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Vol. 129 - Número 8 - Mayo 2008 (en Castellano) |
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Desde La Atalaya
RADHA BURNIER
Visión de conjunto Es bien sabido que nuestra idea respecto al sendero espiritual, en el mejor de los casos es parcial, y por consiguiente no es verdadera. Si vemos solamente un brazo del cuerpo físico de otra persona, tendremos una idea equivocada de lo que vemos. Igualmente, nuestra visión de la vida, cualquiera que sea la idea que tengamos de este plano físico, es solamente una imagen parcial, y por lo tanto, es falsa. Quienes han sido capaces de ver de forma más plena les puede resultar difícil transmitir lo que saben. Incluso si un Maestro nos dice lo que hay en el otro lado de la vida, no podremos captarlo totalmente, o lo que podamos captar puede que no sea la verdad. Por esto, los hombres avanzados espiritualmente sólo pueden tratar de hacer comprender a los demás de que hay mucho más para ver, pero no pueden decir lo que hay que ver, porque todas las ideas que obtenemos de los libros y de las personas sobre otros mundos, etc., no pueden hacernos comprender la verdad. No debemos olvidar que, por acertados que estemos respecto a otras personas, lo que pensamos no es realmente lo que es. Para la mayoría de la gente, el amor significa algo que no es realmente muy espiritual. Puede ser muy bueno a su manera. Una madre ama a su hijo y esto ya es mejor que no amarlo. Será capaz de darle al niño una sensación de protección, de alguien que se preocupa por él, etc. Pero si pensamos que este amor le da todo su significado al término, entonces estamos equivocados. El amor en su esencia es algo que no conocemos en absoluto. Pero hemos de intentar conocerlo al máximo, simplemente porque es muy bello. Pasa lo mismo con otras cualidades. Existe la belleza divina que no tiene nada que ver con una causa, que puede representarse en formas hasta cierto punto, pero que no muestra toda su naturaleza en absoluto. El amor, la belleza, la bondad, etc., son cualidades que pertenecen al plano divino, y de las que sólo tenemos una impresión aquí y no la realidad. Por ejemplo, para la mayoría de las personas, el amor en la familia es importante. Ya sea que amen a alguien fuera del pequeño círculo que conocen o no, no es de su interés. Pero obtienen satisfacción al darle algo a unas pocas personas, y esperar algo a cambio. Ser capaz de amar sin pedir nada a cambio es muy difícil. Se suele alabar el amor de una madre precisamente por esta cualidad, ella puede seguir amando a su hijo incluso cuando es adulto, aunque sea egoísta y egocéntrico. Siente el lazo que hay entre los dos. Pero para la mayoría, una pequeña sensación de amor, una pequeña sensación de belleza, etc., es algo muy grande. Le da sentido a su vida. No podemos imaginar a nadie incapaz de percibir ningún tipo de belleza, o alguna de esas cualidades que asociamos con la vida y cuya posesión consideramos instintivamente importante. Si la esposa es muy afectuosa pero no le hace la vida cómoda a su marido, el hombre no está muy contento. Así pues, siempre hay expectativas allí donde hay amor. Naturalmente, nosotros tratamos de considerar el tema de manera distinta. Tal vez se trate de aprender a verlo detenidamente. Normalmente tendemos a sacar conclusiones incluso sin conocer bien una cosa, y cuyo conocimiento verdadero nos puede llevar mucho tiempo. Pero entretanto, no es imprescindible tener muchas ideas sobre ella. Una de las maneras que tenemos de obtener ideas es mirar los objetos de arte. Algunos de los famosos lugares donde se reúnen y se conservan estos objetos de arte son los museos y las galerías que la gente visita. ¿Por qué lo hacen? En parte, para estar informados, todo el mundo lo comenta y nosotros tenemos ganas de decir “Yo también estuve allí”. Tal vez estén aprendiendo algo, pero también esperan sacar alguna idea nueva, aprender una nueva forma de mirar, como la que tiene el artista. Necesitamos, pues, a otra persona para que nos estimule de alguna manera. En el libro Libertad de lo Conocido, una colección de charlas de Krishnamurti, leemos la historia de un maestro religioso que daba sermones. La gente los apreciaba y acudía para escucharlos. Un día, vino a posarse un pajarito en la ventana y se puso a cantar a pleno pulmón. Los pájaros no cantan como los seres humanos, que están pensando en otras cosas. Un pájaro no se preocupa de nada. Canta porque tiene ganas de cantar. El maestro permaneció en silencio y cuando el ave terminó de cantar, dijo “El sermón se ha acabado”. Esto es un ejemplo de sermones que pueden proceder de fuentes distintas a las que esperamos. Cuando vemos que pasa lo mismo con nuestros prejuicios, y todo lo que ocurre en nuestra mente, sólo vemos una parte. Nunca tiene la misma cualidad. Krishnaji señala que si podemos prestarle toda nuestra atención a algo, que no tiene por qué ser necesariamente el canto inocente de un pajarito, entonces se nos abre toda una nueva perspectiva maravillosa. Y eso ocurre porque el observador no está allí. Lo observado puede ser una maravillosa obra de arte, una hermosa música o un bello árbol, y el observador puede observar su belleza, pero sigue estando allí. Entonces su belleza sólo deja una pequeña impresión. Cuando el observador deja de existir, toda la conciencia experimenta esta experiencia.
