|
Vol. 128 - Número 11 - Agosto 2007 (en Castellano) |
|
|
|
Página
5 |
La muerte y el Teósofo
Mary Anderson
Los teósofos no debieran temer a la muerte ni a la suya ni a la de otros.
Muchas personas temen a la muerte porque tienen miedo a lo desconocido o miedo al cambio o bien a la pérdida de sus posesiones, su estatus, sus amigos, su identidad. Otros pueden sentir que no han concluido sus asuntos en esta encarnación, y por esto se aferran a la vida. Pero con la proximidad de la muerte, es posible, y pasa con frecuencia, que se desprendan de tales preocupaciones y dejen estas cosas al karma. Por otra parte, algunas personas ¡mas no teósofos! pueden temer a la muerte debido a algunas enseñanzas acerca del fuego del infierno, la condenación eterna, etc.
Por otro lado, aquéllos que son miserables en esta vida, que están en dificultades, en la pobreza, que son tratados cruelmente, enfermos, con padecimientos o dependiendo de otros, pueden esperar la muerte con confianza. Pero aún entonces el elemental físico puede aferrarse a su existencia. Incluso cuando ya no pensamos de nosotros como el cuerpo, podemos sentirnos apegados a él.
Como teósofos, no obstante lo afortunados que podamos ser en esta vida, deberíamos ser capaces de esperar la muerte como esperamos un día de fiesta. Nos espera tarde o temprano una dichosa existencia en el Devachan después de nuestra ‘muerte’. Se ha dicho que para almas avanzadas es de gran mérito renunciar al Devachan -a la felicidad que han merecido- con el objeto de retornar lo más pronto posible para ayudar al mundo. Pero, para la mayoría de nosotros, la felicidad del Devachan es tan necesaria como el sueño profundo y refrescante después de un día de trabajo.
Como se explicó en Las Cartas de los Maestros, el Devachan es un estado de felicidad, pero de felicidad realmente egoísta, pues es totalmente subjetiva. Así podemos tener la experiencia de encontrarnos con nuestros seres amados, etc., pero todo esto sólo tiene lugar en nuestra propia conciencia. Nuestros seres amados no están realmente allí. Nadie más está implicado, excepto, tal vez, los efectos que en el universo puedan producir los pensamientos de felicidad y amor. Pero aún la duración, la intensidad, y la profundidad de la experiencia del Devachan, depende del estado de nuestra conciencia durante la vida terrenal. La copa de felicidad que hemos preparado por medio de buenos pensamientos, sentimientos y actos durante la vida terrenal, ya sea grande o pequeña, será llenada hasta el borde.
Sin embargo tarde o temprano se despierta la sed de renacer, no obstante cuán fatigante pudo haber sido la vida terrena antes de nuestra previa muerte.
De tal manera que no tenemos ninguna razón para temer a la muerte. Pero aún si no tememos a la muerte, podemos tener miedo de nuestra próxima vida, nuestra próxima encarnación, en el umbral de la cual nos esperan los skandhas, es decir, todas nuestras tendencias mentales y emocionales, todos nuestros defectos, todo lo que no hemos superado en el pasado, y el karma de pasados actos, pensamientos y sentimientos. Pero al renacer, normalmente no tenemos ningún recuerdo de experiencias pasadas, de acciones negativas -nuestras y de otros- excepto en la forma de temores aparentemente infundados, gustos y disgustos, la voz de la conciencia, y otras formas.
Nosotros podemos, incluso hoy, estar temerosos acerca del estado del mundo cuando regresemos a él, aun pasando un promedio de mil años entre ahora y entonces. Nos preguntamos ¿Cómo será el mundo dentro de mil años? Parece que muchos esperan sea un paraíso. Pienso que no tenemos bases para tales esperanzas. De acuerdo con Madame Blavatsky, Kali Yuga La Edad de Hierro que comenzó con la muerte de Krishna alrededor del año 3000 A.C., durará un total de 432.000 años, aunque ciertamente puede haber dentro de ella ciclos menores de Edades de Oro, Plata, Bronce y Hierro.
Además, cuando reflexionamos sobre todo el mal perpetrado por seres humanos a la naturaleza en nuestros días, debemos darnos cuenta de que tarde o temprano la tierra ya no será habitable a menos que los hombres tomen drásticas medidas o que la Naturaleza reaccione a tiempo y reduzca el número de sus torturadores por medio de catástrofes naturales: terremotos, erupciones volcánicas, inundaciones, epidemias, hambrunas, etc. De otra manera, el planeta ya no será capaz de sostener la vida.
Otro factor es que aquellos responsables por atrocidades contra la humanidad (especialmente contra los desvalidos, como por ejemplo los niños, el ignorante o el pobre) y contra los animales, tarde o temprano tendrán que reparar terribles deudas kármicas por medio del sufrimiento. De tal manera que para ellos no puede haber ninguna esperanza inmediata de una edad de oro. Podemos decir que esto no nos afecta a nosotros. No torturamos a otros seres humanos o a los animales, no violamos la naturaleza. Pero toleramos tales atrocidades, o hacemos la vista gorda en lugar de efectuar algo acerca de esto, aunque sólo fuera protestar. Si es así, podemos sufrir el karma de inacción ante la necesidad de un acto de misericordia.
