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Vol. 130 - Número 4 - Enero 2009 (en Castellano) |
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Del Conocimiento a la Sabiduría, ¿y de la Sabiduría al Conocimiento?
Mary Anderson
La Sa. Mary Anderson fue Vice-Presidenta Internacional y ha dado muchas conferencias en distintos idiomas.
Sabemos que el conocimiento no es sabiduría. ¡Al menos, lo sabemos al nivel del conocimiento! ¿Cuál es el nivel del conocimiento? En la terminología Teosófica, es la mente inferior, la mente de todos los días, kâma-manas. Kâma-manas implica no sólo la mente lógica (manas) sino también las emociones (kâma). No podemos pensar sin sentir o sentir sin pensar. El conocimiento está a menudo viciado, inconcientemente, por los prejuicios, por los sentimientos personales. Se dice que con la mente lógica se puede comprobar cualquier cosa (quizás al razonar sobre hechos no demostrados, insuficientes o distorsionados, como suelen hacer abogados inescrupulosos o jueces corruptos). Hay una historia sobre cómo una pared se cayó sobre un ladrón, lastimándolo, mientras él trataba de entrar en una casa. Él demandó judicialmente al dueño de casa, pero éste acusó al albañil que había construido la pared. Cuando el juez llamó al albañil, este se excusó diciendo que mientras mezclaba el cemento se había distraído con una hermosa mujer que pasó varias veces por allí. La hermosa mujer explicó que un joyero tenía la culpa por cuanto ella tuvo que ir varias veces a su negocio porque él no había hecho su alhaja de acuerdo a su pedido. Y finalmente el joyero fue condenado. Esta breve historia es exagerada pero puede recordarnos cómo a veces se burla a la justicia. Si el nivel del conocimiento es la mente inferior o kâma-manas, es decir, el nivel de nuestros deseos personales, ¿cuál es el nivel de la sabiduría? ¿No sería la mente superior, la mente iluminada, el nivel de percepción o intuición verdadera, buddhi-manas? Buddhi no es sólo sabiduría sino también amor. El conocimiento, en la esfera de kâma-manas, pertenece a la personalidad, mientras que la sabiduría, en la esfera de buddhi-manas, es un aspecto del Ego espiritual. Aparte del nivel de la conciencia humana, hay otros factores que aclaran la diferencia entre conocimiento y sabiduría. El método para adquirir conocimiento tiende a ser analítico: los hechos se analizan minuciosamente, la información se memoriza. La sabiduría, por otro lado, busca unir hechos aislados en una síntesis. El conocimiento se expande agregando, por acumulación de más y más datos de cada vez mayor complejidad. La sabiduría crece por disminución, por reducción del número de hechos y su complejidad, pero con un aumento en simplicidad y profundidad. “El conocimiento consiste en la acumulación diaria. La práctica del Tao consiste en la disminución diaria” (Tao-Teh-King, 48). Una vez, cuando Buda estaba en la selva con sus monjes, se negó a responder las preguntas metafísicas que estos le hacían, pero tomando un puñado de hojas les preguntó: “¿Qué es más numeroso: las hojas en mi mano o las hojas en la selva?” Les explicó que las hojas en toda la selva representaban todo el conocimiento, mientras que las pocas hojas en su mano podían compararse al conocimiento (o sabiduría) necesario para la liberación. ¿Cuál es la esfera de influencia del conocimiento? El conocimiento queda en su propio nivel, es decir kâma-manas, el nivel de la teoría (excepto por supuesto cuando se aplica a ciertas actividades prácticas como conducir un auto, preparar una comida, etc.). Entonces el conocimiento es horizontal. Pero la sabiduría irradia interiormente y de modo ascendente hacia la unidad interior, y exteriormente y de forma descendente hacia la vida diaria. Es, por decirlo de alguna manera, vertical. ¿Qué significa esto? El conocimiento permanece en el nivel teórico porque no transforma el carácter de una persona, ni hace que cambie su forma de vivir. La sabiduría, por otro lado, es al mismo tiempo trascendental y práctica. El conocimiento puede permitirnos concebir la unidad pero no alcanzarla. La sabiduría, por otro lado, contiene en sí misma el concepto de la unidad de todas las cosas y también es un acercamiento a la unidad. La sabiduría es en sí misma una transformación del carácter y por lo tanto de nuestra forma de vivir. Un ejemplo: el conocimiento