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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 129 - Número 3 - Diciembre
2007 (en Castellano)

 
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Estudios sobre La Voz del Silencio,  parte 8

 

John Algeo

 

(El Dr. John Algeo es el Vicepresidente internacional de la ST  y Profesor Emeritus  de la Universidad de Georgia, EUA, con varias distinciones académicas en su haber.)

 

El fragmento II de La Voz del Silencio se titula “Los dos Senderos”, y dicho título señala su metáfora dominante: un camino que se bifurca en dos senderos, entre los cuales debe hacerse una elección. Ninguno de los dos senderos es incorrecto, y finalmente ambos llevan al mismo lugar, pero durante su trayecto pasan a través de diferentes paisajes. Sin embargo, la elección entre los dos no es sin consecuencias, y el Fragmento claramente nos urge a elegir a uno en particular.

La importancia de elegir en nuestras vidas no puede ser subestimada. La doctrina de karma nos dice que toda acción tiene una consecuencia inevitable. Pero karma no determina qué acción realizaremos. Cuando nos enfrentamos con la necesidad de actuar, nosotros, como Arjuna en el Gitā, debemos elegir qué haremos. Y nuestra elección determina lo que sigue; también determina nuestra propia naturaleza, porque al elegir, nos creamos o nos descubrimos. En un cuento de ficción que es muy popular en todo el mundo, un gurú mago le dice a un joven que está en el proceso de descubrir quién y qué es, “Harry, mucho más que nuestras habilidades, son nuestras elecciones lo que muestra lo que realmente somos” (Harry Potter y la Cámara Secreta, pag.245. Esta declaración no es ni ficción ni fantasía, sino una verdad sencilla y seria. De esto se trata el Fragmento II.

 

VERSOS [101-111]. Uno de los más grandes instructores dijo, “Pide, y se te dará; busca, y hallarás; golpea, y se te abrirá” (Mateo 7:7). Los candidatos solicitan al instructor que los instruya sobre cómo proceder, así como Arjuna le pide a Krishna en el Gitā, y el maestro les habla sobre los dos senderos.

 

[101] Y ahora, Oh Maestro de Compasión, señala el camino a los demás hombres. Contempla a todos aquellos que llamando para ser admitidos, esperan en la ignorancia y la oscuridad ver abrirse repentinamente la puerta de la Dulce Ley .

 

La voz de los candidatos:

 

[102] ¿No nos revelaras, Maestro de tu propia misericordia, la Doctrina del Corazón?1 ¿Rehusarás guiar a tus siervos hacia el Sendero de la Liberación?

 

Dice el Maestro:

 

[103] Los senderos son dos, las grandes Perfecciones tres, seis son las Virtudes que transforman el cuerpo en el Árbol de Conocimiento.2

[104] ¿Quién se aproximará a ellos?

[105] ¿Quién será el primero que entrará en ellos?

[106] ¿Quién escuchará primeramente la doctrina de los dos Senderos en uno, la verdad sin velos acerca del Corazón Secreto? 3La Ley que, rehusando aprender, enseña la Sabiduría, revela una historia triste.

[107] ¡Ah! ¡Triste es que todos los hombres posean  Alaya, que sean uno con la Gran Alma, y que poseyéndola, Alaya les aproveche tan poco!

[108] Contempla cómo, a semejanza de la luna que se refleja en las tranquilas aguas, Alaya se refleja en lo pequeño y en lo grande, en los átomos diminutos,  y sin embargo no logra  alcanzar el corazón de todos. ¡Ay!, ¡que tan pocos hombres se favorezcan del don, el invalorable beneficio de aprender la verdad, la correcta percepción de las cosas existentes, el conocimiento de lo no existente!

 

Dice el discípulo:

 

[109] Oh, Maestro, ¿qué debo hacer para alcanzar la Sabiduría?

[110] Oh, tú Sabio, ¿qué haré para obtener la perfección?

 

Dice el Maestro:

 

[111] Ve en busca de los Senderos. Pero, Oh Lanú, ten el corazón puro antes de comenzar tu viaje. Antes de dar el primer paso aprende a discernir lo real de lo falso, lo siempre fugaz de lo sempiterno. Aprende sobre todo a separar el conocimiento de la cabeza de la Sabiduría del Alma, la doctrina del “Ojo” de la del “Corazón”.

