Volver al Índice de Revistas
El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 129 - Número 5 - Febrero 2008 (en Castellano)

 
Anterior
Página 5
Siguiente

DESDE LA ATALAYA

Aprendiendo a Mirar

 

 

Radha Burnier

Los diferentes aspectos de la mente –el pensamiento, el razonamiento y los aspectos constructores del ego –están todos  conectados y trabajan entre si. El poder del pensamiento y la capacidad de razonar adecuadamente pueden ser suprimidos, interferidos, y deformados, sobre todo por el desarrollo del ego. Existe el dicho bien conocido de que la mente es en sí misma la causa de la creación de grilletes que la atan. También se necesita el razonamiento para ampliar nuestros horizontes, aprender como lo hacen los cosmólogos, y también para las relaciones armoniosas comunes, pero la construcción del ego afecta tanto al razonamiento como al pensamiento. Es la causa de problemas inmensos y mucha infelicidad para el ser humano.  Una parte interfiere con los otros aspectos de la mente, pero la mente puede liberarse a sí misma porque tiene gran potencial de conciencia.

          Los animales no son conscientes de sí mismos o ególatras, como el ser humano. Lo que distingue al ser humano de otras criaturas es la capacidad de razonar lógicamente y la posibilidad de  conocerse a sí mismo. Estas pueden haberse usado en su desarrollo, pero no lo llevarán más adelante. Ahora, aunque él sea lo suficientemente auto-consciente para decir ‘Quiero esto, sufro eso’, y así sucesivamente, no se conoce tanto a sí mismo como para comprenderse plenamente.

          ¿Cómo puede crecer el conocimiento de sí mismo y el conocimiento en general (o uno puede llamarlo por otros nombres tales como tranquilidad y atención)? Una manera es prestar atención a las cosas sin estar en un constante estado de apresuramiento y distracción. Un breve poema de W.H. Davies comienza del modo siguiente: ‘¿Qué es esta vida si, llenos de preocupaciones, no tenemos tiempo de detenernos y  mirar atentamente?’. En realidad, se considera casi un pecado si uno solamente permanece tranquilo  mirando, porque gran parte de la sociedad humana dice que uno debe estar haciendo algo que sea útil. Sólo mirar, que aparentemente es no hacer nada, en general no se aprueba.  Puede que todos no seamos una víctima de esta clase de actitud, pero la mayoría de la gente lo es, y subconscientemente sienten que deben estar haciendo algo. La atención requiere que uno debe tener un sentimiento de ociosidad dentro de si mismo, sin sentir siempre que hay trabajo objetivo, alguna clase de  utilidad, en nuestra vida.

          Krishnamurti ha escrito:

‘Si usted aprende acerca de una hoja – una hoja de la primavera o una hoja del verano – debe mirarla realmente, ver su simetría, su textura, la cualidad de la hoja viva. Hay belleza, energía, hay vitalidad en una sola hoja’.

 

          Se nos ha dicho que para aprender acerca de la hoja, la flor, las nubes, la puesta de sol, o de un ser humano, debemos mirar con toda intensidad.

          Si nos observamos a nosotros mismos descubriremos cuán poco nos importa  mirar en este sentido, o mirar  cuidadosamente, de modo que estemos conscientes de todas las características de la hoja, su simetría, su textura, su vitalidad. Krishnamurti ha escrito acerca de una hoja muerta también – después que ha caído al suelo – cuánta belleza hay en la hoja muerta! Pero no debemos sentirnos apremiados, debemos tener el sentimiento del tiempo libre, de la necesidad de comprender la vida de cualquier forma que sea – una hoja, una nube o un ser humano. En la enseñanza del yoga se dice que si peinamos nuestros cabellos, comemos, hablamos, escuchamos, y así sucesivamente, debe prestarse plena atención. No es fácil, pero tenemos que comenzar en alguna parte.

