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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 128 - Número 10 -
Julio 2007 (en Castellano)

 
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Desde la Atalaya

 

 Surendra Narayan

 

   La Voz del Silencio, escrito por Madame H. P. Blavatsky, es una explicación poética de fragmentos elegidos del Libro de los Preceptos de Oro, para el uso diario de los lanoos (discípulos), y contiene la siguiente línea que encarna una enseñanza profunda: “Las ramas de un árbol son sacudidas por el viento; el tronco permanece inmóvil.”

   Puede considerarse que las ramas de un árbol se refieren a los varios aspectos o partes del yo inferior, la “consciencia del yo”, y el tronco al “Centro interno en todos nosotros donde la Verdad permanece en su totalidad” y que, por lo tanto, no es influida por la ignorancia, las ilusiones e ingobernabilidad del yo inferior.  El sacudirse las ramas con el viento puede referirse al dolor, al sufrimiento y a los padecimientos físicos, emocionales o mentales.

   Los Maestros de la Sabiduría mencionaron en una de las cartas a A. P. Sinnett que ellos reconocen sólo una ley en la Naturaleza, la ley de armonía, de perfecto Equilibrio. El mecanismo de la Ley de Karma puede considerarse como parte o corolario de la ley de equilibrio. Si he perturbado ese equilibrio o armonía por un acto cruel o egoísta en alguna vida pasada, la Naturaleza puede decidir restaurar ese equilibrio en esta vida. Restablecer el equilibrio no es un castigo dado por una deidad o dios iracundo, sino el funcionamiento de la ley natural.  El fuego quema y si uno trata de agarrar un trozo de madera que está ardiendo, el dolor de la quemadura será consecuentemente inevitable. Los sabios, por lo tanto, han declarado que al comprender el funcionamiento de la ley de Karma, uno debería tratar de hacer lo mejor para sobrellevar su impacto con calma, sin sentirse sacudido o perturbado. Se ha incurrido en una deuda en una vida pasada y es ahora que se aclara y cancela de nuestro registro kármico para siempre. Coraje y calma son las cualidades que uno tiende a desarrollar como resultado. A los Pies del Maestro da algunos consejos útiles al respecto:

 

Debes sobrellevar tu Karma alegremente, sea lo que sea, tomando como un honor que el sufrimiento venga a ti, porque muestra que los Señores del Karma piensan que eres digno de ser ayudado. Por difícil que sea, siéntete agradecido que no sea peor… Pero a fin de obtener el mejor provecho de ello, debes sobrellevarlo alegremente.

 

Considerando otro aspecto, notamos que una maravillosa capacidad otorgada a nosotros por la Naturaleza es la de la memoria. Encontramos un bello poema o una canción devocional, y si lo deseamos, lo depositamos en la memoria y lo repetimos o lo cantamos frecuentemente, sintiéndonos felices, calmos, inspirados y elevados. La gratitud hacia un amigo que salvó nuestra vida en un serio accidente automovilístico, o hacia un Maestro que nos guió en hollar el sendero espiritual, generalmente permanece afectuosa y agradablemente grabada en nuestra memoria durante mucho tiempo. Pero incluso respecto a cosas simples necesarias para nuestras vidas diarias, como poder hablar y escribir, necesitamos vocabulario y deletrear correctamente las palabras almacenadas en la memoria. Máquinas cada vez más complejas y sofisticadas necesitan más entrenamiento y acumulación de conocimiento y habilidades en el cerebro. Pero, desafortunadamente, con nuestra consciencia mayormente limitada al yo inferior, tendemos a hacer un uso erróneo de la memoria y, a su vez, sufrimos dolor e infelicidad por un largo tiempo.

   J. Krishnamurti a menudo solía decir: “Señor, su cerebro es como su computadora y su función es grabar”. Usted no es la computadora, y lo que debería grabar o no, depende de usted no de ella.  Por lo tanto, cuando alguien lo insulta o se aprovecha de usted, deje de grabar.  Recordemos la práctica existente en el Parlamento cuando, en el curso de un debate o de una discusión acalorada, un miembro usa  palabras “inadecuadas” contra otro miembro, el Vocero inmediatamente ordena a quien está a cargo de las grabaciones, no registrarlo, o si ya lo han grabado, borrarlo. Como lo expresa un proverbio chino: “No siempre puedes evitar que los pájaros del dolor o del sufrimiento vuelen sobre tu cabeza, pero ciertamente puedes evitar que ellos construyan nidos en tu pelo!”

