a la comodidad material que ésta provee, y los que no. A pesar de todos estos cambios externos, el problema humano permanece el mismo. El hombre no se comprende a sí mismo y a la vida. El egoísmo se ha llevado a un extremo y existe una búsqueda intensa del placer y la satisfacción material. Esta es la condición humana hoy. Mientra el hombre no se de cuenta que este tipo de satisfacción no es sinónimo de felicidad, y que la tecnología y la comodidad material no pueden hacer del hombre un ser totalmente conciente, no hay solución para el problema humano. Sólo el auto-conocimiento, que es la percepción y comprensión de nosotros mismos y del movimiento de la vida, puede llevar a este estado de integración con todos los seres y el universo. Luego la tecnología coexistirá con la sabiduría, sirviendo a un propósito superior, que es el mejoramiento de la condición humana, dentro y fuera de cada uno de nosotros. En la antigüedad, no había separación entre la ciencia, la religión y la filosofía. Los científicos, durante esa época, también eran filósofos y gente profundamente religiosa. En tiempos modernos, la ciencia, la religión y la filosofía se han vuelto enfoques distantes, separados, como diferentes intentos aparentemente incompatibles de comprender la vida y el universo, microcósmico y macrocósmico. La religión, en el sentido convencional, se ha intelectualizado, está basada en la fe, en la creencia, y en muchos casos, en el fanatismo y la superstición. La ciencia se ha vuelto predominantemente ateísta, gran parte del tiempo dedicada a propósitos prácticos, brindando un desarrollo tecnológico estupendo. La filosofía dirigida a un enfoque frío, puramente intelectual, separada gran parte del tiempo de la vida diaria. La Teosofía busca construir un puente, a fin de unir todos estos campos de la búsqueda y comprensión humana, demostrando que la religión no tiene que ser ciega, la ciencia no tiene que ser materialista, y la filosofía no tiene que ser esencialmente intelectual y separada de la vida diaria. La espiritualidad, que requiere constante elevación de nuestra consciencia, y un modo de vida cada vez más conectado a las leyes universales, objetivas y subjetivas, necesita una mente científica y filosófica, tanto como una actitud religiosa, en el más profundo significado de este término, cuando se refiere a la investigación científica y a la reflexión filosófica. La Teosofía es, esencialmente, sabiduría, mucho más que una vasta literatura que se acumuló por más de trece décadas. Es la sabiduría que pertenece a la naturaleza, desde tiempos inmemoriales. La literatura teosófica es el resultado de los esfuerzos dirigidos a la manifestación de la sabiduría. La sabiduría puede estar presente o no en nuestra conciencia, produciendo espontáneamente actitudes nobles y elevadas. HPB en La Clave de la Teosofía, dice que varias organizaciones similares a la Sociedad Teosófica fallaron porque, antes o después, se transformaron en creencias, perdiendo la vitalidad que sólo la verdad dinámica puede dar. La Sociedad Teosófica sólo estará cumpliendo con su rol cuando cada uno de nosotros, sus miembros, trabaje firmemente para hacer de la sabiduría una realidad dinámica en nuestras vidas. La principal característica de la sabiduría es la humildad. El hombre sabio sabe que no sabe nada pero que es un aprendiz de por vida. Y debido a que no sabe nada, tiene una mente vacía, libre para observar, para ver de un modo nuevo y profundo, con la posibilidad de redescubrir la Verdad eterna. Esto significa que la sabiduría, es decir la Teosofía, no concuerda con el orgullo o la arrogancia. Sólo la verdadera percepción de que nuestra auto-imagen (nuestro ego personal) no tiene ninguna importancia, puede conducirnos a un estado humilde, en el que el amor puede comenzar a manifestarse. El amor y la sabiduría son dos caras de la misma moneda. Uno no existe sin el otro. La Teosofía, que es amor y sabiduría, es el adhesivo que puede unir la ciencia, la filosofía y la religión en la construcción de un Templo común, que es el descubrimiento de la Verdad en cada momento de la vida, y sólo tal descubrimiento puede cambiar al hombre internamente. Constantemente nos concentramos sólo en cambios externos. Más tecnología, más automóviles, más artefactos altamente sofisticados se insertan en la vida diaria del hombre moderno. La gente consume más y más, y la tecnología se desarrolla como resultado de las altas ganancias que provee su acceso al mercado. Pero, todos estos cambios que hacen más fácil el contacto y reducen las distancias, han presentado sólo un efecto superficial sobre la conciencia humana, que permanece la misma, conflictiva, competitiva, brutal, etc. Como se dijo antes, la felicidad y la calidad de la vida no están limitadas a la comodidad y a las facilidades tecnológicas que la tecnología puede brindar. Dependen esencialmente de la condición interna del ser humano, y esto sólo lo puede dar la sabiduría y el amor, por el descubrimiento de la Verdad que expresa la unidad de toda vida. Pero la sabiduría no vendrá a nosotros sin auto-conocimiento, sin la percepción de nosotros mismos, de todas las idiosincrasias de nuestro ego psicológico en sus manifestaciones múltiples, que deben ser cuidadosamente observadas a fin de abandonarlas naturalmente. El Mahachohan dijo que la Teosofía sería la piedra angular de las religiones futuras. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el auto-conocimiento será la religión del tercer milenio, una religión sin iglesias, sin sacerdotes o pastores, sin gurús y sin hacer dinero, sin explotar a nadie. Y la Sociedad Teosófica no es una secta, una creencia o credo, sino un espacio fértil para la co-existencia fraternal, y estudios de grupo, que permite el despertar de la sabiduría. El auto-conocimiento consiste en herramientas para este despertar en nuestra vida, no como una fórmula o método de acción, sino como una actitud de aprendizaje en todas las situaciones y circunstancias, incluso por la observación atenta y cuidadosa de nosotros mismos. Si todas las futuras religiones están enfocadas en la manifestación de la sabiduría en la vida humana, todas ellas estarán dedicadas a la elevación de la conciencia y a un modo de vida cada vez más noble y armónico, con relaciones humanas fraternas y cooperativas. De este modo no serán creencias o sectas, dividiendo o esclavizando la conciencia humana, sino movimientos verdaderos para la apertura de canales efectivos, que conducirán a la humanidad a niveles cada vez más elevados de conciencia, y por lo tanto de libertad. La Sociedad Teosófica, en el siglo veintiuno, tiene un importante trabajo a realizar, a fin de preservarla para que no se vuelva un tipo de creencia o mentalidad cerrada, manteniéndose abierta e impulsando la ola religiosa del nuevo milenio. Este es el auto-conocimiento, el conocimiento que viene del interior, sin prejuicios contra ninguna religión, ciencia o filosofía existente. El grado de éxito de la tarea teosófica de construir un puente entre la ciencia, la filosofía y la religión, y preparar a la humanidad para la nueva religión, que es auto-conocimiento, depende de la vida de cada miembro, objetiva y subjetiva. Hacer de su propia vida un trabajo constante por medio de la observación de sí mismo, de la naturaleza y las relaciones, aprendiendo a desprenderse de todos los apegos y auto-importancia, y haciendo de los encuentros teosóficos momentos de compartir y aprender, entonces, la miseria humana, física y espiritual, se reducirá significativamente, con el paso del tiempo. Trabajando en esta dirección, estaremos actuando a favor de la época en la que la felicidad reinará en la humanidad, por la gloria del Supremo, el Creador de todas las cosas.
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