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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 127 - Número 11 - Agosto 2006 (en Castellano)

 
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  Alocución del señor D. M. Bennett

 

    Bombay, 12 de Enero de 1882

    Esta es la cuna de la literatura, religión, filosofía, ciencia y civilización  del mundo, y  me alegro de estar  aquí para conocerlos. Es un gran placer estar  presente en esta reunión aniversario de la Sociedad Teosófica. Estoy muy contento de que exista entre ustedes una organización así, activa y saludable,  y de aprender del gran bien que está efectuando al unir en una fraternidad armoniosa a los creyentes de las diferentes religiones antiguas de este país. Estoy feliz de enterarme, por muchas fuentes, del trabajo bien hecho y  benéfico que ha realizado esta Sociedad. Conocí al Coronel Olcott y a la Señora Blavatsky en nuestro propio país y supe que ellos eran excelentes personas. Me alegro de encontrarlos aquí, y ver lo bueno que están haciendo.

   Una fuerte prueba de que hacen bien el trabajo es la enemistad que despiertan en las filas del fanatismo e intolerancia… Pueden esperar amarga enemistad, y a este medio ruin se recurrirá para oponerse a los esfuerzos que ustedes están haciendo.

   Conozco algo de esta clase de oposición. Hace dos años atrás estuve en prisión, cumpliendo trabajos forzados por el periodo de trece meses, enviado allí por un fiscal Cristiano, juez y jurado. Esto se hizo bajo el pretexto de que yo había hecho circular literatura inmoral y obscena. Fui contratado como ya he dicho, para publicar un periódico llamado el Buscador de la Verdad, en el que me proponía hablar de la verdad de la mejor manera que sabia, creyendo que no hay mejor empleo que la búsqueda de la verdad. También estuve comprometido en publicar numerosos libros, folletos y opúsculos, consagrados al mismo trabajo, y esto era lo que deseaban eliminar mis enemigos cristianos.

    Una pregunta debatida en La Asociación Cristiana de Jóvenes de la Ciudad de Nueva York era cómo podrían ser detenidas mis publicaciones. Un hombre llamado Comstock tomó a su cargo la empresa. Él había promulgado una ley en nuestra legislatura nacional, castigando con encarcelamiento y pesadas multas el envío de cualquier publicación indecente u obscena a través del correo, y conforme a esta ley él creyó que podría asegurar mi encarcelamiento. Al principio fui detenido por escribir y publicar un pequeño folleto titulado: “Una Carta Abierta a Jesús Cristo”, en el cual hice muy buenas preguntas para las que me hubiera alegrado recibir respuestas, y hoy me alegraría de lo mismo. Cuando este folleto se trajo para la consideración de nuestras autoridades gubernamentales en Washington, fue encontrado insuficiente para procesarlo, y se ordenó que el caso fuera desestimado, ya que se juzgó que una persona tenía derecho a hacer preguntas.

   Pero mi enemigo estaba molesto por haber fracasado en sus esfuerzos y me persiguió con la persistencia de un buldog. La siguiente causa de mi arresto fue por enviar por correo una copia de un folleto sobre preguntas matrimoniales —de carácter radical, pero conteniendo tales argumentos que sólo un hombre serio, libre, tiene el derecho de hacer. Yo soy un librero y vendí tanto éste como otros trabajos. Mi juicio fue muy injusto. No me permitieron mostrar testigos competentes, autores, editores y  literatos cuyas obras no eran obscenas. No me permitieron comparar éstas con las obras de autores estándar -obras que pueden ser encontradas en cualquier biblioteca- para mostrar que este pequeño libro no era objetable. Esto también se me negó. Era una conclusión inevitable que yo fuera declarado culpable.

   El juez instruyó al jurado para que si ellos “encontraban algo en el trabajo que juzgasen podría tener una tendencia a comprometer injuriosamente a cualquier individuo en cuyas manos esto podría caer”', debían encontrarme culpable. La misma decisión  condenaría a cualquier librero en el mundo. Este cargo fue suficiente. Uno de los jurados sin embargo -un Unitario-[1] detuvo el juicio por quince horas, no juzgándome culpable e insistiendo que yo no merecía el encarcelamiento, pero al fin, deseando volver a su casa, cedió, y se unió a los demás. (Permítanme añadir que fui declarado culpable tanto por el pequeño folleto llamado “Carta Abierta a Jesús Cristo”, como por el otro, ya que esto fue sostenido ante el jurado y dijeron que yo era el autor de ellos.)

   Después de que fui enviado a prisión, doscientos mil de mis compatriotas, creyendo que fui injustamente encarcelado, firmaron una solicitud al Presidente pidiéndole mi liberación. Él examinó el caso, leyó el trabajo y dijo que yo no había hecho nada digno de encarcelamiento, y decidiendo que el trabajo no era obsceno, pidió que se me perdonara. Pero mis enemigos de las iglesias cristianas respondieron con una gran protesta y usaron todos sus esfuerzos para mantenerme en prisión.

