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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 128 - Número 12 - Setiembre
2007 (en Castellano)

 
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LAS CIENCIAS OCULTAS

 Henry Steel Olcott

 Conferencia impartida en Colombo, Ceilán (Sri Lanka), el 15 de junio de 1880 

  

La Naturaleza es un libro con una variedad ilimitada de temas para estudiar y misterios para desentrañar.  Y, en lo que respecta a la Ciencia, lo que  permanece oculto es mucho más de lo que resulta familiar y fácil de comprender.  Desentrañar este hecho,  como resultado del inquirir personal y de conversaciones con los eruditos, fue una de las causas principales de la organización de la Sociedad Teosófica.

Con seguridad estaremos de acuerdo en que, mientras la primera necesidad para el principiante es descubrir la profundidad e inmensidad de su propia ignorancia, lo siguiente es descubrir dónde y cómo puede disiparla.  Primero, debemos prepararnos para ser estudiantes y, luego, buscar un maestro.  ¿Dónde, en qué parte del mundo pueden hallarse los hombres capaces de enseñarnos una parte del misterio escondido detrás de la máscara del mundo de la materia?  ¿Quién tiene el secreto de la Vida?  ¿Quién conoce lo que es la Fuerza y qué hace que produzca sus incontables y eternas correlaciones con las moléculas materiales?  ¿Qué Adepto puede desentrañar para nosotros el problema de cómo y por qué se construyen los mundos?  ¿Puede alguien decirnos de dónde proviene el hombre, hacia dónde se dirige y qué es?  ¿Cuál es el secreto del nacimiento, del sueño, del pensamiento, de la memoria, de la muerte?  ¿Qué es ese Principio eterno y existente por sí mismo  que se cree es la fuente de todo lo visible e invisible, y  cuya naturaleza el hombre dice compartir?

Nosotros, los pequeños hombres modernos, hemos deambulado en busca de este maestro con nuestras linternas de juguete en las manos como si, en lugar de un día claro, fuera de noche. La luz de la verdad brilla siempre, pero nosotros, que estamos  ciegos, no podemos verla.  Si una nueva autoridad se auto proclama, corremos de todas partes y vemos sólo un hombre común con los ojos vendados, sosteniendo una atractiva bandera y soplando su propia trompeta.  El nos dice: “Vengan, vengan buena gente y escuchen al que conoce las leyes de la Naturaleza.  Acepten mi liderazgo, ingresen a mi escuela, entren a mi iglesia, compren mi  panacea y serán sabios y felices por siempre!”  La historia muestra cuántos de estos simuladores hubo, cómo se han impuesto al mundo por un tiempo,  cuántas crueldades y mezquindades han cometido sus seguidores en su nombre, y cómo se han expuesto, en última instancia, sus engaños y fraudes. Hay sólo una verdad, y debe buscarse en el mundo místico de la naturaleza interior del hombre, de manera teosófica y con la ayuda de las ‘Ciencias Ocultas’.

Si bien la historia ha preservado el registro de innumerables fracasos de materialistas que intentaron conocer las leyes secretas de la Naturaleza, también ha guardado los relatos de muchos éxitos alcanzados por los teósofos en esta dirección, para que aprendamos de ellos   No hay secreto de la Naturaleza que no pueda descubrir el estudiante que sabe cómo interrogarla.  Así como los hechos físicos pueden ser observados por el ojo del cuerpo, así también las leyes espirituales pueden ser descubiertas por esa percepción interior que llamamos el ojo del espíritu.  Este poder de percepción es inherente a la naturaleza del hombre;  es su cualidad divina que lo hace superior al bruto.

Lo que llamamos videntes y profetas, y los Budistas conocen como arahat-s y los Arios, como verdaderos sannyasi-s, son sólo hombres que han liberado sus yoes internos de la esclavitud física  mediante la meditación en lugares apartados, donde la tontería del común de la humanidad no podía alcanzarlos y donde se hallaban más cerca del umbral del templo de la Naturaleza.  Quienes por la conquista gradual y persistente de deseo tras deseo, gusto tras gusto, debilidad tras debilidad, sentido tras sentido,   han avanzado hacia la suprema victoria del espíritu.   Se dice que Jesús se apartó de este modo para ser tentado, y también lo hizo Mahoma, que pasaba un día de cada mes solo en la cueva de una montaña, Zoroastro, que emergió de la reclusión de su retiro montañoso sólo a la edad de cuarenta años, y el Buddha, que alcanzó el conocimiento de la causa del dolor y el sendero hacia el Nirvana en sus luchas solitarias en lugares desérticos.