a menudo fortalece el orgullo, mientras que la sabiduría conduce a la humildad. “Se humilde, si quieres alcanzar la Sabiduría. Se más humilde aún, cuando la hayas conquistado.” (La Voz del Silencio, versos 161-2). “Dondequiera haya Sabiduría, a diferencia del conocimiento, está la luz de la humildad. La humildad nos hace sabios” (Pensamientos para Aspirantes, N. Sri Ram). Por lo tanto, la humildad no es sólo el efecto sino también la causa de la sabiduría. La sabiduría influencia el carácter y el diario vivir, mientras que el conocimiento teórico no influencia ni el carácter ni la forma de vida. Luego de una conferencia en la cual, entre otras cosas se mencionó la crueldad hacia los animales, una joven se acercó a mí con lagrimas en los ojos. Me dijo de la profunda compasión que sentía hacia los animales. Pero luego descubrí que la joven comía carne. Su conocimiento era sólo teoría, su compasión sólo sentimentalismo. Un cambio completo en el carácter, sobre todo en el sentido de purificación, es una condición necesaria para el desenvolvimiento de la sabiduría. Alguien que es cruel o hasta criminal, puede convertirse en un científico inteligente o un aclamado filósofo, pero nunca puede convertirse en un sabio, a menos que haya un completo cambio en el carácter de esa persona. Podemos preguntarnos ahora: ¿Nos puede conducir el conocimiento a la sabiduría? Uno podría decir: Hasta cierto punto y si ciertas condiciones se cumplen. ¿Cómo puede conducir a la sabiduría, es decir, cómo puede la actividad de kâma-manas promover la actividad de buddhi-manas? 1. El desarrollo de ciertos atributos de kâma-manas es una preparación necesaria para una aproximación a buddhi-manas. Dichos atributos incluirían una recta memoria (qué es realmente importante), claridad y orden en el propio pensar, y la habilidad no sólo para analizar sino también para buscar la síntesis, es decir, el pensamiento holístico. Lo que impide el pensamiento holístico es el énfasis que le damos a las diferencias, a los factores divisivos. Lo que dificulta la claridad y un pensamiento ordenado es el elemento subjetivo, los deseos personales, los intereses egoístas, es decir, kâma. Esto nos lleva a un segundo tipo de preparación necesaria para el desarrollo de la sabiduría: 2. Una vida ética, es decir, rectitud y altruismo (o amor, que es un atributo de buddhi) exteriorizado en nuestras acciones, palabras, sentimientos y pensamientos. 3. Ir más allá del nivel del pensamiento lógico ordinario: El pensamiento lógico en el nivel de kâma-manas es sólo un medio y no un fin en sí mismo. Si el conocimiento conduce a la sabiduría, esto significa que kâma-manas limpio de kâma se transforma en buddhi-manas. En otras palabras, el conocimiento limpio de egoísmo se convierte en sabiduría. Desde un punto de vista práctico, ¿cómo podemos ir más allá del pensamiento lógico? Hay dos etapas o factores: evolución y cambio. La evolución se describe en las notas que tomó el Comandante Bowen de las enseñanzas de Mme. Blavatsky, como la forma de jñâna-yoga, es decir, el yoga del conocimiento que lleva a la sabiduría. La mente busca explicaciones lógicas y encuentra un maravilloso sistema filosófico que la satisface por un tiempo, pero luego resulta ser demasiado estrecho y se lo abandona. Entonces la mente sigue buscando y encuentra un sistema mejor y más inclusivo que también la satisface por un tiempo pero después nuevamente se vuelve demasiado estrecho y se lo abandona. Y así continua. Se descubren los sistemas y al tiempo se rechazan. Es un proceso de neti, neti, de prueba y error, o avanzar rechazando, hasta el momento del… Cambio, cuando uno se da cuenta que ningún sistema es una “teoría de todo” o es “ese conocimiento, que teniéndolo, se conoce todo”. HPB llama a esta etapa, entrar al “mundo de la No-Forma”. Las formas eran los sistemas que se intentaban y finalmente eran rechazados. Esto se puede comparar con la manera en que los científicos a veces proceden cuando consideran reiteradamente un problema e imaginan varias soluciones posibles, que después descartan una tras otra. Luego dejan de cavilar sobre el tema por un tiempo. Se relajan. Y de repente ¡se encuentra la solución! Ambas etapas son necesarias: reflexión intensiva y sistemática, o evolución, y relajación, dejando de lado al conocimiento y entrando a otro nivel, a otra