 

COMENTARIO. El Fragmento I concluyó con el lanú, el aprendiz, sentado debajo del árbol Bodhi, “que es la perfección de todo conocimiento”, cuando se convirtió en “el Maestro de Samādhi, el estado de la perfecta visión”. La imagen es claramente la del Buda en el momento de su iluminación. Pero la iluminación, como todo en el mundo, es un fenómeno cíclico. Obtenida la iluminación en un ciclo, el lanú que se convierte en Maestro, asume su nuevo rol en otro ciclo de iluminación, en el que instruye a otros candidatos para llegar a la misma meta, pero en periodos diferentes.

Por lo tanto, el verso 101 se dirige como al “Maestro de Compasión” a la figura debajo del árbol Bodhi y le pide que señale el camino a todos los demás que están aún afuera, tratando de entrar, esperando en la oscuridad de la ignorancia que él abra esa puerta. Aún se continúa con la alusión a la iluminación del Buda. Porque después que Buda obtuvo la iluminación, consideró mantener para sí lo que había aprendido y retirarse del mundo.  Sin embargo se levantó de abajo del árbol y se dedicó a enseñar  a los demás la “Dulce Ley”, es decir, el dharma.

La voz de los Candidatos en el verso 102 es la de aquellos que están en la ignorancia y en la oscuridad, esperando la luz del conocimiento. Le piden al Maestro de Compasión que les revele la Doctrina del Corazón. Una glosa referida a ese término introduce la dicotomía que es el tema principal de este Fragmento:

 

Glosa 1. Las dos escuelas de la doctrina de Buda, la esotérica y la exotérica, son llamadas la doctrina del “Corazón” y la del “Ojo” respectivamente. Bodhidharma las llamó en China – por donde los nombres llegaron al Tibet – la escuela tsungmen (esotérica) y la kiaumen (exotérica).  El primero se llama así porque es la enseñanza que emanó del corazón de Gautama Buda, mientras que la doctrina del “Ojo” fue la obra de su cabeza o cerebro. La Doctrina del Corazón se llama también el “sello de la verdad” o el “sello verdadero”, un símbolo encontrado en el encabezamiento de la mayoría de las obras esotéricas.

 

El Instructor responde en el verso 103 comenzando la exposición de la Doctrina esotérica del Corazón. Menciona dos Senderos, tres Perfecciones, y seis Virtudes. Los dos Senderos son el tema de este Fragmento; su identidad se va revelando a medida que leemos el Fragmento. El término sánscrito pāramitā se traduce tanto como “perfección” o como “virtud”, y hay muchas listas que especifican varios números de esas perfecciones o virtudes. En el tercer Fragmento, una de las tres Perfecciones se dice que es “la total eliminación de todos los intereses mundanales” (glosa 34 del verso 306). Las seis Virtudes Pāramitā se tratan extensamente también en el próximo Fragmento (versos 198, 207-13). Se dice en el verso 103 que ellas “transforman el cuerpo en el Árbol del Conocimiento”. Se explica de la siguiente manera:

 

Glosa 2. El “árbol del conocimiento” es un título dado por los seguidores del Bodhidharma (Religión de la Sabiduría) a aquellos que han alcanzado las alturas del conocimiento místico, los adeptos. Nāgārjuna, el fundador de la escuela Mādhyamika, fue llamado el “Árbol Dragón”. El dragón se presenta como un símbolo de Sabiduría y Conocimiento. Se honra al árbol porque debajo del árbol Bodhi (sabiduría), Buda recibió su nacimiento e iluminación, dio su primer sermón y murió.

 

El verso 106 se refiere a “la doctrina de los dos Senderos en uno”. Esto alude al hecho que los dos Senderos llevan a la misma meta, por diferentes que ellos parezcan. Una glosa explica que el “Corazón Secreto” se refiere a la Doctrina esotérica del Corazón:

 

Glosa 3. El “Corazón Secreto” es la doctrina esotérica.

