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Vol. 128 - Número 8 - Mayo 2007 (en Castellano) |
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DESDE LA ATALAYA
Mary Anderson
Las paradojas del Karma El karma encierra muchas paradojas, como la vida misma y todo lo que tiene que ver con la vida. Así, cuando comenzamos a estudiar el karma encontramos muchas contradicciones aparentes; al menos son contradicciones para seres pensantes como nosotros. Sin embargo, una paradoja no es una contradicción. Simplemente muestra ambos lados de una cuestión. Le agrega una dimensión. No dice “Sí” o “No” o “bueno o malo” exclusivamente, sino “Sí y no” y “Relativamente bueno y relativamente malo”. ¿De qué maneras es paradójico el karma y aún puede parecernos contradictorio? Podemos considerar los puntos siguientes: 1. El karma es simple y fácilmente comprendido y a la vez complicado y fácilmente mal interpretado. Es complicado y fácilmente mal interpretado porque es multidimensional e imposible de ser comprendido completamente. El principio fundamental del karma es simple. Según HPB: “No requiere metafísica ni educación hacer que un hombre comprenda las grandes verdades del Karma y la Reencarnación.” (La Clave de la Teosofía, Compañía Teosófica, India, p. 243) La Ley del Karma es la ley de causa y efecto. Dicho simplemente, afirma que toda acción produce una reacción igual y opuesta (no opuesta en su naturaleza sino opuesta en su dirección, porque regresa a su origen), o así como sembremos, cosecharemos. Por ejemplo, las buenas acciones dan como resultado la felicidad y las malas acciones dan como resultado la infelicidad. Así el karma puede ser comparado con un libro de contabilidad en el cual se da entrada a nuestros activos y pasivos, o a nuestros ingresos y gastos, y finalmente deben cancelarse entre sí. Hasta aquí, entonces, todo puede parecer simple. Una razón de porqué no es simple es que el karma actúa simultáneamente en los diferentes niveles en los que conducimos nuestras vidas: “El karma es la ley infalible que ajusta la causa y el efecto en el plano físico, mental y espiritual del ser” (La Clave de la Teosofía, p.199). Nosotros actuamos, no sólo exteriormente y físicamente, sino al mismo tiempo interiormente, es decir, pensamos y sentimos y nuestros pensamientos y sentimientos son también causas que producen resultados. Además estos pensamientos y sentimientos a menudo no son precisamente positivos o negativos, sino una mezcla. Una buena acción puede ser hecha por motivos egoístas o desinteresados, pero principalmente es realizada por ambas razones. Por ejemplo, un hombre rico puede dar dinero para fundar un hospital o hacer alguna obra benéfica para ayudar al pobre. Puede hacerlo por razones altruistas, por compasión, pero puede hacerlo, o hacerlo también, para obtener gratitud, una buena reputación, popularidad, votos (si es un político), o simplemente por autosatisfacción. Entonces, como posible resultado, podrá cosechar por ejemplo prosperidad material debido a su generosidad material, pero también descontento debido a sus motivos egoístas. ¿Cuánta gente rica es infeliz y está insatisfecha? Annie Besant describe los efectos kármicos en esos diferentes niveles de nuestro ser y de nuestra actividad, de la manera siguiente: “El pensamiento forma el carácter; el deseo la oportunidad; la actividad el medio ambiente” (La Vida Teosófica, pp. 37-8) De modo que el karma no puede ser comparado simplemente con un libro de contabilidad donde se da entrada a los débitos y los créditos, sino más bien con una computadora celestial muy sofisticada, a la que estamos programando constantemente con el software de nuestras acciones, pensamientos, sentimientos y actitudes siempre cambiantes. Esta computadora está personificada por seres conocidos en las diferentes tradiciones, como por ejemplo los Lipika, las tres Norns o Hados, las tres Parcas o los Ángeles Registradores. Podemos comparar los resultados kármicos de una multitud de causas con el clima, como lo hace Shirley Nicholson: “El clima en un lugar determinado, en un día dado, es el resultado de la combinación de innumerables factores, pasados y presentes, locales y distantes, y continuamente van entrando nuevas influencias en el sistema que cambiarán los resultados” (Sabiduría Antigua, Vislumbres Modernos, p.149) 2. El Karma es absolutamente justo y sin embargo piadoso. El karma es piadoso porque es flexible. Por una parte, debemos