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Vol. 130 - Número 5 - Febrero 2009 (en Castellano) |
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Desde la Atalaya
RADHA BURNIER
El camino del medio En la manifestación hay desarmonía. Es la situación casi constante entre varias personas, entre una persona y las circunstancias en las que se encuentra, etc. Pero la armonía es uno de los deberes que hemos de aprender para poder vivir correctamente. Esto significa no llegar a ninguna conclusión rápida y dura, algo que hemos de practicar para poder comprender las cosas. Normalmente emitimos juicios respecto a varias cosas, pero hemos de aprender a no emitir ninguno. Tal vez tengamos un punto de vista determinado, pero al mismo tiempo deberíamos darnos cuenta de que ese punto de vista puede estar equivocado o, en muchos casos, muy limitado y por eso sólo tiene un valor temporal. Todos podemos descubrir, por nosotros mismos, si nuestro juicio es correcto o no, si hay que tomarlo más a la ligera o abandonarlo del todo. La Voz del Silencio dice: “Después de haber llegado a la indiferencia hacia los objetos de la percepción, el discípulo tiene que descubrir el Râjâ de los sentidos, el productor del pensamiento, el que despierta la ilusión.” Lo que nos ocurre a este nivel más inferior de la manifestación, al nivel físico, es que no nos damos cuenta de que la opinión que tenemos de las cosas puede ser correcta sólo hasta cierto punto; podemos decir “no” a algo, o parcialmente “no” a algo y “sí” a otra cosa, pero esa opinión puede ser errónea. ¿Podemos mantener la mente en un estado en el cual no sostenemos esa opinión como algo definitivo? Hacemos más difíciles las experiencias que tenemos porque nos aferramos fuertemente a ellas y pensamos que está bien hacerlo. Actuar de acuerdo con lo correcto, o con lo que nos parece correcto en ese momento, sin aferrarnos demasiado, es difícil. Pensemos un poco en todo esto. Es muy difícil actuar sin motivos debido al sentimiento del “yo”. Pero si no hay “yo” o si el “yo” no es fuerte, el motivo también será menos fuerte. Así pues, podemos hacer lo que consideramos correcto, pero creemos que es una respuesta final. Es como preguntar: ¿Estamos libres de atracciones y repulsiones, de afinidades y antipatías? Hay personas cuyas acciones parecen equivocadas y no nos gustan; creemos que no son bien intencionadas, pero ¡quienes somos nosotros para juzgar! No necesitamos atribuir las acciones a la persona en cuestión, sino mirarlo de forma distinta. Esta es una de las lecciones que aprendemos del Nuevo Testamento. Jesucristo consideraba incluso a la gente más depravada, a los que no sabían qué hacer, como amigos suyos. Es una actitud que tendríamos que cultivar. ¿Podemos nosotros adoptar esa actitud benevolente hacia todo aquél que lo necesite? El sentido de compasión, de afecto, de querer ayudar a una persona: estas cosas son el sello de aquella persona que está libre de motivaciones, de atracciones y de repulsiones. Sabe que hay un elemento divino en todas partes. Los objetos existen, los sentidos están vivos, la mente percibe, pero sin movimientos, sin trayectoria ni movimiento hacia ninguna parte; todo esto forma parte del yoga. El yoga no nos dice que debamos sentir indiferencia por los objetos. Éstos siguen existiendo, los sentidos están vivos, la mente percibe, pero no hay movimiento. Viajar sin movimiento es una parte importante del aprendizaje, porque el movimiento viene del yo. Os podéis poner en la posición de cualquier persona sin desplazaros de un lugar a otro. Tal vez necesitemos meditar sobre esto y aprender a conocer la naturaleza del movimiento. El camino del medio nos lleva a un orden superior que posibilita vivir de forma diferente. También se le llama el sendero del filo de la navaja, porque el filo es afilado hasta que aprendemos a hollarlo; entonces resulta fácil. En las escrituras cristianas se dice “angosta es la puerta y estrecho el camino”. Ese es el camino que tenemos que hollar. Parece difícil cuando lo miramos desde la personalidad, pero la austeridad aparece por sí sola cuando empezamos a hollar el sendero. Viene de forma natural, no como algo que se ha aprendido y practicado. Muchos de nosotros sufrimos de auto-complacencia, vemos algo muy bonito y nos gustaría conseguirlo. ¿Podemos vivir una vida donde no exista ni la austeridad ni la auto-complacencia? Nos gusta comer una cosa determinada o nos apetece consumirla aun cuando no nos convenga. Indudablemente, debemos prestarle atención al cuerpo para mantenerlo limpio y útil, pero si le prestamos demasiada atención, como hacen algunas personas, eso no es bueno. Es a través de la observación como podemos llegar a un estado de equilibrio. La memoria puede hacer mucho daño a los seres humanos. ¿Puede la mente permanecer imperturbable? Ver que la mente funciona sólo cuando es necesario es hacerse consciente y conocer de verdad. En una carta, el Maestro le escribió a Sinnett: “Recuerda que el ansia desmesurada de expectativas no es solamente algo grave, sino peligroso. Cada movimiento y latido del corazón despierta las pasiones. Quien quiere conocer no ha de satisfacer sus deseos” A veces hay personas que dicen que quieren conseguir este y aquel nivel en la vida espiritual, pero desearlo no tiene nada que ver con eso. Es mejor no desear con demasiado apasionamiento o con demasiado interés los objetos que queremos conseguir. El deseo mismo podría ser un obstáculo para poder alcanzarlos. Consideremos por nosotros mismos cuál es el camino del medio, no desde un punto de vista sectario o budista, sino claramente de acuerdo con nuestro juicio actual. Una de las cosas que lo dificulta es la presión que nos impone la sociedad, la familia y los amigos. Ellos creen que nosotros tenemos que actuar del mismo modo que ellos. ¿Somos capaces de permanecer libres internamente, sin estar ligados a una religión o a las circunstancias sociales en las que nos encontramos?
