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Vol. 127 - Número 10 - Julio 2006 (en Castellano) |
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DESDE LA ATALAYA
Radha Burnier
El progreso sin lucha Se dice que el universo manifestado es la auto-expresión de la Realidad Divina, pero a la mirada de seres humanos imperfectos, está lleno de defectos. ¡Algunos aún pueden creer que serían capaces de mejorarlo si se les diera una oportunidad! Tal cuestión - subconsciente, si no conscientemente – se encuentra tras preguntas tales como: “¿Por qué Dios ha creado el mundo así?”, o, “¿Por qué existe el mal?” El ser humano podría haber sido dotado de otra manera, en lugar de ser una criatura miserable, siempre luchando y esforzándose. Quizás sea nuestra mirada la defectuosa, no el Plan Divino, tal como es percibido por quienes son capaces de ver a través de los ojos de la Sabiduría, y quienes afirman que el universo es la manifestación de lo Divino.
Hay diferentes perspectivas desde las cuales se puede ver esta cuestión, aún en nuestro nivel; y las percepciones que llegan de diferentes direcciones podrían resultar de suma utilidad. Comprender los procesos, aunque más no sea sobre nuestra pequeña Tierra, es extremadamente difícil, ya que son complejos, sutiles y profundos. Por ejemplo, no es fácil comprender cómo se entretejen el crecimiento y la muerte en el proceso evolutivo; cómo la Realidad Absoluta y el principio de maya actúan conjuntamente para dar auto-expresión a la Vida Una; cómo la Unidad se convierte en la diversidad, exhalando e inspirando. Esta expansión y contracción continúa en todos los rincones de la manifestación. Las escrituras hindúes dan la imagen de la semilla de baniano, la que es tan pequeña como la de mostaza, pero que sin embargo contiene un enorme potencial de crecimiento. Puede expandirse en un enorme árbol, ofreciendo resguardo a todo un ejército, puesto que, aparentemente, el poder de crecimiento reside también en cada diminuta célula y en cada parte del árbol.
El crecimiento siempre implica multiplicación y separación. Alegóricamente, se afirma que Prajapati, el Señor de la Creación, dijo: “Deseo convertirme en muchos”, significando que la Realidad invisible e inefable tiene este impulso a expandirse, a revelar los elementos ocultos y la belleza en sí misma, tal como el sol derrama sus rayos de luz y calor. Así, de la unidad emerge la vasta y variada vida en todos los niveles del universo manifestado.
A medida que avanza la diversificación, quedan gradualmente reveladas todas las facultades latentes en la conciencia. Los sentidos, la emoción y la mente, los cuales yacen en reposo, son atizados y nutridos por la experiencia, hasta que la mente alcanza cierto estadio. Luego, el sentido de separación alimenta la mente, y quizás así lo necesite, para su crecimiento y actividad. Se hace consciente del “otro”, y quiere combatir, reformar, competir, comparar y evaluar. La mente crece de esta forma, algunas veces dando lugar a un brillante intelecto, capaz de extender su comprensión al mundo externo mucho allá de sí misma, tal como lo hacen los mejores filósofos, científicos y pensadores.
No obstante, ni bien vemos a través del “ojo de cerradura” de una pequeña mente, esta etapa – en la que reinan el egoísmo, el mal, la injusticia y la confusión – aparenta ser un error, y surgen preguntas acerca de por qué la mente divina no pudo haber ideado mejores planes. Un maravilloso edificio se está levantando a lo largo de un vasto período de tiempo, pero por el momento carecemos de comprensión, y nuestros juicios resultan falaces. La acción del placer y del dolor en nuestras vidas nos deja confundidos y perturbados.
Todos los problemas parecen intensificarse en el nivel físico, y cuando encarnamos en cuerpos físicos, los opuestos – como el dolor y el placer, o la esperanza y el miedo – realizan el más fuerte impacto sobre nuestra conciencia. Pero el dolor y el placer no son diferentes entre sí; son como dos caras de una misma moneda. También hay una necesidad de tomar conciencia de que en realidad no existe nada doloroso o placentero. Nuestras propias reacciones hacia las cosas nos hace clasificarlas como dolorosas o placenteras. Por supuesto, si uno punza la piel con un alfiler, surge una sensación de dolor, que es físico – la reacción del cuerpo. Pero el dolor y el placer psicológicos son causados por reacciones. Es ilusorio creer que la fuente es externa, y que debemos escaparle, o cambiarla. Lo que debe cambiar es nuestra propia respuesta, la cual no debe ser una reacción, un reflejo mecánico o condicionado. De modo reflexivo, la mente debe aprender a reflejar y entender su propia naturaleza, deficiencias y propensiones, para luego comenzar a percibir desde un nivel más profundo.
