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Vol. 129 - Número 4 - Enero 2008 (en Castellano) |
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ALOCUCIÓN PRESIDENCIAL
Radha Burnier
Queridos hermanos: Les doy la bienvenida a todos a esta 132ª Convención Internacional. El hecho de que tantos miembros de diferentes países del mundo se reúnan aquí, muestra que encuentran en la Convención de Adyar, algo valioso e inspirador. Hay algunos que vienen año tras año, y considero que esto es un gran estímulo para realizar la Convención en Adyar, el lugar que los Fundadores eligieron, y donde la mayoría de nuestros respetados líderes pasaron sus vidas, independientemente del clima y otras condiciones que pueden no haber sido a las que estaban acostumbrados. Invoquemos las bendiciones de nuestros Hermanos Mayores, que siempre trabajan para estimular a las personas para que se eleven a un comportamiento y a una vida humana:
Que Aquéllos que son la encarnación del Amor inmortal, bendigan con Su ayuda y guía esta Sociedad, fundada para ser un canal para Su trabajo. Que Ellos la inspiren con Su Sabiduría, la fortalezcan con Su Poder, y la energicen con Su Actividad
Es natural para nosotros volver nuestra atención este año hacia el Presidente Fundador, Coronel Henry Steel Olcott, y ver en su vida un ejemplo a seguir que es inspirador para nosotros. Muchas de nuestras Ramas han estado honrando sus actividades, y no hay ninguna duda, planeando continuar con vigor y entusiasmo el trabajo que comenzaron. Estamos ciertamente conscientes que una de las principales características de su vida fue su total consagración y devoción a los altos propósitos de nuestra Sociedad. El Coronel Olcott pudo haber cometido errores, pero estuvo siempre listo para corregirlos y hacer el trabajo de elevar la conciencia humana al máximo grado posible. Tal vez necesitamos recordar nuestros propios poderes para hacer lo mismo, hasta que un día la humanidad haya alcanzado un estado de unidad.
El trabajo que tenemos que hacer es despertar y energizar la mente, la nuestra como también la de otros, al real propósito de nuestras vidas. Para hacer esto, no es necesario decirlo, nosotros mismos debemos volvernos relativamente conscientes de la condición general de la humanidad. Esto no es tan fácil. A menudo nos vemos envueltos de tal manera en nuestro trabajo cotidiano que ponemos poca atención a los acontecimientos fundamentales en el mundo y a las ilusiones que conducen a la humanidad en una dirección que no es beneficiosa.
Si observamos más cuidadosamente a la presente generación vemos que hay una peligrosa tendencia a perderse en los placeres del momento, sin saber qué más hacer. Los periódicos, que acostumbraban contener asuntos más serios, están ahora inclinados a someterse a las presiones de personas que están ocupadas en trivialidades, y el mundo está siendo descarriado por la habilidad para inventar nuevos placeres. ¿Estamos nosotros, que clamamos estar interesados en la Teosofía, haciendo lo mismo? ¿Cuántos de nosotros tenemos la fuerza para ir en busca de luz respecto a los verdaderos propósitos de la vida humana y ayudar a otros a hacer lo mismo? Esta es una pregunta importante. No olvidemos que el Coronel Olcott y Madame Blavatsky establecieron un nuevo curso para liberar a la gente de su absorción en superficialidades.
Otra cosa que ellos trataron de producir fue una actitud más amplia hacia la vida. La mente de miembros de la Sociedad estuvo una y otra vez atraída por las posibilidades humanas para vivir de una manera nueva, y la mente fue guiada de los intereses puramente personales a los asuntos más amplios de la humanidad. Si los seres humanos llegan a estar bastante menos interesados en sí mismos y mucho más en la humanidad como un todo, el mundo ciertamente llegará a ser diferente. Las condiciones están conduciendo lentamente hacia eso: el mundo se está acercando de muchas maneras. Pero ¿eso nos ayudará a despertar a la totalidad de la vida, no sólo a la vida de los seres humanos, sino a la de todos los habitantes de esta tierra? Puede haber diferencias de forma, de atracciones emocionales y mentales, de intereses en general, pero el hecho es que tenemos que aprender a movernos en armonía y buena voluntad hacia todo para alcanzar un fin que es más alto y más noble que lo que hemos conocido.
El primer Objetivo de la Sociedad Teosófica trata de producir esta actitud. Sin duda tenemos intereses y ocupaciones diferentes, algunos de las cuales tienen poco que ver con los propósitos del sendero evolutivo. Dejando a éstos de lado, podemos apreciar el hecho de que a pesar de todas nuestras diferencias e intereses, seguimos siendo humanos, es decir, tenemos algo que todos compartimos nuestra humanidad las cualidades que pertenecen esencialmente a todos los seres humanos. Así, en la medida que seguimos tratando de alcanzar niveles más elevados, podemos sin embargo, a pesar de nuestras dificultades, sentir que somos uno. Hay seres humanos que ciertamente sienten esto, y podemos decir que están unidos debido a ello. Naturalmente que otros tienen que aprender a sentirlo. El primer Objetivo de la Sociedad es por tanto de importancia mundial para toda la humanidad.