Si lo consideramos atentamente, veremos que cada hombre que realmente penetró en los misterios de la vida y de la muerte alcanzó la verdad en soledad y mediante un enorme esfuerzo de cuerpo y espíritu.  Ellos eran todos teósofos – es decir, buscadores del conocimiento espiritual.  Lo que hicieron, lo que lograron puede ser alcanzado por cualquier hombre que posea las mismas cualidades.  Esta es la lección presentada por la Sociedad  Teosófica.  Del mismo modo en que ellos rechazaron  las iglesias, revelaciones y líderes y arrebataron los secretos del seno de la Naturaleza, así podemos hacerlo nosotros. El Buddha dijo que no deberíamos creer en autoridad alguna, ni siquiera la suya, sino en lo que nuestra razón señala como verdadero.  Comenzó dejando de lado aun a los sagrados Vedas, porque se utilizaban para impedir la investigación teosófica genuina, y a las castas, por ser monopolios egoístas.  Su deseo era abrir de par en par toda puerta que condujera al santuario de la Verdad.

Nosotros organizamos nuestra Sociedad – como lo expresa la primera sección de nuestros estatutos originales - ´para el descubrimiento de todas las leyes de la Naturaleza y la diseminación del conocimiento de las mismas´.  ¿Por qué habríamos de ocuparnos de las leyes conocidas?  Las desconocidas, u ocultas, deben ser nuestro propósito.  Nadie en América ni en Europa puede ayudarnos, excepto en los temas especiales como magnetismo, lectura de cristales, psicometría, y los fenómenos  más sorprendentes de la mediumnidad, agrupados bajo el nombre genérico de espiritismo moderno.  Aunque los Vedas, los Puranas, el Zend Avesta, el Korán y la Biblia están repletos de alusiones sobre lo que expresaron e hicieron teósofos muy evolucionados, se nos dijo que el poder había desaparecido hace tiempo y los adeptos se desvanecieron de la vida cotidiana.  Cuando mencionamos el nombre ´Ciencia oculta´, el biólogo moderno esbozó una sonrisa despectiva y el tonto laico nos miró con desprecio.

Sin duda, era una perspectiva desalentadora pero, en esto como en cualquier otro ejemplo, las dificultades eran más imaginarias que reales.  Se nos dio una clave para tomar el camino correcto de parte de alguien que había pasado largo tiempo viajando, y que había encontrado la ciencia todavía existente, con sus eruditos y maestros practicándola como en la antigûedad .  Las noticias fueron muy alentadoras,  como  la  ayuda a un grupo de náufragos en una playa poco amigable.  Aprendimos a reconocer el valor supremo de los descubrimientos de Paracelso, Mesmer y von Reichenbach como los peldaños hacia las ramas superiores del Ocultismo.  Nos dedicamos a estudiarlas y, cuanto más estudiamos, más clara fue la visión del significado del mito y la fábula asiáticos, y los verdaderos objetivos y métodos de los teósofos ascetas de todas las edades.    Palabras como ´cuerpo´, álma´, éspíritu´, ´Moksha´y ´Nirvana´ adquirieron un significado definido y comprensible.  Pudimos entender lo que los Yoghis querían expresar por la unión con Brama y llegar a ser Brama; por qué el biógrafo de Jesús le hace decir "Yo y mi Padre somos uno"; la manera en que Sankaracharya y otros pudieron desplegar una erudición tan fenomenal sin haberla estudiado en los libros; de dónde adquirió Zarathustra su profunda iluminación espiritual y cómo el Señor Sakya Muni, aunque fue un hombre ´nacido en la riqueza´ pudo, sin embargo, llegar a ser Sabio y Todo Poderoso.