dimensión, el cambio. Este proceso también se puede comparar con intentar arrancar un auto antiguo con una manivela o darle cuerda a un viejo gramófono, o con calentar agua. En éste último proceso se usa una gran cantidad de energía pero luego de un tiempo hay un cambio muy importante, y el agua se transforma en vapor. De modo similar, en el Budismo Zen existe un intento de tomar por asalto las alturas poniendo a prueba la mente lógica hasta sus límites. Este proceso no carece de peligro si el discípulo no está supervisado por un buen instructor, y los buenos instructores son pocos. Un resguardo mayor yace en la “larga maduración de la matriz de Dharma”, el énfasis en una vida ética, en la auto-disciplina. Este es el aspecto de la evolución, la necesidad del esfuerzo. Ahora llegamos a la pregunta: ¿Puede la sabiduría conducirnos al conocimiento? Existen dos respuestas posibles: 1) La sabiduría puede conducir al verdadero conocimiento, y 2) la sabiduría puede degenerar en conocimiento falso. Sabiduría implica intuición o percepción, que es ver las cosas como son. Si vemos las cosas como son, nuestro juicio será correcto, inclusive en los asuntos de la vida diaria. Usaremos el discernimiento aunque nos falte conocimiento, el que puede ser realmente un obstáculo si carecemos de discernimiento. Jacob Boehme tenía poca educación, pero desarrolló un maravilloso sistema filosófico. Krishnamurti parecía no estar a favor del estudio académico pero tenia mucho conocimiento práctico y podía dar consejos útiles que mostraban sabiduría. Es posible porque el juicio y la memoria de una persona sabia son claros, no adulterados o perturbados por deseos egoístas y la excitación resultante, etc. Este es un tipo positivo de conocimiento. Es sabiduría realmente, discernimiento, en la vida diaria. Pero… La Sabiduría también puede degenerar en conocimiento falso. Así, la sabiduría expresada en palabras de un sabio puede conducir a un “conocimiento” equivocado a través de falsas interpretaciones y malentendidos. Han existido muchas interpretaciones erróneas de los dichos de los sabios y de las escrituras. ¿Cómo sucede esto? Dado que somos concientes al nivel de kâma-manas o la mente inferior, la mente lógica y las emociones, entendemos y nos expresamos en ese nivel. Esto es válido si estamos tratando con objetos materiales y asuntos ‘prácticos’, tales como conducir un auto, aprender un idioma, cocinar una comida o llevar la cuentas, ¡pero no cuando es un asunto de comprender qué es espiritual o reflexionar sobre lo Absoluto! Nuestro dilema yace en el hecho de que nuestro único instrumento, aún para comprender las cosas espirituales, es nuestro pensamiento y sentimiento diario, que es kâma-manas. Tenemos cierta percepción de algo más elevado, pero esta percepción esta viciada por nuestro vehículo del pensamiento, kâma-manas, la mente lógica y los sentimientos. Y al expresarlo también está viciado por nuestro vehículo de comunicación, las palabras, que están en el nivel de kâma-manas. Por lo tanto, hacemos de la sabiduría un asunto de conocimiento, como la contabilidad, cocinar, o el conocimiento de un idioma. Y así también a veces malinterpretamos las ideas. Se dice que cuando Hegel estaba por morir alguien le preguntó cuántos de sus discípulos lo habían entendido. Su contestación fue: “Sólo uno, y ¡él entendió mal!” A menudo expresamos las ideas equivocadamente, por ejemplo en traducciones mal hechas, o porque las palabras no son vehículos apropiados. Se dice en Las Cartas de los Maestros que las palabras no son adecuadas para expresar ciertos conceptos como es un hacha para una talla fina. Recuerden las hermosas palabras en La Luz de Asia: “No trates de medir con palabras lo Inconmensurable, ni de hundir la sonda del pensamiento en lo Impenetrable. El que pregunta yerra, el que responde yerra. No digas nada.” En algunos casos simplemente no hay palabras apropiadas en los idiomas occidentales:
Tengo… que confesar mi incapacidad para describir, lo indescriptible. A menos que las percepciones intuitivas de un chela entrenado vengan en ayuda, ninguna cantidad de descripciones, aunque sean gráficas, ayudarán. Realmente no hay palabras adecuadas para expresar la diferencia entre un estado mental en la tierra y uno fuera de su esfera de acción; ningún término inglés existente equivale a los nuestros… (Carta 25).