Como quiera que esto pueda ser, nuestro futuro depende de nuestras acciones ahora, aun si esas acciones son ‘solamente’ pensamientos. Aunque buenos pensamientos, ellos no deben ser una excusa para no accionar, siempre que tal acción sea necesaria, posible, realmente útil y apropiada. Una vez, un sabio instructor aconsejó entrar en acción a un discípulo, pero al mismo tiempo aconsejó a otro discípulo abstenerse de la acción en una situación similar. ¿Por qué el consejo fue diferente? Él explicó que el discípulo que fue aconsejado para entrar en acción era pasivo e indeciso, mientras que el otro discípulo era impulsivo e hiperactivo, y a éste le aconsejó refrenarse hasta haber reflexionado sobre sus motivos y la utilidad y necesidad de tal acción.
¿Las condiciones futuras de nuestro planeta no dependen de nuestras actuales acciones? Como Krishnaji siempre repitió: ‘Tú eres el mundo.’ Karma no es solamente individual, también es colectivo. Se ha dicho que un pueblo tiene el gobierno que merece. ¿Pero no tenemos también el medio ambiente e incluso el mundo que merecemos en todo respecto? ¿Podemos tratar de contribuir a hacer del mundo un lugar tal en el que nos gustaría vivir a nosotros y en el que vivieran nuestros seres queridos cuando todos retornemos a él?
Hay un aspecto más iluminador en todo esto. Kali Yuga, con todos sus tormentos, pruebas y problemas aparentemente insalvables, da a los seres humanos más oportunidades para aprender de las que podría brindar cualquier ‘edad de oro’. Sin lugar a dudas aprendemos más rápida y cabalmente por medio del sufrimiento. Hay una historia del Hasidismo[1] acerca de un sabio que tenía un pie dañado y sufría gran dolor cada día de su vida. En una ocasión lo visitó un amigo y brindó por su salud y su completa recuperación. El sabio respondió “¡Tú eres muy amable deseándome tal cosa! Pero si mi pie no estuviera mal, ¿qué sería de mí?” Annie Besant dijo que ella estaría dispuesta a renunciar a todas las dichas de su vida pero no a alguna de las muchas tragedias que sufrió.
Si sentimos que no somos capaces de ayudar para crear un mundo en el cual la vida sea digna de vivir, no simplemente para nosotros sino para toda la humanidad, todos los animales, todos los seres, podemos darnos cuenta de que esto depende de nosotros también de nuestra actitud ya sea que actuemos externamente o sólo con el pensamiento.
Algo que puede ser de mucha utilidad es recordar que somos seres divinos, aunque no seamos conscientes de ello. ¿Podemos vivir como seres divinos? Esto no significa pensar ‘yo soy divino’, con un sentido de auto-importancia, ¡pues mientras el ‘yo’ esté ahí, no puede estar el Yo divino! Pero seamos conscientes de que nuestra verdadera naturaleza, y la de todos los seres, es divina, aunque esto sea solamente teoría al presente.
¿Cuál podría ser el resultado de tal convicción? Actuaríamos en acuerdo. Se dice: ‘Eres tan bondadoso como bondadosa sea tu acción’. Podemos invertir la frase y decir: ‘Tu acción será tan bondadosa según sea tu bondad’ o, para usar la locución francesa, ‘noblesse oblige’ (la nobleza -de carácter- trae sus obligaciones). El verdadero aristócrata es el aristócrata del espíritu. Podemos imaginar que los Maestros son tales aristócratas.
¿Qué implica esto si de alguna manera somos conscientes de que somos seres divinos?: 1. Puede fortalecer nuestra voluntad: ‘Lo que el hombre ha hecho, el hombre puede hacer.’ 2. Puede afectar diariamente nuestra actitud hacia nosotros mismos, hacia otros, hacia nuestro mundo. Podemos tender a ‘ver lo inferior a la luz de lo superior’, una aparente expresión imperfecta de eso superior. Esto podría implicar también ver el lado brillante del Kali Yuga. 3. Puede intensificar nuestra devoción y acercarnos más a esos grandes seres que llamamos ‘Maestros’. 4. Puede ayudar a resolver problemas. Podemos no ser capaces de hacerlo en su dimensión visible, pero en otra dimensión -cercana al plano de la Unidad- esto es posible. 5. Puede hacer más objetivo nuestro juicio. Se dice que un artista da un paso atrás para juzgar mejor su trabajo tomando cierta distancia. Si fuéramos más objetivos no apegados quizás pareceríamos indiferentes, pero en realidad seríamos solamente serenos, de pensamiento equilibrado.
¿Podemos, de esta manera, preparar un futuro mejor para el mundo, recordando que nosotros somos el mundo?
Con la muerte no nos escapamos de la vida en la tierra, de nuestras obligaciones, de nuestras responsabilidades. Naturalmente que ésta es la lección que debe ser aprendida por los que cometen suicidio, aunque tal curso de acción puede ser comprensible en casos de gran sufrimiento, de desequilibrio mental, o de ignorancia del hecho de que no hay escape de nosotros mismos. No hay escape del karma. De otra manera nunca aprenderíamos. No hay escape de las lecciones que debemos aprender tarde o temprano. Pero tampoco hay escape del hecho glorioso de que ‘el alma del hombre es inmortal y su futuro es el futuro de algo cuyo crecimiento y esplendor no tienen límite’.
Recordemos, también y sobre todo, que la muerte es parte de la vida. Se dice que en el lenguaje gitano la palabra para ‘vida’ y ‘muerte’ es la misma. La muerte y la vida sobre la tierra pueden compararse a dormir y despertar, noche y día, invierno y verano y a períodos más extensos: pralaya y manvantara. La vida es pulsación, como los latidos de nuestro corazón, como nuestra respiración. Ese ritmo de vida y muerte está implícito en el mundo objetivo, en el cual está nuestro dharma para aprender y crecer en perfección, dentro de la Unidad.
[1] Cierta secta y filosofía hebreas.
|
|
|
Página
5 |