¿Mi oyente aprenderá este secreto?  Que estudie mesmerismo y domine  sus métodos hasta que pueda sumergir al sujeto en un sueño tan profundo que el cuerpo parezca muerto y el alma liberada pueda ser enviada, a su voluntad, alrededor de la tierra o entre las estrellas.  Entonces verá la realidad separada del cuerpo y de su morador.  O que lea la obra del Profesor Denton, ´El alma de las cosas´, y compruebe los recursos ilimitados de la psicometría; una ciencia extraña pero simple que nos permite rastrear, a través de las edades, la historia de cualquier sustancia que haya estado en  manos del psicometrista sensitivo.  Así, un fragmento de una piedra de la casa de Cicerón, o de las pirámides egipcias,  un trozo de tela de la mortaja de una momia,  un descolorido parche,  carta o pintura,  alguna prenda u otro artículo usado por un personaje histórico, o un fragmento de un aerolito – le dan al psicometrista impresiones, que llegan a veces a visiones sumamente vívidas del edificio, monumento, momia, escritor o pintor,  del personaje que ha muerto hace mucho tiempo, o de la órbita del meteorito del que cayó el fragmento.

Esta espléndida ciencia, cuyo descubrimiento en 1840 debemos al Profesor Joseph K. Buchanan, ahora miembro de nuestra Sociedad, ha comenzado a mostrar sus posibilidades.  Pero ya nos ha demostrado que en el akasa, o el éter de la ciencia, se preservan los registros de cada experiencia, acción y palabra humanas.  No importa cuanto tiempo haya pasado, todavía son un registro y, de acuerdo a las estimaciones de Buchanan, de cada diez personas, cuatro tienen en mayor o menor grado el poder psicométrico que puede leer esas páginas imperecederas del Libro de la Vida.  Tomadas en sí mismas hay suficiente maravilla tanto en el mesmerismo como en la psicometría, la teoría de Odyle del Barón Reichenbach o la Fuerza Odica.

En el mesmerismo, un sujeto sensitivo es inducido, a través del magnetismo, a un sueño magnético en el que su cuerpo es insensible al dolor, a los ruidos o a cualquier otra influencia perturbadora.  El psicometrista, por el contrario, no duerme sino que se sienta o se acuesta pasivamente, sostiene en su mano o contra su frente una carta, un fragmento de piedra u otro objeto y, sin saber de lo que se trata o de dónde proviene,  describe lo que siente o ve.  De los dos métodos de mirar en el mundo invisible es preferible la psicometría, porque no existen los riesgos del dormitar magnético, que surgen de la inexperiencia del operador o de la poca vitalidad física en el sonámbulo.  El Barón Dupotet, M.Cahagnet, el Prof. William Gregory y otras autoridades nos dan ejemplos de esta última clase en que hubo mucha dificultad en traer al que dormía de nuevo a su consciencia de vigilia, tan trascendentalmente hermosas eran las escenas que se presentaban ante su visión espiritual.

El descubrimiento de Reichenbach, uno de los más eminentes químicos y físicos de la época moderna – el resultado de varios años de investigación experimental con los más caros aparatos y una gran variedad de sujetos – es el siguiente.  Una hasta ahora insospechada fuerza existe en la Naturaleza que, como la electricidad y el magnetismo, tiene sus polos positivo y negativo.  Ella impregna los reinos mineral, vegetal y animal.  Nuestra Tierra está cargada con esa fuerza; está en las estrellas y hay un estrecho intercambio de influencias polares entre nosotros y todos los cuerpos celestes.  Aquí tengo en mi mano un espécimen de cristal de cuarzo, que me fue enviado por la Baronesa von Vay  desde las montañas Gastein, en Europa.  Antes que Reichenbach descubriera la Fuerza Odica – como él la llama – esto no habría tenido ningún interés especial para el geólogo, más allá de ser un ejemplo curioso de cristalización imperfecta.  Pero ahora tiene un valor definido que va más allá.  Si yo paso el ápice, o polo positivo, sobre la muñeca y la palma de un sensitivo, él sentirá una sensación de calor, o frío, o un leve soplo de aire sobre la piel.  Algunos sienten una cosa, otras personas sienten otra, de acuerdo a la condición ódica de sus cuerpos.  En lo que se refiere a este último fenómeno, es decir, que la polaridad ódica de nuestros cuerpos es peculiar a cada uno, diferente de los cuerpos de otros, diferente en el lado derecho y en el izquierdo y diferente a la mañana y a la noche en el mismo cuerpo, permítanme preguntarles, ¿un fenómeno que se ha conocido durante mucho tiempo, que los ignorantes creyeron un milagro y que ha sido constantemente negado por los que nunca lo vieron podría ser clasificado como una fuerza puramente ódica?  Me refiero a la levitación de los ascetas y santos, o al hecho de que sus cuerpos se elevan en el aire en los momentos en que se encuentran en un trance profundo.  El Barón Reichenbach encontró que la sensibilidad ódica de sus mejores pacientes cambiaba notablemente en salud o en enfermedad.