pagar nuestras deudas kármicas hasta el último centavo y, por otra parte, no tenemos que pagarlas inmediatamente. La reacción kármica a menudo se demora. Y así, en el tiempo actual, parece que el malvado prosperase “como el verde árbol de laurel”, y el bueno y gentil parece sufrir inmerecidamente. Aquí las fuerzas de la Naturaleza conocidas como Lipikas o Ángeles Registradores son también ángeles de compasión. ¿Qué significa esto? Alguien ocupado en el engaño o la crueldad a menudo es llamado “un alma joven” y todos hemos sido, y en algún aspecto todavía lo somos, almas ¡relativamente jóvenes! Esa persona puede actuar tontamente, por ignorancia y debilidad, al ser incapaz de controlar sus deseos o resistir a la tentación, y el peso de una “justa compensación” podría aplastarla completamente. Así, el pago de las pasadas deudas kármicas debe ser postergado hasta que esa persona sea lo suficientemente fuerte o sabia y paciente como para soportarlo. Por eso el bueno, el sabio y el justo parecen sufrir desmesuradamente. Los pesados resultados kármicos vienen en un momento en que podemos soportarlos más fácilmente. Así, la gente buena sufre a menudo sin haber cometido faltas aparentes. Piensen en la historia bíblica de Job, un hombre justo y bueno pero que sufrió toda clase de tribulaciones. Además, al ser postergadas, esas tribulaciones llegan en un momento en el que estamos más capacitados para comprender lo que tienen que enseñarnos. Y una persona que está algo madura espiritualmente y experimenta, por ejemplo, hambre, pobreza, dolor, abuso, persecución y desesperación, será más capaz de sentir compasión por otros que sufren de la misma manera. 3. El karma está oculto en su esencia y es perceptible solamente en sus obras, en sus efectos. El karma es incognoscible, pero su acción es perceptible. ¿Por qué es incognoscible en su esencia? Esa esencia es el propio material del universo. Es, en cierto sentido, lo Absoluto. Y aquí llegamos a la siguiente paradoja: 4. El karma es parte de nuestra experiencia cotidiana, es parte de nuestro vivir práctico, pero es al mismo tiempo universal, anclado en la Unidad de las cosas, reflejando esa Unidad. Está misteriosamente y eternamente en actividad en todas partes en el universo, en todos los Reinos de la Naturaleza. De hecho, el karma es “la máxima ley del universo, la fuente, el origen y fundamento de todas las demás leyes que existen en toda la Naturaleza” (La Clave de la Teosofía, p. 199). Es inherente a lo Absoluto o a la Vida Una. Está activo desde la primera manifestación de esa Vida Una. En esa primera manifestación, la Vida Una se diferencia en conciencia primordial y materia primordial, comenzando a actuar a través de esa diferenciación, y ese actuar es el Karma. El karma es la cualidad íntima del propio cosmos. Penetra en todas partes: “No hay un punto del universo manifestado que esté exento de su influjo” (citado en Sabiduría Antigua, Vislumbres Modernos, p. 147). Abarca a todos los Reinos de la Naturaleza: “Toda criatura está sujeta al karma” (La Doctrina Secreta, II, p. 361). Está en las renovaciones periódicas del universo. El karma es la Ley de la Armonía, que restablece continuamente el equilibrio y la armonía, cuando son alterados. En ese sentido, el karma tiende a regresar a la Unidad. De modo que está en el origen, en el destino final y en el mismo corazón de las cosas. Podemos recordar las palabras del salmista: “¿Adónde iré que sea lejos de tu espíritu? ¿O adónde huiría de tu presencia? Si asciendo al cielo, tú estás allí; si hago mi cama en el infierno, he aquí que tu estás allí” (Salmos, 139:8). 5. El karma afecta a la vez personalmente o como miembros de una familia, grupo o nación, o aún como humanidad. Así el karma tiene implicaciones sociales y relevancia social. Hay karma personal. Todos somos responsables de nuestros actos y pensamientos, y recibiremos sus repercusiones. Como dice Shirley Nicholson, somos “rastreados” por las fuerzas del karma así como un criminal o alguien que está perdido es rastreado por un perro de la policía (Sabiduría Antigua, Vislumbres Modernos, p.150). Pero, mezclado con el karma personal, está también el karma grupal. Compartimos el karma de nuestra familia o grupo al que pertenezcamos, el de nuestro país, y por cierto el de la propia humanidad. ¿Cómo podría ser de otra manera si es el karma una expresión de la Unidad de todo? Madame Blavastsky escribe así: “Nada…puede afectar a una nación o a un hombre sin afectar a todas las demás naciones y a todos los demás hombres. Esto es tan cierto y tan obvio como la piedra arrojada en un estanque, que más tarde o más temprano, pondrá en movimiento a cada gota de agua que se encuentre allí.” (La clave de la Teosofía, p. 41). Es en este sentido que Krishnamurti dice: “Tú eres el mundo”. 