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Vol. 127 - Número 9 - Junio 2006 (en Castellano) |
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LA SEMILLA DE LA GNOSIS: LA TEOSOFIA DE G.R.S. MEAD
Dara Tatray (Conferencista nacional de la Sección Australiana de la S.T.) The Theosophist Junio 2006
G.R.S. Mead fue un estudioso del Platonismo y de la filosofía Hermética; y secretario privado de la co-fundadora de la Sociedad Teosófica, Helena Blavatsky, desde 1889 hasta su muerte en 1891. Sus obras publicadas abarcan los campos del Hermetismo, Gnosticismo, Platonismo, los Misterios Órficos y Mitraicos y los Upanishads. El año 2006 señala el centenario de la publicación de la Sociedad Teosófica en Londres de sus tres volúmenes de traducción y comentario de, Thrice Greatest Hermes (Hermes, Tres Veces Grande). Si tuviera que resumir lo que entiendo que Mead ha recogido de sus estudios Herméticos y de la Teosofía, los que para él eran sinónimos, diría que fue una percepción en la experiencia, en los aspectos más profundos de la vida, que inevitablemente conduce a la experiencia de la percepción. Esta percepción puede expresarse de tantas maneras como sea posible para señalar hacia nuestra divinidad potencial, como podría decirlo un hermético; o hacia nuestra inteligencia potencial como podría expresarlo David Bohm y J. Krishnamurti (es decir, la inteligencia como diferente del intelecto o del pensamiento). La imagen de Hermes a lo largo de las edades, es la de un maestro de comunicación quien encuentra tesoros ocultos de conocimiento y los pone nuevamente en circulación. Se decía que era capaz de distinguir a los verdaderos filósofos de los falsos, y de guiar a las personas de regreso, desde la tierra de los muertos a la de los vivos. Resumiendo las enseñanzas de la Hermética en sus propias palabras, Mead escribe que esta ‘gnosis de la Mente…nos enseña a dejar que la Vida fluya dentro de los canales inertes de nuestra naturaleza corpórea, a invocar el Sagrado Aliento de Dios para animar la esencia de nuestra forma, de modo que el Animador Divino pueda primero hacer que nazca en nosotros nuestro divino complemento, nuestro otro yo, nuestra esposa perdida desde hace mucho tiempo, y entonces podemos sin escatimar amor y con un hermoso galanteo hacer nacer a nuestros verdaderos yoes, llegando así a regenerarnos o renacer’. Me pregunto ¿qué significa esto para el oyente? El Divino Animador da nacimiento en nosotros a ‘nuestro complemento divino, nuestro otro yo’, y llegando a conocer y amar a este Yo impersonal finalmente lo hacemos nacer ‘llegando así a regenerarnos o a renacer’. Cuando por primera vez entramos en contacto con nuestro potencial divino, o con nuestro potencial total como seres humanos, vemos en nosotros ese otro Yo, esa esposa o complemento perdido hace mucho tiempo, y cuando llegamos a conocer ese potencial, y a amarlo, la separación disminuye y finalmente nos encontramos en armonía con el Yo Superior o la realidad divina. Ese primer contacto con el Divino Animador – el que puede llegarnos a través de un texto hermético o uno teosófico, o a través de otro ser humano –siembra una semilla que con seguridad germina a su debido tiempo, llevándonos desde una percepción inicial de la vida hasta la experiencia sostenida de percepción, en la cual no hay separación entre el conocedor y lo conocido, o, en este caso, entre nosotros como somos y nuestro complemento divino. Al escribir acerca de la historia interna del Misterio de Cristo, Mead cita un pasaje que refleja la naturaleza de Hermes y la Teosofía a lo largo de las edades: ‘Descenderé a testimoniar la Verdad; A través de Eones universales construiré un Sendero; A través de todos los misterios abriré un Camino! Todas las Formas de Dioses exhibiré; Los Secretos del Sendero Sagrado entregaré. Y los llamaré Gnosis’. La afirmación precedente bien puede servir como la plataforma de la Sociedad Teosófica, que busca afirmar todas las formas de Dios, incluyendo el sin forma; y todas las enseñanzas que puedan llevar a la experiencia de la Sabiduría Divina. Es importante comprender que Hermes no es una persona, sino un arquetipo. Como Meads explica: ‘la totalidad de la filosofía religiosa…del sacerdocio egipcio