   Los clérigos y los laicos de centenares de iglesias apelaron al Presidente para que no me liberara; y él, no siendo lo bastante valiente para la ocasión, escuchó sus demandas. Su influencia fue demasiado para mí. Fui criado fuera de mi época; teniendo así una buena oportunidad para sentir los efectos de la caridad y amor cristianos. Siendo un hombre de edad, pensaron que yo no podría sobrevivir al período de encarcelamiento, y que así mis publicaciones podrían ser destruidas. Pero éste no fue el caso; mis amigos permanecieron fieles a mí, y mi periódico y otras publicaciones tienen ahora más éxito que nunca.

   Hace unas noches escuché la alocución del señor Joseph Cook en esta Sala. Se sugiere que debería hacer algunas observaciones a sus comentarios. Apenas parece necesario, ya que no dijo mucho en ellos. Su esfuerzo parecía estar en convencer que el hombre vive más allá de la muerte, y sobre la base de que el principio o la fuerza de la vida animal existe, que las células del tejido humano son producidas de los elementos que nos rodean, y por esta razón el Cristianismo debe ser verdadero…

   Si la vida más allá de la muerte es una realidad, lo debemos a la Naturaleza -debe estar en su economía para producirla, lo que ocurre es natural. La Naturaleza no hace nada que sea antinatural; y ella hace todo lo que es realizado. Sin ella y sus leyes omnipresentes nada de lo que está producido puede producirse. Espero una vida continua como realmente lo hace el señor Cook; deseo seguir existiendo. Pero si él tiene éxito convenciendo de que la vida más allá de la muerte es una realidad, o por lo menos así puede ser esperada, esto no demuestra que el Cristianismo sea verdadero.

   El Cristianismo no tiene ningún derecho a reclamar la originalidad de la doctrina de la inmortalidad y una vida futura. No es en ningún caso la primera religión en enseñar esto; todos los sistemas religiosos antiguos de su país enseñaron lo mismo miles de años antes de que existiera el Cristianismo. Es falso afirmar que el Cristianismo es el primero en enseñar esta doctrina, porque  cada uno de los más antiguos sistemas religiosos la enseñó. Así que, repito, si el señor Cook alega que la formación de células y tejidos humanos demuestran una vida futura, esto no lo demuestra el Cristianismo. Sería igual que si el señor Cook afirmara que porque el sol se eleva en el Este, porque los vientos soplan del cielo, porque el agua corre colina abajo, y porque dos más dos son cuatro, que la vida continúa más allá de la muerte y que el Cristianismo es verdadero. Ellos lo prueban tanto como lo hace la formación de células y tejidos vivos.

       El hecho es que todo lo que el cristianismo tiene, lo ha tomado prestado de los más antiguos sistemas. No conozco de un principio, dogma, rito, sacramento, ceremonia, o sentimiento moral enseñado por el cristianismo, que no haya sido enseñado por los sistemas de religión que sus antepasados tenían en este país. Si a Jesús se le creyó al enunciar la buena moralidad, debe insistirse que existen morales tan buenas como ésta enunciadas por grandes escritores de los Vedas, por Manu, por Zoroastro, por Krishna, por Buda, por Confucio, y gran número de otros maestros morales y de filósofos que estos países Orientales produjeron hace miles de años.

   El cristianismo no tiene nada nuevo que ofrecer a ustedes; nada nuevo que ustedes no tengan, nada más de lo que su país ha  poseído muchos cientos de años antes de que la Cristiandad fuera conocida en el mundo. Probablemente nunca se han enseñado mejores enseñanzas morales que las que existieron en épocas pasadas, pronunciadas por sabios y filósofos de su país, y parece ser de poca utilidad el rechazarlas y reemplazarlas por similares doctrinas reformadas o adoptando un sistema posterior. Pero no continuaré mis comentarios más allá. Les agradezco su atención.

 

 

Reimpresos del Suplemento El Teósofo, de Febrero de 1882, éstos son los extractos de una alocución dada en una reunión pública para celebrar el sexto aniversario anual de la Sociedad Teosófica. El señor D. M. Bennett, de Nueva York, era un agitador contra la ortodoxia cristiana. Él se crió como un Shaker, una secta de famosos místicos cristianos en América, y se admiró de los Adeptos que apoyaban la fundación de la Sociedad Teosófica. ( Ver la revisión de un libro sobre la vida del señor Bennett en la pág. 433 de esta edición ).


 

[1] -  Miembro de la  Unitarian Church  ( Iglesia Unitaria )

 

 

 
 
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