La impaciencia, la frustración, la ambición y el deseo de ver resultados dentro de un cierto período de tiempo, son obstáculos, porque éstos emergen de la conciencia egoica, la cual coarta la habilidad de ver con claridad. Por otro lado, cuando nos damos cuenta de que ni el placer ni el dolor son duraderos, y que son experiencias psicológicas transitorias, la mente se clarifica y se aquieta. Ya no está agitada, ni deseosa, ni temerosa. El concepto corriente de viveka, traducido con frecuencia como discriminación, implica tomar cuenta de las diferencias, separación y multiplicidad. Se trata de discernir entre lo real y lo irreal. Mas existe un estado de conciencia en el que viveka culmina en percepción pura, y la mente está quieta. Ésta penetra en la naturaleza interna, significación y propósito de todo lo que es. Esto también forma parte del crecimiento de las facultades.
No habría progreso en el nivel material sin la mente racional y discriminadora, pero esto debe crecer en profundidad y sutileza, permitiendo así la percepción de la naturaleza interna de todas las cosas. La idea de que existe separación activa un nivel de la mente; es parte de un proceso transitorio. Ver lo real como lo real, y lo irreal como lo irreal con las propias facultades más refinadas, constituye el siguiente estadio. En todos los seres humanos hay un “tercer ojo” que puede ver más allá de lo que normalmente vemos, el cual reduce la lucha, para luego eliminarla.
Transformar la vida espiritual en una lucha no conduce más que a la propia derrota. Para avanzar en el Sendero, uno debe aprender a estar completamente calmo y desprovisto de ambición. Resulta difícil comprender esto: la lucha da nacimiento al egoísmo; y aún resulta difícil comprenderlo, y hasta estudiantes serios no logran hacerlo. La energía empleada en el Sendero debe encontrarse libre de motivación personal y egoísta. Como hemos visto, en toda la manifestación hay crecimiento, el cual tiene lugar tanto hacia afuera como hacia adentro. Como la semilla de baniano, que se desarrolla en un árbol con muchas ramas, follaje y frutos, el alma crece. “El alma del hombre es inmortal, y su futuro es el futuro de algo cuyo crecimiento y esplendor no conocen límite”. Ya que crecer y expandirse son parte de los vastos procesos de la naturaleza, e inherentes a cada uno de nosotros, es fútil agotar esfuerzos y presionar con el objeto de alcanzar un fin preconcebido. No somos nosotros quienes hacemos que la semilla de baniano crezca hasta ser un gran árbol: todo lo que podemos hacer es protegerla de todo daño y proporcionarle suficiente agua y un rico suelo. De manera similar, podemos nutrir el crecimiento del alma eliminando las condiciones adversas, y proveyéndole un medio ambiente afín, absolutamente libre de ambición. Lo que se necesita no es ambición y empuje, sino una profunda convicción acerca de la benevolencia de la vida.
Conviviendo como amigos
Varios periódicos han publicado información acerca del “Jardín del Edén” hallado en Nueva Guinea, donde un número asombroso de criaturas que se habían presumido extintas aún existen en zonas escarpadas y selváticas. No se trata aquí de prensa sensacionalista creada por periodistas; el reporte proviene de un equipo de expertos que inspeccionaron la región y encontraron no menos de cuarenta nuevas especies, aún con la expectativa de identificar un mayor número. Uno de los científicos, tal como se lo cita en el artículo de este periódico, dijo: “Es un ejemplo de lo que la totalidad de Nueva Guinea era alrededor de cincuenta miles de años atrás, cuando no existía la caza, ni las consecuencias de la tala de árboles, ni profanación del medio ambiente. Quedan muy escasos lugares en la Tierra donde ha habido tan poca incidencia del ser humano”
Otro investigador declaró: “Es lo más cercano al Jardín del Edén que podamos encontrar en cualquier lugar de la Tierra”.