Aprender a meditar Esto ya es una parte de la meditación: cuando observamos, escuchamos, y entregamos nuestro corazón y nuestra mente, empezamos a meditar. Pero no empezamos así. Pensamos en algunas cosas, pero eso no es meditar, porque el observador sigue estando allí. Sólo cuando el observador no está, podemos ver la belleza. Quizás algunos sí son capaces de ver a veces la belleza de esta manera, es decir, la belleza fuera de una forma. Pero mientras exista esa sensación de “estar mirándola”, tal vez porque no es real, no es completo. La renuncia a nosotros mismos, el liberarnos del sentimiento del “yo”, de la sensación de ser distintos al objeto, debe desaparecer. Esta es la esencia de la meditación, cuando podemos olvidarnos de nosotros mismos. Siempre que se experimenta una fuerte emoción, cuando alguien está muy enfadado y no sabe lo que está haciendo, la conciencia del “yo” parece no estar allí, la ira se apodera de todo. La persona sigue estando allí, pero se ve abrumada por la ira. Pero cuando se observa sin que esté el observador, la experiencia deja de ser común. Tal vez nos haya pasado a algunos de nosotros. Pero si se recuerda esa experiencia, entonces deja de ser lo mismo, porque estáis allí para recordar lo que ha ocurrido antes. No está ocurriendo, ya sucedió. Por esto es algo que pertenece al pasado. Entonces, ¿cómo podemos llegar a comprender gradualmente la diferencia que hay entre la persona que puede percibir y la que no puede? La persona realizada no espera que ocurra algún cambio en el otro. Si fuera así, entonces todos tendríamos que cambiar según los deseos del observador, lo cual es imposible. Eso no es lo que significa el abandono de uno mismo, que es un estado de silencio interior. Observar en silencio todo lo que ocurre o tiene lugar a tu alrededor es muy importante. Pero esto es precisamente lo que nosotros y nuestros semejantes criticamos. Si alguien observa algo en silencio, creemos que le pasa algo malo. La Dra. Besant decía que, normalmente ella no tenía ganas de hablar. En un contexto como en el de India, esto se podía aceptar más o menos, pero en Occidente, si alguien quiere ser amigable, cordial y sociable, entonces tiene que hablar. Y si una persona iba a muchos lugares, como hacía ella, la consideraban antipática por no hablar. Por esto, no le quedaba más remedio que hablar un poco. Pero por lo general, ella prefería permanecer en silencio. Cuando alguien no está creando imágenes y simplemente se limita a observar, entonces puede ver muchas cosas que normalmente no se ven. Quienes pasan el tiempo sin hacer nada aparentemente, simplemente observando, pueden también ver lo que la sociedad espera de ellos y lo que les enseñaron desde la infancia. En la literatura oriental tenemos a veces esta sensación, vislumbrando personas que ven el deber, el orden, la bondad, la verdad, etc., incluso en medio de este mundo. Pero también existe la posibilidad de que el mundo cambie, cuando la gente aprenda a comportarse de una manera distinta. Tal vez no veamos la importancia de experimentar un cambio de este tipo en nosotros mismos, que nos haga mucho más conscientes del aspecto profundo de la vida, de la verdad, de la bondad y de la belleza que existen en todas partes. De ser así, y ocurrirá aunque tome mucho tiempo, entonces el mundo estaría cambiando mucho más rápidamente. Pero si creemos que no es posible conseguir este orden, entonces tardaremos mucho en conseguirlo. Si somos muchos los que pensamos que hemos de actuar con el fin de llegar a ser instrumentos, o siquiera una parte de él, para contribuir a modificar el mundo, entonces lograríamos el cambio. Entonces, ¿cómo podemos cambiar el mundo? Si la base consiste en ser diferentes, entonces tenemos que actuar de forma distinta. Hemos de preocuparnos por el mundo y no sólo por nosotros mismos. Hemos de integrar en nuestra vida las cualidades necesarias, y nuestro pequeño grupo será un poco más grande hasta que finalmente ayude al progreso de la humanidad.