6. El karma nos ata y nos libera. Estamos atados por el karma que hemos creado en el pasado, es decir, nos hemos atado a nosotros mismos. No es realmente el karma quien nos ata: “El karma nunca ha buscado destruir la libertad intelectual e individual. Al contrario”. (Versión abreviada de La Doctrina Secreta, pp. 222-3). Pero estamos modificando continuamente ese karma por nuestras actuales acciones, pensamientos y sentimientos. “Es necesario comprender en primer lugar que el futuro no está formado arbitrariamente por alguna acción separada del presente, sino que la totalidad del futuro es una continuidad ininterrumpida con el presente, así como el presente lo es con el pasado”(Ensayo sobre el “Karma”, al final de Luz en el Sendero). El futuro está en nuestras manos. El karma nos libera porque nos enseña. Conscientemente podemos no advertir que alguna desgracia se debe a alguna acción nuestra del pasado, pero profundamente dentro de nosotros nos damos cuenta de ello y la callada vocecita de la conciencia puede advertirnos para no repetir esa acción. El karma significa que sólo nosotros somos los arquitectos de nuestra buena y mala fortuna. Darnos cuenta de esto, aun conscientemente, nos hace seres humanos responsables, dependientes solamente de nosotros mismos. Ningún dios o gurú puede, en última instancia, ayudarnos, liberarnos, o alejar nuestro karma. 7. El karma parece provenir de afuera pero, ¿no se origina dentro de nosotros? Si el karma está en el propio corazón del universo, ¿no estará en nuestros propios corazones? ¿No están activos los Lipikas dentro de nosotros? ¡Tal vez nosotros somos nuestros propios Lipikas!, no “nosotros” como nuestro ser consciente actual, nuestro yo físico, emocional y mental cotidiano; sino el ser espiritual que somos en esencia, aunque no conscientemente en el presente, excepto, en cierta medida, en los momentos de aspiración e inspiración, y cuando escuchamos las advertencias de nuestra conciencia. Hemos examinado algunas paradojas del karma. Tal vez ahora podamos aclarar algunos malentendidos e intentar decir lo que el karma no es. Annie Besant dice que el karma es la menos comprendida de todas las enseñanzas teosóficas y que pocas cosas son tan peligrosas como el poco conocimiento del karma (La Vida Teosófica, p. 35) ¡Se dice que el poco conocimiento es una cosa peligrosa! 1. El karma no es premio ni castigo, sino simplemente la acción de una ley: la Ley de Causa y Efecto, la Ley de la Justicia. 2. El karma no es algo extraño, algo ajeno a nosotros. Somos nosotros quienes aplicamos esa ley. “El karma no crea nada, ni lo diseña. Es el hombre quien planea y crea las causas, y la ley kármica ajusta los efectos.” (Versión abreviada de La Doctrina Secreta, pp. 222-3). 3. El karma no es un tirano, sino un maestro. Como dice Annie Besant, el karma no es una espada que cuelga sobre nosotros, o un gran bulto lanzado a la cabeza cuando nacemos (La Vida Teosófica, pp. 36-7). Es una creación continua, nuestra creación. Y estamos aprendiendo continuamente de nuestros errores. De modo que: 4. El karma no es predestinación. No es lo que generalmente queremos decir cuando hablamos de destino o de kismet. Estamos modificando continuamente nuestro karma pasado. Somos libres y, por lo tanto, responsables. 5. El karma no alienta la pasividad respecto a nuestro propio karma o el de los demás. No podemos cruzarnos de brazos y decir “Es mi karma”. El karma debe brindarnos una motivación para actuar sabiamente. Y no podemos rehusar a ayudar a otro que esté en necesidad diciendo: “es su karma”, siempre que, por supuesto, podamos ayudar. ¿Qué sabemos de los pormenores del accionar del karma? Podría ser nuestro karma ayudar. 6. De este modo, el karma no significa fatalismo ni una aceptación pasiva de lo que sentimos que no podemos cambiar. Es más bien un estímulo para el esfuerzo. Se dice que lo que realmente no podemos cambiar (cuando sentimos que deberíamos), deberíamos aceptarlo, pero lo que podemos cambiar deberíamos cambiarlo (si es deseable). Cierto karma del pasado no podemos cambiarlo, pero podemos cambiar la manera de afrontarlo, con aceptación, optimismo, haciendo mejor las cosas, convirtiéndolas en algo de provecho. No podemos cambiar el pasado, pero el futuro está en nuestras manos. 