    Yendo a nuestra vida diaria en el mundo, a menudo permitimos que hechos muy pequeños e insignificantes nos molesten y produzcan sufrimiento innecesario. Aparece en mi memoria un incidente mencionado en la biografía del Dr. Samuel Johnson, quien compiló el primer diccionario del idioma inglés. El Dr. Johnson fue invitado por una amiga cercana, una dama, a una cena que ella iba a dar a algunas personas muy importantes. Durante el transcurso de la cena él notó que la anfitriona se enojó mucho por alguna pequeña cosa que salió mal, tal vez un plato que no fue preparado adecuadamente. Él se quedó después que los huéspedes formales partieron y trató de calmar los alterados nervios de la dama diciéndole: “Señora, imagine simplemente lo que usted pensará de este incidente de aquí a veinte años”.

 

   Y ahora, pasando a situaciones más serias, las personas a menudo enfrentan críticas injustas, oposición, traiciones, acusaciones falsas contra su integridad y carácter moral, especialmente quienes trabajan por la regeneración y por reformar la sociedad. Un ejemplo destacado es el de los dos fundadores de la Sociedad Teosófica, Madame Blavatsky y el Coronel H. S. Olcott.  Madame Blavatsky fue acusada de fraude y de ser una espía rusa. Ambos, Blavatsky y Olcott fueron blanco de difamación por parte de misioneros cristianos en India y Sri Lanka. El Cnel. Olcott fue difamado incluso por algunos de sus propios colegas en la Sociedad Teosófica misma.  Sin embargo, nada los detuvo de seguir trabajando empeñosamente por la noble Causa a la que se habían comprometido. Mientras que “las ramas del árbol”, incluso con ellos, fueron algunas veces sacudidas, el “tronco” permaneció inamovible; el Espíritu, la Llama Divina en su interior, nunca parpadeó!

   Las “sacudidas”, perturbaciones, sufrimientos y dolor, permanecen limitados a la consciencia inferior solamente, los vehículos o instrumentos para trabajar en este mundo. Es nuestra falsa identificación con la consciencia inferior lo que causa el dolor y el sufrimiento. Pero al luchar en la vida, a menudo uno comienza a percibir, y luego gradualmente a desarrollar una percepción de que la felicidad permanente no yace allí.

   Percibir, implica ver las cosas desde un nivel de consciencia más profundo y puro. Thich Nhat Hanh, el reconocido monje budista, detalla que la percepción es como un hermano o hermana mayor, gentil y atento, que está allí para guiar e iluminar. Luego agrega: La oposición entre el bien y el mal a menudo se comparan con la luz y la oscuridad, pero si lo examinamos de modo diferente, veremos que cuando la luz brilla, la oscuridad no desaparece. No se va, emerge con la luz, y por lo tanto “cuando el Sol de la percepción brilla, la naturaleza de los pensamientos y sentimientos se transforma”. Tienden a volverse canales para la luz pura en el interior, canales de amor, dicha, y paz.

   La vida de una persona espiritualmente desarrollada e incluso que se está desarrollando, no es entonces la de quien está despreocupado del mundo, sino de quien disfruta de la abundancia y bellezas de la Naturaleza sin apegarse a ellas y se “desplaza como el viento, desapegado de las cosas que toca, y sigue adelante”.  Como lo expresa William Blake: “No cuestiono mi visión corpórea o vegetativa más que cuestionaría una ventana respecto al panorama, miro a través de ella, y no con ella. Los sabios la han llamado “indiferencia sagrada”.

 

   Comenzamos con la analogía de un árbol.  Concluimos con dos versos del Viveka-chudâmani, que aparecen uno después del otro, donde también usan la analogía de un árbol de modo similar:

 

¿Qué (efecto) bueno o malo hay para un árbol si su hoja cae en un canal o en un río, en un lugar sagrado o en un lugar donde se cruzan dos caminos?

La destrucción del cuerpo, los sentidos, prâna-s e intelecto es como el de una hoja, flor o fruto. No afectan al Âtman, la encarnación de la bienaventuranza, que es nuestra verdadera naturaleza. Este Âtman permanece como un árbol.

 

 

Tú no estás hecho de ninguno de los elementos, la tierra, el agua, el fuego, el aire, o inclusive el éter.  Para liberarte, conócete a ti mismo como conformado de consciencia, el testigo de los demás.

Si sólo te quedaras permaneciendo en la consciencia, viéndote a ti mismo como diferente del cuerpo, entonces, incluso ahora serías feliz, pacífico, y libre de ataduras.

Ashtâvakra Gita 1.3-4

(trans. John Richards)

 

 

  


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