La población humana en aquel cálido y húmedo territorio es extremadamente pequeña, y aún nadie ha interferido con este sector primitivo y forestado del país. Esto queda evidenciado por el hecho de que muchos animales no acusaron indicio de temor ante los científicos que se encontraban investigando: “Dos equidnos de pico alargado, un primitivo mamífero ovíparo, permitieron que los científicos los recogieran y los retornaran a su campamento para someterlos a estudio”. ¡Qué excitante habrá sido encontrar este tesoro de la Naturaleza, y qué desastre sería si la publicidad atrajera gente codiciosa hacia este maravilloso paraíso para las criaturas de Dios! En Borneo, el cual, como Guinea, forma parte del archipiélago de Indonesia, similares selvas, antes intactas, están siendo arrasadas para el establecimiento de plantaciones de dátiles, y según los ambientalistas, numerosas especies recién descubiertas serán exterminadas.
Annie Besant, durante una disertación acerca de “El Lugar y la Función del Hombre en la Naturaleza” (véase “Wake up India”, fascículo de 1997 – 98), habló del lugar y la función del hombre en la Naturaleza, no sólo en qué consisten, sino también cómo deben ser, ya que ambos son diferentes. Ella creía que el rol de la humanidad, al ingresar en un estadio superior de evolución, implica asumir responsabilidad por las criaturas menos evolucionadas, y ayudarlas a avanzar – lo cual es consistente con la perspectiva de una meta espiritual última. “Bajo la directa guía de los Maestros, el hombre fue puesto a cargo de la evolución inferior del planeta”. Fue convertido en una especie de director o inspector, bajo el control de la Jerarquía Espiritual del Mundo.
Tanto si el lector desea someter a consideración y aceptar la visión de la Dr. Besant, o no, deberá atender al hecho de que el hombre no ha demostrado ser un especie de hermano mayor para con las formas inferiores de creación, sino más bien ha evidenciado una inclinación a usar animales, plantas, y todo lo que se halle sobre la tierra, para su propio beneficio, ignorando sus necesidades y desarrollo, así como al equilibrio de la naturaleza.
Como se ha encontrado recientemente en Nueva Guinea, los animales son naturalmente inocentes, confiables, y aún afectuosos y útiles. Muchos perros, por ejemplo, despliegan estas cualidades, pero los seres humanos han hallado maneras de inculcar otros rasgos en algunas cruzas de perros y otras criaturas. El resultado es que éstos se vuelven diferentes: desconfiados, feroces, y hostiles hacia el hombre.
Dice Annie Besant:
“El hombre no parece haber tenido éxito en implantar el último toque de brutalidad en el animal salvaje. Éste ya no cazará para sí a menos que se encuentre hambriento… Es curioso que el amor a la matanza por diversión parece incrementarse con lo que hemos denominado ‘civilización’; el salvaje, aún escogiéndolo de sus tipos más inferiores, caza sólo por alimento”.
El resultado del hábito humano de menospreciar y tratar desconsideradamente a los animales se encuentra ampliamente difundido:
Todo lo que nos hubiera amado huye de nosotros; todo lo que se halle en bosques, campos, selvas y junglas escapa a las pisadas del hombre. Aún escuchamos acerca de unos pocos lugares en el mundo donde esto no sucede, y los marineros nos cuentan de nuevas tierras que visitan, donde inocentes criaturas se amontonan a su alrededor, curiosos y desprovistos de temor.
Alrededor de cien años después que Annie Besant pronunció estas palabras, se encuentra en Nueva Guinea tal tierra virgen, donde las criaturas viven sin miedo ni excesiva ferocidad – el miedo, por supuesto, engendra la ferocidad – lo cual la convierte en algo así como un paraíso.