Por lo tanto, ciertas cosas simplemente no se pueden explicar en palabras. Ni tampoco es posible entender ciertas cosas en términos de lógica occidental. Esta reconoce dos posibilidades: una cosa es o no es. La lógica oriental, por otro lado, reconoce cuatro posibilidades: una cosa es, no es, es y no es al mismo tiempo, o ni es ni no es. Para un pensador más profundo, esto es una paradoja. Para el filósofo tradicional occidental es una tontería. Tiene la razón, a su nivel de pensamiento (kâma-manas), porque una declaración de este tipo es inferior a la lógica. (¡Pero también es superior a la lógica!). Es una tontería y es inferior a la lógica occidental en que, con una paradoja así, uno puede argüir que lo que está bien está mal y que lo que está mal esta bien. Esto es lo que sucede si uno considera las cosas espirituales desde un punto de vista mundano y personal. Por ejemplo: Las corazonadas no son intuiciones. Si uno escucha las palabras: “Mi voz interior me dice….”, se debe recordar que hay dos clases de voz interior: la voz de kâma o de los deseos personales y la voz de buddhi o de esa sabiduría que es también amor. La primera es inferior y la última es superior para la lógica occidental; está más allá de aquella. Pero la mayoría de las veces “mi voz interior” me dice…. ¡lo que quiero escuchar! Ciertas declaraciones de los sabios pueden ser mal interpretadas y producir consecuencias desastrosas, por ejemplo “Ama y haz lo que quieras”. ¡Un principio peligroso! ‘Ama…’ puede interpretarse de diferentes maneras, también como deseo, lujuria. Cualquiera puede afirmar que él o ella están actuando por amor. ¿Quién puede juzgar eso? ¿Quién puede probar que es amor o no es amor? Por esto ciertos dichos son peligrosos en las manos equivocadas. Por lo tanto hay advertencias, como (en la Biblia) el mandamiento: “No le tires perlas a los cerdos”. En el Bhagavadgitâ leemos: “Nunca le hables de estas cosas a quien no es asceta, ni tiene devoción, ni a quien no desea escuchar, ni aún a quien hable mal de Mi” (XVIII.67). Aquí se establecen ciertas condiciones: ascetismo (el debilitamiento de la naturaleza del deseo o egoísmo), devoción (que implica voluntad de sacrificar el yo), verdadera disposición a escuchar, y reverencia. Pero ¿quién puede juzgar si las condiciones se han cumplido? ¿Quién puede mirar en el corazón de otro? Sólo nosotros mismos podemos saber, ¿pero queremos saber? Por otro lado, otra persona puede a menudo percibir nuestra debilidad mejor que nosotros mismos. ¡Aquí estamos confrontados con otra paradoja! No deberíamos esperar que otros entiendan las cosas más elevadas cuando todavía no están listos y por lo tanto rechazarán o mal interpretarán ciertas verdades profundas, o aquellos que no tienen anhelos, como la encantadora Sujata en la historia del Buddha, quién honestamente declaró que toda su felicidad estaba en cumplir sus deberes como esposa y madre. En el Bhagavadgitâ leemos: “Que ningún sabio inquiete la mente de los ignorantes apegados a la acción. . .” (III.26) Con respecto a esto, encontramos en el mundo occidental muchas interpretaciones completamente equivocadas de las escrituras orientales. Percepciones pertenecientes a buddhi-manas se interpretan al nivel de kâma-manas. Hay frecuentes errores en las traducciones, ya que las palabras sánscritas, por ejemplo, tienen muchos y diferentes significados. O los símbolos no son reconocidos como tales y se interpretan literalmente. Por ejemplo la luna no es sólo el cuerpo celeste que conocemos sino que también puede representar la mente inferior, porque no tiene luz propia sino que refleja la luz del sol (en este caso quizás la luz de buddhi). La luna puede también tener