 

Este verso también da a entender que, como la Sabiduría se enseña a través de la Doctrina esotérica del Corazón, el conocimiento se enseña a través de la Doctrina exotérica del Ojo. La Sabiduría de la Doctrina del Corazón revela una historia triste quizás por dos razones. Primero, exotéricamente, la enseñanza del Buda es que la vida en este mundo es tristeza. Nada tiene un centro permanente, todo esta cambiando, y todo es dolor porque la codicia, el enojo y la ignorancia afectan nuestras percepciones de este mundo. Solamente apagando el fuego de nuestra codicia, enojo, e ignorancia podemos escapar de las penas del mundo. Segundo, esotéricamente, somos llamados a no abandonar a nuestros prójimos en este mundo triste, aún cuando nosotros podemos escapar de él, no abandonarlos, sino por el contrario, aunque podamos entrar al Nirvâna (el estado en el que se han apagado los fuegos de la pasión) permanecer en este mundo de tristeza para ayudar a otros.

Ālaya, mencionada por primera vez en el verso 107, se dice en La Doctrina Secreta (1:47) que es la misma que  anima mundi, el “alma del mundo”, y el Glosario Teosófico dice que es idéntica a ākāsa y a mulaprakriti: “es el fundamento o raíz de todas las cosas”. El término sánscrito significa literalmente un “almacén o depósito”. Por tanto, Ālaya es la Abundancia, lo Pleno, el potencial infinito de todo lo que es, fue, será, o podría ser. Todos somos uno con ella porque somos realizaciones o expresiones de ella. Y debido a que provenimos de ella, compartimos su potencial ilimitado de ser y llegar a ser. Ālaya, la totalidad, se refleja en cada parte del universo. Cuando reconocemos que nosotros y todo lo demás en el multifacético universo  está enraizado en Ālaya, tenemos una percepción correcta de las cosas existentes y un conocimiento de la fuente de todo.

 

En los versos 109-110, el discípulo quiere saber qué hacer. Como todo estudiante, en realidad como todos nosotros, este discípulo quiere que se le de simple y claramente la respuesta, que no se le den instrucciones ambiguas. Pero el Instructor responde, como deben hacerlo todos los instructores, que los discípulos deben buscar y encontrar el Sendero por ellos mismos. Todo lo que el Instructor puede hacer es dar instrucciones para la preparación preliminar. Estas instrucciones son “ser puro de corazón” y “aprender a discernir lo real de lo falso . . . lo siempre fugaz de lo imperecedero . . .  discernir entre el conocimiento de la cabeza del de la Sabiduría del Alma”.  Estas dos instrucciones se repiten en otras guías hacia el Sendero. Así, en “La Escala de Oro” el primer y tercer escalón son muy similares a “ser puro de corazón”:

 

Contempla la verdad ante ti: vida limpia, mente abierta, corazón puro, intelecto despierto, percepción espiritual sin velos, fraternidad hacia el condiscípulo, presteza para dar y recibir consejo e instrucción, leal sentimiento del deber hacia el Instructor, obediencia voluntaria a los mandatos de la VERDAD una vez que hemos puesto nuestra confianza en ese Instructor, y creemos que Él la posee, valeroso ánimo para soportar las injusticias personales, enérgica declaración de principios, valiente defensa de los que son injustamente atacados, y mirada siempre fija en el ideal y la perfección humana que nos revela la Ciencia Secreta (Gupta Vidyā) – estos son los escalones dorados por cuyos peldaños el estudiante puede ascender hasta llegar al Templo de la Sabiduría Divina.

 

Y en A los Pies del Maestro, la primera cualidad para entrar al Sendero es discernimiento (Viveka, en sánscrito), que es la habilidad de “discernir lo real de lo falso” y en general distinguir entre alternativas. La segunda cualidad es ausencia de deseo o desapego. El término sánscrito para esta cualidad, vairāgya, significa estar “sin pasiones o apegos”, es decir, “limpios de corazón”. Entonces en efecto, el Instructor le está diciendo al discípulo que practique las dos primeras cualidades para entrar al Sendero. Esto es todo lo que cualquier Instructor puede hacer – no enseñarle conocimientos al discípulo, sino solamente mostrarle cómo aprender.