estaba contenida en los Libros de Hermes, es decir de Thoth’; y Thoth, como señala Jámblico, era un nombre común para todos los sacerdotes: ‘cada sacerdote como sacerdote era un Thoth, porque mostraba en su sagrado oficio alguna que otra característica del Gran Sacerdote o Maestro Hierofante entre los Dioses cuyo nombre terrenal era Thoth Tehuti’. Asimismo, no es Hermes la única persona que explora el Sendero a través de todos los misterios sino cada uno que descubre el Camino, es Hermes. Lo más interesante para mí acerca del testimonio de Mead de HPB, extractos del cual menciono más adelante, es que no solamente creía en ella con toda su alma, como lo expone; sino sobre todo, él creía con toda su alma ‘en las grandes cosas por las que ella luchó, en los profundos Misterios de los que ella transmitió…’ Decir que fue leal a HPB a lo largo de su vida es una subestimación extrema: permaneció apasionadamente agradecido y totalmente maravillado por Helena Blavatsky. Unos pocos comentarios del testimonio personal de Mead, del carácter de HPB no estarían fuera de lugar aquí. HPB no se consideraba santa o virtuosa, y ciertamente nunca ha sido deificada en la Sociedad Teosófica, pero ciertamente manifestó las cualidades arquetípicas de Hermes en su capacidad de localizar y comunicar la verdadera filosofía, y mostrar que el Sendero sagrado está detrás de todas las máscaras de Dios. Mead escribe acerca de ella: ‘En tanto estuviera relacionado algún conocimiento objetivo, iba a trabajar con HPB casi totalmente como un agente completamente desconocido. No obstante, por todo lo que ella sabía, podría haber sido un emisario secreto del enemigo, porque ella era a mí entender, espiada por muchos. En todo caso, suponiendo que hubiera sido un fraude, ella debe haber sabido que era un experimento muy peligroso admitir a un novato en su ambiente más íntimo. Sin embargo, no sólo hizo esto, sino que me abrumó con la sinceridad de su confianza. Me puso a cargo de todas sus llaves, de su MSS, su escritorio y los cajones en los que guardaba sus papeles más privados; no sólo esto, sino que además, con el argumento de que la dejaran en paz para escribir, se negó absolutamente a que se la molestara con sus cartas, y me puso a cargo de su voluminosa correspondencia, y esta también, sin abrirla ella primero. Ella no sólo metafóricamente, sino algunas veces efectivamente, arrojó las misivas ofensivas a mi cabeza! Por consiguiente, tenía que abrir frecuentemente todas sus cartas y no solamente leerlas sino contestarlas como mejor pudiera…Bien, no estoy diciendo que fuera lo correcto para una mujer que recibía día a día un gran lote de cartas, algunas de ellas – muchas de ellas – conteniendo los pensamientos más íntimos de hombres y mujeres de todo el mundo, introduciendo al lector a la intimidad de su vida interna…Pero, sea esto como pueda ser, me convenció total y seguramente que cualquier cosa que HPB pueda haber sido, ella no era un fraude ni embustera – no tenía nada que ocultar, porque una mujer que, de acuerdo a la hipótesis principal del Informe de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas, tenía aliados en todo el mundo y vivía la vida de una astuta aventurera, habría sido no solamente increíblemente arriesgado, sino positivamente descabellado haber dejado que toda su correspondencia privada pasara a manos de un tercer bando, y esa, también, sin ser previamente abierta por ella’. Además, conocer personalmente a HPB convenció a Mead, como nada pudo, que ella era constitucionalmente incapaz de alguna clase de engaño sostenido que involucrara discreción de su parte. Como Mead expresó: ‘Estoy convencido que si ella hubiera sido culpable de las cosas que se le imputaban…no habría podido evitar, en uno u otro de sus frecuentes arranques o confidencias, dejar escapar alguna palabra o alusión de naturaleza incriminatoria. En todo el caos de su cosmos, dos cosas permanecieron firmes de todos modos – que Sus Maestros existían y que no era un fraude’. Luego siguen unas pocas observaciones sobre su método de trabajo en el cual Mead era una autoridad, habiendo leído y a menudo editado mucho de lo que ella escribió: ‘Pienso que puedo decir sin ninguna jactancia indebida, que nadie conoce mejor