otros significados simbólicos, dependiendo del contexto. Otra fuente de malas interpretaciones en occidente es el sistema de castas, que se interpreta como una violación al principio de igualdad y se considera antidemocrático. Pero a menudo se confunden igualdad y uniformidad. Todos, en realidad cada ser, es igual en el nivel divino de Âtmâ y al nivel espiritual de buddhi-manas, pero no al nivel de la personalidad, en el cual las personas son diferentes, como los niños en los diferentes grados de la escuela. Los estudiantes universitarios no son iguales a los niños de primaria. Pero no son intrínsecamente superiores a estos. Sin embargo, a veces pueden pensar que sí lo son. Y allí es donde comienza el problema. De manera similar en la sociedad puede haber una reacción justificada, una revuelta. Si los rebeldes obtienen el poder, pueden entonces desear imponer la igualdad en el sentido de uniformidad, como sucedió en el régimen comunista. Pero las personas no son iguales. (¡Gracias a Dios!) Tenemos necesidades básicas diferentes, placeres, formas de creatividad, talentos, deberes, etc., e iguales derechos a satisfacer nuestras necesidades diferentes, al ejercicio de nuestros talentos, a la oportunidad de llevar a cabo nuestros deberes, a disfrutar de nuestros gustos (siempre que no sean dañinos), y a la oportunidad de ser creativos a nuestra propia manera. El sistema de castas intentó permitir esas diferencias en nuestras necesidades, etc., y su satisfacción. También todos tenemos el derecho a ser respetados por los demás y a ser felices a nuestro modo. Desafortunadamente, las así llamadas castas superiores se consideraron a sí mismas intrínsecamente superiores a las castas inferiores y se volvió imposible cambiar de castas. Podemos asumir que en los primeros tiempos, quizás en alguna “Edad Dorada”, las personas nacían en la casta “correcta” y que luego ya no era así. Por lo tanto, hubo realmente abusos. Sin embargo, las enseñanzas originales no eran incorrectas sino la forma en que fueron mal interpretadas. Una verdad que condujo a otra mala interpretación en occidente se expresa en el dicho: “La gota de rocío se funde en el brillante océano” o “La chispa retorna a la llama”. Todos somos concientes la mayor parte del tiempo en el nivel de kâma-manas, la mente separatista. Por lo tanto instintivamente pensamos que lo peor que puede suceder sería perder esa separatividad, no ser más individuos separados. ¿Cómo saberlo? Lo único que conocemos es la separación. Pero el regreso al Uno es volver a lo que realmente somos, es decir, uno con todos. Por lo tanto debe significar bienaventuranza. Este dicho, “la gota de rocío se funde en el brillante océano”, a veces se expresa como “la gota de rocío se vuelve el brillante océano”. Esta es, nuevamente una paradoja. Quizás ambas versiones son correctas, ¡o quizás ninguna de las dos lo sea! Lo sabremos únicamente cuando arribemos allí pero no seremos nosotros quienes lo sepamos, porque “nosotros”, como somos ahora, ya no lo seremos, e incluso en ese momento, no podremos expresar ese estado en palabras entendibles para nosotros como somos ahora: “Tú no puedes traer la cima de la montaña al valle”. Sin embargo las personas tratan de hacerlo. Es un buen ejercicio siempre que entendamos que no es más que eso y no dogmaticemos al respecto. La facultad crítica que pertenece a la mente lógica, cuanto menos influida esté por los sentimientos personales, más nos mostrará el camino correcto. Sobre todo deberíamos ser críticos de nosotros mismos, ¡y ser capaces de reírnos de nosotros mismos!
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Alce Negro
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