 

MEDITACION. 1. T. S. Elliot escribió: “En mi final está mi principio”. Medite en esta sentencia como un koan.

2. Robert Frost escribió un poema sobre un camino que se dividía en dos y sobre tomar “el camino menos transitado”, lo cual hizo que su vida fuera muy diferente. Visualice un camino que se bifurca. Piense en aquellos caminos con bifurcaciones que ha encontrado en su propia vida, las elecciones que hizo, y los caminos poco frecuentados.

3. Visualice una luna reflejada en olas suaves. ¿Cuál es el efecto visual del reflejo en las aguas? ¿Cuántas lunas aparecen en ellas? ¿Cómo se relaciona esto con el concepto de Ālaya?.

 

VERSOS [112-122]. Los próximos once versos introducen una serie de imágenes vívidas, todas relacionadas con nuestra necesidad de establecer contacto entre nuestra personalidad de esta vida y nuestro Yo atemporal: un pájaro encerrado en una tinaja, un espejo acumulando polvo, un tonto en la cima de una torre elevada y pan hecho con harina molida en un molino. También continúan el tema del conocimiento de la cabeza y la Sabiduría del Alma, la Doctrina del Ojo y la Doctrina del Corazón, que aparecieron al final del último grupo de versos. Las imágenes son apropiadas a ese tema, ya que la doctrina del Ojo del conocimiento cerebral pertenece a la personalidad, mientras que la doctrina del Corazón de la Sabiduría del Alma pertenece al Yo intemporal dentro de nosotros.

 

[112] Sin duda, la ignorancia se asemeja a una vasija cerrada y sin aire; el alma es como un pájaro preso en su interior. No gorjea ni puede mover una pluma, mudo y aletargado queda el cantor, y exhausto muere.

 

[113] Pero aun la ignorancia misma es preferible al conocimiento cerebral, si éste no tiene la Sabiduría del Alma para iluminarla y guiarla.

 

[114] Las semillas de la Sabiduría no pueden germinar y desarrollarse en un espacio sin aire. Para vivir y cosechar experiencia, necesita la mente anchura y profundidad y fines que la atraigan al Alma-Diamante.4 No busques tales fines en el reino de Maya; remón­tate por encima de las ilusiones, busca al eterno e inmutable Sat, 5 desconfía de las falsas sugestiones de la fantasía.

 

[115] Porque la mente es parecida a un espejo; se cubre de polvo mientras refleja. 6 Necesita las suaves brisas de la Sabiduría del Alma para que arrebaten el polvo de nuestras ilusiones. Procura, principiante, fundir tu mente con tu Alma.

 

[116] Huye de la ignorancia, huye igualmente de la ilusión. Aparta tu faz de las decepciones mundanales; desconfía de tus sentidos, porque son falsos. Pero en lo interior de tu cuerpo, en el sagrario de tus sensaciones, busca en lo impersonal al “Hombre Eterno” 7, y una vez lo hayas encontrado, mira hacia dentro: eres Buddha. 8

 

[117] Rechaza el aplauso, oh tú, devoto. El aplauso conduce al auto-engaño. Tu cuerpo no es el Yo; tu YO existe por sí mismo independientemente del cuerpo, y no le afectan ni los elogios ni los vituperios.

 

[118] La propia alabanza, discípulo, es a manera de una torre elevada, a la cual ha subido un tonto presuntuoso, que permanece allí en orgullosa soledad e inadvertido de todos, excepto de él mismo.

 

[119] El falso saber es desechado por el sabio y esparcido a los vientos por la buena ley. Su rueda gira para todos, así para el humilde como para el soberbio. La “Doctrina del Ojo” 9 es para la multitud; la “Doctrina del Corazón” es para los elegidos. Los primeros repiten con orgullo: “Miren, yo sé”; los segundos, aquellos que humildemente han recogido la cosecha, en voz baja dicen: “Así he oído yo”. 10

 

[120] “Gran Tamizador” es el nombre de la «Doctrina del Corazón», discípulo.