El triunfo de la verdad La Prensa informa que deberían limitarse los experimentos científicos realizados en toda la Unión Europea con grandes simios, como gorilas, orangutanes y chimpancés. Lo ha declarado la Comisión Europea con una propuesta formal. La intención, según los artículos de los periódicos, es la de que el control de las investigaciones sobre estas criaturas vivas forme parte de una medida para controlar la investigación animal en general. Naturalmente, esto representaría un triunfo para los grupos defensores de los derechos de los animales y para mucha otra gente ajena a estos grupos pero con los mismos intereses. Tienen la intención de que una autoridad competente controle la investigación con animales y de poner límites que impidan perjudicar más a los animales en vías de extinción. A todo esto se oponen, naturalmente, las personas que creen, o dicen creer, que los animales no tienen ni sentimientos ni pensamientos y que no son como los seres humanos, por lo tanto no es necesario preocuparse por lo que les ocurra. Otras personas piensan que sí tienen sentimientos, pero que hay que sacrificarlos en beneficio de los seres humanos de cuyo bienestar se ocupan los que hacen los experimentos, además de quienes se benefician de ellos, como los médicos. La industria farmacéutica en general, (y, por supuesto, los que trabajan en ella), se beneficia mucho de lo que llama mejoras y apoyaría cualquier tipo de experimento realizado con animales. Pero tenemos pruebas totalmente opuestas de distintas fuentes, que demuestran que los animales en distinto grado, según su situación, sienten y disfrutan de los beneficios de la conciencia. The Times of India (2-10-2008) publica un interesante artículo sobre una tragedia ocurrida cerca del Parque Nacional de Bannerghatta, que parece tener todos los elementos de una experiencia humana: valor, imaginación y otras cualidades, y demuestra que los animales no actúan de forma muy distinta a los seres humanos. Por consiguiente, podemos apreciar qué pasó cerca de un bosque de esa zona. Un grupo de elefantes entró por sorpresa en un campo de mijo al lado del bosque. Algunas personas del pueblo que lo vieron, quedaron sorprendidos al ver a un elefante bebé corriendo delante de los otros, como hacen a veces los bebés, el que cayó en un pozo seco. Era un pozo demasiado profundo para que el bebé pudiera salir por sí solo. Los otros elefantes oyeron los gritos del bebé. Se nos informa que los elefantes más viejos formaron una hilera sosteniéndose la cola con las trompas para poder sacar al bebé del pozo. No fue fácil, porque el pozo estaba a unos siete metros de profundidad y el suelo estaba lleno de barro. El bebé se caía una y otra vez, pero finalmente el rebaño de los elefantes fue capaz de rescatar a su bebé. Descansaron un rato después del esfuerzo y luego regresaron al bosque. Cuentan otro caso de una cría de elefante que había muerto pero la madre no quería abandonarla, aunque los guardas forestales trataban de alejarla de allí. Ella visitó a su bebé muerto durante varios días y al final, sólo cuando no tuvo alternativa, volvió con su rebaño. Esto demuestra que los sentimientos de una madre pueden ser fuertes, y que el ingenio de los animales va más allá de lo que se suele creer. Parece que utilizan otras cualidades, como la valentía, cuando hay una necesidad. El tratamiento carcelario que se les aplica a los animales, supuestamente necesario para la investigación, es increíble, y las propuestas de la Comisión Europea, si son adoptadas por la Unión Europea, salvarán muchos millones de animales, que se los mantiene en cautiverio con el único propósito de experimentar con ellos. Aunque no podemos confiar en salvarlos a todos, estos pasos pueden evitar que algunas de las especies en peligro de extinción sean utilizadas y pueden concienciar al hombre del daño que les están haciendo. Uno de los líderes de los grupos defensores de los animales dice que para que esta ley sea adecuada para un siglo veintiuno moral y científicamente avanzado, la legislación tiene que tener en su misma base el objetivo último de sustituir a los animales con otras alternativas. Es una oportunidad única para que Europa sea pionera mundial en acabar con los experimentos con animales y sustituirlos con técnicas sin animales más avanzadas. La ciencia puede prometer a las personas conscientes, tanto intelectualmente como a través de niveles superiores de contacto con la vida, que toda nuestra relación con los animales y reinos inferiores cambiará cuando sea distinta. Realmente no es necesario experimentar con animales pero nos imaginamos que es absolutamente imprescindible. Cuando dejemos de hacer daño y aprendamos a ser amigos de todo lo que compone el universo, seguro que los cambios serán buenos. Ahimsâ será la norma, como lo ha sido durante siglos, tal como nos han dicho aquellos pocos seres que van delante nuestro, en lo que parece ser mera ficción para la mayoría de la gente.
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