que yo los libros de los que ella saca citas y el uso que hace de las citas. …Eternamente me hago la pregunta: ¿De dónde obtuvo su información – aparentes traducciones de textos y comentarios, de los cuales los originales son desconocidos para el mundo occidental? ‘No era erudita, no tuvo instrucción en la escuela, colegio o universidad; no era científica, probablemente nunca había presenciado un experimento de laboratorio en su vida; no era matemática, ni filósofa de las escuelas formales; lo más probable es que no habría podido decirles la diferencia entre las posiciones de Kant y Schopenhauer si le hubieran preguntado – y sin embargo ella escribió sobre todas estas cosas y frecuentemente con la mayor agudeza. ‘He puesto a prueba cada hipótesis y cada cambio y combinación de hipótesis de las cuales he escuchado o que he ideado, para explicar estas cosas verdaderamente grandes en la actividad literaria de HPB, y me atrevo a decir que la única explicación que en cierto modo tiene la más escasa pretensión de soportar el tono de la evidencia, es que estas cosas fueron dictadas o impresionadas en ella psíquicamente por maestros y amigos vivos, la mayoría de los cuales había conocido físicamente. Es verdad que, como ella misma declaró, y como se afirmó a través de ella, que a veces enredaba las cosas bastante, pero se esforzaba al máximo en hacer lo mejor, en las circunstancias más difíciles’. Estas circunstancias difíciles incluían muy mala salud, pronta a resultar fatal y bastante mala voluntad dirigida a ella como resultado del informe falso de Hodgson. Lo que me gustaría hacer ahora es dar una breve mirada a la opinión de Mead sobre la Teosofía, los Maestros, las iniciaciones y lo que llamaba ‘la semilla de la gnosis’.
Mead sobre la Teosofía Las declaraciones que siguen acerca de la Teosofía son sutiles, y debemos tratar de escucharlas sin ideas preconcebidas acerca de lo que es la Teosofía, de lo contrario es posible que malinterpretemos la posición de Mead o perdamos su profundidad. Básicamente, creía que: ‘Lo que saca al hombre de su pequeño yo y lo devuelve a su Yo Más Grande, siquiera por un momento, es la activación de la Teosofía en él’. Ahora bien, esta activación de la Teosofía obviamente, no se refiere a la Sociedad Teosófica o a cualquiera de sus enseñanzas. No es la ST o cualquiera de las doctrinas las que se activan. No hay nada dentro del ser humano que se relacione con la Sociedad Teosófica, pero si hay algo dentro del ser humano que se relaciona con la teosophia o sabiduría divina, y esta podría ser activada por innumerables medios. Para Mead, la Teosofía era el Espíritu de Dios, el Aliento Divino, o quizás el Animador Divino, revelándole los ‘secretos del Propósito Divino’, y principalmente, construyendo en él una creciente fe en ‘la verdad abrumadora de la divinidad potencial del hombre’. La activación de la Teosofía es la activación de la sabiduría en nosotros, el despertar de la sabiduría, que es divina. Una vez que se ha plantado la semilla, va a trabajar produciendo las condiciones necesarias para su crecimiento, o para nuestro crecimiento en este potencial. Tales declaraciones acerca de la Teosofía claramente no se refieren a un conjunto de doctrinas o a una serie de creencias, sino a la Teosofía misma. Ahora bien, esta es una diferencia muy importante y a menudo la hacemos en la Sociedad Teosófica, pero, arriesgándome un poco aquí, no creo que todavía haya sido plenamente abordada. Como miembro de la Sociedad Teosófica no estoy comprometida a ninguna creencia, no sólo como un asunto de política, sino más fundamentalmente porque en su significado más esencial la palabra ‘Teosofía’ no se refiere a ningún concepto o doctrina, sino que es un estado de la mente y una condición de ser que puede alcanzarse por innumerables medios. Por lo tanto, en el mejor de los casos, la nuestra es una Sociedad dedicada a fomentar las condiciones necesarias para el crecimiento espiritual, y estas condiciones incluyen un crecimiento en la comprensión de los aspectos más profundos de la vida, y la remoción gradual de todo lo que obstaculiza el amor y la inteligencia dentro nuestro. Para comprender la posición de Mead en ‘A Measure of What Theosophy Means to Me’ (‘Una