 

[121] La rueda de la buena ley se mueve rápidamente. Muele de noche y de día. Separa del dorado grano la despreciable cascarilla, y de la harina los desechos.
La mano del Karma guía la rueda, y sus vueltas marcan los latidos del corazón kármico.

 

[122] El verdadero saber es la harina; el conocimiento falso es la cascarilla. Si quieres comer el pan de Sabiduría, tienes que amasar tu harina con las límpidas aguas de Amrita  (inmortalidad); pero si amasas las cascarillas con el rocío de Maya  no harás sino preparar alimento para las negras palomas de la muerte, para las aves de nacimiento, miseria y dolor.

 

COMENTARIO. Los versos 112 al 116 tienen como tema el triple contraste entre la ignorancia, la información ilusoria o “conocimiento cerebral”, y el verdadero conocimiento o “sabiduría del alma”.

La Sabiduría del Alma es la gnosis, el verdadero saber, que al conocerla, como dicen los Upanishad, uno no necesita saber nada más. Es conocimiento de Sí mismo o Auto-conocimiento, el saber que somos el Yo uno, que es en realidad todo lo que es. Sólo los verdaderos sabios tienen esta gnosis; ellos son los Maestros de Sabiduría.

La ignorancia es la falta de gnosis (literalmente: in- “no” + gnoscere “saber”).

El conocimiento cerebral o información ilusoria es tener un cúmulo de datos sin saber qué significan. Hoy día vivimos en lo que ha sido llamado un estallido de información, pero es una explosión de datos, y no de sabiduría. Oscar Wilde dijo que un cínico es aquel que sabe el precio de todo y el valor de nada. Eso es conocimiento cerebral. Es confundir la ilusión o las falsas sugerencias de la fantasía con el conocimiento verdadero.

De los tres, la Sabiduría del Alma es obviamente la preferida por La Voz. Pero la ignorancia es preferible al mero conocimiento cerebral, porque aquellos que poseen este último es probable que supongan que saben algo importante y por lo tanto ignoran su propia falta de Sabiduría del Alma. Por otro lado, el verdadero ignorante será conciente de su propia falta de conocimiento y por lo tanto tendrá el potencial para adquirir la Sabiduría del Alma. El genuinamente ignorante estará buscando la verdad. Aquellos que  son eruditos sólo en el nivel cerebral supondrán que saben y por consiguiente serán cerrados de mente.

El contraste de estos tres aspectos es como el de las tres gunas (o cualidades de la materia), que son sattva (o armonía), rajas (o actividad frenética), y tamas (o inercia). Tradicionalmente las gunas son evaluadas, siendo tamas la menos deseable porque es difícil hacer que un cuerpo estático se mueva. Rajas puede ser movimiento desorganizado, pero al menos es movimiento que se puede convertir en armónico. El conocimiento cerebral es tamásico. La ignorancia es rajásica. La Sabiduría del Alma es sátvica.

Una cuádruple clasificación relacionada dice que hay cuatro tipos de personas: (1) aquellos que saben y son concientes de que saben, a quienes deberíamos seguir porque están en posesión de la Sabiduría del Alma sátvica; (2) aquellos que saben pero no son concientes de que saben, a quienes deberíamos despertar porque tienen un tipo de ignorancia; (3) aquellos que no saben y están al tanto de ello, a quienes deberíamos instruir porque tienen otro tipo de ignorancia; (4) aquellos que no saben y no son concientes de que no saben, de quienes deberíamos alejarnos porque tienen el conocimiento cerebral solamente y por lo tanto son una fuente de problemas.

El pájaro en la vasija cerrada del verso 112 recuerda a un koan Zen: Hay un pájaro en una tinaja la cual tiene sólo una abertura del tamaño de un alfiler en la parte de arriba. ¿Cómo se saca al pájaro sin lastimarlo y sin romper la tinaja? Los koans Zen no tienen respuestas lógicas porque no son acertijos lógicos. Una respuesta a este koan es: “El pájaro está fuera de la tinaja”. Es decir, el pájaro salió de la tinaja de la misma manera en que entró, a través de palabras.  Muchos de nuestros problemas son artificiales, creados por las palabras que utilizamos. Es natural para el alma ir hacia la sabiduría, así como es natural para el pájaro volar libremente en el aire.