Lo que se destaca en el segundo Objetivo es dejar de poner atención simplemente a aprender a vivir cómodamente, y ponerla en lo que podemos llamar valores elevados. La Sociedad Teosófica no dice cuál religión particular es la mejor, pero señala a la religión en su totalidad como algo que puede conducir hacia el progreso humano. Es por esto que se fomenta el estudio de la religión y forma parte de los objetivos de la Sociedad. El estudio de la religión tiene que ser no personal y fundamental ─ la religión en sí misma. Así los seres humanos pueden elevarse a niveles más elevados de conocimiento y comprensión. Éste es un asunto que surge en las mentes de todas las personas pensantes o aspirantes. De manera similar, las palabras ‘filosofía’ y ‘ciencia’ transmiten mucho a aquellos que perciben la filosofía no como un conjunto de ideas sectarias, sino como una manera de pensar que ve todo como parte de una totalidad. El miembro verdadero de la Sociedad Teosófica se da cuenta intuitivamente de que hay una unidad en la vida toda, y que hay maneras de descubrirla. La ciencia ayuda en esta búsqueda, como puede verse más y más a través de sus descripciones, diciéndonos que todas las formas diferentes son interdependientes. Al principio la ciencia parecía estar basada en la separación, pero ahora ha llegado a ese punto en donde ve la unidad en el proceso total de la manifestación.
De tal manera que la Religión, la Filosofía y la Ciencia, en un sentido general, no de modo formal, pueden conducirnos a nuestro destino natural ─ esto es, hacia planos más elevados de comprensión. Hoy la mayoría de las personas están empeñadas en descubrir mejores modos de vida física, pero esto no es fundamental. Lo importante es hacer que la mente se eleve de niveles materiales a niveles superiores de percepción, y por lo tanto la mente debe ser utilizada para sondear en la naturaleza de la relación no física.
Cuando llegamos al tercer Objetivo, del cual sabemos muy poco, podemos no obstante ver su importancia si logramos siquiera percibir que el Universo mismo opera de acuerdo con ciertas leyes. Existen poderes latentes en nosotros, que al volvernos seriamente hacia ellos, nos acercaran aún más al corazón de la Naturaleza. Este Objetivo sólo puede ser practicado por personas que tratan de vivir de acuerdo con los otros dos objetivos a los cuales nos referimos brevemente. Cuanto más vivamos de acuerdo con los primeros dos Objetivos siendo uno la habilidad para estar en armonía con todo, y el otro dejar de lado las preocupaciones menores que la vida nos impone y volvernos hacia cuestiones más importantes, a saber, la Religión, la Filosofía y la Ciencia tanto más podremos comenzar a comprender plenamente al tercero.
El tercer Objetivo de la Sociedad es el que puede llevar a la persona más allá de sí misma cuando alcanza un nivel universal en todo sentido, y no está interesado por pequeñas cosas que son de interés para el ser humano promedio. Hasta ahora hemos tratado de que nuestras vidas sean satisfactorias, y algunas veces sentimos que en cierta medida hemos tenido éxito en lograr nuestro deseo, pero eso no nos lleva muy lejos, porque continuamos aferrándonos a las varias acciones que ayudan a atarnos al nivel prehumano. Cuando llegamos a ser capaces de leer poesía o de resolver algunos de los grandes enigmas que nos presenta la vida, y así sucesivamente, sentimos que hemos llegado a alguna parte. Pero la vida universal no necesita ninguna realización de sí misma, y la palabra ‘realización’ no tiene ningún significado en ese nivel.
De tal manera que si realmente investigamos la Naturaleza y vamos más allá de lo que sentimos que puede ser conocido, sacará a relucir todos los poderes latentes en nosotros y nos elevará sobre nuestra estatura presente. El conocimiento que es ilimitado, y el amor universal, que pueden vencer todas las dificultades normales, tienen la capacidad de ver qué está realmente frente a nuestros ojos pero que permanece oculto porque nuestra visión es limitada. Para decir esto en forma sencilla, nos ponemos en contacto con lo Eterno la transformación más importante que tendrá lugar llevando a la persona de la animalista conciencia centrada en el yo a la conciencia universal no egoísta. Cuando se realiza esta libertad, esa unidad de vida, sabe que la unicidad pertenece a la vida misma y no a ninguna persona en particular.
Cuando una persona piensa, ‘Soy virtuoso, generoso, etc.’, ya no hay ningún mérito en ella. La virtud es lo que es, debido a que las maravillosas cualidades que conocemos pertenecen a la vida y no a ninguna persona. Por eso los griegos afirmaron que la virtud pertenece a esa totalidad, a la conciencia suprema, y no a uno mismo. Todas las ideas que tenemos son respecto a ‘mi mismo’, y por consiguiente, desde un punto de vista más elevado, son falsas.
Existen esas personas excepcionales que por una profunda reflexión abandonan todo indicio de apego al concepto de ego son los santos seres. Tales personas son algunas veces muy sencillas, ni siquiera están interesadas en la filosofía, pero han sido capaces de liberarse del ego. Son santas porque son libres y la unicidad está floreciendo en ellas. Todas las facultades se desarrollan en una persona que es santa y ‘sencilla’, y de ella brilla la sabiduría. Una persona así nace en el mundo para ayudar a otros, y si lo hace produce un gran cambio en las personas con quienes habla y se pone en contacto. Hay solamente acción pura: es una clase de declaración mística sobre la cual nosotros tenemos que reflexionar, y el significado tiene que ser descubierto por nosotros mismos. La acción pura es aquella en la cual no hay reacción a nada.
De modo que cualquier aspecto en la vida humana en donde existe la fuerte y clara realización de que la parte total del ego que hace que una persona piense que es virtuosa, inteligente, etc., no es real, ni de valor. La virtud es realmente ese movimiento desde lo interno, así como el sol cuando se levanta y lanza su luz sobre el mundo y pone en escena la forma y colores de todo lo que es bello y verdadero. Es amor, e ilumina la belleza, la verdad, la armonía, y todo lo glorioso en otros. El amor es acción real. µ
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