Parte de lo que la Teosofía Significa para Mí’)es necesario comprender la Teosofía de esta manera, como sabiduría divina, que también es el Divino Animador y el Espíritu de Dios En la obra mencionada, él expresa: ‘Cuanto más absorbes esta Teosofía, más te absorbe ella; no puedes cansarte de ella…Ahora es difícil para mí comprender la absoluta vacuidad y carencia de sentido de mi vida antes de llegar a conocer la Teosofía…En resumen, es a la Teosofía que debo todo lo que hace la vida soportable’. Si a la Teosofía se le da una interpretación demasiado concreta, de una cultura específica, limitada al tiempo, entonces Mead podría encontrarse como un Teósofo absolutamente fundamentalista, renacido, apegado a las doctrinas y enseñanzas emitidas por la Sociedad Teosófica de esa época. ¿Pero está Mead refiriéndose a un conjunto de ideas acerca del mundo fenomenal, o a algo de un orden completamente diferente? El continúa: ‘Los poderes del Maestro son transmitidos por innumerables medios. En mi caso, un libro llegó a mis manos y su poder tocó mi alma, de modo que prestó atención a los poderes detrás del poder del libro. No me di cuenta entonces, pero ahora sé que debe haber sido el llamado de mi verdadero linaje, la esencia de vida de muchas vidas, o como si hubiera escuchado las voces del pasado largamente olvidado’. Me ocurrió una experiencia muy similar, e imagino que a otros que leen estas palabra también. En mi caso el tema del libro no era de interés especial en esa época – ahora ni siquiera estoy segura qué era– pero como Mead también lo experimentó fue como si el poder detrás del libro afectara mi alma y le pusiera (algo) de atención a él; y a la existencia del propósito y significado de la vida, que viene a ser lo mismo. El libro que lanzó a Mead en su viaje dentro de la Teosofía fue Buddhismo Esotérico de A.P.Sinnett, que no es acerca del Budismo en absoluto, sino que en cambio contiene, en palabras de HPB, ‘una serie de ideas guiadoras relacionadas con las verdades reales de la Naturaleza, y a los hechos reales del progreso del hombre a través de la evolución’. Entre estas ideas hay algunas que podrían considerarse como tópicos periféricos relacionados con nuestro peregrinaje a través del tiempo, pero estas no fueron finalmente las que le hablaron a Mead. Como explica: ‘La Teosofía significó una vez muchas cosas para mí, finalmente llegó a significar tantas que mi intelecto no vio perspectivas posibles de siquiera contenerlas; su variedad era tan grande que me perdí en la infinita diversidad de los detalles. Ahora la Teosofía significa solo una cosa; pero ésta no es una de tantas, es de otro orden. Es un anhelo, no de conocer sino de ser, es el conocimiento de que la gnosis es realización. Este conocimiento es la muerte del conocimiento convencional y el nacimiento de la Teosofía’. Argumentaría que lo que muchos de nosotros pensamos un tanto vagamente de la Teosofía, es decir, de las teorías específicas acerca de las rondas y razas, karma y reencarnación, y demás, cae en la categoría del conocimiento convencional del mundo fenomenal, si bien de una clase informal más que de la Gnosis y de la Teosofía de la que habla Mead. Estos tópicos son en el mejor de los casos objetivos, pero no son verdaderos en el sentido Platónico o Gnóstico. Esta diferencia entre hecho y verdad circula por el pensamiento Platónico y Upanishádico y en cierta oportunidad fue expresado por J. Krishnamurti cuado se le preguntó si él creía en la reencarnación. Respondió que la reencarnación es un hecho pero no una Verdad. La Verdad no es algo que existe en los detalles del fenómeno, por interesante que puedan ser. La verdad es completamente de otro orden. Muy consciente de esto, Mead continuó expresando: ‘Todas las enseñanzas, todas las instrucciones de la Teosofía sobre incontables problemas pueden resumirse en una idea viva dominante, la semilla más poderosa de todas en el gran granero, para plantar en la mente adecuadamente preparada del hombre - que el hombre es un Dios en potencia; esta semilla de la verdadera Gnosis, este poder de crecimiento en la Teosofía o perfeccionamiento en la Sabiduría de Dios, es el hombre verdadero tomando auto-consciencia en el alma de su naturaleza purificada’.