          Sabemos lo que es estar distraídos. Cuando debemos estar haciendo algo, cuidadosa y perfectamente, estamos en parte en algún otro lugar; toda la mente no está allí. Es solamente cuando las energías de la mente se reúnen entre sí que surge la intensidad  del mirar, ver y comprender. Cuando usamos todos nuestros sentidos y  la plenitud de la mente, cuando hay atención, llegamos a conocer  cual es la relación. De lo contrario, podemos encontrar a alguien, o mirar una planta o una flor, pero realmente no nos relacionamos con ellas. Nuestros ojos pueden estar mirando, pero nuestra consciencia puede  que no esté libre. Pero cuando miramos con total atención, entonces vemos muchas cosas que no se nos revelan cuando las miramos descuidadamente

 

Relación y Conocimiento

          La relación no es externa, es sensibilidad, es un sentimiento de cercanía en que las barreras caen y desaparecen, y hay un sentido de armonía con el que uno está mirando. Si uno mira verdaderamente un rosal, uno siente un sentimiento de armonía, de belleza. Pero si es parte de un movimiento distraído de la mente, entonces no surge tal sentimiento. A esto se debe por qué la misma cosa puede parecer bella y adorable a una persona, y a otra no. Este ver y mirar las cosas, prestar atención, debe estar libre de percepciones que crean ya sea, gustos o aversiones.

          Hablando del amor, Krishnamurti dijo  que es como  el resplandor de la salida del sol; brilla sobre todo, y su tierna luz cae sobre todas las cosas y revela bellezas nunca antes vistas: el pájaro comenzando su  actividad matinal, el color de la hierba y de las plantas, tantas cosas  que se iluminan. El amor del individuo liberado es así –una completa ausencia de gustos y aversiones, que no es ni atracción ni repulsión.

          El ego se expresa a si mismo en una variedad de formas, pero principalmente en términos de gustos y aversiones. El conocimiento no es un gran salto hacia un estado de consciencia extraordinario. Ni una sola flor en el mundo se abre en un instante. Tenemos que trabajar con ella, como un jardinero trabaja en su pequeño solar. Si ha de convertirse en un bello jardín con lindas flores de toda clase, no puede sembrar las semillas e irse de vacaciones. Tiene que estar allí para proteger los almácigos cuando  brotan, ver que no crezcan las malezas, que reciban la correcta cantidad de agua, que estén a cubierto del sol demasiado severo, y demás. Esto tiene que hacerse día tras día; ni siquiera se permite una semana de vacaciones. Para cultivar esta cualidad de consciencia en nosotros mismos, tenemos que trabajar con ella.

          En primer lugar, esta cualidad de atención en la vida diaria debe surgir sin que se vuelva otra clase de preocupación de sí mismo. Quizás este es uno de los aspectos de la memoria correcta. Nos ensimismamos en lo que estamos haciendo en el mundo, en los patrones y hábitos de nuestro propio pensamiento y repentinamente despertamos un poquito. Ese ‘despertar de la mente’ nos rescata de la esclavitud y nos lleva hacia la liberación. Nos ayuda a mirar sin gustos o aversiones, y ese potencial existe en todos. Puede haberse desarrollado un poco o puede que no, pero la posibilidad del despertamiento está en cada uno. Así, podemos mirar a todos con profundo respeto, porque cada persona tiene ese poder de crecer.

          Ser capaz de mirar sin ser atraídos o repelidos, sin decir ‘me gusta o me disgusta’, significa no preocuparse de las pequeñeces externas: ya sea que la piel de una persona sea negra o amarilla. La misma semilla se ha plantado profundamente adentro –esta semilla que se desarrollará en libertad de espíritu. El Bhagavadgita habla acerca de esto más de una vez. La mente iluminada que está floreciendo en sabiduría tiene un creciente poder de sentir la verdadera igualdad de todas las cosas – no la desigualdad superficial  que preocupa a las personas. Superficialmente, no hay igualdad; en todas partes varía la inteligencia, la honestidad no es igualmente fuerte, todas las personas no son igualmente bondadosas. De modo que no hay igualdad exteriormente, aunque hay una profunda base para la igualdad. Por ejemplo, incluso un diamante y el carbón son iguales. Nosotros pensamos que el diamante es muy valioso, pero es solamente carbón –nada más. Todas las cosas están hechas de unas pocas substancias en el universo. La materia, las leyes, los componentes de cualquier estructura –son los mismos.

          Por lo tanto, la actitud de alguien que está atento se vuelve más y más verdadera, porque las relaciones están a un nivel más profundo. Hay una mayor conciencia en la mente y un profundo sentido de respeto por todas las cosas, porque vemos que, básicamente, todos somos iguales. Uno de los Upanishads, que como sabemos se considera un gran texto espiritual, tiene un pasaje famoso. Cierto sabio, uno de los sabios de la tierra, explica a su esposa que la esposa no es preciosa porque es su esposa, es preciosa porque es lo que es. Y de modo similar todos los demás. Profundamente en el interior yace esta potencia que puede hacer que la persona se libere de todos los grilletes e ilusiones. Cuando hay consciencia real, podemos crecer quizás en infinita medida.