El Profesor Perty, de Ginebra, y el Dr. Justinus Corner nos dicen que los cuerpos de ciertos pacientes histéricos se levantaron en el aire sin causa visible y flotaron tan livianos como una pluma.  Durante los horrores de la Brujas de Salem, uno de los sujetos, Margaret Rule, levitó de un modo similar.  El Sr. William Crookes publicó recientemente una lista de cerca de catorce católicos en estados exaltados, cuya levitación es considerada como prueba de su peculiar santidad.  Junto a muchos observadores modernos de los fenómenos psicológicos, yo mismo he visto a una persona, totalmente consciente, elevarse en el aire por un simple ejercicio de la voluntad.  Este individuo era  oriundo de Asia y había estudiado allí las ciencias ocultas; él explica el notable fenómeno como un simple ejemplo de cambio de polaridad corporal.

 Todos ustedes conocen la ley de electricidad que indica que los cuerpos  electrificados con corrientes opuestas  se atraen y los similares se repelen.  Decimos que estamos parados sobre la tierra debido a la fuerza de gravedad, sin detenernos a pensar que mucha de la explicación es un simple esquema de palabras, que no ofrece a la mente una idea exacta.  Supongamos que decimos que colgamos de la superficie de la tierra, porque la polaridad de nuestro cuerpo es opuesta a la polaridad del sitio de la tierra en donde nos encontramos.  Eso sería científicamente correcto.  Pero, ¿qué pasa si nuestra polaridad se invierte, ya sea por enfermedad o por los pases mesméricos de un poderoso magnetizador o por el esfuerzo constante de una voluntad entrenada?  Para poner esto en claro: supongamos que somos un paciente histérico, alguien en estado de éxtasis, un sonámbulo o un adepto en la ciencia oculta asiática.  En cada caso la polaridad del cuerpo debería cambiar a la polaridad opuesta y nuestro estado eléctrico, magnético u ódico   sería idéntico al de la tierra debajo nuestro.  Entonces, se aplicaría la tan conocida ley de electropolaridad y nuestro cuerpo se levantaría en el aire.  Flotaría hasta tanto continuaran estas diferencias de polaridad mutuas y se elevaría a una altura exactamente proporcional a su intensidad.  ¡El mesmerismo y el descubrimiento de la ley ódica aclaran mucho el viejo dominio de los ´milagros´ de la Iglesia!

Pero nuestro cristal de montaña tiene otra peculiaridad, todavía más sorprendente que la simple polaridad ódica.  Aparentemente, no es nada más que una pobre protuberancia de cristal y, sin embargo, en su corazón se pueden ver extraños misterios.  Sin duda, hay una veintena de personas en esta audiencia que, si se sentaran en una posición cómoda en un lugar apartado, y miraran dentro de mi cristal por unos pocos minutos, verían y describirían figuras de personas, escenas y lugares en diferentes países y, también, en su precioso Ceilán.  Apenas recibí el cristal desde Hungría, se lo puse en la mano a una dama que es clarividente.  Ella dijo: “Veo una sala grande y muy agradable, en lo que parece ser un castillo.  A través de una ventana abierta puedo ver un parque con anchos y bien marcados senderos, el pasto muy bien cuidado y algunos árboles.  Una mujer de apariencia aristocrática está de pie, junto a una mesa de mármol; está colocando algo en un paquete.  Un mayordomo en rica librea está a su lado, como si esperara órdenes.  Es este cristal lo que ella está empaquetando y lo pone en una caja marrón, algo parecido a una cajita de música”.  La clarividente no sabía nada acerca del cristal, pero dio una descripción exacta de quien lo enviara, de su residencia y de la caja en la que  llegó hasta mí.  ¿Cómo lo hizo?  ¿Puede contestar esto alguna de las personas engreídas, que dicen cosas tontas sobre lo absurdo de las Ciencias ocultas?