La Semilla y Esencia de la Gnosis La idea viva principal, la semilla más poderosa de todas, es la idea que el ser humano es un Dios en potencia y que el verdadero crecimiento para nosotros, consiste en perfeccionar o realizar la Sabiduría de Dios o Sabiduría Divina, que es nuestra naturaleza íntima. (Sin embargo, siempre debería tenerse en mente, que no es el ego el Dios potencial). Mead distingue cuidadosamente entre gnosis y conocimiento común, como lo han hecho todos los Platónicos: ‘La gnosis es conocimiento, pero no conocimiento discursivo de la naturaleza de las artes y ciencias múltiples’. Es una forma diferente de conocer, en la cual conocer y ser son uno. El gnóstico surge de la ignorancia existencial y nace en otra forma de conocimiento, otra forma de ver, que es también otra forma de ser. La ignorancia de la que habla Mead, el avidya del Yoga y de la Vedanta ‘no es ignorancia de las artes y las ciencias y demás, sino ignorancia de Dios…la ilusión (de la separatividad) que impide al hombre realizar la unidad de su verdadero yo con lo Divino’. El Aliento Sagrado de Dios, la Vida fluyendo a través de los canales inertes de nuestra naturaleza corpórea, el Divino Animador, son todos evocadores de algo distinto del pensamiento, ¿no es así? De algo diferente de la teoría, doctrina y dogma, que son por comparación con el Aliento Divino, completamente inertes, pero que puede, por supuesto, apuntar hacia él o conducirnos más cerca de una vida significativa y al significado de la vida. La búsqueda de Mead, por lo tanto, no fue de conocimiento, ‘sino de una vida más profunda e intensa’. Su búsqueda, como la de Hermes fue ‘Solo esa que puede satisfacer completamente al hombre en su totalidad y hacerlo creativo y con iniciativa propia’.
El Maestro Esto nos lleva a la comprensión de Mead del Maestro y el Sendero. Su idea del Sendero era la de una regeneración o renacimiento, que definió como: ‘nacimiento desde “arriba” o bien nacimiento “de regreso” al yo…como opuesto a la evolución inconsciente’. Es solamente cuando damos este paso hacia la evolución consciente que nos volvemos verdaderamente humanos. Antes de esta iniciación o despertar, el ser humano es poco más que una ‘procesión del destino’: una reacción tras otra, basada en gustos y aversiones, placer y dolor. En cuanto al Maestro, es ‘una llave viviente que puede revelar los misterios del Gran Hombre a los hombres pequeños’. Aquí tampoco deberíamos dar una interpretación demasiado literal o concreta al uso de la palabra Maestro de Mead (la que es andrógina). Como lo explica: ‘En realidad no hay sino Un Cuerpo, a través del cual la Mente Maestra imparte energía eternamente; pero este Cuerpo aparece diferente a los discípulos, de acuerdo a las variadas etapas de iluminación de los mismos. ‘Al principio, el discípulo está quieto, y más naturalmente, dedicado a amar la forma y la persona…Es el fenómeno más común de la religión…que quien ama adore el Misterio en una forma; y aún cuando el sol gnóstico comienza a brillar para él, el hábito de amar la forma, que ha gobernado al hombre…es todavía tan fuerte que no puede hacerlo de otro modo que continuar buscando la unión por medio de la adoración de alguna persona, que es todo el mundo para él…(Pero) a medida que el hombre crece en sabiduría y en poder…aprende que esta vida más bendita fluye en él a través de formas diferentes a las que él ama más; que el Maestro puede usar muchas formas por medio de las cuales manifiesta su amor…Todas las formas bellas y de buena reputación llegan a ser los medios de verter en ellas la plenitud de la bendición de su Maestro. ‘Pero aún esto es todavía una limitación impuesta sobre él por la todavía desconocedora naturaleza del discípulo. El verdadero Cuerpo del Maestro…requiere todas las formas de cada clase para su completa revelación. Este es el misterio final que vela la Gnosis Perfecta de toda Maestría…Y así nos atrevemos a creer que EL MAESTRO se revela eternamente en todas las cosas, en las cosas inferiores y sucias como también en las superiores y justas, como estas nos puedan parecer cuando las juzgamos con nuestras ‘pequeñas’ mentes’. De modo que el Maestro aquí, no es el Maestro Koot-hoomi o el Maestro Morya. Bien pueden ser Maestros, viviendo en un estado de unificación con el Maestro verdadero: pero el Maestro verdadero es la consciencia universal, la Mente o Vida universal, la que es nuestro real Maestro. El Maestro es la sabiduría divina, la inteligencia que está adentro y que nos rodea a todos si abrimos nuestros ojos para ver. Es el trabajo de Hermes, el Divino Animador, el logos o significado de la vida – y de todas las otras personificaciones de la Teosofía – para conducirnos a esa percepción.
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