 

Cómo se transforma el pensamiento

 

          Si aprendemos a no tener gustos y aversiones, a no  ser sacudidos de aquí para allá por atracciones y repulsiones, si no cultivamos un sentimiento de superioridad e inferioridad, ni medimos todo en una escala de nuestra propia invención, probablemente creceremos desde un sentimiento de amistad, afecto y bondad, a comprender más y más cuál es la verdadera naturaleza del amor. Hay un peligro de volverse preocupados  de si mismos, de prestar demasiada atención a lo que estamos haciendo, y se forma una obsesión.  La pregunta que se nos presenta es cómo vivir de una manera relajada, sin ambición, comenzando donde estamos.

 

          El maestro vietnamita  Thich Nhat Hanh algunas veces explica cosas de una manera que, al comienzo, parece más bien algo superficial. Habla, por ejemplo, de meditación naranja. Todo lo que  quiere decir es que cuando usted coma una naranja esté consciente de cómo lo está haciendo, cómo la pela, dónde  pone los desechos. Esto podría ser parte del entrenamiento. La atención, la consciencia de sí mismo, tienen que tener lugar sin ambición, y solamente entonces es seguro. De lo contrario nos volvemos más auto-centrados que antes. Por lo tanto, quizás deberíamos volver nuestra atención hacia el mundo de la Naturaleza como también de la sociedad humana. No podemos aislarnos de ellas  en un intento por  perfeccionarnos. Tenemos que estar conscientes de lo que está sucediendo, y de los problemas que creamos en la vida, como la guerra; solo que la guerra se ha vuelto mucho más peligrosa ahora.  Pero ¿por qué los seres humanos quieren estar en un estado de conflicto, estar siempre buscando el placer? ¿Qué es eso que está tan carente en nosotros, tanto que tenemos que perseguir el placer?

          Cuando miramos al mundo, pienso que nos volvemos más conscientes del lado más profundo de la condición humana. ¿Cuál es la naturaleza del sufrimiento? ¿Qué entendemos por muerte o por vida? Hay preguntas mucho más profundas que la gente ha hecho y en las que deberíamos ser capaces de sumergirnos cuando continuamos indagando en la naturaleza de la vida. Si estamos interesados en lo que sucede fuera nuestro, y en lo que sucede en nuestra propia consciencia, procedemos de manera equilibrada y no quedamos atrapados constantemente en el carácter distintivo del mundo de hoy.

          Madame Blavatsky escribió acerca de la vida como de  una serie de pequeños despertares. Miramos la hoja y despertamos a su simetría, su textura, su belleza. No podemos descartar esto diciendo: ‘¿Cuál es la utilidad de despertar a una hoja muerta?’ Eso puede que no sea importante, pero a través del pequeño despertar que tiene lugar en nuestra consciencia, el hecho de mirar atentamente a la hoja o a nuestro amigo, nos volvemos conscientes a un nivel más profundo del que estamos viendo. Despertar, poco a poco, es importante porque nos  enseña  a despertar cómo trabaja el ego, algunas veces tan solapada y sutilmente que no comprendemos que es el ego. Podemos incluso creer que estamos siendo de gran ayuda, que estamos haciendo cosas maravillosas, pero  en realidad podemos estar meramente bajo el dominio de la mente egoísta. La mente despierta, la mente perceptiva es la que tenemos que cuidar nutrir como haríamos con un jardín, si estuviéramos interesados en él.

          Si nos volvemos más conscientes de modos diferentes  –viendo más, escuchando  más, pensando más, y teniendo  más simpatía y un sentimiento de relación que no es afectado por naderías a nivel externo, quizás cambiará la calidad misma de nuestra vida. Cuando nuestro pensamiento se vuelva claro y nuestro razonamiento lógico, no distorsionado, nuestra naturaleza  entera será más armoniosa. Todas estas posibilidades están en la mente. El pensamiento tiene sus limitaciones, pero éstas pueden ser  destruidas. El pensamiento puede volverse parte de una comprensión y sabiduría crecientes y en expansión, a vida y a las relaciones.

 

 

Anterior
Página 5
Siguiente