El verso 114 menciona al “Alma Diamantina”, que es aquella que tiene sabiduría del alma. Una glosa explica:

 

Glosa 4. “Alma Diamantina”, Vajrasattva, un título que se da al supremo Buda, el Señor de todos los Misterios, llamado Vajradhara y Âdi-Buddha.

 

Vajra significa “diamante” o “rayo”, y cuando se usa solo se refiere a “iluminación”, que es tan repentina como un relámpago y tan indestructible como el diamante. Es un término asociado particularmente con el Budismo Tibetano, una de cuyas formas es conocida como Vajrayana, “el vehículo diamantino”. Vajrasattva es literalmente “naturaleza armoniosa diamantina” (sattva es la guna referida anteriormente), que es la naturaleza del Buda. Vajradhara es “El que sostiene el vajra”. Âdi-Buddha es el primero, el Buddha original o primordial (Buddha), un término para lo Absoluto.

El mismo verso menciona a sat, con el siguiente comentario:

 

Glosa 5. Sat, la Realidad y la Verdad eterna y absoluta, siendo ilusión todo lo demás.

 

Sat es el presente participio del verbo sánscrito “ser”, equivaldría a “siendo”. Sin embargo se usa como un término para lo Absoluto, cuya naturaleza es, como HPB lo llama en La Doctrina Secreta, “se-idad”, la esencia fundamental de lo que es. De eso se trata la Sabiduría del Alma.

El verso 115 contiene la famosa metáfora: “la mente es como un espejo; acumula polvo mientras refleja”. HPB no inventó la metáfora, pero identifica su origen en una glosa:

 

Glosa 6. De la doctrina Shin-Sieu, que enseña que la mente humana es como un espejo que atrae y refleja todo átomo de polvo, y tiene que ser, como ese espejo, vigilada y quitarle el polvo todos los días. Shin-Sieu fue el sexto Patriarca del Norte de China que enseñó la doctrina esotérica del Bodhidharma.

 

La metáfora es universal, por ejemplo, San Pablo también la usa en su Primer Epístola a los Corintios (13:11): “Porque ahora vemos a través de un vidrio turbio, pero entonces veremos cara a cara; ahora conozco de un modo parcial; pero entonces conoceré como soy conocido.” El “vidrio” en ese pasaje es un vidrio para mirarse, es decir, un espejo. La idea, que es básicamente la misma que en La Voz, es que lo que sabemos sólo es un reflejo de la realidad, sujeto a las distorsiones de un espejo antiguo o del polvo que se junta sobre él. El polvo es nuestra experiencia acumulada de conocimiento cerebral ilusorio, que oscurece nuestra visión de la realidad.

La referencia a la mente y al Alma en el verso 115 sugiere otra triplicidad que coincide con la tratada centralmente en estos pasajes: concretamente, cuerpo, mente y alma. El cuerpo es ignorancia; la mente es conocimiento cerebral, y el alma es Sabiduría del Alma. Tenemos los tres en nosotros mismos, y para ser íntegros (santos o iluminados) debemos armonizarlos.

El verso 116 nos aconseja rechazar la ignorancia (del cuerpo) y la ilusión (del conocimiento cerebral) pero, permaneciendo en el cuerpo, buscar la eterna naturaleza Buddha en el aspecto impersonal de nosotros mismos, es decir, el yo reencarnante que persiste, que se vuelve iluminado a través de la unión conciente con la realidad más elevada. Dos glosas comentan sobre estos aspectos:

 

Glosa 7. El Ego reencarnante es llamado por los Budistas del Norte, el “hombre verdadero”, que se convierte en un Buda al unirse con su Yo Superior.

 

Glosa 8. “Buda” significa “Iluminado”

 

Los versos 117-119 son advertencias contra el orgullo, el defecto especial del conocimiento cerebral. La imagen de una torre a la cual se subió un tonto en el verso 118 podría sugerir la ilustración de la Torre en las cartas del Tarot, que la muestra derrumbándose  y una figura, un tonto quizás, cayéndose desde su cima.