7. El karma no ha de ser usado para obtener ventajas personales. No debemos tratar de “hacer buen karma” para nosotros. “El que desee formar buen karma se encontrará con muchas confusiones, y en el esfuerzo por sembrar buenas semillas para su propia cosecha, podrá plantar cientos de malas hierbas, y al gigante entre ellas.”(Ensayo sobre Karma). El gigante es la mala hierba del egoísmo. ¿Y cómo aprendemos la generosidad? Siendo generosos. De modo que “No deseen sembrar semillas para la propia cosecha. Deseen solamente sembrar esas semillas cuyos frutos alimentarán al mundo” (ídem). Aun eso puede ser egoísta si pensamos: “Soy yo el que está ayudando”. 8. No existe tal cosa como “mal karma”. Todo karma es bueno. El karma puede ser agradable o desagradable, pero es justo, piadoso e instructivo. Queda otro aspecto del karma difícil de entender y hace surgir muchas interrogantes. Se dice que todas las criaturas están sujetas al karma. ¿Qué ocurre con el karma de los animales? En nuestra actualidad los animales del mundo sufren penurias y torturas de toda clase, por ejemplo, en los establecimientos ganaderos que pueden hacernos recordar campos de concentración y en los laboratorios que son a menudo cámaras de tortura. Si continúan en estado salvaje, en su hábitat natural, pueden ser atrapados o cazados, acabar muertos o quedar heridos; y su hábitat está disminuyendo continuamente, como en el área del Amazonas y otras regiones boscosas, donde los árboles son talados y se cultivan granos para obtener ganancias. ¿Qué han hecho los pobres e inocentes animales para merecer esto? Ellos siguen a la Naturaleza. Si luchan o matan es por alimento, para aparearse o para proteger su territorio. Tal vez tengamos un indicio de explicación para el inmerecido sufrimiento de los animales en lo siguiente: Mme. Blavatsky menciona en La Clave de la Teosofía (p. 158) que la bienaventuranza del Devachán, la existencia celestial que la mayoría de los humanos disfruta finalmente después de la muerte, es, en parte, el “premio” o compensación por el sufrimiento inmerecido. Pero ¿no suponemos que no existe tal cosa como sufrimiento inmerecido? Creo que esta observación de HPB es una indicación de que el karma, que es justicia, no es sólo causa y efecto en el orden del tiempo: primero, causa en el pasado o el presente; y luego, efecto en el presente o en el futuro. Pero ¿debe el karma estar vinculado al tiempo? Después de todo, el tiempo que conocemos, de acuerdo con el reloj o el calendario, pertenece al plano físico solamente. El tiempo psicológico y el tiempo que experimentamos en sueños es diferente. El karma, que es el reino de la Ley Divina, está en un nivel superior al tiempo que conocemos, y penetra en todas partes. De modo que podemos no mirar solamente al pasado por una explicación, sino también al futuro por compensación, para corregir el equilibrio que ha sido alterado. Esa compensación también indica el reinado de la justicia. Así podemos suponer que más tarde o más temprano se hará justicia para los animales que sufren. Ellos recibirán su compensación o su premio, tal vez a expensas de sus anteriores torturadores. Así, finalmente, aquellos humanos que cometen crueldad con los animales, a la larga, han de ser más dignos de lástima que sus propias víctimas. Pero podría ser que el equilibrio se restableciera por su propio sacrificio, por generosidad en beneficio de sus víctimas de otros tiempos. Todo esto es especulación, pero parece razonable. Y así como estamos en la actualidad, con nuestra conciencia actual, nunca comprenderemos al karma completamente. ¿Cómo podríamos hacerlo? Pero el ensayo sobre el “Karma”, al final de Luz en el Sendero nos dice: “Tú que deseas comprender las leyes del karma, intenta primero liberarte de esas leyes. Esto solamente puede hacerse fijando tu atención en lo que no es afectado por esas leyes”. Puesto que el karma, el reino de la ley, es universal, ¡no existe tal cosa como ausencia de karma! Pero lo que se quiere decir con ausencia de karma tal vez sea la completa falta de egoísmo. Entonces, el karma todavía seguirá existiendo, pero ya no estaremos sujetos a él.
Mi religión es muy simple. Mi religión es la bondad. Dalai Lama Tanzin Gyatso
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