Las cuidadosas investigaciones de Reinchenbach demuestran que cada mineral tiene su polaridad ódica peculiar, y esto nos lleva a una comprensión de lo que han dicho los asiáticos acerca de las propiedades mágicas de las gemas.  Ustedes habrán oído acerca del valor que se da al zafiro por su supuesta propiedad mágica de ayudar a la visión de los sonámbulos.  De acuerdo a un escritor budista, “El zafiro abre las rejas de las moradas (para el espíritu del hombre), intensifica el deseo por la plegaria, y trae más paz que ninguna otra gema: pero, aquel que lo use debe tener una vida pura y santa”.

Una serie de investigaciones  acerca de la polaridad de las piedras preciosas  realizadas por Amoretti demostraron que el diamante, el granate, la amatista son –E, mientras que el zafiro es +E.  Orfeo nos dice como se puede afectar a todo un público mediante una piedra imán.  Pitágoras, que obtuvo su conocimiento en la India, le presta especial atención al color y a la naturaleza de las piedras preciosas; y Apolonio de Tyana, uno de los hombres más grandes y más puros, enseñó a sus discípulos las diferentes propiedades ocultas de las gemas.

Así, la investigación científica, concordando con los estudios de los más grandes filósofos y las experiencias del éxtasis religioso nos da, continuamente, una base sólida para estudiar Ocultismo.  Cuantos más fenómenos físicos observamos y clasificamos,  tanto más se beneficia el estudiante de las ciencias ocultas y de las antiguas ciencias, filosofías y religiones asiáticas.

El hecho es que, nosotros los modernos europeos, hemos estado tan enceguecidos por el humo de nuestro propio orgullo que no pudimos mirar más allá de nuestras  narices.  Hemos estado alardeando acerca de nuestro glorioso iluminismo, nuestros descubrimientos científicos, nuestra civilización y nuestra superioridad sobre los que tienen la piel más oscura y sobre cada nación al este del Volga y del Mar Rojo o al sur del Mediterráneo, que casi hemos llegado a creer que el mundo se construyó para la raza anglo-sajona y que las estrellas hacen más bonito nuestro pedacito de cielo.  Utilizando los escritos  asiáticos hemos, incluso, fabricado una religión que se adaptara a nosotros, y creemos que es mejor que cualquier religión conocida.  Es hora de que esta infantil vanidad sea superada.  Llegó el momento en que tratemos de descubrir las fuentes de las ideas modernas y que comparemos lo que creemos saber de las leyes de la naturaleza con lo que los asiáticos ya sabían hace miles de años, antes que Europa fuera habitada por nuestros antepasados bárbaros o que un europeo pisara el continente americano.

Los crisoles de la ciencia son calentados al rojo vivo y en ellos estamos derritiendo todo lo que, creemos, nos puede dar un hecho.  Supongamos que, para variar, nos acercamos a los orientales en un espíritu menos presuntuoso y, honestamente, confesamos que no sabemos nada del comienzo o el final de la Ley natural y les pedimos que nos ayuden a encontrar lo que sus antepasados ya conocían.  Esta ha sido la tónica de la Sociedad Teosófica y ya nos ha dado valiosos resultados.  Les aseguro, damas y caballeros, que hay todavía “hombres sabios en Oriente” y que, estudiar las Ciencias Ocultas, es mucho más valioso de lo que nadie podría suponer.

 


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