La referencia en el verso 119 a la “Doctrina del Ojo” y la “Doctrina del Corazón” relaciona a estos con el conocimiento cerebral y la Sabiduría del Corazón, respectivamente, y la glosa 9 del verso 119 vuelve a remitir a la distinción entre las enseñanzas exotéricas y esotéricas.

 

Glosa 9. [Ver glosa 1 en el verso 102] El budismo exotérico de las masas.

 

La siguiente glosa referida a la confesión de aquellos que siguen la Doctrina esotérica del Corazón, “así he oído”, enfatiza la advertencia contra el orgullo y el auto-engrandecimiento:

 

Glosa 10. La fórmula usual que precede a las escrituras budistas, significando que lo que continúa es lo que ha sido recogido por tradición directa y oral de Buda y los Arhats.

 

Esta fórmula confesional no es un llamado a una autoridad arbitraria, sino una renuncia a la autoridad personal. Dice, como HPB dijo repetidamente en sus escritos; “No he inventado esto, sino que es lo que he escuchado de aquellos que saben más que yo”.

Los versos 120-122 introducen una nueva metáfora, la del molino que muele la harina a partir de la cual se hace el pan. El molino es la “buena ley” o la “Doctrina del Corazón”, es decir, las enseñanzas esotéricas. La mano de karma maneja al molino, es decir, por los resultados de nuestras propias acciones pasadas. El grano que muele es la experiencia humana. Las cascarillas o desperdicios que aparta es esa parte de nuestras experiencias de vida que no es útil para siempre, todo lo que es oscuro, insignificante, estrecho, y limitado en nuestras vidas, y especialmente el conocimiento falso o cerebral. La harina que el molino produce es el verdadero conocimiento, gnosis, auto-descubrimiento. Si tratamos de combinar esa harina de conocimiento verdadero con el rocío de Maya (las ilusiones de este mundo, el conocimiento cerebral), el resultado no durará, sirviendo solamente como comida para las palomas de la muerte. Pero si la mezclamos con las aguas de amrta (que en las notas de HPB significa “inmortalidad”, o lo que sobrevive a una encarnación), el pan que surge es Sabiduría, que alimenta al alma.

Estos tres versos están diciendo que nosotros arribamos a las enseñanzas esotéricas debido a karma de nuestra propia creación. Si nos rendimos a esas enseñanzas, ellas separarán lo que es transitorio e inservible en nosotros de lo que es de valor duradero, aquello que puede ser absorbido en nuestro reencarnante Yo permanente, y eso es realmente el Pan de Vida.

 

MEDITACIÓN. Los siguientes versos contienen un número de imágenes dramáticas y sorprendentes. Tome una de estas imágenes y visualícela claramente. Observe cada detalle de la figura y de la acción involucrada en ella. Manténgala firmemente en la mente. Permítale que le hable.

 

“Un ave encerrada en una vasija sin aire, de la cual debe escapar”

 

“Un espejo cubierto de polvo, el cual es luego limpiado  por suaves brisas”

 

“Una torre alta, en cuya cima se ha trepado un tonto presumido, que está sentado y solo”.

 

“Un molino moliendo granos, haciendo harina, que es mezclada con agua dulce para hacer pan”.

 

 

La meta de la vida humana es la perfección; no en el sentido en que seremos capaces de manejar o gobernar todas las cosas (que simplemente constituiría una gran interferencia con los experimentos de otras personas), ni que deberemos conocer todos los hechos y leyes de la Naturaleza (porque los así llamados hechos son sólo formas efímeras, y lo que llamamos leyes son sólo sus cualidades o propiedades generales), sino que no seamos llevados por las circunstancias, que siempre actuemos desde nuestro propio centro verdadero. El hallazgo del centro de nuestro propio ser, y actuar desde ese centro, implica que, bajo cualquier circunstancia, nunca fallan la voluntad, el amor, y el pensamiento, más bien se vuelven libres de esfuerzo, como el discurso de un orador experto, o el toque de un pianista experto, entonces toda excentricidad llega a su fin.

 

Ernest Wood

Natural Theosophy


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