El trabajo que cualquiera puede hacer Las relaciones son distintas de una persona a otra, entre las personas y los animales, etc. Pero dentro de toda diferencia entre las personas y otras cosas, tiene que haber comprensión y afecto. Es algo muy importante si queremos conocer y comprender la vida misma. La vida no existe para hacer negocios, dinero, relacionarnos con los hijos, los padres, el marido, la esposa y unas pocas personas. Esto no es más que una pequeña parte. La vida es un todo, que incluye no sólo a los seres humanos, sino a los animales, a las plantas, los minerales, los devas y todos los otros seres que existen en esta tierra o fuera de ella. Cuando nos peleamos, cuando actuamos con despotismo con los demás, y hacemos muchas cosas que son contradictorias con lo que decimos, estamos negando lo que decimos que es la verdad. Nacemos en este mundo para comprender qué es la vida, pero no parece que nos demos cuenta de esto. Creemos que hemos nacido para ganar dinero, para llenarnos de comodidades, para convertirnos en personas importantes, para que nos reconozcan en el mundo como alguien especial. Naturalmente hemos de comer, pero estamos ansiosos de probar muchas y diferentes cosas. Ser un experto en el cricket o en el hockey está muy bien, pero la vida no es sólo para eso. Si llegáis a ser expertos, el objetivo es que la mente se desarrolle más y adquiera una gran rapidez de visión. Pero nos encontramos en un estado de ignorancia y no sabemos qué hacer. Uno de los peores aspectos de la vida es que cada uno mira para sí mismo, y no para el conjunto de la humanidad, buscando el bien, trabajando para ese bien. Todo esto produce el tipo de mundo que vemos, básicamente no cambia. Podemos pensar que el mundo actual es muy distinto al de ayer, pero la diferencia consiste en que tenemos aviones y nos gusta tener máquinas para mandar correos electrónicos y todo eso. Pero ¿somos diferentes? Somos las mismas personas, con los mismos objetivos. El resultado de todo esto es que hemos creado grandes diferencias. Las diferencias existen hasta cierto punto: diferencias a nivel de inteligencia, algunos son más amables y menos inteligentes, algunos son generosos, otros no lo son. La sensación básica de ser distintos a otras personas proviene de estas pequeñas diferencias, que siempre causan conflictos. ¿Ha habido algún momento en que el mundo no haya tenido conflictos? Cuando no hay guerras, hay orgullo y competencia, que forman parte de una mente belicosa, o de la envidia que sentimos por personas que pueden actuar mejor, que pueden tener más éxito en la vida, etc. Es bastante extraño porque no es que adquiramos el hábito de luchar, pero pensamos que las luchas son maravillosas. Hay países que no están exactamente en guerra con Irán, pero les gustaría conseguir el petróleo de Oriente Medio, o tener el control allí. Se esfuerzan todos por conseguir lo mejor que el otro tiene. La gente ve que la inteligencia y otras cualidades les han puesto en esta situación. Se ha tardado milenios en lograr este desarrollo y suponemos que hemos llegado a la cima. Pero puede no ser verdad en modo alguno. El ser humano tiene la oportunidad de convertirse en un ser humano totalmente diferente, en un individuo despierto. Quizás si miramos atrás y vemos lo que ha ocurrido, podremos avanzar hacia un futuro maravilloso en el cual la humanidad pueda desarrollar cualidades que en estos momentos están ausentes.
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