Los animales no sólo están dispuestos a ser amistosos con el hombre, sino que, a pesar de la crueldad a que se ven sujetos a lo largo de todo el mundo, muestran también un espontáneo deseo de ser útiles. Se me ha informado recientemente que el San Francisco Chronicle (15 – 12 – 2005) había publicado un reporte acerca de una ballena que quedó enredada en una red de trampas y cuerdas que habían herido cada sector de su cuerpo, mientras luchaba para mantenerse a flote. Viendo esto, un pescador envió una señal de radio a un grupo ambientalista, y llegó un equipo de rescate. La única manera de salvarla consistió en sumergirse y desenredar la red de cuerdas que la aprisionaba. Este trabajo tomó unas pocas horas, y pudo haber resultado peligroso para los buzos. Cuando se vio liberada, los salvadores dicen que nadó en lo que parecían ser alegres círculos, para luego retornar a cada uno de los nadadores, uno por uno, para tocarlos gentilmente y empujarlos suavemente a un paseo - ¡les estaba agradeciendo! Algunos dijeron que aquella había sido la experiencia más increíblemente bella de todas sus vidas.
Pueden citarse muchos otros ejemplos menos dramáticos de animales que muestran reconocimiento, fidelidad, y otras cualidades conmovedoras en su relación con los seres humanos, quienes muchas veces muestran un corazón tan frío y desagradecido. ¿No deberían los seres humanos reconsiderar, a la luz del conocimiento moderno, su relación con criaturas “menores” – animales y plantas?
En la disertación ya mencionada, la Dra. Besant también comenta acerca de hombres santos a quienes todas las cosas vivientes aman y consideran como amigos. Estos incluyen a San Francisco de Asís, yogis hindúes que caminan sin riesgo a través de junglas acechadas por tigres y serpientes y, mucho más recientemente, los monjes del Templo del Tigre en la provincia de Kanchanaburi en Tailandia, quienes rescataron y adoptaron a 16 tigres cachorros que habían perdido a sus madres. The Hindu, uno de los diarios más importantes de India, incluyó en su emisión del 19 de Abril de 2006 una conmovedora fotografía de un amoroso monje con sus brazos tendidos alrededor de dos tigres adultos, encontrándose frente a un tercero. Ellos viven en paz y camaradería, lo que en realidad debería caracterizar a todas las relaciones.
Mediante la prensa, nos enteramos además de sobrados ejemplos de animales que ayudan y socorren a miembros de especies diferentes. Se ha reportado un ejemplo de un bebé hipopótamo arrastrado por un tsunami hacia un río de Kenia, llevado hacia el océano, y luego nuevamente hacia las costas, por la gigantesca marejada. Fue hallado por guardas de vida salvaje en condición de deshidratación, “languideciendo por su perdida madre”. Fue transportado al Haller Park en Mombasa, donde fue adoptado por una gigantesca tortuga macho, cuyo nombre, en Suahili (la lengua local), significa “anciano”. El pequeño hipopótamo, una vez suelto dentro del cerco, avanzó pesadamente hacia la tortuga, y ambos se hicieron inseparables. Uno de los ecologistas del parque dijo a la agencia Reuters: “Después que fue arrastrado y perdió su madre, el hipopótamo estaba traumatizado; tuvo que encontrar a alguien que cumpla el rol de madre sustituta. Afortunadamente, aterrizó en la tortuga y estableció con ella un fuerte vínculo. Ahora nadan, comen, y duermen juntos”. Tales lazos siempre han existido entre gatos y perros, quienes sin embargo han sido tachados de proverbiales enemigos.
Otro retazo de información que nos llega de Tailandia nos cuenta acerca de la amistad formada entre un gato de un año de edad, y un mono de cuatro, quienes se hicieron madre y compañero de juegos. Se les permitió vivir en un templo al norte de Bangkok, ya que tanto monos como gatos han sido por tradición bienvenidos y alimentados en los templos por monjes y visitantes por igual. Tales amistades abundan, aunque generalmente no nos encontramos preparados para ensanchar nuestro círculo de afinidades por medio del cultivo de la buena voluntad y el afecto por pueblos y especies diferentes a nosotros.
Hagamos un esfuerzo en tomar conciencia de que nosotros, seres humanos, somos parte de una vida mayor que incluye animales, plantas, y aún minerales. Así pronto llegará el día en que, como dice la Biblia:
“El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No harán daño, ni destruirán, en toda mi montaña sagrada, dijo el Señor”. (Isaías, 65:25)
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